Javier Díaz, un campesino de 51 años que vive en la vereda Caño Mosco de San José del Guaviare, quiere convertir su terreno en una finca agroturística. También quiere destinar algunas zonas para cultivar de una manera sostenible y al mismo tiempo aprovechar la belleza del bosque que tiene para el turismo: una mancha de selva con un poco más de 100 hectáreas.

A hoy, Díaz no cuenta con apoyo de ninguna entidad para convertirse en un productor sostenible. Quiere aprender sobre cómo se deben disminuir los impactos ambientales a la hora de aprovechar el bosque. Además, le afana que la deforestación crece como arroz por los terratenientes que han llegado a la región a transformar el territorio en una extensa sabana.

“Están tumbando selva a ritmo acelerado y nos atribuyen ese crimen a los campesinos. En Guaviare el que tiene moneda lo maneja todo. Esa gente nos obliga a venderles nuestras fincas para que sigan adueñándose de las tierras, lo que ha generado un nuevo desplazamiento. Nos dicen: ‘van a vender o negociamos después con la viuda’. Preferimos no denunciar para cuidarnos en salud. Sabemos quiénes son, pero como ellos tienen el dinero nos quedamos quietos”.

Representantes de organizaciones como la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, Parques Cómo Vamos, Ideam, Instituto Sinchi, Fundación Alisos y Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico, entre otros, escucharon a la conunidad en el Primer Foro y Taller regional de la Gran Alianza Contra la Deforestación.

Por eso, este campesino dedicado a la agricultura y a la pequeña ganadería, piensa que para erradicar la deforestación primero hay que acabar con la corrupción. “Pareciera que viviéramos en un territorio sin dueño. El que tiene plata puede hacer lo que quiera y nadie le dice nada. Los dineros de los impuestos nunca benefician a los más humildes. El gobierno de nos debe valorar como personas y no como criminales”.

Su vecino, Germán Ramírez, asegura que los campesinos son vistos como delincuentes. “Nos culpan de la gran tala y eso no es así. Son los latifundistas y terratenientes que vienen a comprar tierras los que tumban hasta 800 hectáreas de bosque. No tienen control porque las mismas entidades les dan permiso. Un campesino por más verraco que sea no tala más de 10 hectáreas. No somos terroristas del medio ambiente”.

Además de combatir la corrupción, Ramírez cree que la lucha contra la deforestación debe iniciar en el colegio. “Los niños necesitan de una educación ambiental, que les enseñen a manejar bien el suelo y producir de una mejor forma.  Si nuestros hijos aprenden a cuidar los recursos naturales todo será distinto porque tendrán conciencia. Pero en el campo es complicado, ya no hay casi escuelas”.

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La población advirtió que la ley aplica unicamente al campesinado y no persiguen a los grandes deforestadores a la vez que pidieron a las autoridades garantías a la hora de hacer las denuncias.

Estas voces se oyeron en el primer foro regional de la Gran Alianza Contra la Deforestación realizado en San José del Guaviare, donde más de 200 habitantes del departamento fueron escuchados por representantes de organizaciones como la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible, Parques Cómo Vamos, Ideam, Instituto Sinchi, Fundación Alisos y Corporación para el Desarrollo Sostenible del Norte y Oriente Amazónico, entre otros.

“Nos estamos quedando solos”

Rafael López tiene una finca en la zona rural de San José del Guaviare. De sus 58 años de vida, más de la mitad la ha destinado a la ganadería a pequeña escala, pero siempre protegiendo la mayor cantidad de bosque posible. Hace dos décadas empezó a trabajar con varias asociaciones campesinas para reforestar los caños.   

Pero ese trabajo comunitario ha empezado a mermar por el desplazamiento de la población rural. “Nos estamos quedando solos. Las mujeres y los jóvenes se van hacia el casco urbano presionados por la violencia. Eso nos ha obligado a vender nuestros terrenos a los latifundistas a bajos precios, quienes después derrumban todo el bosque”.


El foro tuvo la participación de asociaciones campesinas, sociedad civil, organizaciones ambientales, autoridades del departamento, entre otros.

