Este año podría catalogarse como uno de los periodos más voraces para la Amazonia. Cerca de 100.000 incendios forestales en Brasil dejaron a más de 2,4 millones de hectáreas de bosque tropical convertidas en un cenicero, con miles de animales calcinados, árboles cercenados y quedamos y una humareda que aún no cesa. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), esta catástrofe fue cuatro veces más apoteósica que en 2018.

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Con el cuadro de devastación aún fresco en la retina del planeta, Brasil vuelve a ser antagonista por las consecuencias que generaría revivir de una carretera de 900 kilómetros ubicada entre lo más denso del país que alberga más del 64 por ciento del territorio selvático de la selva del Amazonas. 

La carretera BR-319 fue construida en 1973 para comunicar a Manaos (Amazonas) con Porto Velho (Rondonia) y en su época devastó una gran parte del la selva virgen amazónica. Sin embargo, a los 15 años de abierta ya estaba tan deteriorada que era casi imposible transitarla. En 2008, el gobierno brasileño realizó varios trabajos para repararla aunque la mayoría de kilómetros continúan bajo la manigua: para ir de Manaos a Porto Velho ahora el único medio de transporte es un avión.

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En junio de este año, el presidente de Brasil Jair Bolsonaro anunció un plan para pavimentar de nuevo toda la carretera. "Tenemos la certeza de que nuestra BR-319 será pavimentada. Aunque hayamos asumido un Brasil destruido económicamente, con un presupuesto más que menguado, estamos trabajando en el sentido de atender a todos", dijo en una visita al estado de Manaos.

Según una investigación de la agencia Reuters, el gobierno de Bolsonaro trabaja en un plan para comenzar la reconstrucción de la BR-3019 en 2021 y la obra ya está en la mira de los ambientalistas porque generaría impactos catastróficos. Un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais, citado por la agencia, estima que el proyecto aumentaría cinco veces el ritmo de deforestación para 2030, “un área más grande que el estado de Florida en Estados Unidos”.

Indignación

Esta carretera ha sido motivo de muchas columnas, investigaciones, denuncias y artículos por parte de los expertos ambientalistas de Brasil. Philip Fearnside, investigador principal en el Instituto Nacional de Investigación del Amazonas (Inpa) en Manaus, es uno de los más destacados.

A través del portal Amazonia Real, el investigador manifestó que la presión de los políticos en Manaus fue la que llevó a la reconstrucción de la carretera y que puede tener un gran impacto social y ambiental.

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Fearnside indicó que varias investigaciones del Inpa han evidenciado impactos que van más allá de la franja de tierra a lo largo de la carretera, ya que cubre casi la mitad de lo que queda de la selva amazónica. “Al conectar Manaos con el arco de deforestación en Rondônia, se puede esperar que actores como acaparadores de tierras y sin tierras migren a la Amazonía central y continúen a través de la red de carreteras existente a otras partes de Amazonas y Roraima”.

Además, advierte que hay planes para varias carreteras secundarias de la BR-319, las cuales llevarían a los deforestadores más allá de las áreas protegidas que se crearon a lo largo de la carretera en 2008. “Una de estas carreteras planificadas, la AM-366, abriría el gran bloque de bosque intacto al oeste del río Purus, uniendo la BR-319 con Coari, Tefé y Juruá”.

Por su parte, Conservation International de Brasil (CI Brasil), organización creada en 1990 para garantizar un planeta saludable y productivo, informa que desde 2005, el gobierno federal anunció la recuperación de la carretera a través del Programa de Aceleración del Crecimiento, pero inconsistencias en estudios de impacto ambiental han obstaculizado el proceso de licencia ambiental.

La región de influencia de la BR-319 suma 553.000 kilómetros cuadrados, donde habitan 1,3 millones de habitantes. “Aunque existen varias lagunas en la información científica, es un territorio altamente biodiverso, con altas tasas de especies endémicas y una marcada presencia de poblaciones indígenas y ribereñas. Las orillas de la carretera están rodeadas de extensas áreas protegidas, incluidas unidades de conservación, principalmente unidades de uso sostenible, y tierras indígenas de grupos étnicos como Mura, Mundukuru, Apurinã, Paumari y Parintintin”, indicó CI Brasil.

La organización concluye que existe una extensa documentación sobre el potencial de inducción de la deforestación por la apertura de carreteras en áreas boscosas. “El daño causado por la recuperación de BR-319 podría alcanzar los 2.200 millones de reales, al incorporar los costos ambientales de la deforestación. La recuperación de BR-319 puede ser extremadamente perjudicial para el equilibrio del ecosistema amazónico en la región y las personas que viven allí”.