En 1979, Alberto Gómez Mejía llevaba algunos años trabajando como abogado. Sin embargo, por su mente transitaba casi que a diario una idea que le dio Jesús Idrobo, botánico de la Universidad Nacional en sus años de estudiante. “El profesor me sugirió varias veces que organizará un jardín botánico en el departamento del Quindío, un sueño en el que ya llevo más de 40 años”, recuerda.

Con la ayuda de entidades como la Organización Oikos, la Universidad del Quindío y el Club de Jardinería de Armenia, Gómez logró crear uno de los mayores centros de turismo de naturaleza en Colombia ubicado en el municipio de Calarcá, un terruño de 15 hectáreas repletas de verde a 1.500 metros sobre el nivel del mar dedicado a la conservación ecológica, la investigación científica y la educación ambiental. 

En 1989, el espíritu ambientalista de Gómez dio uno de los principales frutos: salvar un remanente de bosque premontano en la zona urbana de Calarcá donde hoy en día ya habitan más 600 especies de plantas, su mayoría nativas del territorio colombiano. “Este bosque cuenta con un sendero de dos kilómetros que recorre varios sitios del jardín. Todas nuestras instalaciones fueron construidas bajo el concepto de arquitectura sin barreras”, dice Gómez.

En 40 años, Alberto Gómez ha logrado crear uno de los mayores reservorios de plantas en el país. Foto: Jardín Botánico del Quindío. 

El Jardín Botánico del Quindío, una organización no gubernamental sin ánimo de lucro, cuenta con una de las colecciones botánicas ex situ más importantes del país, tanto de palmas, orquídeas, heliconias y zamias, además de un mariposario, un zoológico de insectos y tres sitios para el avistamiento de aves.

“Creemos que la naturaleza funciona de una manera integral, una estrecha relación entre los organismos vivos y los elementos naturales como el suelo, agua y clima. Nuestra filosofía es de acceso a la comunidad, por lo cual muchas instituciones educativas participan con sus alumnos en proyectos académicos y de formación en temas científicos”, afirmó el fundador y presidente del jardín.

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De las 255 especies de palmas nativas que hacen presencia en Colombia, 210 están en la colección nacional de este jardín botánico, un proyecto que ha sido reconocido internacionalmente.

En el mariposario hay 1.500 mariposas de 40 especies nativas en medio de centenares de flores nectaríferas y un camino peatonal cerca de una fuente de agua. Además, en tres puntos de avistamiento varios guías ambientales revelan los detalles de la gran diversidad de la avifauna en la región”, menciona Gómez. 

En el mariposario, los ciudadanos pueden presenciar cómo estos insectos salen del capullo. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

En los más de 40 años dedicados a conservar el bosque del Quindío, Gómez pudo consolidar la creación de cuatro museos: el etnobotánico de palmas, el del geología y suelos, el cruce de los Andes de Quindío y el de insectos. “Fuimos el primer jardín botánico del país en quedar debidamente legalizado, una organización no gubernamental que depende de los recursos económicos que aportan los visitantes”, afirmó el experto.

A punto de cerrar

El 16 de diciembre de 2000, el Jardín Botánico del Quindío abrió sus puertas al público, fecha desde la cual sobrevive por los aportes de amigos, entidades y el dinero que las personas pagan por recorren sus instalaciones. Pero con el cierre temporal del sitio por la pandemia del coronavirus, estas inyecciones económicas están prácticamente en ceros.

La cuarentena terminó con el turismo de naturaleza, nuestra principal fuente de ingresos y la actividad encargada de mantener con vida los proyectos de conservación, investigación y educación ambiental. Los aportes económicos de los turistas nos permiten darle trabajo a 30 personas, entre biólogos, licenciados en educación ambiental e ingenieros forestales”, indicó Gómez.

