Los bosques no están desamparados. Miles de colombianos los protegen a diario por pura convicción, los defienden a capa y espada de todo aquel que quiera aprovecharse de su sabiduría milenaria y no permiten que nadie tenga el atrevimiento de apropiarse de sus terruños. Trabajan para que los árboles mueran de viejos y de pie, brindándoles refugio, hogar y alimento a animales y plantas como lo han hecho desde el inicio de los tiempos. Son conscientes que el futuro del planeta depende de su bienestar y luchan hasta el cansancio para que evitar que la motosierra haga lo suyo.

Por sus venas corre sangre verde. Son guardianes que le han dado voz propia a estas especies silenciosas que están en el mundo con el único propósito de generar vida. Son los héroes de los bosques colombianos.

La Gran Alianza Contra la Deforestación, proyecto de SEMANA, el gobierno de Noruega y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, conoció a cien de estos héroes, quienes inscribieron sus iniciativas para salvaguardar los bosques en una convocatoria lanzada en septiembre del año pasado. Llegaron propuestas de todas las regiones del país y de departamentos como Putumayo, Caquetá, Nariño, Meta, Valle del Cauca, Chocó, Huila, Tolima, Cundinamarca, Vichada, Casanare, Antioquia, Santander, Boyacá, Norte de Santander, Caldas, Bolívar, Sucre y Cesar. Cada una con temáticas distintas, pero con el mismo propósito de proteger el mayor tesoro ambiental que habita en el territorio nacional.

Tres iniciativas se destacaron entre el centenar de proyectos: un hijo del Valle de Upar que defiende el bosque seco tropical de su finca en el piedemonte de la Serranía del Perijá en Codazzi (Cesar); un consejo comunitario de comunidades negras en Acandí (Chocó) que conserva el bosque húmedo del Darién; y un ciudadano que construyó tres corredores ecológicos tupidos de bosque subandino en medio de las montañas de Versalles (Valle del Cauca).

Ministro de Medio Ambiente Ricardo Lozano, junto a los héroes de los bosques, Foto: Guillermo Torres/Semana.

Estos tres héroes de los bosques recibieron un reconocimiento por parte de la Gran Alianza Contra la Deforestación en el evento de cierre de su primera etapa, realizada hoy en Bogotá, y la cual contó con la presencia de expertos ambientalistas y jóvenes que heredarán la posta de la conservación de la naturaleza. Estas son sus historias.

Batalla diaria en Codazzi

Daniel Gómez, quien vive en Valledupar, siempre soñó con tener una finca con árboles, en donde pudiera acostarse a contemplar la forma de las hojas y colgar un chinchorro entre los troncos para divisar las estrellas. “De pequeño, cuando acompañaba a mi papá a las haciendas de sus amigos, me metía entre los árboles para hacerle el quite a la temperatura. Era como entrar a un lugar mágico con aire acondicionado”.

Hace cinco años, después de mucho ahorrar, compró una parcela de 26 hectáreas en la zona rural de Codazzi, en el piedemonte de la Serranía del Perijá. Lo que más lo atrajo fue que gran parte del terreno estaba lleno de bosque seco tropical, un ecosistema casi extinto en Colombia, y contaba con cinco nacederos de agua. 14 hectáreas tenían árboles de carreto, guáimaro, guácimo, tananeo, santa cruz, ceiba, guarumo, cañaguate, gualanday, trupillo, orejero, resbala mono, cedro y palmas amarga, de vino y corozo.

Luego de bautizar al predio como El Jardín, Daniel instaló letreros con un mensaje directo contra los depredadores: “El árbol verde que cortes hoy será el aire que le faltará a tu hijo mañana. Prohibida la tala”. Muchos vecinos lo persuadieron para que talara el bosque y metiera maíz y ganado, pero no lo convencieron. “No les hice caso. Jamás he talado un árbol. Mi misión siempre será proteger y conservar el bosque”.

Foto: Guillermo Torres/Semana.

Su pensamiento ambientalista es una rareza en la zona. La mayoría de los habitantes de la zona rural de Codazzi solo quieren tumbar monte para cultivar. Algunos han atentado contra el tesoro verde que protege Daniel a capa y espada. “Al año de tener la finca evidencié parches en medio del bosque. Me enteré que el cuidador que había contratado, al que consideraba como un hijo, estaba sacando madera para venderla y cazaba los animales de la zona. Fue un golpe muy duro”.

