Un total de 60 municipios costeros colombianos, con una extensión de 7,2 millones de hectáreas se encontrarían en riesgo de inundación para el año 2100, por aumento del nivel del mar (ANM). Este dato corresponde al 9% de la zona costera, de acuerdo con análisis realizados por el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). 

Adicionalmente, al final de siglo podría perderse por erosión costera cerca del 1% de las áreas municipales ubicadas en esas zonas, siendo los departamentos de Magdalena, Atlántico, La Guajira, Chocó y Nariño los más afectados, según indican los modelos predictivos realizados durante los últimos 15 años por el mencionado Instituto. 

Colombia es un país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático y sus zonas costeras están dentro de las más frágiles del planeta. Adicional al aumento del nivel del mar, hay otros fenómenos de origen natural y climático que pueden afectar estas áreas: la acidificación del océano, la exacerbación de huracanes y mares de leva o la Oscilación del Sur, más conocida como fenómeno de El Niño - La Niña. 

Los estudios de Invemar indican que a nivel de ecosistemas el 80% de los manglares podría verse afectado por el aumento del nivel del mar (26% en el Caribe y 74% en el Pacífico) y también por la erosión costera que puede impactar un 5% de los mismos, principalmente en el Pacífico con un 69% y 31% en el Caribe.


Manglares en el Golfo de Tribugá. 

En lo que hace referencia a los arrecifes coralinos los resultados de los modelos predictivos muestran que para final de siglo cerca del 35,3% de los corales estarían expuestos a temperaturas superficiales del mar (TSM) superiores a 28,9°C, siendo los del archipiélago del Rosario y San Bernardo los más susceptibles a verse afectados.  

En los pastos marinos, las mencionadas temperaturas tienen menores implicaciones que para los corales; sin embargo, para el 2100 aproximadamente el 7% de las áreas de pastos tendrían un nivel de exposición a la TSM superior a 30°C y podrían empezar a presentar mortandades por estrés térmico, según análisis de Invemar y el Instituto de Hidrología, Metereología y Estudios Ambientales (Ideam), de 2017.

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En cuanto a la acidificación marina, a partir de los modelos mundiales se estimó el nivel de saturación de Aragonita (una forma cristalina que adquiere el carbonato de calcio), que, además, es el indicador que permite determinar el aumento de acidez en el océano.

Los análisis muestran un valor mayor de 3 para ambas costas, en un rango 3,45 y 3,9 en el Caribe y de 2,8 y 3 para el Pacífico, indicadores que evidencian un entorno aceptable para la sobrevivencia de los corales.

Lo preocupante es que, según Invemar, frente a esta amenaza el país carece de información detallada para medir las variables del sistema del carbono de manera directa y adecuada según los estándares internacionales, por lo tanto, se requiere hacer desarrollos en capacidades nacionales para evaluar los impactos y generar modelos específicos para las condiciones del Caribe y Pacífico colombianos.

Otros riesgos

Y aunque las amenazas por cambio climático no son menores, a ellas se adicionan las de origen antrópico como la contaminación, actividades náuticas y marítimas sin precaución, construcción de infraestructura costera como muelles y puertos, sobrepesca, uso de artes de pesca ilegales y actividades de buceo o senderismo acuático sin el debido cuidado y precaución.

Todas estas afectaciones resultan preocupantes, pues el país tiene una extensión de sus aguas jurisdiccionales de 892.102 km2, distribuidas así: 532.154 km2 en el Caribe y 359.948 km2 en el Pacífico, es decir, casi el 50% del territorio nacional. 

Lo más grave es que a diferencia de los ecosistemas terrestres que pueden ser  fácilmente identificables e incluso se hace explícita cualquier afectación que se presente sobre los mismos, en el caso de los marinos las afectaciones no se evidencian a simple vista.

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En general, estas amenazas que pueden considerarse en algunos casos del tipo “silencioso”, suelen ser desastrosas ya que como sus efectos se están presentando en una zona “invisible” para el ser humano, no se puede identificar la afectación y en la mayoría de los casos, no se alcanzan a realizar acciones de mitigación o restauración 

Según Invemar, es difícil advertir de manera directa y rápida, peligros como la muerte, degradación, enfermedades y hasta desaparición, causadas por actividades de origen antrópico.

Poca información

Una de los mayores inconvenientes es que no se cuenta con suficiente información que permita actuar. Los ecosistemas en los que se ha realizado la mayor colecta de información frente a su situación y posibles riesgos son los arrecifes coralinos, ya que al ser los más carismáticos del océano, poseen un mayor número de instituciones que les hacen seguimiento y sobre los cuales se ha realizado una mayor implementación de esfuerzos tecnológicos y de recursos humanos, para tratar de mantenerlos con vida.

Los demás ecosistemas como los pastos marinos que han sido aún más “invisibles”, a pesar de ser considerados como los primeros indicadores del estado de los litorales costeros del mundo, poseen una propensión mayor a la degradación por encontrarse en la primera línea de encuentro con las actividades costeras humanas (turismo, navegación, construcciones, extracción, técnicas ilegales de pesca y dragados, etc.) y porque es en la zona costera en la que se evidencia más fuertemente el impacto de los fenómenos naturales como el mar de leva y la erosión, entre otros.

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Esto lo que sugiere es que de no entrar a protegerlos al menos de las actividades de las que el hombre tiene control, podría convertirse en el primer ecosistema marino del cual, teniendo conocimiento de su existencia, no se hizo mucho para conservar su sustentabilidad en el tiempo, dice Invemar.

El Instituto concluye que para algunos ecosistemas el futuro está seguro porque siempre se desconoció de su existencia a grandes profundidades, para otros está ya limitado porque se encuentran en el rango de acción e intereses humanos y en otros casos, ojala fueran la minoría, jamás se llegará a conocer de su existencia porque nunca se tuvo el conocimiento previo, frente a su destrucción ya sea por algún fenómeno natural o de origen antrópico.

Así las cosas, el panorama no es alentador para estos ecosistemas que, sin duda, son un gran patrimonio del país y que deben ser protegidos para evitar su destrucción y desaparición.