Carolina Urrutia, la nueva secretaria de Ambiente de Bogotá, nacida y criada en el sector ambiental y vecina del parque del Japón, sabe de lo que habla. Es más, conversar con ella equivale a recibir una clase magistral. Pero no con la suficiencia de un científico, sino con la sencillez de una maestra de escuela primaria.

Tiene especializaciones en Medio Ambiente, en Comunicación y en Responsabilidad Social. Politóloga egresada de la Universidad Iberoamericana de Ciudad de México, cuenta con una maestría en Políticas Públicas en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard. Fue directora de Semana Sostenible, directora de Parques Cómo Vamos y de Incidencia, de la organización Transforma.

“Ninguna ciudad del mundo deposita tanta basura al día en un solo lugar. Las ciudades tan grandes, con volúmenes similares de residuos, tienen varios rellenos sanitarios”, dijo Carolina Urrutia.

Trabajó en la Secretaría de Medio Ambiente en México, en el Banco Mundial y en el Ministerio de la Defensa Nacional de Colombia. También fue subdirectora de Desarrollo Ambiental Sostenible en el Departamento Nacional de Planeación y representante de las organizaciones ambientalistas en el Consejo Nacional de Planeación.

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La mamá de Julia y Joaquín, bogotanísima, sensible, buena conversadora y, mejor aún, buena escucha, tiene entre sus retos reconciliar a los capitalinos con los espacios naturales urbanos que les pertenecen. Por eso espera que al término de su administración el medio ambiente, más limpio, cause menos conflictos. Así arranca la nueva funcionaria su gestión al frente de los recursos naturales de los bogotanos.

Semana Sostenible: A dos meses largos de la posesión, ¿ya tienen la lista de los peores problemas ambientales de Bogotá?

Carolina Urrutia: No me cabe la menor duda de que el peor es la contaminación del aire. Tenemos muchos problemas ambientales molestos, pero ninguno mata. La calidad del aire mata, en promedio, a 2.000 personas al año en Bogotá. En el país son 8.000. Ambas cifras son del Banco Mundial.

S. S.: ¿Y cómo piensa conjurar ese mal de manera definitiva?

C. U.: Las medidas estructurales que necesitamos en la ciudad van a requerir cambios de hábitos y sacrificios de todos y todas. Las industrias y los modos de transporte que no pueden hacer la transición hacia tecnologías limpias tienen que entender que su tiempo de operación tiene límite. Las restricciones tienen que ir de la mano de mecanismos e incentivos a la transición, pero tienen que ir.

72 por ciento de la flota troncal de Transmilenio quedará renovada en seis meses, es decir, en septiembre.

Los individuos vamos a tener que bajarnos de los carros poco a poco, en la medida en que el transporte público sea más limpio y efectivo. Y en eso el Distrito va avanzando: este año reemplazamos por buses limpios el 30 % de la flota del SITP provisional y el año entrante el 70 % restante, para que quede 100 % limpia. En septiembre de este mismo año el 72 % de la flota troncal de TransMilenio quedará renovada.

S. S.: ¿Después del aire, qué más le duele a Bogotá?

C. U.: El segundo problema es la falta de claridad sobre la estructura ecológica principal. Esto es, dónde se puede hacer qué. Hay una falta de definición, con marco legal, pero con interpretaciones tan amplias que consideramos desde esta administración que hay que hacer un nuevo contrato social ambiental para reconciliarnos con el medio ambiente. Para que deje de ser una restricción y sea realmente una oportunidad.

S. S.: ¿Algo así como lo que pasa con los humedales, que van de lo recreativo a lo contemplativo y de conservación poco?

C. U.: Sí. Esa flexibilidad, en lugar de ayudar, muchas veces lo que hace es generar conflicto. El nivel de conflictividad que tenemos en este momento en Bogotá alrededor de los humedales tiene que ver con dos concepciones de ciudad: lo que afecta y lo que no afecta su funcionamiento. Hay que determinar cómo aseguramos que los ecosistemas cumplan su función ambiental, que además es mucho más exigente en el marco del cambio climático. Y después definir qué podemos hacer urbanísticamente, recreativamente.


Para Urrutia los humedales deben continuar ejerciendo su regulación hídrica y manteniendo su biodiversidad. Foto: archivo/Semana.

S. S.: Es decir, ¿podrían darse restricciones para actividades en los humedales? ¿Y los senderos y las lanchas de la anterior administración en qué quedarían?

