Mientras que la pesca de captura se ha mantenido relativamente estática desde finales de los años ochenta, la que se obtiene en estanques o a través de otros sistemas de cultivo controlados ha aumentado constantemente desde los años cincuenta y está cada vez más cerca de alcanzar el volumen de la producción tradicional.

Según El estado mundial de la pesca y la acuicultura 2018 (SOFIA, por sus siglas en inglés), del total de la producción pesquera del mundo en 2106, 90,9 millones de toneladas correspondieron a pesca en mares y ríos, lo cual representó una leve disminución frente al 2015, año en el que la producción fue de 92,2 millones de toneladas.

La acuicultura, en cambio, tuvo un nuevo incremento en su producción, para llegar a 80 millones de toneladas en 2016, frente a 76,1 en 2016. Si se comparan las cifras con las producidas en 2011, el incremento acumulado ya es cercano al 50%, pues en 2011 la producción fue de 60,1 millones de toneladas.

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Aunque el crecimiento de la acuicultura se ha reducido si se le compara con los años ochenta y noventa, cuando llegó a crecer a tasas hasta del 10% anual, aún continúa creciendo más rápido que cualquier otro sector de productos alimenticios.

Si bien la acuicultura representa riesgos ambientales al igual que la pesca de captura, ambas actividades requieren, según manifiesta el informe de la FAO, que se haga un manejo racional de ellas y que haya una adecuada conservación de los recursos genéticos acuáticos, para garantizar que no se afecte la diversidad de las especies.

Como elemento positivo, la acuicultura ha permitido que la producción pesquera responda a la demanda creciente, que desde los años sesenta ha crecido por encima del crecimiento de la población y genera actualmente más de 19,3 millones de empleos.

La FAO, igualmente, pronostica un crecimiento del consumo de pescado en América Latina y el Caribe de un 33% para 2030.

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Esto es particularmente importante para la región, ya que actualmente es una exportadora neta de peces y un gran productor de acuicultura, pero tiene el menor consumo per cápita mundial: solo 9.8 millones de toneladas por año. En 2015, la región solo consumió 6,2 millones de toneladas de pescado, menos que todas las demás regiones del mundo, salvo por Oceanía.

Para 2030, se espera que el consumo total de pescado aumente en todas las regiones y subregiones, con un gran crecimiento proyectado en América Latina (+33%), África (+37%), Oceanía (+28%) y Asia (+ 20%).

En términos per cápita, se prevé que el consumo mundial de pescado alcance los 21,5 kg en 2030, frente a los 20,3 kg en 2016. El consumo per cápita aumentará en todas las regiones excepto en África (-2 por ciento). Las mayores tasas de crecimiento se proyectan para América Latina (+18 por ciento) y para Asia y Oceanía (+8 por ciento cada uno).

Sin embargo, a pesar de estos aumentos, el SOFIA pronostica que en 2030 aproximadamente el 71 por ciento de los peces disponibles para el consumo humano (184 millones de toneladas) se consumirá en los países asiáticos, mientras que las cantidades más bajas se consumirán en Oceanía y América Latina.

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Aumento de la producción de la pesca y acuicultura

El SOFIA pronostica que para 2030, la región verá un crecimiento del 24,2% en la producción de pescado (pesca y acuicultura) de 12,9 millones de toneladas a 16 millones de toneladas.

Si bien actualmente solo el 4% de la población mundial dedicada a los sectores de la pesca y la acuicultura vive en América Latina y el Caribe, en la Amazonia brasileña, por ejemplo, los hogares obtienen el 30% de los ingresos familiares de la pesca.

Para 2030, se prevé que la producción acuícola continúe expandiéndose en todos los continentes, y se esperan mayores aumentos, en particular en América Latina, donde crecerá un 49%, de más de 2,7 millones de toneladas a más de 4 millones de toneladas.

En la actualidad 3,8 millones de personas trabajan en acuicultura en la región, el 2% del total mundial. El empleo en los sectores de la pesca y la acuicultura está creciendo moderadamente, mientras que la producción acuícola ha experimentado un crecimiento sostenido bastante alto.

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Exportadora neta de pescado

América Latina y el Caribe sigue siendo una exportadora neta de pescado. Las exportaciones latinoamericanas, que comprenden principalmente camarón, atún, salmón y harina de pescado de Ecuador, Chile y Perú, se incrementaron en 2016 y nuevamente en 2017 por una mayor producción y un repunte de los precios del atún.

Para 2030, las exportaciones de pescado proyectadas de la región aumentarán en un 29 %, de 3,9 millones de toneladas en 2016 a 5,1 millones de toneladas. Las importaciones experimentarán un aumento aún mayor de 53%, de 2,3 millones de toneladas en 2016 a 3,5 millones de toneladas en 2030.

Caída en la captura marinas también afectó a Chile y Perú

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Las capturas marinas totales a nivel mundial fueron de 79,3 millones de toneladas en 2016, lo que representa una disminución de casi 2 millones de toneladas respecto de los 81,2 millones de toneladas en 2015. Las capturas de anchoveta de Perú y Chile -que a menudo son considerables pero muy variables debido a la influencia de El Niño- representaron 1,1 millones de toneladas de esta disminución. Sin embargo, en los últimos dos años, Perú continuó siendo el principal productor y exportador mundial de harina de pescado y aceite de pescado.

Importancia de la pesca continental

Los ecosistemas de agua dulce son fuentes importantes de peces comestibles y proveen alrededor del 40 por ciento de todos los peces destinados al consumo humano en los últimos años. En al menos 11 países de América Latina y el Caribe, el 20 % o más de las personas que trabajan en la pesca de captura trabajan en la pesca continental, aunque la pesca continental constituye sólo el 3 % de las capturas en la región.

El impacto de la pesca de captura continental puede centrarse en áreas específicas de un país: en Brasil, por ejemplo, el consumo promedio nacional de peces de agua dulce (de la pesca de captura continental y acuicultura de agua dulce) es bastante bajo – sólo 3,95 kg per cápita por año en 2013- pero en el Amazonas, este mismo consumo es cercano a los 150 kg per cápita por año.