También ha encontrado a varios habitantes de La Frontera, un barrio de invasión en Codazzi, masacrando el bosque. “Regularmente veo árboles altos caídos y cortados con motosierra o machete, además de huellas de disparos para cazar iguanas, monos, armadillos, ñeques, zainos, guacamayas, tucanes o venados”.

Foto: Guillermo Torres/Semana

A pesar de los atentados contra su proyecto de vida, que espera heredarle a sus dos hijos varones, Daniel no desfallece. “Voy todos los fines de semana a la finca. De vez en cuando llevo a mis hijos para que vean lo que su papá trata de conservar. Les digo: yo no compré tierra sino agua. Cuando me muera espero que tengan el compromiso de mantener el verde. Este es un regalo para mi familia y un pequeño aporte para el planeta. Donde hay bosque hay agua, y ese tesoro no me lo quita nadie”.

Por amor a su papá

En 1997, mientras Francisco Ceballos trabajaba en Bogotá, su papá le informó que la edad le estaba pasando cuenta de cobro. Don Sigifredo, que vivía solo en La Gregoria, una finca de 150 hectáreas ubicada en las montañas de Versalles (Valle del Cauca), casi no podía caminar y la visión le fallaba cada día más.

Francisco le propuso comprarle la finca donde vivía desde hace más de 20 años en medio de vacas y cultivos. Al comienzo su padre rechazó la propuesta, pero accedió a regañadientes. “Aunque La Gregoria tenía muchos pastizales para el ganado, ví un enorme potencial en el bosque que logró sobrevivir. Entonces, como tributo a mi papá, decidí que trabajaría por conservar el hábitat y propiciar más vida salvaje. Evidencié que las zonas altas y bajas de la montaña estaban llenas de bosque subandino. Lo que faltaba era conectarlas”.

Luego de comprar otros terrenos alrededor de la finca, que ahora suma 200 hectáreas, la llamó Bongo Negro, un árbol casi extinto por la deforestación. Con ayuda de un vecino, en 2012 empezó a crear tres corredores biológicos en las montañas. “Encerramos las tres zonas con cercas para evitar que alguna vaca ingresara. Entonces dejamos que la naturaleza hiciera lo suyo: las semillas de los árboles y la cantidad de aves y otros animales, harían que el bosque renacería solo”.

Puede leer: Le cantan a los bosques como estrategia para frenar la deforestación

Y así fue. Siete años después de la instalación de las cercas, los tres corredores hoy lucen como colchones tupidos de bosque, con especies como cedros amarillo, blanco, rosado y uno que otro negro, lechoso, balso, siete cueros, cerezo, guadua, palma de cera, helecho arborescente, orquídeas, bromelias y musgos.

De las casi 200 hectáreas de Bongo Negro, 170 están cubiertas por bosque subandino, donde nacen ocho quebradas que surten de agua a cuatro veredas. “Casi nadie me cree que mi bosque antes era un pastizal. Con la corporación Serraniagua instalamos cámaras trampas para ver si la zona era transitada por animales. El resultado fue impresionante: guaguas, perros de monte, zorros, armadillos, zainos, zorrillos, venados, comadrejas, osos hormigueros y hasta tigrillos y pumas”.

Alejandro Santos, Director Revista Semana. Foto: Guillermo Torres/Semana

Francisco quiere generar conocimiento en Bongo Negro. Ya tiene contempladas tres líneas de turismo para un futuro no muy lejano. “La primera es una línea de turismo científico, con el fin de conocer lo que hay acá. La segunda es de turismo de naturaleza, pequeños grupos de no más de cinco personas que estén comprometidos con la conservación ambiental. Y la tercera un turismo de bienestar, que en este caso estará enfocada en el avistamiento de aves”.

Salvaguardas del Darién

El Darién, más conocido como el Tapón del Darién, es una región ubicada al sur del istmo de Panamá, en la frontera entre este país centroamericano y Colombia. Del lado colombiano abarca el norte del departamento de Chocó, entre el océano Pacífico y la costa occidental del golfo de Urabá, en el mar Caribe. Hace parte de la cuenca baja del río Atrato y predomina el bosque húmedo tropical. Allí viven comunidades ancestrales indígenas, en especial emberas, y afrodescendientes.

