Desde hace 12 años, el Bioparque La Reserva, un pulmón de 26 hectáreas ubicado en una zona montañosa del municipio de Cota en Cundinamarca, recibe animales que han sido víctimas del tráfico de fauna silvestre para darles una nueva oportunidad de vida.

Los cerca de 150 animales silvestres que allí habitan no están encerrados. Caminan libres y se comportan como si estuvieran en su hábitat natural por las cinco zonas adaptadas a ecosistemas emblemáticos del país como los bosques andino, seco tropical, húmedo tropical y alto andino, y los humedales.

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En cada una de estas representaciones ecosistémicas viven varios animales insignias de Colombia, como águilas arpías en el bosque alto andino, tortugas charapa en el bosque seco tropical y garzas en los humedales. Los visitantes aprecian la fauna en libertad mientras caminan por estos espacios y son sensibilizados por educadores ambientales.

En el Bioparque La Reserva nació la primera cría de coatí de montaña en cautiverio en Colombia. Foto: Mauricio Sánchez.

La Reserva no es un zoológico, es un lugar donde se reúnen los diversos componentes del ambiente en un solo lugar: la parte inerte, como suelo, agua y clima, con plantas, animales y personas. Además, hacemos una educación ambiental diferente, ya que todos interactúan y caminan entre los ecosistemas, guiados siempre por expertos”, dice Iván Lozano, director del bioparque.

El sitio también cuenta con un centro de conservación de aves rapaces, un auditorio temático de educación ambiental, una huerta, una zona para animales traficados a nivel internacional y varias áreas para el proceso de rehabilitación. Hace parte de la Fundación Bioparque La Reserva, que maneja programas y proyectos de conservación y educación ambiental.

“Ningún animal del bioparque ha sido extraído de su hábitat. Algunos nacieron en cautiverio y su mayoría son fruto de los decomisos. Muchos llegan en mal estado físico o con hábitos alimenticios que no corresponden a su especie, por lo cual no pueden volver a la libertad. EL bioparque les ofrece una vida digna cercana a la naturaleza”, enfatiza Lozano.

Las águilas rapaces son uno de los mayores atractivos del Bioparque La Reserva. Foto: Tobias Czeikowitz. 

Crisis en la cuarentena

Especies como búho, rana dorada venenosa, tarántula, lagarto cola de dragón, guacamaya, alcaraván, lechuza, mariposa monarca, carpintero real, lora gavilana, atrapamoscas, mochilero, pato silvestre, azulejo, lora cabecirroja, águilas iguanera, solitaria y arpía, garza real, guaco, pellar, tigrillo y coatí de montaña, peligran por el confinamiento obligatorio para evitar el contagio por coronavirus, que por ahora irá hasta el 13 de abril.

Debido al cierre preventivo del bioparque, que arrancó el pasado miércoles 18 de marzo, el lugar se quedó sin su único ingreso económico para adquirir los alimentos y medicamentos de los animales y pagar a los sueldos de las 30 personas que allí trabajan: la entrada que pagan las cerca de 2.500 personas que lo visitan en promedio cada mes.

Un tigrillo víctima del tráfico ilegal de fauna es uno de los habitantes del Bioparque La Reserva. Foto: Mauricio Sánchez.

“El bioparque o parque temático es el proyecto más importante de la fundación, que además de fomentar la educación y conservación de la biodiversidad, es el que más requiere inversión económica. Al mes requerimos como mínimo de 70 millones de pesos para atender a los animales y el pago de nómina, recursos que provienen exclusivamente del pago de nuestros visitantes. Al cerrar el sitio, se cierran totalmente los ingresos. Las donaciones son muy esporádicas”, asegura Lozano.

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Los ahorros para el funcionamiento del bioparque están casi en ceros. “Los recursos que teníamos prácticamente se acabaron durante la primera semana del cierre. Los dos fundadores del bioparque hemos puesto plata para pagar ciertas cosas urgentes y compromisos ya adquiridos. La situación es insostenible, enfrentamos graves problemas por la situación actual del país”.

Sin el dinero de las entradas, la fundación no dará abasto para pagar los costos de funcionamiento, como pago semanal de mercados, insumos comunes y especializados (vitaminas, minerales y suplementos importados), el sueldo quincenal del personal que atiende la colección, del administrativo y de seguridad que vigila el bioparque, además de los recibos de servicios públicos y los impuestos.

Los ahorros para comprar los alimentos para los animales del bioparque se están acabando. Foto: Tobias Czeikowitz.

“Como nuestra misión es educar a un nivel elevado, contamos con especialistas con alto grado de conocimiento en temas relacionados con la conservación, como veterinarios, biólogos, zootectivas, ingenieros ambientales y agropecuarios y licenciados en biología, además de administradores de empresas, ingenieros, publicistas y abogados”, menciona Lozano. 

El bioparque no quiere llegar a prescindir del personal o proponerles a sus trabajadores tomar una licencia no remunerada. “En cuanto a los animales, como no contamos con especies exóticas como tigres o leones, los costos de manutención son menores. Sin embargo, ya estamos acorralados financieramente”.

La alimentación de los animales del bioparque peligra por la cuarentena. Foto: Alejandra Hernández.