C. U.: No es tan restrictivo como parece. Hay que tener claro para qué queremos un humedal: es decir, para regulación hídrica y para mantener la biodiversidad. Mientras eso se mantenga y nos entretengan, podemos ir a verlos y ser felices. Pero las intervenciones que se hacen para que la gente vaya a visitarlos no pueden poner en peligro su funcionamiento y la clase de espacios que deben ser. Esa es la restricción y son dos visiones de ciudad.

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Me atrevo a decir que en uno de los temas en los que hay una visión más encontrada entre la administración pasada y la actual es en el tema ambiental. Tenemos realmente concepciones muy distintas, desde la alcaldesa Claudia López hasta yo como secretaria Ambiente, una visión muy diferente de lo que es la política ambiental frente a la pasada administración.

S.S.: ¿Cómo hacemos para que cada cuatro años esa visión de política ambiental no cambie en Bogotá? Para que haya un punto final y se diga “los humedales son para esto y ya”

C.U. Por eso necesitamos un nuevo contrato social ambiental y por eso, en vez de gastar todo el tiempo sentada en la oficina, sacando resoluciones y organizando sólo problemas, estoy tratando de salir dos o tres veces a la semana a los sitio donde hay más conflictividad socio ambiental. Para entender qué es lo que quiere la gente y que lo que estamos haciendo se haga con base en un acuerdo social que garantice que dura en el tiempo. Por ejemplo: nuestra meta principal con los humedales es devolverles el caudal ecológico: que todos tengan agua. En eso todos tenemos que estar de acuerdo.


S. S.: Digamos que la estructura ecológica principal engloba todos los problemas. ¿Qué más hay en esa lista?

C. U.: Aquí hay cuatro sistemas que están dentro de la estructura: la reserva Van der Hammen, los cerros orientales, los humedales y el río Bogotá. Si nosotros logramos que haya unas reglas del juego claras, que nos permitan que no todas las decisiones se tomen en los estrados judiciales, le vamos a estar ahorrando a esta ciudad un montón de problemas y vamos a lograr que la gente se acerque a la naturaleza con conocimiento de causa.

S. S.: ¿El arbolado en qué lugar quedaría? La gente se volvió desconfiada con las decisiones que tienen que ver con la arborización...

C. U.: El arbolado urbano sería el quinto. Hay una nueva concepción de ciudadanía en la que a la gente le importa su árbol y sabe que tiene derechos. La gente compra casa porque hay un árbol en frente y que se lo corten a la medianoche sin contarle, eso es muy doloroso. Reorganizar la institucionalidad para que valore un árbol es un esfuerzo grande. Ahora mismo estoy haciendo un proceso de sensibilización con cada una de las entidades que hacen obras grandes para que ellas mismas incorporen en sus diseños lo que a la ciudadanía le importa.

S. S.: ¿Navegaremos en el río Bogotá? ¿Qué viene ahora?

C. U.: Si bien el tema del río Bogotá se ha sobrejudicializado, afortunadamente hoy en día tenemos las herramientas para trabajar con el poder Judicial. La sentencia del río Bogotá nos da muchísimas herramientas, muchísimas tareas y nos obliga a trabajar de manera conjunta. Eso es clave para todas las prioridades ambientales que debemos trabajar con la región. Pero chulear las tareas de la sentencia no puede hacer que perdamos la visión estratégica de lo que la ciudad-región necesita del río, y para eso también tiene que haber espacios.


La recuperación del río Bogotá será una de las prioridades durante la administración de Urrutia. Foto: CAR Cundinamrca. 

S. S.: ¿Cómo piensan preparar a Bogotá para enfrentar el cambio climático?

C. U.: Lo primero es tener un plan. La ciudad tiene medidas aisladas, sectoriales, pero nosotros debemos recuperar una idea que hubo en el Gobierno antepasado de tener un plan de acción climático, con una estructura de gobernanza clara. En Sumapaz declaramos con todos los departamentos de la RAPE-E la crisis climática, pero también estamos trabajando con concejales como Susana Muhammad para definir qué declaratoria de emergencia climática se puede adaptar a las necesidades y al marco jurídico colombiano.

S. S.: Desmenucemos un poquito lo que se quiere con Bogotá a mediano y largo plazo en materia de cambio climático...

C. U.: Tenemos la meta de llegar a 2050 con carbono neutro. Tenemos que dejar de usar combustibles fósiles en esta ciudad. Ese es nuestro compromiso como ciudad, no porque queramos, sino porque nos toca. Esta es la ruta: a 2030 el 50 % de los carros deberán funcionar con combustibles diferentes a los fósiles. Las empresas, las industrias, las organizaciones y los individuos vamos a tener que descarbonizarnos. Esa transición se financia entre todos, sobre todo porque tiene sentido económico.

