Por: María Alejandra Aguilar H*

Ciudad de México es la ciudad más poblada de la región. Cuando se despega o se aterriza en CDMX desde la altura divisar sus límites es casi imposible, el concreto cubre por completo gran parte de los cerros del valle de México.

La urbe de cemento se extiende por 7.866 kilómetros cuadrados y es habitada por aproximadamente 20.063.000 personas, cifra que le otorga el noveno lugar del ranking de las ciudades más densamente pobladas del mundo, incluido en el reporte de Naciones Unidas sobre demografía para 2018.

Lo que se denomina ciudad de México debe ser entendido como la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), que incluye no sólo a las 16 delegaciones del Distrito Federal, sino también 59 municipios del Estado de México y 1 municipio del Estado de Hidalgo. Esta zona se convirtió en poco tiempo en el centro financiero, económico, político y cultural de México.

El acelerado crecimiento de ZMVM trajo problemas de planeación y desarrollo urbano sostenible, entre los más destacados: el colapso vial, se estima que cada día se realizan aproximadamente 49 millones de viajes; la baja calidad del aire y el aumento de pre contingencias ambientales, como el agotamiento y contaminación de fuentes hídricas, la ZMVM consume más de 65mm3 de agua por segundo; la insaciable demanda energética; la expansión de construcciones de vivienda de bajo costo en las áreas periféricas, son algunas de las razones que impiden que la región ofrezca una alta calidad de vida para sus habitantes y un manejo adecuado de sus recursos naturales.

La expansión de CDMX podría ser equiparada a los síntomas de crecimiento desmedido que empiezan a notarse en el área metropolitana de la Sabana de Bogotá, ya casi una megaciudad que cuenta con más de 10.200.000 habitantes.

Según el Censo de 2005 realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística 17 de los 23 que componen la Sabana de Bogotá, más el distrito capital conformarían el área metropolitana de Bogotá.

Año tras año se intensifica la intervención sobre la Sabana de Bogotá, ecosistema con protección normativa especial ya que el artículo 61 de la Ley 99 de 1993 declaró a su territorio, sus páramos, valles aledaños, cerros circundantes y sistemas montañosos como de interés ecológico nacional. Pero la conurbación de Bogotá ha producido el efecto contrario, la desecación de humedales ha aumentado, hay una creciente sustracción de hectáreas de la reserva forestal protectora Oriental y la reserva protectora y productora de la cuenca alta del Río Bogotá ( que en un principio contaba con 245.157 ha, pero en las últimas dos décadas su reducción es de cerca al 40%); los planes para reducir el área de la Reserva Vander Hammen se mantienen, y la pérdida de los modos de vida campesinos confirman la desprotección del ecosistema y el incremento de los conflictos socioambientales de la Sabana.

En consecuencia, en el área metropolitana de Bogotá ya son rastreables las mismas problemáticas existentes en ZMVM; si bien en distinta proporción, se puede afirmar que hay un déficit en el servicio de transporte público; y un colapso vial inminente debido a los más de 17 millones de viajes diarios que se realizan entre la ciudad y los municipios aledaños; se identifica la urbanización descontrolada en la sabana que se proyecta en la construcción de más de 124,000 viviendas; la proliferación de Zonas Francas; y el mal manejo de desechos sólidos, los 12 rellenos sanitarios habilitados son insuficientes y los deshechos producidos al día se calculan en más de 6.500 toneladas ; estos son algunos de los ejemplos de las falencias en la planeación sostenible de Bogotá, una ciudad que succiona de manera veloz a la Sabana.

La OCDE en el informe de 2015 sobre la revisión de la política urbana planteó la necesidad de una importante reforma sobre la gobernanza metropolitana de Ciudad de México para solucionar los retos de planeación y desarrollo urbano, que se traducen en el deterioro de la productividad económica, la sostenibilidad ambiental y la misma habitabilidad de la región.

Lo anterior está alineado con la apuesta global para la construcción de ciudades sostenibles, que se inclina por el desarrollo descentralizado. La amplia documentación de los modelos de ciudades extendidas determina que la consolidación de una megaciudad eleva los costos de los servicios básicos, los tiempos de transporte y genera un impacto directo en la disponibilidad de agua y la calidad del aire; poniendo en jaque a la población y a los ecosistemas circundantes.

A pesar de esto, en crecimiento de la Sabana pareciera adelantarse a la constitución formal de un área metropolitana la cual debe ser reglada por una norma específica, tal como lo establece la Ley 1625 de 2013. Esto podría ser indicativo de una planeación urbana que fomenta la centralización contraria a la tendencia descentralizadora, y así Bogotá podría convertirse en la próxima Ciudad de México.

*ONG Ambiente y Sociedad