"Emberracada" baja rápidamente por entre las ramas del árbol. En uno de sus tallos, muy cerca del piso, se sienta y comienza su alegato. Carlos solo la observa en silencio. Sereno, aguanta sus quejas y regaños. No sabe la razón de su malgenio y mucho menos la de su comportamiento, pero al final siempre acepta resignado lo que La Mona, como la llama de cariño, le diga. "Ella siempre tiene la razón", asegura. 

Lleva cuatro años soportando "sus reprimendas" entre las 8:00 y 10:00 de la mañana, y solo por temporadas logra calmarla un poco: cuando la guama está en cosecha. Al obsequiarle una, ella muy digna la recibe y empieza a comerla. La paz, inmersa de por sí en el apellido de Carlos, llega y perdura por varios minutos. "La Mona me hace show todos los días cuando entro a su jaula", afirma. Y pese a su recio carácter, oculto en sus fuertes facciones, él sostiene que ama a esa mona churuco, también conocida como mona lanuda colombiana (Lagothrix lugens). 

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Esta primate es uno de los 400 animales que hacen parte del zoológico del Centro de Vacaciones de Cafam en Melgar (Tolima), de donde Carlos Ernesto Paz Cabal es el gerente. "Ella llegó hace 10 años" y como la gran mayoría de las 85 especies que allí viven, fue arrebatada de las manos criminales de traficantes de fauna silvestre, mientras que otros fueron recuperados por las autoridades ambientales de lugares como los circos, donde eran maltratados o tenidos irregularmente. "Acá no compramos ni comercializamos animales, solo recibimos y liberamos los que pueden ser rehabilitados y devueltos a su hábitat natural", expresa. 


En el zoológico de Cafam en Melgar cuentan con una amplia variedad de primates. Foto: Centro de Vacaciones de Cafam en Melgar. 

El compromiso de Carlos y los otros 11 trabajadores del zoológico por estos animales es incuestionable. En plena pandemia el líder veterinario, la bióloga, el zootecnista y los ocho cuidadores y alimentadores, prefirieron quedarse a cuidarlos, que irse a resguardar con sus familias. Aprovechando la ausencia de turistas, decidieron adoptar momentáneamente como su hogar, algunas de las 311 casas que hacen parte de este complejo vacacional.

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Ni el miedo al contagio ni la ausencia de sus seres queridos les hizo desistir. "Hay es pasión y amor por el servicio y esa es una de las características de quienes trabajamos acá. Es un sacrificio, pero los animales valen la pena", apunta Carlos con convicción. 

Las jornadas empiezan muy temprano y terminan hacia las 5:30 de la tarde. Para las 6:30 de la mañana ya se tiene preparado el alimento de la gran mayoría de animales, pues estos tienen horarios y zonas de consumo bien definidas. A los únicos ejemplares que se les da de comer en las noches es a los felinos para que desarrollen sus destrezas y no pierdan sus instintos. 


Los felinos son alimentados en las noches, principalmente. Foto: Centro de Vacaciones de Cafam en Melgar. 

"Tenemos todo un equipo médico para nuestros animalitos, así como para el personal que labora por mantener las 118 hectáreas que conforman el centro vacacional", explicó Paz, quien aseguró que están cumpliendo con todos requerimientos y protocolos sanitarios para evitar el contagio del coronavirus y por eso, hasta ahora, no registran ningún caso.

De hecho, sostiene que lo más complejo hasta ahora ha sido guardar el distanciamiento social, pues la mayoría de personas son amigos. "Estamos creando una cultura del autocuidado para poder sobrellevar esta emergencia", manifiesta. 

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Para este abogado cuando se trabaja con animales, se aprende a amarlos y a entender muchas cosas, por eso asegura ahora, que sus hijos son los cuatro perros que adoptó de la calle. "La naturaleza nos está dando un mensaje claro y es que hay que valorarla y los animales no pueden seguir siendo tratados como objetos, porque ellos tienen sentimientos, son nobles y nosotros como humanos les hacemos mucho daño", resaltó. 

Agregó que se debe volver a mirar el campo y los animales con respeto, como se miraban antes, así como tener buenas prácticas con la naturaleza. 


Nutrias y otros animales acuáticos también hacen parte de este zoológico. Foto: Centro de Vacaciones de Cafam en Melgar. 

Solo para el alimento de los animales mensualmente se requieren entre 21 y 22 millones de pesos, dinero que es aportado por la caja de compensación familiar propietaria del lugar, suerte con la que no cuentan la mayoría de los zoológicos del país, que se han visto "a gastas" para alimentar y mantener médicamente a sus especies. 

"Los zoológicos están sufriendo, se le debe dar mucho más apoyo y respaldo en todos los sentidos. El gobierno tiene que lanzar urgente un salvavidas para funcionen y los animales no pasen penas", comenta Paz. 

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Adicionalmente, el centro construyó comedores públicos para gatos abandonados y aves. De esta forma, en silencio y con vocación estos guardianes de los animales se han constituido en otros héroes anónimos durante la pandemia, que batallan por la preservación de la fauna silvestre que no pudo regresar a su hábitat natural.  


Muchos cuidadores prefirieron quedarse para alimentar a los animales que irse a refugiar a sus hogares con sus familias. Foto: Centro de Vacaciones de Cafam en Melgar.