La tortuga matamata del Orinoco, especie conocida por los científicos como Chelus orinocensis, tiene un enemigo poderoso y hasta ahora oculto. Una red de tráfico internacional está mermando a pasos agigantados su población, todo con el fin de comercializarla en los mercados negros de Europa, Asia y Estados Unidos.

Su agonía inicia en los caños y cuerpos de agua pequeños de la Orinoquia colombiana, donde los raros y carismáticos reptiles son capturados con escasos días de vida. Los captores las camuflan en cajas de manzanas para despistar a las autoridades y son transportadas en avión de Puerto Carreño a Villavicencio o Bogotá.

La rareza de la matamata la tiene sentenciada a desaparecer por el tráfico ilegal de fauna silvestre. Foto: Fernando Trujillo.

En estas dos ciudades ingresan a aviones de carga que cogen rumbo hacia Leticia, capital del Amazonas desde donde cruzan la frontera para llegar a Perú, país donde es legal su comercialización. Su viacrucis sigue en Estados Unidos y varios países de Asia y Europa, donde las matamata son vendidas como mascotas a precios elevados. En Hong Kong, un solo reptil neonato puede costar más de 70 dólares.

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Desde 2015, 5.456 tortugas matamata del Orinoco han sido decomisadas en los aeropuertos de Leticia y Bogotá. De este total, 4.094 reptiles bebés fueron incautadas en el aeropuerto de la capital del Amazonas.

Las matamata son evaluadas genéticamente por expertos de la Fundación Omacha, Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia), Instituto Humboldt, Universidad de los Andes y Universidad Nacional, quienes por medio de pruebas genéticas establecen su procedencia.

El cuerpo de la matamata es similar al de una hojarasca, lo que le permite camuflarse y despistar a sus deprendadores. Foto: Fernando Trujillo.

En el bioparque Ikozoa, ubicado a 12 kilómetros de Leticia, las tortugas son evaluadas y cuidadas. Cuando pasan su tiempo de cuarentena, las autoridades las liberan en su hábitat natural.

Las matamata del Orinoco son llevadas a Puerto Carreño en Vichada, donde regresan a su hogar en zonas protegidas como el río Bita. Sin embargo, la red de tráfico ya tiene identificado sus principales sitios de procedencia.

La tortuga matamata del Orinoco es diferente a la del Amazonas. Antes se creía que eran de la misma especie. Foto: Fernando Trujillo.

De vuelta al hogar

Corpoamazonia contaba con cerca de 2.700 tortugas en su bioparque listas para su liberación, con tamaños superiores a los 12 centímetros. Sin embargo, la época de cuarentena por el coronavirus había truncado el viaje desde Leticia hasta Puerto Carreño.

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Un trabajo conjunto entre los Ministerios de Ambiente y Defensa, la Fuerza Aérea Colombiana y Corpoamazonia, logró regresar a su hábitat a 2.162 tortugas matamata. De este total, 1.300 ejemplares había sido decomisados el mes pasado en el aeropuerto de Leticia; los otros 860 llevaban bastante tiempo en el bioparque del Amazonas.

Las matamata viajaron desde Leticia hasta Puerto Carreño en un avión de la Fuerza Aérea. Foto: Corpoamazonia.

La laguna Azul, un refugio natural conservado en el Vichada, fue el sitio escogido para la liberación de las matamata del Orinoco. Viajaron hasta la Orinoquia en un avión de la Fuerza Aérea, custodiadas por expertos de las autoridades ambientales.

Emilio Rodríguez, director de biodiversidad del Ministerio de Ambiente, afirmó que los decomisos de la especie han permitido detener en algo el proceso de tráfico ilegal de fauna, que en la Amazonia es bastante complejo.

Las matamata fueron puestas en libertad en una zona natural del Vichada. Fotos: MinAmbiente y Corpoamazonia.

Estas tortugas son extraídas en la Orinoquia y suelen ser llevadas a Bogotá. De ahí son enviadas en vuelos de carga hacia Leticia. La intención es sacarlas a Perú, país donde es mucho más fácil su comercialización hacia el exterior. Su costo en países asiáticos y europeos oscila entre 80 y 100 dólares y son compradas como mascotas”, aseguró Rodríguez.

Ayer fueron liberadas las primeras 438 tortugas en distintos puntos de la laguna Azul, ecosistema lagunar de aguas someras con un buen bosque de galería, hábitat ideal para estas tortugas. Las demás regresaron a su hogar en día de hoy.

Así viajaron las matamata desde Leticia hasta Puerto Carreño. Foto: Corpoamazonia.

Una bella rareza

La matamata vive bajo la superficie de ríos, pantanos y ciénagas pequeñas de los bosques tropicales. Casi siempre está sumergida e inmóvil y cuenta con una cabeza grande, nariz alargada y puntiaguda y una caparazón repleta de montículos triangulares y algas, un escudo parecido a la hojarasca.

Este aspecto físico le permite camuflarse con facilidad. Es un reptil amante de la soledad que pareciera que estuviera sonriendo. Hace movimientos lentos y pasmados en las noches cuando caza peces y pequeños animales invertebrados al absorber el agua.

Las tortugas son las especies más tráficadas en Colombia. Foto: Fernando Trujillo.

Emite gases hediondos para alejar a cualquier visitante no deseado. Carlos Lasso, investigador sénior en ciencias básicas de la biodiversidad del Instituto Humboldt, manifestó que su aspecto físico es el principal atractivo para los traficantes ilegales de fauna silvestre.

“La matamata llama mucho la tencion por lo extraña que es. Tiene un físico raro con un patrón de coloración y forma peculiares. Su caparazón, en forma de punta con escamas que las protegen, las hacen más llamativas. Es un reptil tranquilo y fácil de mantener en cautiverio, lo que lo convierte en un animal apreciado por los aficionados a la acuariofilia cuando es neonato o juvenil”.

Fernando Trujillo, director científico de Omacha, aseguró que la matamata pone entre 14 y 16 huevos por postura en caños bastante alejados. “La logística para capturar más de 1.000 tortugas requiere de un esfuerzo enorme, además no sabemos cuántos cargamentos han logrado coronar y pasar a Perú. Las fronteras entre ambos países son amplias”.

Si el tráfico de la matamata continúa, podría repetir la historia de la hicotea y charapa, las dos tortugas más afectadas e nivel nacional Foto: Foto: Jorge E. García Melo. 

Por su parte, Luis Fernando Cueva, director territorial de Corpoamazonia en Amazonas, informó que la entidad adelanta investigaciones con la Dijin de la Policía Nacional y la Fiscalía General de Nación para desenmascarar la red de tráfico. “Tenemos la hipótesis de que esta red inicia en varios zoocriaderos de tortugas matamata en la Orinoquia colombiana, los cuales podrían tener contacto o conexiones con un zoocriadero en Iquitos (Perú)”.

Según Lasso, en el mercado negro una matamata puede llegar a costar hasta 200 dólares. “Es un reptil acuático. Permanece inmóvil en el agua y caza al acecho al confundirse con las hojas y la materia orgánica. Cuando pasa un pez o camarón, la matamata se traga el agua con sus presas. Tiene un olor peculiar que le sirve como repelente o mecanismo de defensa”.

Las matamata del Orinoco habitan en los cuerpos de agua de departamentos como Vichada, Arauca, Casanare y Meta. Foto: Luis Barreto.