De izquierda: Ricardo Lozano, Ministro Medio Ambiente; Centro: Alejandro Santos, Director Revista Semana; Derecha: Ole Reidar Bergum, Consejero Clima y Bosques, Embajada de Noruega en Colombia. Foto: Guillermo Torres/Semana.

Considerado como uno de los lugares más biodiversos del mundo, en los últimos 60 años el Darién ha sufrido un acelerado proceso de deforestación, causado por la llegada de colonos en busca de maderas finas y de grandes terratenientes que han talado el bosque para la ganadería extensiva. Y como si fuera poco, entre las décadas de 1980 y 2000 sufrió el flagelo del conflicto armado, que dejó centenares de familias indígenas y afrocolombianas desplazadas.

El municipio de Acandí, ubicado a las orillas del golfo de Urabá, en el extremo norte del Chocó, es un claro ejemplo de los problemas que atraviesa el Darién. Cuentan sus habitantes que hace más de 50 años la selva llegaba a las playas de Acandí, pero ahora el paisaje lo dominan largas extensiones de pastizales ganaderos; para encontrar el bosque toca recorrer largos trayectos. A eso se sumó que a finales de la década de los 90, líderes y sus familias fueron desplazados por paramilitares y otros grupos armados que apoyaban la expansión de la frontera ganadera.

Le sugerimos: Agricultura, el mayor consumidor de agua en el país

Tras varios años de lucha para que fueran reconocidos como pobladores ancestrales de Acandí, en 2002 surgió el Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la Cuenca del Río Tolo y Zona Costera Sur (Cocomasur), con el propósito de rescatar la cultura tradicional de los habitantes afro de la región y frenar la deforestación y contaminación de las fuentes hídricas.

Aunque en 2005 el Estado reconoció la propiedad colectiva de las comunidades de Cocomasur sobre más de 13.500 hectáreas (en su mayoría compuestas bosque húmedo tropical), colonos y terratenientes continuaron con la deforestación y apropiación de tierras.

Ante esto, en 2009 las comunidades, apoyadas por el antropólogo estadounidense Brodie Ferguson, empezaron a trabajar en un proyecto de Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación (REDD+), que consiste en preservar grandes extensiones de bosques y selvas y expedir certificados de reducción de emisiones de CO2, que son vendidos en un mercado voluntario mundial.

Conservar el bosque por medio de este proyecto REED+ implicó combinar los conocimientos ancestrales con los técnicos. Además de las caminatas tradicionales que los miembros de Cocomasur hacían diariamente por las más de 13.500 hectáreas de bosque, aprendieron técnicas para medir los árboles e inventariarlos y así calcular la cantidad de CO2 que absorbe su bosque.

Foro Semana: ¿Cómo nos unimos para luchar contra la deforestación? moderado por Carolina Urrutía de Parques Cómo Vamos. Foto: Guillermo Torres/Semana.

En 2012, el bosque bajo tutela de Cocomasur fue sometido a un proceso de validación internacional. Las comunidades tuvieron una calificación positiva y se convirtieron en los primeros colombianos en vender certificados de mitigación de emisiones de CO2 en el mercado voluntario (entre 2013 y 2017 su bosque consumió 330.000 toneladas de CO2).

De esta manera, Cocomasur es pionero en proyectos REED+ en el país, y su ejemplo lo siguen ocho comunidades más.

Este proyecto de conservación de una parte del bosque del Darién, además de generar ingresos y empleos a la comunidad, ha servido para fortalecer la cultura ancestral y su transmisión a los miembros más jóvenes de la región. También impulsa el Distrito Regional del Manejo Integrado de La Playona y La Loma La Caleta y el Santuario de Fauna Acandí - Playón y Playona, donde se hace un intenso trabajo por preservar la tortuga Carey.

Piratapuyes, mención especial

Veinte piratapuyes del resguardo Santa Teresita, ubicado en el Parque Nacional Natural el Tuparro en Vichada, decidieron reforestar el caño Viviano Alto, de donde sacan el líquido vital y que ha sido víctima de las quemas y la tala indiscriminada.

En 200 metros cuadrados de la ronda, los indígenas sembraron cien palmas de moriche, especie vegetal con la que hacen la estructura de sus chozas, techos y producen chicha y harina para los animales de corral.

Foto: Guillermo Torres/Semana.

