Un inusual espectáculo han podido ver en estos días los habitantes del Rodadero (Santa Marta) desde sus ventanas y balcones: un pequeño bote seguido por varios incansables delfines dando saltos y rebotes. No se le despegan a la lancha. No se van lejos. Pero saltan y juegan como si no quisieran perder un segundo. 

Se trata de los delfines del Acuario y Museo del Mar de El Rodadero, en Santa Marta, que a lo largo de los años han llegado de a pocos, rescatados de accidentes o del tráfico de especies y que los hijos del legendario capitán Francisco Ospina Navia, su fundador, los han integrado al equipo.

Franco Ospina, uno de los hijos del ‘Capi’,  explica que viven en el Acuario porque no pudieron volver al mar una vez fueron curados y rehabilitados. Los machos, porque las manadas los repelen por ser competencia con las hembras. Y las hembras, porque llevan ya mucho tiempo con su nueva familia y se han acostumbrado a los humanos. Dos de ellas fueron rescatadas por el ‘Capi’ Ospina, y son las más viejitas. 

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Todos pasaron por el centro de rehabilitación de mamíferos del Acuario.

Lo cierto es que, ahora sin cientos de botes, cuyos motores los afectan bien por las hélices o bien por el ruido, la vuelta de los delfines ha sido uno de los espectáculos más bellos que puedan ver los habitantes de Santa Marta en época de confinamiento por la covid-19. Los expertos del acuario los sacan de a dos en dos. 

El único trabajo que no ha parado por el confinamiento voluntario en el Acuario es el de la delfinoterapia para niños especiales. Por eso sus delfines, con la bahía despejada, le hacen ver a los samarios que el virus les impide salir de la casa pero le permite a otras especies volver a ser libres.