Foto: John Barros

En ocasiones se piensa que el evidente impacto sobre los senderos de las quebradas La Vieja y Las Delicias y su zona de influencia, en la localidad de Chapinero, es un asunto puramente ambiental ocasionado por el turismo. Desde la experiencia de los Amigos de la Montaña, sin embargo, este impacto es principalmente un asunto de salud pública y equidad social.

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Empecemos por darle el nombre a las cosas. Para efectos de este artículo un turista es aquel que viene a conocer Bogotá desde fuera de la ciudad: Medellín, Argentina, Europa, etc. En cambio, quienes hoy recorren los senderos de La Vieja y Las Delicias son casi en su totalidad personas que habitan en la capital y que vienen a los Cerros Orientales desde todos los rincones en busca de aire puro y contacto con la naturaleza en condiciones seguras, posibilidad que no encuentran cerca de sus lugares de vivienda. A ellos no los vamos a llamar turistas, sino visitantes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un centro urbano en el que su población cuente con menos de 10 metros cuadrados de espacio público verde efectivo por habitante está poniendo en riesgo su salud, siendo lo deseable más de 15 metros cuadrados por habitante. Según el Departamento Administrativo de la Defensoría del Espacio Público (DADEP), este indicador para Bogotá está en un promedio de 3,93 metros cuadrados por habitante, y en algunas localidades, como Ciudad Bolívar, cercano a un metro cuadrado por habitante.

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Los bogotanos tenemos por lo tanto un evidente déficit de contacto con la naturaleza y miles de niños y jóvenes de nuestra ciudad tienen serias limitaciones para formarse como mejores seres humanos al no disponer de ese necesario y urgente contacto. A diferencia de un hospital al que vamos cuando estamos enfermos, a los senderos de las quebradas de Chapinero subimos a caminar para no enfermarnos, para mejorar nuestra salud y para ser más felices.

Quienes hemos tenido la posibilidad de caminar cada mañana los senderos de los Cerros Orientales de Chapinero sabemos que tal vez lo más valioso que de ellos hemos recibido durante todos estos años ha sido salud física, mental y emocional. Los senderos de las quebradas La Vieja y Las Delicias los podemos asimilar entonces a dos maravillosos puestos de salud preventiva al servicio de los bogotanos.

En términos de salud pública, el desborde en la carga de caminantes que especialmente durante los dos últimos años ocurrió en estos dos espacios lo podemos describir como una ciudadanía que se vuelca sobre los únicos puestos de salud preventiva con acompañamiento de la policía, una ciudadanía urgida de aire puro y contacto con la naturaleza, pero que en esa búsqueda los deteriora y los impacta.

La buena noticia es que Bogotá cuenta con una Reserva Forestal de 13.000 hectáreas bordeando la ciudad a lo largo de 60 kilómetros, desde Usme hasta Usaquén, con cerca de 190 quebradas, muchas de las cuales con senderos tan hermosos como los de La Vieja o Las Delicias, a menos de una hora en transporte público. Sin embargo, la compleja realidad de los Cerros Orientales muestra que son muchas las tareas que habría que adelantar para aprovechar ese potencial, entre las que podrían estar: avanzar más rápidamente en el cumplimiento del fallo del Consejo de Estado en lo referente a la legalización y mejoramiento de los barrios populares y fortalecer el trabajo que se viene haciendo con los jóvenes de las comunidades de los Cerros para vincularlos al proceso de uso público de los senderos.

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En la búsqueda de ese equilibrio que debe haber entre el cuidado de la salud de los bogotanos y el cuidado de la salud de la montaña se debe adecuar y brindar acompañamiento de la policía en nuevos senderos en las cinco localidades que lindan con los Cerros Orientales, de manera que todos tengamos muchos lugares para someternos al tratamiento de los especialistas de ese sistema preventivo de salud que componen la fauna, la flora y el agua, cerca de nuestras casas y a lo largo de la ciudad.

Por estos días se encuentran cerrados preventivamente por orden de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) los senderos de la quebrada La Vieja a la espera de definir la implementación del plan de manejo que debe adelantar la Empresa de Acueducto de Bogotá. El día que se abran nuevamente al público, muy probablemente van a llegar los mismos 2.700 visitantes diarios, en fin de semana, que estaban llegando antes del cierre.

Los estudios de capacidad de carga determinan que el número de visitantes máximo que soporta el sendero de manera sostenible se reducirá aproximadamente a una tercera parte. Cerca de 1.800 visitantes llegarán entonces buscando contacto con la naturaleza y no van a poder encontrarlo en el sendero. Por eso hay que ofrecerles alguna opción.

El próximo y urgente paso podría ser entonces dar condiciones de seguridad y poner al servicio de los bogotanos el sendero de La Aguadora, en Usaquén, y el sendero del Pico del Águila, en el Parque Nacional al frente de la Estación de Policía de Carabineros. Ambos ya tienen unas comunidades amplias que los están demandando y que representan parte importante de la sobrecarga actual en los senderos de Chapinero.

La invitación es entonces a organizarnos comunidades y administradores de la ciudad para que en nuestra aproximación a los Cerros Orientales pongamos en primer plano las necesidades de salud pública e inclusión social de los habitantes de Bogotá, montando el mejor y más hermoso sistema de salud preventiva con que podamos soñar. Después vendrán los turistas a quienes afectuosamente acogeremos e invitaremos a ponerse también en manos de los especialistas.

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