S. S.: Cambiemos de tema. ¿Las decisiones tomadas alrededor de la reserva Thomas van der Hammen pueden considerarse victorias tempranas de esta administración?

C. U.: Era urgente. Los cerros y el río Bogotá son los ejes que estructuran el funcionamiento de Bogotá. Deben estar conectados. Como los ecosistemas son sistemas, dependen los unos de los otros, como nosotros. Uno no puede tener una mano y un hombro sin tener un codo y un brazo. Una que otra conexión está cortada, pero hay muchas que funcionan: los cerros, el gran Chicó, el Virrey… las especies suben y bajan, las aves tienen a donde ir, llegan los patos migratorios… pero, sobre todo, el agua subterránea tiene que poder fluir en la región.

S. S.: ¿Pero la Van der Hammen es intocable?

C. U.: La reserva forestal no es un parque nacional, no es intocable, no la vamos a cercar y que nadie pueda entrar allí. Es una reserva forestal. Esto nos impone restricciones y obligaciones para cuidarla. En una reserva forestal uno se compromete con miles de personas. Hay algunos propietarios a los que les vamos a tener que comprar y va a tener que haber unos recursos para comprar predios, porque hay gente que tiene unas expectativas de construir. Pero hay otros propietarios, fincas, colegios y clubes dispuestos a cumplir las obligaciones de unos acuerdos de conservación.


La administración de Urrutia se comprometió a hacer una restauración integral de la reserva Thomas van der Hammen. Foto: archivo/Semana. 


S. S.: Como colegios, clubes, cajas de compensación…

C. U.: Algunos usos son compatibles. Pueden hacer una cancha de fútbol que no sea sintética, que esté rodeada de árboles, la clave es que no tomen medidas que afecten la conectividad del agua. Esas son las restricciones que hay, pero es una reserva forestal que les pertenece a los bogotanos y la gente se va a enamorar apenas empecemos a hacer la restauración.

S.S. ¿Esa restauración incluye el bosque de las Mercedes?

C.U.: Tenemos que restaurar el bosque de Las Mercedes. Ya logramos uno de los predios grandes que estaba en la reserva vial para el norte, nos lo va a entregar el IDU. Y lo más probable es que hagamos un jardín botánico satélite. La gente puede empezar a ir al bosque en Las Mercedes, que es uno de los bosques más antiguos que queda en la ciudad, donde hay más lechuzas, hay más biodiversidad y es nuestro, no es de unos señores, no es del IDU, es de los bogotanos. Poco a poco la gente se va a enamorar de la idea de tener un espacio natural. 

S. S.: Otro tema: los cerros. Se supone que, con todo y gente, es cuando mejor están. ¿Qué planes hay para cuidarlos y ensamblarlos al día a día bogotano?

C. U.: Es un lugar complejo donde además hay temas de legalización de barrios y donde debemos tratar con mucho cuidado el tema de gestión de riesgo. Hay que recuperarlos para el público. La quebrada La Vieja no viviría tan absurdamente llena si tuviera muchas opciones con seguridad a lo largo y ancho de los cerros. La estrategia más efectiva para conservar los cerros son los acuerdos con la comunidad.


La secretaria Urrutia le apostará a la cultura ciudadana para la gestión adecuada de las basuras desde los hogares. Foto: archivo/Semana. 

S. S.: La cultura de producción de basuras en Bogotá no tiene presentación. Doña Juana es una bomba de tiempo… ¿Qué han pensado para ese tema?

C. U.: El tema de las basuras en el sector ambiente tiene el componente de cultura ciudadana. Cómo trabajamos con la gente para que aprenda a separar, cómo les damos el liderazgo que los recicladores se merecen, porque ellos realmente saben reciclar en esta ciudad.

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En cuanto a Doña Juana, este es un problema ambiental en sí mismo. Ninguna ciudad del mundo deposita tanta basura al día en un solo lugar. Las ciudades tan grandes, con volúmenes de residuos similares, tienen varios rellenos. Tener uno solo es absurdo. Estamos trabajando con la Secretaría de Habitat y la Uaesp porque no es una sola solución, es una mezcla de soluciones.

S. S.: ¿Cómo visualiza el medio ambiente urbano al término de esta administración?

C. U.: Menos conflictivo y más limpio. 


(Esta entrevista está publicada en la edición N°. 30 -marzo-junio 2020-  de la revista impresa Semana Sostenible)