Antes del amanecer, más de 40 habitantes de la vereda San Francisco en Soacha, ubicada en una alta montaña repleta de árboles del bosque andino y de niebla, llegan a unos improvisados kioskos de madera y prenden los fogones para preparar caldos de costilla, arepas de chócolo, empanadas, morcillas, longanizas y huevos al gusto. 

Esperan con ansia la llegada de turistas y deportistas que todos los fines de semana visitan la caída del río Bogotá por un cañón de 157 metros de altura: el Salto del Tequendama, un sitio cargado de misterio, cuentos y leyendas que en una época fue conocido como el punto de encuentro de los despechados del amor con la muerte.

Al lado de los puestos de comida, desde donde se ve cómo caen con fuerza y chocan contra las piedras las ya contaminadas y espumosas aguas del río más importante de Cundinamarca, aún sobrevive una edificación antigua que en el siglo XX fue uno de los hoteles más prestigiosos de la aristocracia bogotana, donde hoy funciona un museo que es visitado por cerca de 400 personas los sábados y domingos.

A pesar de la contaminación del río Bogotá, el Salto del Tequendama es un sitio turístico que hace parte de la historia del país. Foto: Archivo.

El Salto de Tequendama es el único sitio netamente turístico en los más de 380 kilómetros que tiene el río Bogotá desde su nacimiento en el páramo de Guacheneque en Villapinzón y su desembocadura en las aguas carmelitas del río Magdalena en Girardot, a pesar de los olores nauseabundos y el color oscuro de sus aguas.

En la zona habitan más de 120 especies de animales, como el oso de anteojos y el oso perezoso, además de una alta diversidad de árboles, plantas y flores conformada por 52 familias y 81 especies, una de ellas, la merinthopidium vogelii, ilustrada en la expedición botánica de José Celestino Mutis. Sumado a esto, en el pasado fue un sitio habitado por los muiscas, indígenas que llamaban al río Bogotá como el alma de la sabana.

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Por ser considerado como uno de los escenarios ambientales y paisajísticos más importantes del país, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible acaba de designar al área de la cascada del Salto del Tequendama como patrimonio natural de Colombia, medida que tiene como fin aportar a la conservación de la diversidad biológica, recreación, educación, mejoramiento de la calidad ambiental y la valoración social de la naturaleza.

La caída de 157 metros de altura acaba de ser declarada como patrimonio natural del Colombia. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

El área declarada como patrimonio natural está ubicada al interior del Distrito Regional de Manejo Integrado del Sector Salto de Tequendama-Cerro Manjuí, 10.422 hectáreas declarada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) que le aporta provisión del recurso hídrico a aproximadamente 340.000 personas de los municipios de San Antonio del Tequendama, Tena, La Mesa, El Colegio, Anapoima, Apulo, Tocaima, Agua de Dios, Ricaurte, Girardot, Zipacón, Anolaima, Cachipay y Viotá.

Este ecosistema es un gran productor de agua, captador de carbono y garantiza un eficiente sistema de equilibrio hídrico; debido a esta importancia se busca recuperar la zona como el patrimonio ambiental, histórico y cultural que representa para Colombia”, dijo el ministro de Ambiente Ricardo Lozano, quien acaba de firmar la resolución que le da un nuevo estatus al Salto del Tequendama.

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Según Lozano, las medidas de manejo para el área de la cascada serán las mismas que sean establecidas por la CAR para el Distrito Integrado Salto de Tequendama - Cerro Manjui.

La designación de esta declaratoria da cumplimiento a la sentencia proferida por el Consejo de Estado relacionada con la recuperación del río Bogotá y la represa del Muña, la cual establece el desarrollo de una metodología específica para estimación de caudal ambiental y ecológico del río Bogotá, instrumento que garantizará la prestación y conservación del servicio ecosistémico cultural del salto”, anotó el ministro.

Enamoró a Humboldt

En su expedición por América del Sur en 1799, el naturalista Alexander Freiherr Von Humboldt describió detalladamente el paisaje del Salto de Tequendama y su importancia.

El salto debe su aspecto imponente a la relación de su altura y de la masa de agua que se precipita. El río Bogotá, después de haber regado el pantano de Funza, cubierto de bellas plantas acuáticas, se angosta y vuelve a su lecho cerca de Canoas. Allí tiene todavía 45 metros de ancho”, escribió.

Von Humboldt quedó deleitado con los reflejos de la luz que se rompen en la nube de vapor que flota sin cesar por encima de la catarata. “La división al infinito de esta masa vaporosa que vuelve a caer en perlas húmedas y deja detrás de sí algo como una cola de corneta. El ruido de la cascada es parecido al rugir del trueno y repetido por los ecos de las montañas, mientras que los robles en las alturas contrastan con las plantas tropicales que crecen al pie de la cascada. Todo se reúne para dar a esta escena indescriptible un carácter individual y grandioso”. 


La antigua casona del Salto del Tequendama fue durante el siglo XX uno de los hoteles más visitados por la aristocracia bogotana. Foto: Archivo.

Apuntó que solamente cuando el río Bogotá está crecido, es cuando se precipita perpendicularmente y de un solo salto, sin ser detenido por las asperezas de la roca. “Al contrario, cuando las aguas están bajas, el espectáculo es más animado”.

En una época, el Salto del Tequendama hizo parte del escudo nacional y una portadilla del papel periódico ilustrado. También sirvió de inspiración a muchos viajeros, poetas y artistas que le brindaron un homenaje a través de sus obras.

Inyección de vida

La caída de 157 metros del río Bogotá le da una pequeña inyección de vida al golpeado cuerpo de agua. Según la CAR, antes del majestuoso descenso, el nivel de contaminación está en su punto más álgido. Pero en su caída es sometido a un proceso de oxigenación natural y un cambio de energía potencial, que lo revive un poco. 

“Esto genera una descomposición de materia orgánica, lo que disminuye la demanda bioquímica de oxígeno y permite que el río retome unas características que mejoran su calidad”.

Más de 400 personas visitan cada fin de semana la Casa Museo Salto del Tequendam. Foto: Javier Tobar. 

Debido a esto, los olores fétidos, que predominan desde la salida del embalse del Muña hasta antes del gran precipicio, disminuyen un poco, y a su vez aparecen espumas “producidas por la presencia de jabones y grasas que, combinadas con la caída y velocidad del Salto del Tequendama, emulsionan”, dijo la entidad.