El resultado dio sus frutos: el agua volvió a brotar con más fuerza y su hogar luce cada vez más verde. Las nuevas plántulas de moriche, que en el momento de la siembra no superaban los 40 centímetros de alto, fueron sacadas por ellos mismos de un extenso bosque de moriches en el Parque Nacional.

Le puede interesar: Las bondades ocultas de los bosques

Estos piratapuyes continuarán reforestado su territorio. Su sabiduría ancestral les dice que es la única forma para mantener el agua en su hogar y de que regresen las aves y mamíferos asociados a los moriches, que en edad adulta pueden alcanzar los 15 metros de altura. Ninguno pretende aprovecharlos cuando estén grandes. Sólo quieren cuidarlos. Para ellos, las palmas son las guardianas del agua.

Por este trabajo, los indígenas piratapuyes recibieron una mención de honor en el evento de cierre de la primera etapa de la Gran Alianza.

20 escuderos

Durante los siete meses de la primera fase de la Gran Alianza Contra la Deforestación, el país dimensionó la catástrofe ambiental que viven los bosques colombianos. Denuncias, informes e investigaciones periodísticas lograron poner a la deforestación en la retina nacional. Sumado a ello, esta iniciativa de SEMANA, el Minambiente y el gobierno de Noruega visibilizó historias de la gente que le apuesta a la conservación del bosque y los proyectos que apoyan a las comunidades para hacer el cambio hacia actividades mucho más sostenibles.

La Gran Alianza también llegó al territorio. En San José del Guaviare, San Vicente del Caguán y Segovia, tres de los municipios más afectados por la motosierra, realizó foros regionales en donde la voz ciudadana fue la protagonista. En estos encuentros, más de 500 personas opinaron, debatieron, dialogaron y propusieron sus estrategias para erradicar la deforestación.

Foto: Guillermo Torres/Semana.

Todo este trabajo estuvo cimentado en el conocimiento, asesoría y experiencia de 20 grandes aliados, ambientalistas de corazón que no cesan en su lucha por proteger los recursos naturales, y quienes también fueron reconocidos por la Gran Alianza. Estos son los escuderos de los bosques:

  • Manuel Rodríguez, el gran maestro: el actual presidente de Foro Nacional Ambiental fue el primer Ministro de Ambiente de Colombia en 1993. Hoy en día es una eminencia en el tema ambiental y un referente a nivel internacional: cada palabra suya o denuncia causa polémica y mueve las más profundas fibras.
  • Julio Carrizosa, sabiduría intacta: con 82 años de vida, la pasión por el tema ambiental de este maestro de maestros sigue intacta. Continúa escribiendo libros y columnas, en las que plasma mensajes claves para frenar la debacle de los recursos naturales.
  • Gustavo Wilches-Chaux, un geógrafo ambiental: escritor, poeta, conferencista y consultor independiente, enamorado de la ecología y la geografía. En sus escritos, este abogado mezcla su conocimiento sobre el tema ambiental y la gestión del riesgo. Es un gran apasionado por los paisajes de las montañas.
  • Ernesto Guhl, el científico: aunque es ingeniero civil, su trabajo en el ámbito ambiental lo ha convertido en una de las principales referencias. Es una de las personas que más conoce sobre la política ambiental colombiana y fue viceministro de ambiente.
  • Rodrigo Botero, los ojos en la selva: sin los sobrevuelos a ras de selva y las investigaciones sobre el estado de la región y la carga ancestral e indígena del Director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, Colombia no sabría lo que está sucediendo entre la manigua.
  • Elsa Matilde Escobar, el corazón del bosque: la Carrera Verde es tan solo una arista del trabajo que lidera la Directora de la Fundación Natura, quien se ha convertido en el corazón de los bosques. Restauración ecológica, gobernanza forestal y proyectos productivos con colonos e indígenas, son otras de sus acciones que defienden el tesoro verde colombiano.
  • Camilo Prieto, el ambientalismo joven: aunque es un reconocido cirujano, el trabajo por el medio ambiente le causa una pasión desenfrenada. Con el Movimiento Ambientalista Colombiano, organización que lidera, recorre el país con miles de jóvenes llevando proyectos para mitigar los impactos ambientales.
  • Gonzalo Andrade, un hijo de Chiribiquete: el director del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional ha sido uno de los pocos que a dormido en el corazón de la Maloca del Jaguar. Ha estado en más de 20 expediciones por Chiribiquete y participó en su reciente ampliación.
  • Brigitte Baptiste, eminencia biodiversa: una sola palabra de la Directora del Instituto Humboldt es suficiente para mover al país entero. Es una de las biólogas más respetadas a nivel mundial y una apasionada visceral por la biodiversidad y las culturas indígenas.

