Las últimas gotas de lluvia de octubre no solo marcan el comienzo de la temporada seca en los Llanos Orientales de Colombia. Durante esos días, justo cuando los intensos rayos del sol empiezan a ocultarse para darle paso a una luna misteriosa rodeada de estrellas incandescentes, centenares de tortugas, impulsadas por un instinto milenario, buscan las mejores zonas para desovar. 

Hilos invisibles que hacen parte de su código genético, llevan a las hembras a escoger como lugar la extensa sabana. Allí, de manera solitaria, cavan un nido y depositan sus huevos, siempre en horas del atardecer y la noche, cuando un silencio inmarcesible se apodera del territorio. Se trata de la sabanera o galápaga (Podocnemis vogli), la especie de tortuga dulceacuícola más representativa que solo habita en la Orinoquia colombo venezolana, y que a su vez es la menos estudiada en la región.

Al escoger el lugar en donde nacerán sus pequeños hijos, la tortuga humedece el suelo duro y arcilloso con algo de su orina. Luego comienza a construir el nido cavando con sus patas traseras y largas uñas. En el hoyo deposita sus huevos y lo sella con un tapón de arcilla, que es aplanado con el peso de su cuerpo.

La sabanera es la única especie de tortuga de agua dulce que pasa mayor parte del tiempo en zonas de sabana. Foto: Beyker Castañeada / Fundación Omacha. 

El instinto milenario también le indica que se aleje de los morichales, esteros, caños y ríos, ya que las futuras inundaciones desatadas en la época de lluvia pondría fin a la vida de sus tortuguillos. Su ADN le recuerda que el nido no debe ser tan profundo para que reciba una buena exposición a la energía del sol, una temperatura que influye en la determinación del sexo de sus hijos, machos o hembras.

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Esos cuidados minuciosos indicarían que la tortuga sabanera es una madre devota que jamás se despegará de sus crías. Pero no es así. La exactitud en la ubicación y dimensiones del nido son los únicos cuidados que la hembra les brindará. A partir de ese momento, el desarrollo de los embriones, el nacimiento de los tortuguillos y su ciclo de vida correrán por cuenta de ellos mismos. 

Durante la temporada de anidación, que termina en febrero, una tortuga sabanera hembra que, en su edad adulta alcanza a medir hasta 36 centímetros y pesar 2.000 gramos, puede realizar hasta tres posturas, cada una con un promedio de 7 a 15 huevos. Los pequeños reptiles nacen después de aproximadamente tres meses, eso sí corren con la suerte de no caer en las garras de algún depredador, como aves, reptiles, zorros o humanos.

Las tortugas sabaneras también son llamadas galápagas. Las carreteras y la alimentación local las amenazas. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Al salir del cascarón, los hijos de la tortuga sabanera empiezan a deambular por las sabanas para zambullirse en pequeñas lagunas y charcos de agua, sitios que su madre evitó para la construcción de los nidos. Estos lugares, caños, remansos, esteros, morichales, lagunas y jagüeyes, se convierten en sus hábitats y les brindan refugio.

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Pero la tortuga sabanera no permanece todo el tiempo en el agua, a diferencia de las otras tortugas de agua dulce. Podría catalogarse como un tipo de nómada que siempre está en la búsqueda de sabanas inundables para alimentarse y reproducirse, sin importarle soportar altas temperaturas superiores a los 32 grados centígrados.

Una joya que puede sucumbir

Colombia es el séptimo país con mayor número de especies de tortugas en el mundo y el segundo en Sudamérica después de Brasil. De las 32 tortugas que habitan el territorio colombiano, cinco son marinas y 27 continentales, de estas dos son terrestres y 25 viven en cuerpos de agua dulce. 

En los llanos orientales habitan 11 especies de tortugas, una de ellas la sabanera, un reptil que solo habita en las sabanas de Colombia y Venezuela, es decir que no está presente en ninguna otra parte del planeta.