Cerca de 15 hectáreas cubiertas por bosque conforman este pulmón del Quindío. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

La pandemia colapsó el turismo mundial, razón por la cual hoy nadie puede visitar el jardín botánico. “Nos quedamos sin ingresos, ya que nosotros no recibimos auxilios de nadie, ni del sector público o privado. Sin embargo, decidí que vamos a hacer todos los esfuerzos posibles para seguir existiendo sin la necesidad de que nadie pierda su trabajo”, recuerda el abogado y ambientalista.

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Una de las primeras medidas tomadas por Gómez fue acudir a las instituciones financieras para encontrar apoyos económicos, un llamado que no ha tenido éxito. “Los bancos e instituciones financieras les prestan dinero a las personas que no lo necesitan. Eso para nosotros es un contrasentido, pero tenemos la esperanza de que cambien. Llevan meses estudiando nuestras solicitudes, por eso el Jardín Botánico del Quindío está en grave riesgo de ser cerrado definitivamente”, manifestó Gómez.

Cada mes, el jardín botánico requiere de 35 o 40 millones de pesos para su funcionamiento, dinero que abarca el pago de sueldos y seguridad de sus 30 trabajadores. Según Gómez, ese dinero quedaba cubierto por las entradas de los turistas, “pero hoy en día no lo tenemos porque nadie nos puede visitar”.

De las 110 especies de heliconias que hay en Colombia, 58 habitan en este lugar. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

SOS por el jardín

Ante la crisis económica, el Jardín Botánico del Quindío lanzó un SOS para salvar a este centro cuarentón dedicado a la conservación de la naturaleza por medio de la solidaridad de las personas con buena voluntad. “Creamos varios mecanismos para que nos ayuden con donaciones económicas o apadrinando ciertas áreas del lugar”, anotó Gómez.

La ciudadanía puede hacer sus donaciones a través de transferencias electrónicas o consignaciones en dos cuentas bancarias a nombre de la Fundación Jardín Botánico del Quindío (Bancolombia: cuenta de ahorros No. 77800021319 y Banco Agrario: cuenta corriente No. 354100001552, ambas con el Nit  890.003. 578-8), información que está publicada en la página web de la entidad: http://jardinbotanicoquindio.org/.

El mariposario era uno de los sitios más visitados del Quindío antes de la pandemia. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

Somos un maravilloso lugar protegido en medio del caos de la deforestación, degradación de ecosistemas, calentamiento global y extinción de especies nativas. El jardín no debe ser tratado simplemente como una pequeña o mediana empresa o un sitio de atracción turística, sino como lugar que alberga seres vivos silvestres cuya conservación es tarea urgente y fundamental”, dijo el director del jardín

Uno de los primeros mecanismos para salvar a este bosque del Quindío es la compra de los árboles nativos del vivero, que hoy cuenta con 70.000 individuos listos para la venta y fácilmente transportables. Los precios están entre 5.500 y 55.000 pesos.

Si logramos vender todos estos árboles podríamos sobrevivir hasta el año entrante. Nuestra meta es llegar este mes a contar con 100.000 árboles y a futuro con más de un millón. Pueden adquirirlos en el jardín o asumir los costos del flete para enviarlos”, anotó Gómez, que nació en Belalcázar (Caldas) pero a los seis meses se trasladó a Armenia con sus padres y hermanos.

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Los ciudadanos también pueden apadrinar un árbol dentro del jardín, recursos que serán destinados para adquirir, sembrar y mantenerlos durante tres años. Cada uno tiene un valor que oscila entre los 35.000 y 55.000 pesos, dependiendo de la especie. “Todos los árboles apadrinados serán plantados en terrenos de amigos donde queremos crear un bosque nativo”. 

Algunos árboles servirán como regalos para el día del padre, una boda, nacimiento o para hacerle un homenaje a una persona fallecida. “Los que participen contarán con un certificado y les daremos las coordenadas para que le hagan seguimiento. Cada uno cuesta 200.000 pesos y serán sus padrinos de por vida. Si alguno llega a morir, lo reemplazamos sin ningún costo. Esta es una manera de honrar la memoria de la gente que uno quiere”, aseguró Gómez.