    • Carlos Rodríguez, guardián de la selva: a los 17 años pisó por primera vez la Amazonia y desde ese momento quedó aferrado a ella. Es el director de Tropenbos Internacional Colombia, organización que desde hace tres décadas genera conocimiento para conservar el bosque tropical y fortalece a las comunidades indígenas. Es el creador del Museo de la Madera del Bosque Amazónico.
    • Edersson Cabrera, el analista: el coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques del Ideam es el encargado de revelar las nefastas cifras de deforestación. Pero su trabajo va más allá del análisis de imágenes satelitales y aéreas. Es un ingeniero forestal con alma social que no se cansa de dialogar con las comunidades para que hagan un cambio positivo.
    • Eugenia Ponce de León, la mano dura: esta abogada experta en temas de política y legislación ambiental, que fue directora del Instituto Humboldt, no tiene pelos en la lengua. La ofuscan las cifras sin contenido, la falta de reacción y que nadie haga nada  por parar la hecatombe. El cumplimiento de la sentencia de la Amazonia es una de sus principales metas.

    • Luz Marina Mantilla, conocedora de la selva: esta caqueteña lleva 22 años como Directora del Instituto Sinchi, experiencia que le ha permitido conocer las dinámicas de la Amazonia y las necesidades de sus habitantes. Los aportes científicos de la entidad han permitido trazar nuevas opciones de vida para los pobladores.
    • Carolina Urrutia, pluma política: su trabajo como directora de Semana Sostenible le permitió mezclar varias pasiones: el periodismo, el ambientalismo y el enfoque político. Esta politóloga actualmente dirige las iniciativa Parques Cómo Vamos y la organización Transforma, que busca promover cambios para un mundo viable. Lo directa, certera y precisa, la han convertido en un nuevo referente del ambientalismo en Colombia.
    • Margarita Pacheco, la emprendedora: no le teme a los retos. Lo que llega a su mente lo concreta, sin pena a tocar puertas o acudir a las más altas instancias. Es una urbanista ambiental y docente que siente una pasión desenfrenada por el tema ambiental, lo que la ha llevado a ser columnista de varios medios, directora de programas de televisión y ahora documentalista.
    • Ángela Andrade, visión internacional: esta antropóloga con más de 25 años de experiencia profesional en manejo ecosistémico, es una reconocida consultora internacional en temas de enfoque ecosistémico, restauración ecológica y cambio climático. Actualmente es la directora de política ambiental en Conservación Internacional Colombia.
    • Jimmy Alexánder Gómez, un mago de iniciativas: a este coronel, jefe del área ambiental de la Dirección de Carabineros, lo desvela el tema ambiental. Recientemente lideró una siembratón de 14.000 árboles en 70 sitios del país y trabaja en un proyecto que permitiría disminuir la contaminación por mercurio en el suelo por medio de yarumos y piñones.
    • Jose Manuel Ochoa, intérprete de datos: el coordinador del Programa de evaluación y monitoreo del Instituto Humboldt es el encargado de analizar cómo los impactos ambientales negativos, como la deforestación, afectan la biodiversidad del país. Gracias a su trabajo, Colombia ha conocido cuántas especies están en riesgo de desaparecer por la pérdida del bosque.
    • Cesar Augusto Parra, el hombre de la burbuja: como comandante de la Sexta División del Ejército Nacional en Caquetá, fue uno de los creadores de la burbuja ambiental. Su trabajo no solo dejó huella en las Fuerzas Militares; en la región es un personaje respetado por su compromiso con el medio ambiente. Fue el primero en asociarse a la Gran Alianza Contra la Deforestación.
    • José Yunis, mano amiga en la Amazonia: para el coordinador del programa Visión Amazonia del Ministerio de Ambiente, los recursos de cooperación internacional son un frasco de vitaminas para mover a la Amazonia hacia un desarrollo sostenible. Actualmente lidera 27 proyectos agroambientales e indígenas en la región que tiene como fin impulsar la economía y desarrollo sostenible.

    Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.