En el Parque Nacional Natural Sierra de La Macarena las huellas de la deforestación no son nuevas. Una carretera lo atraviesa, es conocida como “trocha ganadera” y fue hecha por las Farc en 2003.

Esta área protegida está ubicada en el suroccidente del departamento del Meta y es el levantamiento geológico más extenso situado al occidente del Escudo Guayanés, con altos niveles de endemismo. Actualmente enfrenta amenazas como la deforestación y los cultivos ilícitos de coca.

Pero la naturaleza no es la única en peligro, los riesgos alcanzan a los guardaparques, que fueron declarados objetivo militar por las disidencias de las Farc y tienen restringida la entrada en algunas zonas del área protegida.

Amenazas constantes

Un funcionario de Parques Nacionales que habló con Rutas del Conflicto y Mongabay Latam, cuenta de las grandes dificultades que tienen para trabajar en acuerdos de conservación con las comunidades que habitan en el parque y sus alrededores. La situación de orden público les impide a los guardaparques entrar al área protegida.

“En 2017 se había programado una visita dentro del parque y justo allá estaban las disidencias. Dijeron que no querían ver a la institución por allá y que si no se iban, quemaban la camioneta. Les tocó salir, luego le pusieron una foto del Mono Jojoy [alias de Víctor Julio Suárez Rojas, uno de los máximos líderes de las FARC, muerto en una operación militar en 2010] a una de las vallas de Parques y después la quemaron”, cuenta.

El mapeo de deforestación de Parques Nacionales Naturales sobre Sierra de La Macarena indica que la trocha ganadera ha sido un foco de deforestación importante desde su construcción en 2001. Foto: Rutas del Conflicto.
El mapeo de deforestación de Parques Nacionales Naturales sobre Sierra de La Macarena indica que la trocha ganadera ha sido un foco de deforestación importante desde su construcción en 2001. Foto: María Jimena Neira Niño.

Esta es solo una de un sinnúmero de agresiones que han recibido los guardaparques del área. Además de esto, son comunes los panfletos, robos de implementos y quema de cabañas de la institución. “En una reunión dentro del parque nos entregaron un comunicado que decía que ni los líderes comunitarios ni nosotros podíamos seguir yendo allá. En otro lugar, un señor que nos hospedaba nos dijo que no nos podía recibir más porque éramos objetivo militar. Hace dos meses nos robaron la voladora (lancha), nuestro medio de transporte para movernos por el territorio”, indicó el funcionario.

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Debido a esto, en las cabañas que quedan dentro del parque, no hay personal de manera permanente sino solo de paso. El caso de Martín Duarte, el guardaparque que fue asesinado cerca a una de estas cabañas, aunque ocurrió años atrás, evidencia lo vulnerables que pueden estar los funcionarios de la entidad en sus propias locaciones. La orden en la zona es que pueden hacer recorridos de monitoreo y visitas dentro del área protegida, pero que no impliquen viajes muy extensos y mucho menos pasar la noche adentro.

El líder ambiental Gustavo Flores* también habla con el equipo periodístico desde un pueblo cercano al parque y lo hace con precaución por su situación de seguridad pues ha recibido panfletos que amenazan a los líderes, como él, que defienden el medio ambiente. Afirma que la comunidad no se puede reunir con la institución. “Hay mucho miedo porque han dicho que aquel que vean en reuniones con Parques es enemigo por parte de la disidencia. En los panfletos dicen que líderes que estén defendiendo la causa ambiental es porque están del lado del gobierno y pues no es así, lo que queremos es que las cosas se conserven”, cuenta.

José Martín Duarte Acero fue un guardaparque asesinado en 2008 en una cabaña de Parques Nacionales en Sierra de La Macarena. Foto: cortesía familia Duarte Acero.
José Martín Duarte Acero (derecha) fue un guardaparque asesinado en 2008 en una cabaña de Parques Nacionales en Sierra de La Macarena. Foto: cortesía familia Duarte Acero.

