El ataque de un hipopótamo a un campesino en una finca de Puerto Triunfo (Antioquia) este lunes hacia el mediodía, volvió a encender la discusión  sobre qué se debería hacer con estos mamíferos, nativos de África, que fueron introducidos al país por el narcotraficante Pablo Escobar a mediados de la década de los 80. 

Esta especie, que hace parte de la lista de 229 animales reportados por Colombia como invasores en el Registro Global de Especies Introducidas e Invasoras (GRIIS) del Grupo de Especialistas en Especies Invasoras de la Comisión de Supervivencia de Especies (CSE) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se destaca por ser extremadamente territorial. 

En redes sociales las opiniones están divididas. Hubo desde quienes creían que la solución estaba en esterilizar las hembras hasta quienes consideraban que lo mejor era sacrificarlos. Otros más mesurados proponían que los devolvieran a África o que se adelantaran acciones más equilibradas que beneficiaran tanto a los humanos como a los animales, sin tener que recurrir al maltrato


Los hipopótamos fueron introducidos en Colombia hacia 1985 para hacer parte del zoológico de Pablo Escobar. Foto: Felipe Villegas. 

Lo cierto es que su propagación se ha constituido en un problema que requiere de soluciones estructuradas, basadas en estudios técnicos, y no en apasionamientos, pues en juego no solo están los ecosistemas y la fauna nativa de esa región, también las comunidades que residen en el Magdalena Medio colombiano.  

Para Fernando Trujillo, director de la Fundación Omacha, estas son especies de un manejo muy complejo y sobre las cuales no es fácil tomar decisiones porque existen unos escenarios éticos que se deben resolver.

"Las recomendaciones que han hecho los expertos desde el comienzo fueron: primero esterilizarlos para que no se siguieran reproduciendo y luego contenerlos, sacarlos del medio natural y trasladarlos a parques, zoológicos o sitios donde no estén en contacto los humanos, porque no se puede olvidar que los hipopótamos son de los animales que generan más muertes en el mundo. En África, por ejemplo, son mucho más letales que los mismos leones, porque son muy territoriales y agresivos", comentó.  

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Trujillo señaló que a lo largo del tiempo se habían planteado ideas como trasladarlos de nuevo a África, la cual -según él- es poco probable debido a que es muy costosa. "Si no hay forma de contenerlos o mandarlos de regreso, toca pensar en un proceso de eliminación con las consideraciones éticas que esto conllevaría", sostuvo.

El director de la Fundación Omacha afirmó que el incidente ocurrido con el campesino en Antioquia se veía venir y por esa razón cosidera que las autoridades deben actuar y no darle más largas al asunto porque tarde o temprano esos animales van a terminar teniendo contacto con los humanos y "ya no habrá tiempo para golpes de pecho. Primero hay que saber exactamente cuántos hay y dónde se ubican", apuntó. 


Los hipopótamos tienen un promedio de vida de entre 40 y 50 años. Foto: Pixabay. 

Sobre el particular, la Corporación Autónoma Regional de las Cuencas de los Ríos Negro y Nare (Cornare) informó que desde el 2010 viene implementando un plan de manejo para esta especie, a partir del cual ya se han logrado esterilizar 10 hipopótamos y se han reubicado otros cinco.

Sin embargo, esa autoridad ambiental advirtió que el crecimiento de esta especie es tan complejo que así se hayan desarrollado dichas actividades, no se ha logrado controlar el incremento de la población. “También se han realizado estudios que han soportado algunas hipótesis que se tenían sobre los impactos que puede llegar a ocasionar esta especie, de tal manera que a futuro se argumente de una manera técnica lo que podría representar el sacrifico sanitario de estos animales”, indicó David Echeverri López, coordinador del Grupo Bosques y Biodiversidad de Cornare. 

El funcionario hizo énfasis en que las personas deben estar muy pendientes de que los hipopótamos no estén cerca y, en caso tal, tomar distancia y
efectuar acciones preventivas. 

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Desde la corporación señalaron que también han venido adelantando un trabajo pedagógico con las comunidades para lograr generar conciencia, especialmente en niños y adultos.

Entre las principales recomendaciones que cita Cornare están las de evitar transitar en horas de la noche por los lugares donde hay presencia del animal, así como no acercarse a estos ni atacarlos o capturarlos; retirar el ganado de potreros en los que se sospeche que cruza o se alimenta este mamífero y evitar transitar en canoa, nadar en el río o caminar por las orillas de caños o ciénagas en donde se haya detectado su presencia.

Germán Jiménez, profesor asociado e investigador de la línea en manejo y conservación de fauna silvestre del Departamento de Biología de la Universidad Javeriana, quien lleva cerca de nueve años estudiando este tema, sostuvo que las alternativas para el manejo de esta especie en el país realmente eran muy pocas y más aún teniendo en cuenta que una orden judicial impedía su cacería. 

El docente aseguró que se deberían generar procesos fuertes y contundentes de contención de esta especie. "En la medida que se limite su movimiento y dispersión, también se van a limitar las posibilidades de que sigan afectando los ecosistemas, algunas especies nativas y se reducirá la opción de encuentros con las personas", manifestó.

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El experto informó que en este momento la cacería de control era imposible de implementar en Colombia dadas las condiciones de protección legal que tenía esta especie. "La otra opción sería entrar a un tema muy serio y juicioso de esterilización de los individuos, pero ahí tenemos una situación muy particular y es que el número estimado de animales que tenemos, de acuerdo con proyecciones y modelos estadísticos, es de 80 animales y es demasiado costoso seguir un animal de estos, pues implica una logística de varios días, incluso semanas, al igual que medicamentos para poder neutralizarlos y operar en campo", apuntó.


Pese a su pesado aspecto, un hipopótamo puede llegar a alcanzar una velocidad de hasta 30 kilómetros por hora. Foto: Felipe Villegas. 

Jiménez sostuvo que por cada animal se requerirían mínimo 20 millones de pesos. "Es exorbitante, ni siquiera le invertimos ese dinero a la conservación de nuestras propias especies y ahora si a una invasora, no sería justo", recalcó. 

Frente a la opción de trasladarlos a África, el investigador tampoco lo ve factible desde el punto de vista de la biología. "Por su variabilidad genético- poblacional y sus enfermedades, por ejemplo, no se sabe si van a ser compatibles con los animales de allá. Adicionalmente, sería muy difícil que las autoridades de esa región acepten a los animales de acá por los múltiples riesgos que esto implica", dijo.

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El docente expresó que a la vuelta de 15 años la población de hipopótamos podría duplicarse. Aseguró que actualmente se ubican desde el corregimiento El Doradal, en Puerto Triunfo, hasta Yondó (Antioquia), es decir, en la cuenca media y baja del río Magdalena, según los reportes recibidos. "En más de 30 años han ido colonizando cerca de 100 kilómetros en línea recta", expresó. 

En vista de este panorama, la única solución para Jiménez, por ahora, es aprender a convivir con ellos. "Eso implica que se haga una gestión de contención fuerte en espacios naturales, pues para los zoológicos la manutención y cuidado de estos animales es muy costosa y difícilmente los reciben", puntualizó.