La tortuga sabanera es pariente de las charapas y terecay, especies casi extintas en la Orinoquia colombiana. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha. 

Las tortugas de agua dulce como la sabanera son consideradas sembradoras de bosques, ya que contribuyen a la propagación de semillas de diversas especies vegetales al ingerirlas y dispersarlas en los diferentes ecosistemas. Sus heces también ayudan a enriquecer los ambientes acuáticos, aportar nutrientes y alimento a otros animales. 

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Son reptiles que se entierran en el fondo de los cuerpos de agua, ayudando así a regular la profundidad y la circulación de nutrientes al remover los sedimentos del fondo. Según Camila Durán, bióloga e investigadora de la Fundación Omacha, la sabanera es una tortuga de agua dulce diferente a las demás especies.

“La mayoría de las tortugas de agua dulce habitan en las playas de los ríos y en los cuerpos de agua. La sabanera es la única que pasa más tiempo en zonas de sabana, por eso su nombre. Es muy interesante cuando en invierno sale a estas partes para alimentarse de pastos y en sequía busca refugio para poner sus huevos. Además, es un animal emblemático del llano, tanto así que hace parte de los cantos de joropo, coplas y poemas”.

En agua y tierra. Así vive la tortuga sabanera en la Orinoquia colombo venezolana. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Fernando Trujillo, director científico de Omacha, asegura que las sabaneras son tortugas de la familia Podocnemis, a la que también pertenecen las charapas y terecay, que se caracterizan por tener un cuello largo.

“El ser humano ha acabado con gran parte de las tortugas familiares de la sabanera. Primero lo hizo con la charapa, la más grande y utilizada como fuente de alimento, y luego siguió con la terecay. Eso aún no ha ocurrido tanto con las galápagas, una tortuga endémica de los llanos orientales binacionales bastante vulnerable a diversos factores antrópicos”.

Su mayor amenaza ocurre en época seca, cuando las sabaneras están en etapa reproductiva y las hembras deben desplazarse por la sabana para depositar sus huevos. “Como ya no queda casi población de charapas y terecay, personas de la comunidad están impactando a la sabanera, una tortuga que también es víctima de los atropellamientos en las carreteras de la región”, anotó Trujillo.

La sabanera no pone sus huevos en sitios cercanos al agua. Sabe que las inundaciones podrían acabar con sus retoños. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

El experto indica que por ahora las tortugas sabaneras no hacen parte del tráfico ilegal de fauna, pero sí están siendo consumidas por las comunidades. “Cómo desaparecieron casi todas las charapas y terecay, ahora se están comiendo a las sabaneras. Eso se suma al impacto que reciben por los incendios de la época seca y los atropellamientos”.

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Durán complementa que, estos reptiles que se alimentan de insectos, peces y carroña, son capturados por la gente local para convertirlos en mascotas. “Los cogen muy pequeños y los meten en las albercas de las casas. Eso afecta su crecimiento y le ocasiona varias enfermedades. Aunque por el momento esta tortuga no está en ninguna categoría de amenaza porque abunda en la región, las presiones se están volcando hacia ella por la desaparición acelerada de la morrocoy y terecay”.

La modificación de su hábitat para proyectos industriales y agroindustriales también son una amenaza latente. Según la experta, debido al arado de las sabanas, los pastos introducidos y cultivos como el arroz, las tortugas no encuentran el lugar indicado para escarbar y enterrar sus huevos. “Como abunda en la zona, la gente piensa que no enfrenta ninguna amenaza. Es el momento de estudiarla y tomar medidas”.

Entre 7 y 15 huevos pone la tortuga sabanera en cada nido. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Radiotransmisores para la ruta

El director científico de Omacha asegura que poco se conoce sobre los patrones de movimiento de la tortuga sabanera. “Sabemos que la especie está relacionada con el ciclo de los cuerpos de agua y la disponibilidad de lugares de anidación, pero la ciencia aún ignora cuánta distancia recorre, si se desplazan más las hembras o los machos, y cuáles y en qué épocas usan determinados hábitats. Es importante conocer sus patrones de movimiento para establecer acciones de conservación efectivas”.