3.000 palmas silvestres de 214 especies habitan en este terruño del Eje Cafetero. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

Nuevos patrocinadores

La ciudadanía, empresas u organizaciones podrán apadrinar una de las zonas emblemáticas del Jardín durante los próximos cinco años, como las colecciones de especies amenazadas, palmas, helechos y heliconias, el mariposario, Aracearium, Orquidiarium y observatorios de aves.

Si una persona paga el valor que está publicado en nuestra página web, tiene derecho a que su nombre quede como patrocinador de la zona durante los próximos cinco años. Por ejemplo, el que destine ocho millones de pesos para el Orquidiarium, quedará como su patrocinador hasta 2024”, indicó el fundador del jardín.

Gómez le planteó un nuevo proyecto al Ministerio de Ambiente, Corporación Autónoma Regional del Quindío (CRQ) y Autoridad Nacional de Licencias Ambientales, enfocado en las compensaciones forestales que estas entidades tienen como obligación.

Si estas entidades nos compraran por lo menos 60.000 árboles del vivero, podríamos sobrevivir hasta el año entrante. Por ahora es una buena opción para la crisis, ya que sabemos que el turismo no se va a reactivar por lo menos antes del segundo semestre de 2021”.

Otra opción es crear un programa masivo de educación ambiental en los colegios y escuelas del Quindío, que podría escalarse a nivel nacional. “Aunque somos un país megadiverso, los colombianos no tienen idea de esa belleza natural. Por ejemplo, unas encuestas hechas en el departamento confirmaron que 70 por ciento de la población no sabe ni tres especies de aves endémicas del territorio, cuando Quindío, a pesar de ocupar menos del uno por ciento del país, alberga 25 por ciento de las aves nacionales”, manifestó Gómez.

Este proyecto educativo tendría la finalidad de enseñarle a los más pequeños las características de por lo menos 100 plantas útiles para la medicina, alimentación, artesanía y construcción. “Ya le presentamos la propuesta a la CRQ, pero esto requiere del apoyo del sector privado. En Colombia, el sistema educativo ha sido torpe en relación con la naturaleza, ya que no ha podido crear mecanismos para que el niño identifique el árbol del patio y el pajarito que lo visita”.

Crisálida de la mariposa Tithorea tarricina cultivada en el mariposario del Jardín Botánico del Quindío.

La magia en riesgo

Con 256 especies de la palmas registradas, Colombia es el tercer país con mayor diversidad de estas plantas en el mundo. Están distribuidas en casi todo el territorio nacional, desde las orillas del mar hasta las zonas altas de la cordillera. Son uno de los componentes más importantes de los bosques tropicales y fuentes de alimento para la fauna silvestre. 

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El Jardín Botánico del Quindío cuenta con la Colección Nacional de Palmas de Colombia, proyecto liderado por el especialista Rodrigo Bernal que desde 2007 ha realizado 13 expediciones botánicas en diferentes lugares para recolectar semillas y plantitas de palmas. 

“Después de aclimatarlas en el vivero del jardín, las palmas se plantan en un lugar definitivo a lo largo de un sendero de de 2,9 kilómetros. En la actualidad custodiamos cerca de 3.000 ejemplares de 214 especies de palmas silvestres colombianas, es decir 82 por ciento de la variedad de especies de palmas colombianas. 43 especies están amenazadas de extinción”, indicó Gómez.

La belleza de las plantas acuáticas deleita a los visitantes del Jardin Botánico del Quindío.

Esta colección ha contribuido al fortalecimiento de las colecciones de palmas de otros jardines botánicos, el Banco de Tejidos Instituto Humboldt y la publicación de los datos sobre la biodiversidad a través del SIB Colombia. “Tenemos la colección más grande de palmas en Colombia y una de las más representativas del mundo. Concentramos casi el 85 por ciento de las palmas nativas sembradas a campo abierto”.

Las zamias constituyen un grupo de plantas muy antiguo en la evolución de la vida en el planeta. Existen fósiles de 230 millones de años, aunque su mejor desarrollo se cumplió hace 150 millones de años. Son predecesoras de las plantas con flores y hacen parte de las gimnospermas.