Afirma que ha sido testigo de la depredación del bosque por parte de los acaparadores. Vio cómo un latifundista llevó varias cuadrillas para tumbar lo que calcula en más de 1.500 hectáreas de bosque. “Todo eso no lo atribuyen a los campesinos. Nosotros si acaso talamos para hacer la casa y poner unas cuantas vacas, mientras que los otros hacen praderas y nadie les dice nada. El aprovechamiento forestal sí es posible, pero con acompañamiento del Estado, que nos enseñen a manejar el bosque para no regalar las tierras”.

Siente impotencia con las represalias. “La ley solo aplica para los mini productores. Por aserrar un palo meten presos a los campesinos. No hemos visto el primer detenido por tumbar 2.000 hectáreas de bosque. Las autoridades dicen que ya saben quiénes son, pero no hacen nada. Nos piden que los denunciemos, pero eso es un riesgo. El Estado puede aplicar la ley y no meternos en enemistades. Queremos vivir en paz en el Guaviare”.

Voces de La Lindosa

La Serranía de La Lindosa es el sitio más visitado por los turistas nacionales y extranjeros que llegan al departamento amazónico. Los pictogramas pintados en las rocas de Cerro Azul y Nuevo Tolima hace más de 12.000 años por los indígenas lo han convertido en una parada obligatoria.

Este potencial es aprovechado por los campesinos de las veredas cercanas a La Lindosa, quienes poco a poco han dejado la tala, los cultivos ilícitos y la ganadería para dedicarse al ecoturismo. Delio Ademar es uno de ellos. Hace parte de una corporación comunitaria de turismo en la que participan más de 30 de sus vecinos. Sin embargo, la acelerada deforestación y la falta de apoyo estatal lo tienen preocupado.


La jornada estuvo marcada por la participación activa de la comunidad que expresó cómo viven en su territorio el flagelo de la deforestación.

“El gobierno debe crear una política pública contra la deforestación. Estamos cansados de que nos culpen por la tala masiva de nuestros bosques, la cual todos sabemos que es propiciada por gente con plata que viene de afuera, que aprovecha esos recursos para comprarle la tierra al pequeño campesino. Le pedimos al Estado que nos ayude a cambiar el modelo económico y fortalecer el turismo, ya que estamos solos y no recibimos apoyo. Sabemos que podemos hacer una ganadería sostenible, pero nadie nos enseña”.

Para Delio, de 44 años, el Estado tiene que legislar y hacer cumplir la ley. “Los controles van dirigidos hacia los pequeños productores, que no talan más de tres hectáreas para el pan coger. Si les aplican la ley a las grandes mafias los demás dejan de hacerlo. Lo que pasa en Chiribiquete es triste, ¿cómo es posible que deforesten más de 400 hectáreas en pleno Parque?”.

Aunque ya no tiene ganado y está dedicado al turismo por la Lindosa, Delio dice que si la deforestación no para ya no tendrá de qué vivir. Por eso le envía un mensaje a toda la población ad portas de las próximas elecciones. “Todo depende de la visión que tengan nuestros gobernantes. En Colombia no gana el que sea inteligente para gobernar, sino el que tenga la plata. No tenemos desarrollo porque los mandatarios no cuentan con la capacidad para reorientar la economía. En nuestras manos está que tengamos un mejor futuro”.

Wilson Vallejo, habitante de la vereda El Retiro en la Serranía de La Lindosa, une su voz contra de corrupción, fenómeno que evita que los recursos nacionales sean destinados para el bienestar de los campesinos. “Tratamos de sobrevivir del turismo, ya que sabemos que tenemos un gran potencial. Pero con tanta corrupción no hay garantía de que sea una actividad rentable, ya que está regresando la violencia y los problemas de orden público. Si sigue así nos van a volver a sacar”.

En sus 50 años de edad nunca ha abandonado las tierras de La Lindosa. Sus padres y abuelos llegaron a la zona desplazados por la violencia en la época de la colonización, cuando se vieron obligados a tumbar monte para adquirir créditos con el Incora y la Caja Agraria. Siente rabia e impotencia por las presiones a las que son sometidos para que desalojen.

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“Están apretando a la gente. Les dicen que no pueden trabajar ni con tres vacas. En La Lindosa la deforestación es mínima, por mucho rastrojo de monte de máximo una hectárea para el pan coger. No tenemos ganadería extensiva, sólo unas pocas vacas para sobrevivir. Por eso reclamamos que nos permitan trabajar con el ganado de una manera sostenible y adecuada, que nos enseñen a hacerlo y que apoyen las iniciativas del turismo comunitario”.