Desde el punto de vista científico solo hay estudios de 1967 y 1982 sobre esta especie. Por eso, en 2016 Omacha y el Oleoducto de los Llanos Orientales (ODL), con apoyo de la comunidad del caño La Tigra, ubicado en el municipio de Tauramena, Casanare, iniciaron un estudio para determinar los patrones de movimiento de la tortuga sabanera o galápaga, una de las acciones del proyecto Oleoducto Vivo.

El primer paso fue instalarle radiotransmisores (VHF) a dos hembras adultas, actividad que luego contó con el seguimiento de un habitante de la vereda Vigía-Trompillos. “Empezamos a ver que se movían hasta 50 kilómetros por los caños, cifra que a simple vista no es mucho, pero que sí es un montón para un animal que supera los 30 centímetros. Las sabaneras son caminadoras increíbles que no permanecen todo el tiempo sumergidas bajo el agua”, dijo Trujillo.

Por medio de radiotransmisores, expertos estudian el comportamiento de la sabanera en Casanare. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Según el experto, la historia de la sabanera es fascinante. “Como dice el dicho, no ponen todos los huevos en la misma canasta porque saben que la probabilidad de sobrevivir es muy baja. Por eso hacen tres posturas en promedio cada 10 días, actividad que les permite tener algo de éxito reproductivo”.

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Durante nueve meses, las dos primeras tortugas con radiotransmisores recorrieron 45 y 53 kilómetros respectivamente, es decir seis kilómetros por mes. “El desplazamiento fue a lo largo del caño, las sabanas inundables y algunos jagüeyes. Los movimientos fueron estacionales”, complementó el director científico de Omacha.

Siguen las huellas

Actualmente, Omacha y la fundación Oleoducto Vivo, conformada por los oleoductos Llanos Orientales y Bicentenario, hacen un nuevo monitoreo de esta especie. En diciembre de 2019 le instalaron radiotransmisores a tres tortugas sabaneras, todas hembras adultas, para monitorear durante 10 meses su ruta por el caño Güira, que desemboca en el río Meta. 

“Este trabajo de monitoreo cuenta con la participación de gente local. Un habitante fue capacitado para hacerle seguimiento a la fauna mediante telemetría”, mencionó Trujillo.

Este es uno de los nidos donde las sabaneras entierran sus huevos. Foto: Marjorie Pinzón / Fundación Omacha. 

En los dos primeros meses de seguimiento, las tres tortugas recorrieron 19,4 kilómetros, utilizando hábitats como el curso principal del caño, las playas de los cursos de agua, algunas zonas de las sabanas, bosques de galería, empalizadas y grupos de troncos acumulados en el caño, donde han asoleado sus caparazones.

Las tortugas se han movido siguiendo la corriente del caño aguas abajo. Sin embargo, durante los recorridos salen del curso principal del caño y se desplazan por los bosques de galería hacia las partes altas del caño Güira.

La bióloga e investigadora de Omacha manifestó que el segundo monitoreo abarca un área mayor, el caño Güira, una prueba para establecer si su comportamiento es similar o difiere en algo. 

Lo que pretendemos es determinar las épocas en las que permanecen en los cuerpos de agua y las sabanas con mayor exactitud. En Colombia hay muchos vacíos en la información, lo poco que sabemos lo hemos encontrado en Venezuela. No sabemos qué tanto están siendo afectadas por la pesca ilegal, práctica que utiliza chinchorros entre 100 y 300 metros de largo”.

Aunque son expertas nadadoras, las sabaneras pasan gran parte de su tiempo en las sabanas de la Orinoquia. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Apadrinada en las escuelas

El proyecto Oleoducto Vivo, que abarca zonas de los dos oleoductos del Meta, Casanare y Arauca, estableció tres especies banderas para que la comunidad, en especial los niños y jóvenes de colegio, las apadrinara: la tortuga galápaga o sabanera, la danta y el ocarro.

