El arraigo cultural en algunas partes del país causa estragos alarmantes en la flora y fauna nativa del país. En la región Caribe, especies como tortugas hicoteas e iguanas hacen parte de la dieta de gran parte de la población, una tradición macabra que abunda en gran parte de los municipios del Cesar, La Guajira, Córdoba, Magdalena, Bolívar y Magdalena. 

La carne de babilla y águila cuaresmera también es consumida en algunos territorios de Colombia, alimentos que llegan a su tope durante Semana Santa. La tradición católica prohíbe el consumo de carne roja en los días de recogimiento espiritual, razón por cual la carne blanca de los animales silvestres se eleva hasta el tope.

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La flora nativa tampoco se salva del arraigo religioso. A pesar de las campañas y esfuerzos de las autoridades ambientales, los católicos siguen aferrados a comprar ramos elaborados con las hojas de la palma de cera para bendecirlos en el primer domingo de la Semana Santa. El 3 de mayo, celebración de la Santa Cruz, también afecta a una especie nativa, el laurel de cera, principal materia prima para fabricar las pequeñas cruces.

Los traficantes sacan los huevos del vientre de las iguanas para comercializarlos en las carreteras del Caribe. Foto: CAR.

Según la Dirección de Protección y Servicios Especiales de la Policía Nacional, durante todo 2019 fueron incautados 18.409 animales silvestres en todo el país, cifra que tuvo un disparo en los días santos. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) informó que en la Semana Santa pasada, las autoridades recuperaron 6.734 especímenes de fauna silvestre, además de 1.631 ejemplares de las palmas de cera y vino.

Ad portas de la celebración de la Semana Santa, que estará marcada bajo la cuarentena por el corovanirus, la CAR hizo un llamado para que los habitantes de Cundinamarca reflexionen sobre la responsabilidad de cada con el cuidado del ambiente y no hagan parte de la cadena del tráfico ilegal de flora y fauna. 

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“Con la llegada de la Semana Santa se incrementan las acciones en contra de los recursos naturales, que ponen en peligro importantes ecosistemas del país. Nuestra campaña Porque la vida es sagrada, reconcíliate con la naturaleza, hace un llamado a la ciudadanía a no apoyar el tráfico de fauna silvestre ni el uso de la palma de cera en rituales religiosos”, dijo Giovanny Villamil, director de recursos naturales de la CAR”. 

Los cogollos de la palma de cera son la principal materia primera para los ramos del primer domingo de Semana Santa. Foto: CAR.

A pesar de la coyuntura ocasionada por la pandemia del covid-19, durante los días santos el personal de la CAR realizará operativos de control y jornadas de sensibilización para desestimular las conductas que atenten contra los ecosistemas.

El Código Penal establece que quienes incurran en el delito de tráfico ilegal de fauna y flora silvestre podrían recibir penas entre más de 2 y 7 años de cárcel (32 y 90 meses) y multas de hasta 15.000 salarios mínimos legales vigentes.

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“El llamado es a celebrar una Semana Santa en comunión con la naturaleza. Esta época es crítica para muchas especies de flora y fauna silvestre por el tráfico ilegal, ya sea para consumo de carne y huevos de reptiles como tortuga hicotea, babilla e iguana, o tener animales como mascota, como el es caso del perico bronceado”, anotó Villamil.

El funcionario advirtió que el uso del cogollo de la palma de cera para los ramos del primer domingo de Semana Santa, ya llevó a la desaparición de cerca del 50 por ciento de la población de esta especie.

La hicotea es una de las especies más consumidas durante Semana Santa en la región Caribe. Foto: CAM.

El viacrucis silvestre

En lo corrido de este año, la Policía ha incautado 3.543 especies de flora silvestre en especial en sitios de Putumayo, Sucre, Córdoba, Cesar, Amazonas, Bolívar y Magdalena.

Las cinco especies más amenazadas durante los días santos son las tortugas hicoteas, chigüiros, babillas, iguanas y águilas cuaresmeras.

Las tortugas hembras de hicoteas son las más cazadas en Semana Santa debido a su tamaño, que al ser mayor que el del macho, produce más carne. Es la especie que más se consume en la costa Atlántica, pues su hábitat natural son las zonas cenagosas. Para cazarlas, los traficantes incendian la vegetación de las ciénagas, fuego y humo que ocasionan que los reptiles salgan de sus escondites. En otras regiones del país es más apetecida la tortuga de río. 

La CAR realizará operativos de control para evitar que los animales silvestres sean comercializados. Foto: CAR.

Las águilas cuaresmeras, llamadas así porque aparecen durante la cuaresma, viajan en promedio 10.000 kilómetros desde Canadá y Estados Unidos hasta el cañón de Combeima en Tolima, sitio donde son cazadas para ser consumidas como alimento. A esta rapaz le atribuyen propiedades afrodisíacas y medicinales. Son asesinadas cuando descansan en las copas de los árboles o en el momento en que bajan a alimentarse.

La mayor población de babillas se concentra en el Magdalena Medio. Aunque su tráfico ilegal se ha reducido, la especie aún es capturada por sus huevos y crías. Las babillas son sacrificadas por las comunidades como retaliación por comerse a los animales domésticos. En Semana Santa, su carne se vende como pescado, y son bastante apetecidas por Europa, Estados Unidos y Asia.

La carne de babilla es consumida en varios territorios del país, como el Caribe y la Amazonia. Foto: Corpocesar.

Las iguanas, una de las principales fuentes de alimento en el Caribe, se aparean a final de año. Justo durante la Semana Santa están a punto de desovar, lo que es aprovechado por los traficantes para poder comercializar sus huevos en las carreteras de la costa. Tras sacarles los huevos, los cazadores abandonan a las hembras con el vientre abierto o rellenas de piedras.

En Tolima, las águilas cuaresmeras son cazadas por sus supuestos poderes afrodisíacos. Foto: Cortolima.

A reconciliarse con la naturaleza 

Para disminuir los impactos que reciben algunos animales y plantas durante la Semana Santa, la CAR hace cinco recomendaciones:

  • No comprar ni recibir animales silvestres como mascotas. 
  • Hacer los ramos con materiales como calceta de plátano, cáscaras de mazorca, espigas, hojas y tallos de buchón.
  • No consumir carne de animales silvestres como armadillos, carmos, guaguas, serpientes, conejos de monte, ñeques, venados, iguanas, tortugas, chigüiros, entre otras.
  • Cambiar el consumo de peces que se encuentran amenazadas, como bagre, bocachico, viudo o el mero, por mojarra, tilapia, trucha, cachama y merluza.
  • Denunciar ante la autoridad ambiental o la Policía Nacional, el tráfico de flora y de fauna silvestre.