El pez loro y los arrecifes de coral llevan una relación simbiótica hace siglos. Ninguno puede vivir sin el otro, ya que las denominadas selvas tropicales de los océanos proporcionan refugio y alimento a los peces, y estos a su vez controlan y consumen las algas para evitar que mueran. Al consumirlas con sus dientes, quiebran las piedras y excretan arena fina, la cual aporta a la formación de las playas de las islas coralinas oceánicas.

Sin embargo, la sobrepesca, el cambio climático, la acidificación de los océanos, la sedimentación y la contaminación, amenazan esta unión milenaria en el territorio insular de Colombia, conformado por el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

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Por la escasez de otras especies de peces de arrecife, como los pargos y chernas, los pescadores locales no han tenido más remedio que empezar a cazar al pez loro, una especie tropical y colorida que antes no era consumida, y la cual debe su nombre a que su boca tiene forma de pico.

Según el Libro Rojo de peces marinos de Colombia, publicado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en 2017, desde hace 10 años es raro ver peces loro adultos de gran tamaño es las aguas que bañan al archipiélago debido a la pesca selectiva, mientras que en el Caribe colombiano ha disminuido su población un 50 por ciento.

El estudio revela que en la zona insular nacional, las embarcaciones extranjeras tienen en jaque a la población de estos peces, lo que ha generado que en sectores como Serrana, Roncador, Quitasueño, Bolívar, Albuquerque, San Andrés y Providencia, las cantidades ahora sean bajas.

Datos del Sistema de Información Pesquera de San Andrés y de pesquerías legales del archipiélago muestran importantes capturas. Por ejemplo, en 2009 se registraron 107 kilogramos de pez loro o negro; 216,5 kilogramos de pez loro azul en 2012 solo en Providencia; y 728,9 kilogramos de pez loro o guacamayo en los últimos 10 años.

“La venta de carne de estos peces en los restaurantes, provenientes de capturas legales e ilegales, va en aumento en el archipiélago. Adicionalmente, el deterioro de los arrecifes afecta su supervivencia. En los últimos años la cobertura de coral ha disminuido por el calentamiento global, enfermedades, blanqueamiento coralino y daños físicos naturales y antrópicos. En el Caribe, el deterioro coralino ha generado una declinación de hasta el 80 por ciento de su cobertura en las tres últimas décadas”, cita el documento del Ministerio.

Debido a estas amenazas, el Libro Rojo de peces marinos cataloga al pez loro como una especie en peligro que enfrenta un riesgo de extinción muy alto en estado silvestre. Un nuevo golpe para la supervivencia de los arrecifes de coral del Caribe colombiano.

Nace un salvavidas

La pesca del pez loro en San Andrés y Providencia empezó su auge tras el fallo de la Corte de Justicia Internacional de la Haya en 2012 sobre los nuevos límites marítimos de Colombia y Nicaragua, el cual le quitó a las comunidades pesqueras las zonas en donde cazaban pargo de profundidad.

Con la reducción del área marina, los pescadores no tuvieron más remedio que dedicarse a la pesca con arpón de pez loro en los territorios de los arrecifes para poder subsistir. En 2016, según datos del Departamento Nacional de Planeación, se registraron 658 pescadores artesanales en ambas islas, los cuales han causado una sobreexplotación de recursos marinos como el pez loro, especie indispensable para mantener la Reserva de Biosfera Seaflower.

Para evitar que la simbiosis entre los corales y este pez se rompa definitivamente, la Fundación Providence y la organización norteamericana Seacology crearon un proyecto que busca prohibir su pesca en la isla de Providencia

El “Proyecto Pez Loro” se basa en una estrategia de sensibilización sobre la importancia de conservar y proteger esta especie, la cual incluye comunicación con los pescadores locales, restaurantes, operadores de turismo y niños de escuelas. El reto es que toda la comunidad de la isla se comprometa a no consumirlo, sin que eso se afecten los intereses económicos y culturales de los pescadores artesanales y sus familias.

Este salvavidas, que involucra a la comunidad pesquera de Providencia y a la Corporación Coralina, también incluye educación a los niños de colegio, videos y programas de radio con los pescadores y placas certificadas a los restaurantes que decidan erradicar al pez loro de sus menús.

Para apoyar el programa, Seacology y la Fundación Providence lanzaron una campaña de financiamiento colectivo (www.seacology.org/parrotfish), la cual estará abierta hasta el 22 de junio, y que pretende recolectar 16.000 dólares.

“Creemos que la isla de Providencia liderará lo que se convertirá en un movimiento internacional para la protección del pez loro, y por ende, para la protección de los arrecifes de coral,” aseguró Duane Silverstein, director ejecutivo de Seacology, organización que desde 1991 ha lanzado 298 proyectos en islas de 60 países.

La organización aseguró que una de las cooperativas pesqueras locales ya se comprometió a no capturar ni comprar pez loro, “pero algunos pescadores continúan capturándolo y agotando la limitada población. Una parte de nuestro proyecto es comunicarles a los pescadores que los arrecifes de coral sanos son esenciales para el éxito a largo plazo de la pesquería de la isla y que se encargan de la supervivencia de una amplia variedad de especies de peces”.

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Ximena Escovar-Fadul, representante de campo en Colombia para Seacology, afirmó que Providencia permanece como una excepción de esperanza para los arrecifes de coral en la región. “Providencia tiene los arrecifes de coral más sanos de Colombia, por lo cual en esta isla todavía podemos encontrar diferentes especies de peces loro que raramente se encuentran en otros lugares del Caribe”.

Por su parte, June Marie Mow Robinson, Directora Ejecutiva de la Fundación Providence, dijo que el objetivo es que la comunidad pesquera crea y participe en esta campaña. “El compromiso es mucho más fácil que el patrullaje o las sanciones. Sabemos que necesitamos de los dos, pero si tenemos el compromiso, asegurar que las regulaciones se cumplan será más fácil. Los peces loro son los mejores guardianes que tenemos para mantener nuestros arrecifes limpios, y así podemos preservar estos hábitats para el presente y para futuras generaciones. Es nuestro compromiso como Reserva de Biosfera Seaflower”.