Hace cinco años comenzó la implementación del Proyecto Integración de las Áreas Protegidas del Bioma Amazónico (IAPA), una iniciativa que busca contribuir a mitigar los efectos del cambio climático manteniendo la provisión de bienes y servicios en beneficio de la biodiversidad, las comunidades y las economías de la región.

Los resultados de esta iniciativa evidencian que durante este periodo se realizaron más de 80 publicaciones que incluyen análisis y reportes sobre la situación y desafíos de las áreas protegidas del bioma amazónico. Producto de ello, hoy se sabe que la Amazonía cuenta con 1.033 áreas protegidas, es decir, que el 33 % del bioma amazónico está protegido bajo alguna figura de conservación.

El IAPA desarrollado por representantes de los 8 países que comparten el bioma (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela) y el territorio de Guyana Francesa, permitió un trabajo conjunto en aras de lograr objetivos comunes.

En este marco, se crearon redes de trabajo entre los sistemas nacionales de áreas protegidas, el sector productivo, organizaciones aliadas y comunidades locales del bioma amazónico para garantizar la seguridad alimentaria, la planificación armónica del territorio y la realización de procesos de gobernanza que favorecieran el desarrollo las comunidades locales y pueblos indígenas.

José Antonio Gómez, coordinador Regional del IAPA, considera que los logros del proyecto en cinco años están en correspondencia con los grandes componentes del mismo: consolidación de la visión amazónica,  oportunidades de conservación, gobernanza, efectividad de manejo y sostenibilidad financiera.

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Destaca que un primer resultado tiene que ver con el fortalecimiento de la visión amazónica, que se traduce en haber logrado posicionar la Red Latinoamericana de Cooperación Técnica en Parques Nacionales, otras Áreas Protegidas, Flora y Fauna (Redparques), en los escenarios globales y reconocer su aporte en el desarrollo de medidas efectivas de conservación y el bienestar humano.

Otro logro del proyecto, que es financiado por la Unión Europea, coordinado por la FAO y ejecutado con UICN, WWF, ONU Medio Ambiente y la Redparques, fue la consolidación de paisajes trifronterizos especialmente entre Colombia, Perú y Ecuador y Brasil, Bolivia y Perú, una expresión de articulación que se traduce en memorandos de entendimiento, acuerdos de voluntades y convenios vinculantes entre jefes y directores de áreas, que evidencia que el proceso de integración es factible y que permite la movilización de capacidades técnicas regionales.


Producto de la cooperación

Frente al tema, Juan Carlos Jintiach, representante del pueblo Shuar de la Amazonía de Ecuador, considera importante tener esta relación de intercambio o mesas de cooperación multidisciplinarias, porque detrás de esto están no solo los ecosistemas de la Amazonía, sino también los indígenas y pueblos que habitan y viven de ella.

Reconoce que las presiones externas son muy fuertes porque está el narcotráfico, minería ilegal y deforestación, entre otros factores, que amenazan no solo a la biodiversidad sino a los habitantes de la región.

Jintiach, quien también es miembro de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (Coica), considera valioso que se les de voz a las iniciativas tanto de las comunidades locales como de los indígenas y que se trabaje en proyectos de cooperación para no duplicar esfuerzos, pues es común que en cada país se adelanten acciones de forma particular.

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Por su parte, Benjamín Lau, asesor técnico del Servicio Nacional de Áreas Protegidas del Perú, considera que uno de los grandes desafíos es mantener la articulación y la confianza que se ha logrado durante el proceso.

“Se espera que haya la oportunidad de una segunda fase, pero darle continuidad a este proceso le corresponde básicamente a los gestores de áreas protegidas. Es una manera eficiente de gestionar un territorio y conservar la biodiversidad por los indígenas o comunidades locales”.

Los expertos coinciden en que la integración de las áreas protegidas es una buena estrategia para la conservación porque evita que los países funcionen como islas. Integrarse les permite trabajar en beneficio de la población y la conservación de la biodiversidad biológica.

José Antonio Gómez considera que se está a tiempo de salvar la Amazonía porque existen voluntades, expresiones y manifestaciones concretas para garantizar y proteger el buen desarrollo y conservación de la misma. “La creación y el desarrollo de nuevas áreas protegidas, la gestión conjunta y la participación de actores en ese propósito son una muestra de que la Amazonía se puede conservar y hay oportunidades para seguirlo haciendo”, concluye.