Poesía en los cerros del Guaviare

Saúl Pérez llegó hace 39 años a San José del Guaviare, cuando decidió abandonar su natal Pacho (Cundinamarca) para dedicarse a ser raspachín, ya que en esa época el cultivo de coca estaba en furor en el departamento.

Hace 15 años, atraído por la belleza que alberga la vereda Cerro Azul, donde siempre ha vivido, empezó a dedicarse a otras actividades. “Primero fui agricultor y ganadero, pero eso no da para mucho. Entonces comprendí que el cerro de la vereda, que cuenta con las figuras ancestrales de los indígenas, tenía un potencial para el turismo. Quise crear una asociación, pero por el orden público y la violencia nadie me paró bolas”.

El año pasado logró su sueño. Con 20 campesinos conformó la asociación comunitaria “Fantasías de Cerro Azul, puerta de Chiribiquete”, la cual hace recorridos a los extranjeros por el cerro, que hace parte de la Serranía de La Lindosa, y prepara platos típicos como sancocho de gallina, pescado muqueado, carnes y pollo.


Este foro regional de la Gran Alianza contra la Deforestación, se replicará en San Vicente del Caguán (Caquetá) y Segovia (Antioquia)

Al mes, la asociación atiende en promedio 100 turistas, casi todos extranjeros. Pero en los recorridos por el cerro algo despertó en el corazón de Saúl. “La belleza del paisaje, los dibujos de los indígenas, la espesa vegetación y el canto de los pájaros, poco a poco se transformaron en mi interior en forma de poemas, coplas y escritos. Así que hace poco empecé a plasmar esos pensamientos en papel. Con mis vecinos vamos a hacer un libro con las historias de Cerro Azul”.

Don Saúl compartió dos de sus creaciones con la Gran Alianza Contra la Deforestación, tituladas Homenaje y Añoranzas, con el fin de que más personas sientan curiosidad por conocer el territorio selvático que hoy le da de comer.

Homenaje

“Oh majestuoso Cerro Azul, que matiza y engalana nuestras huellas al pasar. Arrogante como siempre tal parece un pedestal, pues con mitos y leyendas hoy nos hace recordar de rendirle un homenaje de los que ayer fueron y hoy no están.

Impregnado entre las rocas, jeroglíficos, pinturas, historias y muchos más. El susurro de sus caños y las aves al pasar nos producen alegría y a la vez tranquilidad.

Cordilleras que adormecen nuestro bello Cerro Azul. Sus montañas, sus paisajes, el sinsonte con su trino nos madrugan a despertar, a emprender un nuevo día y salir a trabajar.

Le pido al ser supremo que nos de prosperidad, al turismo que montamos que nos de tranquilidad. Que sea por el bien de todos, querida comunidad, olvidando los rencores y aprendiendo a perdonar. Estrechando nuestras manos, un abrazo para todos, un aplauso y algo más”.

Añoranzas

“Hermoso atardecer que nos brinda Astro Rey, arreboles con figuras nos transportan al más allá. Bandadas de garzas blancas al atardecer llegan y al amanecer se van, como el soñador de tesoros buscando un mañana mejor.

El Guaviare es un paraíso acogedor y cordial, tierra de mucha leyenda. Su riqueza es incomparable, sus mujeres son hermosas como ramo de rosas cogidas al amanecer, como el canto de las aves o un hermoso atardecer.

Sus montañas un clavel, sus caños y ríos también. El Parque Chiribiquete como un diamante se ve. El cerro de Campanilla aquí tenemos también, un tapete de letras y números se ve.

Forasteros y turistas bienvenidos todos serán, un recuerdo de acá todos se quieren llevar. Las cavernas de este cerro y sus puertas abiertas están, senderos y maravillas tenemos para mostrar. De pronto cause envidia, ahí nos podrán perdonar, el señor nos dio este premio que tenemos que cuidar.

Sé que hay depredadores que lo querrán arrebatar, estaremos muy pendientes, lo puedo garantizar. Son 10 o 12 mil años, ya se pudo comprobar.

Tenemos un escudo que brilla con luz propia, no se les vayan a olvidar. Moradores de este cerro, aquí pongo punto final, Cerro Azul, Guaviare, Colombia, que vengan a visitar”.

Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.