Este año pasará a la historia como el periodo en el que el planeta vio con sus propios ojos cómo la Amazonia, el hervidero de biodiversidad más grande del planeta, empezó su agonía.

Los casi 90.000 incendios forestales que hicieron arder la selva de Brasil entre enero y septiembre de 2019, que acabaron con más de 2,4 millones de hectáreas de selva, arrojaron como resultado un cuadro dantesco lleno de devastación que se hizo viral en las redes sociales: árboles calcinados y cercenados, animales muertos y chamuscados e indígenas sin hogar acorralados en medio de una manigua repleta de humo.

Sin embargo, esta tragedia planetaria viene de mucho tiempo atrás. Todos los años, en los meses más secos, el verde de la cuenca amazónica palidece por las llamas incandescentes, un modus operandi que inicia cuando las motosierras tumban millones de árboles centenarios que luego son quemados para dejar los terrenos listos para la crianza de ganado.

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Según la Fundación Omacha, desde 1970 la Amazonia viene experimentando un intenso proceso de deforestación, flagelo que ha acabado con más de 79 millones de hectáreas cubiertas por bosques tropicales en casi medio siglo. El principal propósito de este crimen ambiental es la ganadería extensiva, seguido por los cultivos de soja, dos actividades que abundan en el territorio brasileño.

El aumento de la población humana también juega en contra de la biodiversidad amazónica. En tan solo 50 años, sus habitantes pasaron de un millón de personas a más de 34 millones, donde los indígenas no superan los 3,5 millones. La construcción de grandes autopistas y la falta de políticas claras para frenar la crisis climática, complementan sus verdugos.


Bosque inundable Lagos de Tarapoto en Amazonas. Foto: María Isabel Henao.

Para Omacha, una de las grandes pérdidas de la cobertura forestal en la Amazonia ocurre en las orillas de los ríos, específicamente en las zonas de inundación. “Una hectárea de bosque inundado en la Amazonía puede producir hasta 20 toneladas de semillas, de las cuales aproximadamente 60 por ciento es clave para la alimentación de peces. Estos bosques también generan una gran cantidad de alimentos para las comunidades locales y especies de fauna”. 

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La pérdida de bosques inundados, que representan alrededor de 98 millones de hectáreas, se ha acentuado en los últimos años por los asentamientos humanos que buscan limpiar la vista desde el río como un signo de progreso, además de la extracción de especies maderables para la construcción. “La reducción de este bosque está generando una disminución en las poblaciones de peces y es cada vez más difícil para las comunidades obtener un sustento de productos secundarios del bosque”, mencionó la fundación.

A restaurar lo degradado

Ante la vulnerabilidad de los bosques que habitan cerca a los cuerpos de agua, la fundación Omacha y Whitley Fund for Nature trabajan desde hace ocho años en una campaña de reforestación en los lagos de Tarapoto, 44.600 hectáreas ubicadas en el departamento del Amazonas que fueron declaradas recientemente como el primer sitio Ramsar en la Amazonia colombiana. 

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“Pepeaderos para la vida”, campaña en la que han participado las comunidades indígenas  ticunas, cocamas y yaguas de Puerto Nariño en Amazonas, ha logrado recuperar 12 hectáreas de bosque inundado en Tarapoto y cerca a las comunidades de Villa Andrea, 20 de Julio y San Francisco, sembrando plántulas de 57 especies como acaí, aguaje, reventillo, camu camu, murichí, capinurí y guayaba de monte.


Siembra de semillas en Puerto Nariño. Foto: Fundación Omacha. 

Estas plántulas germinan cuando las aguas empiezan a descender, tiempo en el cual son recogidas manualmente por mujeres indígenas de los estos pueblos, quienes las cuidan y luego realizan la siembra en alguna área de bosque degradado seleccionada por Omacha.

“Los pepeaderos son el conjunto de árboles a las orillas de humedales y ríos que producen frutos, denominados coloquialmente pepas, que al caer son alimento para innumerables peces como gamitanas, acaraguazús, pirañas, bagres y sardinas, especies vitales para la seguridad alimentaria de las comunidades amazónicas y sustento de delfines, nutrias y caimanes que viven en estos humedales”, informó la fundación.

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Los peces que viven de los pepeaderos también cumplen un papel de dispersión de los bosques, ya que al ingerir el fruto y solo consumir la parte carnosa, liberan las semillas aguas arriba y aguas abajo, contribuyendo a la arquitectura y diversidad de la selva. 


La Fundación Omacha y Whitley Fund for Nature trabajan desde hace ocho años en una campaña de reforestación en los lagos de Tarapoto. Foto: Fundación Omacha.

Ante la pérdida acelerada de bosque amazónico, la coyuntura de los incendios recientes en Brasil y Bolivia y los que están por comenzar en las selvas del sur de Colombia, Fernando Trujillo, director científico de Omacha, invita a todos los colombianos a ser parte de esta campaña se siembra de árboles en la cuenca amazónica, que tiene objetivo recuperar las tierras taladas o incendiadas de bosque húmedo tropical cerca a los ríos Amazonas y Loretoyacu y los lagos de Tarapoto. 

“Tenemos que sembrar para recuperar el bosque inundable, es la única oportunidad que tiene la selva amazónica. Los ciudadanos pueden sumarse a esta campaña haciendo donaciones económicas para que las mujeres indígenas que habitan en la región siembren árboles en su nombre. Si visitan Puerto Nariño y quieren ser parte de la iniciativa, también pueden ayudarnos a sembrar”, apuntó Trujillo.


El Grupo Master Desing and Innovations durante una siembra de semillas. Foto: Fundación Omacha. 

La ciudadanía puede hacer sus donaciones y consultar la información de la campaña para salvar la selva húmeda en https://omacha.org/campanas/.  Los dineros recaudados serán destinados para los grupos de mujeres indígenas que lideran las siembras, campañas de recolección de plántulas del bosque, monitoreo de las siembras, reemplazo de los árboles que no hayan crecido y el fortaleciendo de acuerdos y normas para el aprovechamiento sostenible del bosque en Tarapoto.

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En septiembre de este año, 120 plántulas fueron sembradas con ayuda de un grupo de estudiantes que estaba en una salida de campo en Puerto Nariño. “El propósito de esta siembra fue atajar la rápida erosión de una porción orilla del río Loreto yacu, que de colapsar podría poner en riesgo a Puerto Nariño, ya que se cambiaría su desembocadura y el Amazonas fluiría directamente y sin contención hacia el casco urbano”, dijo Trujillo.

Omacha lleva más de 28 años de investigación científica y social en Tarapoto, donde logró construir una Estación Biológica y fuertes lazos con las comunidades locales, en especial con los indígenas. “Con el trabajo conjunto entre Omacha, Ministerio de Ambiente y 22 comunidades indígenas, logramos diseñar un plan de manejo para el sitio Ramsar Lagos de Tarapoto, donde uno de los puntos urgentes planteados fue la recuperación del bosque inundado”, dijo la fundación.