Desde hace décadas el ser humano, no solo en Colombia sino en el mundo entero, parece estar empeñado en acabar con el resto de especies y de paso con la naturaleza. La pesca excesiva es una de las actividades que más afecta a los animales, no sólo porque reducen su población, sino porque también puede tener consecuencias en sus ecosistemas. 

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Tiburón gris de arrecife. Foto: Fernando Mancera vía WCS

La inmensa biodiversidad en el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, siempre ha llamado la atención de quienes se dedican a la pesca ilegal en este territorio colombiano. El daño que esta actividad produjo hizo que en 2017 la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca prohibiera completamente la pesca de tiburones y rayas, igual que el aleteo, a través de la resolución 1743.

En el archipiélago, puntualmente, solo permiten la captura de estos peces de manera accidental y sin que ello sobrepase el 5 por ciento del total capturado. 

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Esta decisión se tomó porque la pesca excesiva e ilegal estaba reduciendo a gran escala el número de tiburones y rayas hasta el punto de ponerlos en riesgo de extinción. Además, porque los tiburones en particular son muy importantes para los ecosistemas marinos y ayudan a mantener las poblaciones de otros animales. 

Especie águila marina. Foto: Fernando Mancera vía WCS

La norma que está vigente hace tres años es una buena noticia para estas especies. Sin embargo, en muchas de estas el impacto fue severo y hasta ahora no han podido recuperarse completamente de los estragos causados por la pesca. De hecho, si por alguna razón esta ley llega a caerse, podría significar el fin de los tiburones y rayas en el archipiélago de San Andrés.

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La Wildlife Conservation Society (WCS), se refirió a un estudio publicado por Regional Studies in Marine Science, en el que justamente se refiere a este tema. De acuerdo con la investigación, el futuro de estas especies que llevan más de 400 millones de años en los océanos depende de que las autoridades mantengan esta norma para evitar su captura

“(...) Cualquier tipo de pesca industrial dirigida a su captura en el territorio insular del Caribe, que incluye la gran Reserva de Biósfera Seaflower –una de las zonas de conservación marina más grandes del mundo–, podría impactarlos y reducir sus poblaciones hasta ponerlas en peligro”, expone la WCS. 

Tiburón gris de arrecife. Foto: Fernando Mancera vía WCS

La situación de los tiburones a nivel mundial es preocupante porque según Oceana, tienen la mayor cantidad de especies marinas en peligro de extinción en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

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Lo más grave es que es muy complicado repoblar aquellas especies de tiburones que han sufrido una disminución de sus poblaciones por cuenta de la pesca ilegal. Estos se reproducen cada dos o tres años y al hacerlo tienen muy pocas crías. Además, tardan mucho en madurar sexualmente después de nacer.

Raya látigo americana. Foto: Fundación Squalus

En el estudio de Regional Studies in Marine Science, advierte que de 15 especies de tiburones que analizaron sólo una se salvó de las pesca: el tiburón ballena. Mientras que las especies más propensas a ser capturadas o a verse afectadas por la pesca son: el tiburón mako, el martillo gigante, el toro, el sedoso, el limón, el tigre, el aletinegro o el martillo común, según apunta en su artículo la WCS.

Por ahora los tiburones y las rayas están protegidos por la ley, salvo en los casos excepcionales en donde los pescadores ilegales logran hacer de las suyas. Sin embargo, hay que preservar a estas especies, fundamentales para los ecosistemas del archipiélago. Volver al panorama de hace veinte años donde pescaban de a 120 toneladas de tiburones al año, podría significar el fin de esta especie.