Ayudas urgentes

Lozano hace un llamado de urgencia para que los animales y trabajadores del bioparque no queden desamparados durante la cuarentena. Por eso, a través de las redes sociales, circula una campaña virtual para pedir ayudas económicas y en especie.

Este SOS abarca el apoyo de la ciudadanía a través de donaciones económicas, que pueden ir desde los 10.000 pesos, para ayudar a mantener con vida al parque temático. “Pueden donar ingresando en el siguiente enlace (https://www.bioparquelareserva.com/donaciones) o por medio de nuestra cuenta de ahorros en Davivienda 0550451700042331, con el nombre de la cuenta fundación bioparque La Reserva”.

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Las donaciones en especie, como frutas y carnes, tienen algunas condicionadas. “No podemos sobrepasar nuestra carga de almacenamiento porque se perderían los alimentos. Además, el tipo de insumo debe estar dentro de la dieta de los animales, ya que a todos no comen lo mismo. No suministrales a todos pitaya, por ejemplo, y mucho menos recibir comida vencida. Contamos con una lista de alimentos e insumos que se la podemos enviar a las personas que estén interesadas en ayudarnos”.

Búhos de diferentes especies habitan en las zonas con diferentes ecosistemas del bioparque. Foto: Tobias Czeikowitz. 

El bioparque también requiere de materiales para mantenimiento como mallas metálicas y polisombras plásticas, elementos que en la cuarentena no son fáciles de encontrar. “Ya estamos en contingencia por la escasez de algunos elementos básicos, como es el caso de varios medicamentos”, anotó Lozano.

El director del bioparque invita a los ciudadanos a compartir en sus diferentes redes sociales los llamados de auxilio de la campaña. “En Europa, muchas personas dedican parte de su tiempo a conseguir fondos con empresas de manera voluntaria. Esa también es una donación que aporta a la responsabilidad social. Artistas, cantantes o influencers también pueden aportar su granito de arena”.

Para las personas que laboran en el bioparque, Lozano pide el apoyo de las autoridades competentes para que emitan permisos especiales y así puedan transitar desde y hacia el lugar. “Su trabajo es atender las necesidades de cuidado y vigilancia de lo animales”, dijo Lozano.

Esta es una de las piezas de la campaña virtual del bioparque para salvar a sus animales. 

Llegan buenas noticias

El bioparque ya empezó a recibir algunas ayudas. Según Lozano, la gente cercana ha hecho algunas donaciones y el Ministerio de Ambiente le informó que está interesado en liderar una campaña para apoyar a las instituciones zoológicas o albergues de animales domésticos, sirviendo como un puente con las empresas privadas para adquirir donaciones.

“Sumado a esto, tenemos contemplado hacer campañas internacionales y crear más facilidades para que la gente pueda donar por diferentes vías. No sabemos hasta cuándo irán las medidas de contingencia para contener al coronavirus. Según mis cuentas serían hasta tres meses, por lo cual necesitamos de mucho apoyo”.

Algo que le preocupa a Lozano es que se corte la cadena de suministro de los insumos necesarios para los animales, como alimentarios, médicos o de seguridad. “Colegas de otros países están bastante preocupados porque no hay ciertos insumos en el mercado. Ya estamos sufriendo por los desinfectantes”.

La rana dorada venenosa es una de las especies más traficadas a nivel mundial. Foto: Mauricio Sánchez.

Programas y proyectos claves

En la última década, la Fundación Bioparque La Reserva ha puesto en marcha varios programas ambientales y sociales, que incluyen proyectos de conservación de especies, sostenibilidad, bienestar animal, educación y sensibilización.

El proyecto de restauración ecológica busca proteger las 19 hectáreas de bosque alto andino del cerro Majuy que hacen parte de la reserva, zona que en 2007 fue afectada por los incendios forestales.  

La mayoría de animales silvestres del bioparque fueron víctimas del tráfico ilegal de fauna. Foto: Tobias Czeikowitz.

Hemos restaurado cinco hectáreas y restablecido el único nacedero de agua de la región. En 2007, luego del incendio, habían 12 especies de aves y dos de mamíferos: hoy llevamos identificadas cerca de 70 especies de aves y una docena de mamíferos, todos protegidos”, informó Lozano.

Dos especies insignia de Colombia, el coatí de montaña y águila arpía, hacen parte de las estrategias de conservación de La Reserva.

“Desde 2009 contamos con el proyecto de conservación del coatí de montaña, una especie endémica de los bosques alto andinos colombianos y ecuatorianos. Cada año, miles de visitantes son sensibilizados sobre este animal, el más desconocido de los andes colombianos. En 2017 nació la primera cría del país en cautiverio en el bioparque”, apunta el experto.

Esta es una de las tres águilas arpías que hacen parte del proyecto de reproducción en cautiverio. Foto: Silvia Rojas.

El proyecto de conservación del águila arpía, uno de los animales más afectados por la deforestación y la cacería, busca reproducir a los ejemplares que habitan en el bioparque. “Esta especie está amenazada. En Colombia solo hay cinco ejemplares disponibles para reproducción, tres de los cuales están en el bioparque. Nunca se ha reproducido en cautiverio en Colombia”.

La reserva también le apunta a la educación ambiental por medio de proyectos educativos con comunidades vulnerables, estudiantes de primaria y bachillerato de los municipios aledaños a Cota, y seguimiento a los PRAES de los colegios.