En Colombia, como en muchas partes del mundo, la Navidad tiene sabores y olores que se marcan desde la infancia. Buñuelos, natilla, tamales le recuerdan a todo colombiano celebraciones que añora repetir. Sin embargo, tanta dicha puede verse opacada por una dura realidad: cada año aquí se pierden 9,76 millones de toneladas de alimentos, el equivalente al 34 por ciento de la producción total, según cifras del Departamento Nacional de Planeación de 2016.

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Y evidentemente, las fiestas de fin de año, con sus cenas familiares y tradiciones, también contribuyen a esta estadística, pero no tiene por qué ser así. Acá les presentamos cuatro formas en las que cualquier colombiano puede reducir la pérdida y desperdicio de comida en esta y en cualquier época.

Para el año 2050 habrá 2.000 millones de personas en el mundo y mejorar la forma en que producimos y consumimos alimentos es indispensable para que el planeta pueda proveer comida para todos.

Al poner en práctica estas acciones, no sólo se ahorra dinero, sino que también se evita el gasto innecesario de recursos tan valiosos como el agua, que está detrás de toda la producción de alimentos. 

1. Compre maduro

¿Sabe qué pasa con ese banano pecoso que está allí en el estante? ¿O con esa papaya blandita? Como preferimos comprar los productos menos maduros, generalmente rechazamos estas características sin imaginar la cantidad de frutas que los supermercados, tiendas o plazas deben botar al final del día. Nadie las compra, incluso cuando las exhiben en promoción. No en vano las mayores pérdidas de alimentos en Colombia se registran en las cadenas de frutas y vegetales, con un 62 por ciento, según la FAO.

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La receta: cada vez que compre, busque dos o más frutas maduras y, si su textura no le gusta para comerlas frescas, aprovéchelas para preparar salsas, mermeladas o batidos. Lo mismo aplica si estas se maduran en exceso en casa. Con las moras, por ejemplo, puede preparar una mermelada sólo adicionando semillas de chía y miel, o con los bananos, preparar pancakes, adicionando avena. En internet encuentra infinidad de opciones.

2. Reutilice lo que sobre

Nos hemos acostumbrado a desechar partes de los alimentos que son absolutamente comestibles: la cáscara de las papas, los tallos de brócoli o los corazones de las manzanas y peras. Pero resulta que, al hacerlo, se pierde el valor nutricional de muchos de estos alimentos y, además, lo que usamos de la naturaleza para producirlos. Los humanos actualmente demandamos 1,7 veces más recursos de los que la Tierra puede regenerar, y por eso cada año dejamos a la naturaleza más débil y menos capaz de proveer nuestras necesidades futuras.

La receta: tome las cáscaras de papa y póngalas al horno o en un sartén con un poco de aceite y sal. Cocínelas hasta que estén doradas y crujientes, y sírvalas como pasabocas. Usted y sus comensales estarán comiendo potasio, fósforo, calcio, hierro y vitamina C, además de evitar un empaque plástico, que es como generalmente consumimos los fritos.

3. Coma variado 

En un año tan atípico como el 2020 vale la pena refrescar algunas tradiciones y probar nuevos ingredientes. Si en su casa siempre se cena más o menos lo mismo, piense qué nuevo puede agregar. Eso sí, dele prioridad a los alimentos que se producen cerca a su casa o que estén en cosecha. Entre más distancia deban recorrer los alimentos para llegar a su mesa, más emisiones de gases efecto invernadero genera su transporte. Y, si desestima aquellos alimentos que están en cosecha, seguro se van a perder, pues hay sobreoferta. Por ejemplo, si usted vive en la región Andina, intente alguna receta con cubios e ibias, dos tubérculos que comemos desde antes del descubrimiento de América.  


El llamado de los expertos es comer productos locales, que no requieran ser trasladados grandes distancias para evitar mayor contaminación por temas de transporte. Foto: archivo /Semana. 

La receta: ¿qué tal cambiar las 12 uvas del cambio de año por un pincho de frutas colombianas? Esta tradición viene de Europa donde hay grandes viñedos, pero aquí muchas veces tenemos que traer uvas desde otros países para satisfacer nuestro antojo. Esto implica sumarles a las campanadas de media noche varias toneladas de gases efecto invernadero, responsables del cambio climático.

4. Prefiera lo local

En esta época cedemos a muchos de nuestros antojos y muchas veces estamos tentados a comprar delicias que vienen de otras partes del mundo. Pero antes de comprar, piense si existe una alternativa local a esas riquísimas galletas importadas o, si va a comprarlas, prefiera los alimentos colombianos en otras compras que haga. Tenga en cuenta que los sistemas alimentarios actuales son uno de los principales impulsores de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y que representan casi el 26 por ciento de las emisiones totales.

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La receta: cuando vaya a comprar chocolates, fíjese en aquellos de producción colombiana. Aunque sus marcas no sean tan conocidas, hay auténticos tesoros. El país se está volviendo cada vez más competitivo en el mercado internacional por su cacao de fino aroma, y no olvide preferir los empacados en cartón que luego puede reciclar.

Cree hábitos y disfrute del fin de año

Comer con la naturaleza en mente o llevar una dieta basada en el planeta como lo llama WWF, el Fondo Mundial de la Naturaleza, puede llegar a reducir hasta en un 30% las emisiones de gases efecto invernadero, la pérdida de vida silvestre en un 5% y el uso de tierra agrícola hasta en un 41%. Y todo, comienza con las decisiones a la hora de comprar, comer y desechar. Implemente estas 4 claves a partir de 2021 y descubra una nueva manera de comer.

Si quiere inspirar a otros a sumarse a esta iniciativa, use la etiqueta #1millondeacciones mostrando cómo implementa estas y otras buenas acciones para un planeta sano.

*Con información de WWF.