Atacar la deforestación es arriesgar la vida

La “trocha ganadera” es una vía que atraviesa el parque desde el municipio de Vista Hermosa hasta el municipio de La Macarena. En un lugar en el que deberían escucharse los animales, solo se escucha silencio. Los árboles ya no están porque han sido talados o quemados y, ahora, solo hay vacas. Rutas del Conflicto y Mongabay Latam recorrieron esta trocha durante 9 horas en un carro de transporte público de la empresa local de Vista Hermosa, Coontrasguejar, la cual ofrece este servicio una vez al día, a las 8 de la mañana.

Otro funcionario del parque, asegura que la “trocha ganadera” es una de las rutas que facilita la deforestación más crítica dentro del parque junto con el río Guayabero.

Para Jenny Santander, investigadora del Observatorio de Conflictos Ambientales (OCA) de la Universidad Nacional, la infraestructura vial es clave para entender la deforestación. “Una vía dinamiza la economía. Si tienes un predio que tiene acceso vial y que además tiene agua, ya estás hecho. Por ahí entra y sale todo, y por ahí se puede empezar a tumbar árboles”, afirma.

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Parques Nacionales Naturales de Colombia tiene un registro satelital de cambios de cobertura vegetal dentro de Sierra de La Macarena desde 1988, época en que ya existían frentes de colonización ingresando al área. En 1991, los cambios de cobertura se muestran cercanos a los ríos Caño Yarumales, Caño Cabra y Guayabero. En 2001, se identificó el comienzo de la construcción de la “trocha ganadera” y un año después, se registró un total de 22 918 hectáreas transformadas. La trocha culminó en 2003, junto a otra vía ilegal que atraviesa el parque por el municipio de Puerto Rico.

Según cifras de la entidad, para 2007, dentro de La Macarena había una pérdida acumulada de bosque de 38 615 hectáreas. Para el 2014, la cifra había aumentado a 49.260 hectáreas y para marzo de 2019, el registro indicaba 55.893 hectáreas.

Al transitar por la trocha ganadera no se ve ningún tipo de control, ya sea por parte de Parques Nacionales o por la Fuerza Pública, que impida que se deforeste, se saque madera, se entren vacas o se cultive coca. Adentro todo puede pasar y parece que ninguna institución está vigilando. Parece “normal” que un hombre camine con cierta tranquilidad con una motosierra al hombro, tal vez rumbo a talar un árbol. La soledad y la falta de presencia estatal también se convierten en cómplices de la deforestación. Y Parques, que no tiene capacidades policivas ni militares, ha tenido que irse de la zona pues las amenazas contra los funcionarios se intensifican.

La importancia de este parque radica en que forma parte de un tejido ecosistémico que se conecta no solo con los parques Tinigua y Picachos, sino que es un punto de unión de regiones fundamentales para Colombia y Sudamérica. “El Escudo Guayanés, la planicie amazónica, las sabanas de la Orinoquía y los Andes son cuatro supermegaprovincias geográficas que se conectan en La Macarena. Esto le da un carácter de hipermegabiodiversidad, es un verdadero patrimonio biológico lo que tenemos allí”, afirma Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS).

Martín Duarte fue asesinado luego de presenciar el secuestro de una mujer en el Parque Sierra de La Macarena. Foto: Cortesía familia Duarte Acero.
Martín Duarte fue asesinado luego de presenciar el secuestro de una mujer en el Parque Sierra de La Macarena. Foto: Cortesía familia Duarte Acero.

Según una investigación publicada en 2017 por el Instituto Humboldt y Cormacarena, allí existen por lo menos 737 especies de aves, 245 especies de peces, de las cuales 12 probablemente son nuevas para la ciencia y 22 son endémicas. Para la bióloga Catalina Oviedo, durante muchos años esta zona no pudo ser estudiada por causa del conflicto armado pero con el Acuerdo de Paz, se abrió la posibilidad de investigar y descubrir especies desconocidas.

La deforestación sigue y el futuro parece no ser prometedor. La situación de seguridad para los guardaparques todavía es incierta. Por ahora, Parques Nacionales ha hecho denuncias públicas a la Policía, la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo para que tomen medidas en el asunto. Parques también maneja unos protocolos internos de seguridad y autoprotección que en región muchas veces no pueden cumplirse al pie de la letra porque, como dice uno de los funcionarios, “al final todo el mundo se va y quienes quedamos acá somos nosotros, poniéndole el pecho a la brisa”.