Los docentes, estudiantes y padres de familia de la Institución Educativa CRIEET, sede Vigía Trompillos, adoptaron a la sabanera como su animal representativo, una adopción simbólica que busca generar acciones que tengan impacto a nivel social y promuevan actitudes positivas frente al uso y manejo de las tortugas.

El uso de tecnología ha permitido conocer algo del comportamiento de las tortugas sabaneras. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.

Los estudiantes consolidaron el Proyecto Ambiental Escolar (PRAE) tortugas al rescate. Además, elaboraron un mural ecológico alusivo a la tortuga sabanera y su hábitat. Todos los niños andan muy pendientes del tema de la conservación de esta especie, además del reciclaje y residuos sólidos”, apunta Trujillo.

“Este colegio tiene un grupo de vigilantes de la sabanera, niños y jóvenes que son replicadores de las acciones de conservación en sus grupos familiares y de amigos. Este proyecto está trazado a largo tiempo”, dijo Durán.

Corredor de 1,7 millones de hectáreas

El trabajo de seguimiento por telemetría es uno de los resultados de la unión de las fundaciones Omacha y Oleoducto Vivo de ODL - Bicentenario, que hace parte de la línea ambiental del programa Oleoducto Vivo.

Según Trujillo, todo inició con la fusión de los oleoductos de los Llanos Orientales y Bicentenario, encargados de transportar el crudo en la Orinoquia. “Además de la telemetría de las tortugas sabaneras, surgió una iniciativa muy interesante para analizar cuál es el impacto en la biodiversidad de un oleoducto”. 

Si no se toman medidas, la tortuga sabanera podría correr con la misma desgracia que las charapas y terecay. Foto: Marjorie Pinzón / Fundación Omacha.

Así surgió la creación de un corredor de 1,7 millones de hectáreas que atraviesa varias zonas del Meta, Casanare y Arauca, áreas de influencia del oleoducto. “Hemos trabajado con propietarios y dueños de predios para llegar a acuerdos de conservación, uno de ellos con la tortuga sabanera. La misma gente está haciendo el monitoreo de la especie”.

El experto afirma que el trabajo con los oleoductos rompe con los paradigmas que se tiene sobre esta actividad económica. “Recién empezamos yo estaba muy escéptico. Cuando sobrevolé la zona encontré que el trazado de los tubos evitaba los bosques, no afectaba los caños y no había tala. El problema viene cuando hay un atentado. El tubo enterrado no genera mayor problemática ambiental”.

Otro paradigma que Trujillo derribó fue que la fauna no habita en estos lugares. Por medio de fototrampeo, encontró en los monocultivos presencia de venados, pumas y jaguares. “Qué hacen ahí, pensé. Los animales se meten en esos sitios porque nadie los molesta ni los caza, al igual que en los campos petroleros. Caño Limón en Arauca está lleno de fauna. Cuando se entregue la concesión, hay que mirar qué va a pasar con ellos, una buena opción es hacer un distrito de manejo”.

Omacha elaboró una infografía con los pocos datos que se conocen de la tortuga sabanera. 

Por último, el director científico de Omacha recalca que las empresas privadas representan oportunidades para la conservación de la fauna y flora. “Como tienen al Gobierno, ANLA, corporaciones ambientales, entes de control y comunidad encima, están obligados a manejar el tema ambiental de la mejor forma. Son oportunidades que no debemos desaprovechar”.

Todos estos estudios se desarrollan en el marco del plan de acción para la conservación de las tortugas amenazadas de los humedales llaneros, en la línea de acción, investigación y monitoreo.


El futuro de la tortuga sabanera está en peligro. La caza, las carreteras y los incendios la acorralan. Foto: Camila Durán / Fundación Omacha.