Colombia, por tener 21 de las 60 especies existentes, es el país más diverso en este género. Habitan en los bosques primarios desde la orilla del mar hasta casi los 3.000 metros sobre el nivel del mar. En el Jardín Botánico del Quindío hay nueve especies, que cuentan con un plan de acción para la conservación hasta 2025.

Todos los programas de ecotalleres con niños están suspendidos por la pandemia. En la foto Mariana Robledo, nieta del fundador. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

Son plantas muy bellas y apetecidas en jardinería, razón por la cual su extracción exagerada, exportación clandestina, destrucción de sus hábitats y falta de cultivo industrial, han llevado a que todas las especies estén catalogadas en categorías de amenaza de extinción, siete de ellas en peligro crítico”, complementa el experto.

Las mariposas cuentan con lugar exclusivo para su reproducción y polinización. Se tratada de un mariposario con ma´s de 1.000 mariposas de cerca de 25 especies nativas del Quindi´o, lugar donde los visitantes pueden presenciar el instante en que cada insecto emerge de la crisálida. 

“Cuando la mariposa adulta eclosiona, empieza la tercera y última etapa de su vida. Nace de un huevo microscópico como un gusano de poderosas mandíbulas y enorme apetito por las hojas de ciertas plantas. Luego de un período intermedio encerrado en un capullo, se convierte en un insecto alado con colores maravillosos que hará las funciones de polinizar algunas plantas”, reveló el jardín.

Un bosque de helechos pinta de verde a este centro de conservación ambiental de la región Andina. Foto: Jardín Botánico del Quindío.

Otros proyectos emblemáticos de esta zona boscosa del Quindío son las colecciones de heliconias, con 58 de las 110 especies de estas plantas silvestres colombianas; de helechos arbóreos, que conserva ejemplares de 13 especies de estas antiguas plantas; y de 24 especies de lauráceas del departamento.

El Aracearium es un área destinada a la conservación de aráceas principalmente nativas con 30 especies nativas de anturios, philodendros, espatifilos y orejas de elefante. Entre tanto, el Orquidiarium cuenta con más de 70 especies que tienen una alta demanda de labores horticulturales”, anota Gómez.

El molinillo o copachí, un árbol de enorme porte que mereció la calificación de magnificente por el botánico Alwin Gentry durante su visita al Quindío en 1990, produce flores blancas y olorosas. Solo habita en la cuenca del río Cauca, pero la deforestación lo tiene listado como una especie en peligro crítico de extinción.

Molinillo o copachí, un árbol en peligro crítico de extinción que habita en el Jardín Botánico del Quindío.

Es el árbol insignia del Jardín Botánico del Quindío. Propusimos que sea incluido en el escudo del departamento, cambiando el tronco y hacha por este bello ejemplar de la vida silvestre”, puntualiza Gómez.

Un futuro incierto

La recuperación del conocimiento de las plantas medicinales usadas en la región quindiana peligra por el coronavirus. Un proyecto del Jardín Botánico del Quindío, que ya iba a empezar a surtir investigaciones, quedó frenado por la cuarentena. 

Flor del molinillo, Magnolia hernandezii, árbol insignia del Jardín Botánico del Quindío.

Queremos crear un centro de investigación sobre la flora medicinal para darle importancia a las plantas medicinales como hecho biológico e impulsar una mayor investigación y conservación de las mismas. Con Henry Bernal, experto botánico de la Universidad Javeriana, estábamos listos a iniciar con la primera colección nacional de plantas medicinales, pero la cuarentena nos tiene quietos”, anota Gómez.

Según el experto, Colombia cuenta con 1.714 especies de plantas de uso medicinal, un potencial del que aún no se conoce mucho. “El año pasado compramos un terreno para hacer esa colección, que si logramos concretar tendría un potencial económico infinito. 30 o 40 por ciento de la farmacopea en el mundo se basa en plantas medicinales, y si nosotros tenemos esa diversidad tan impresionante, vale la pena trabajarla. Ningún país cuenta esa ventaja”.