Durante el último mes, Colombia ha padecido una crisis por las fuertes lluvias y las inundaciones producto del fenómeno de La Niña y de la transformación del ciclón tropical Iota en huracán categoría 5, cuyo ojo pasó a 18 kilómetros de la isla de Providencia y que arrasó con más del 98 por ciento de su infraestructura.

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Para entender mejor esta situación, Juan Diego Giraldo Osorio, doctor en Gestión de Recursos Hídricos y profesor de la Facultad de Ingeniería Civil de la Pontificia Universidad Javeriana, explica este fenómeno natural, sus causas y algunas reflexiones para la ciudadanía y el Estado.

- ¿Qué es un huracán y cómo se forma?

Hay dos condiciones necesarias para que se formen los huracanes. Primero, aguas cálidas en los océanos, entre los 26 °C a 28 °C, y segundo, suficiente fuerza de Coriolis, una fuerza aparente que experimentan los cuerpos que se mueven sobre un cuerpo en rotación, como la Tierra, y que hace que todo cuerpo en movimiento sobre él se desvíe de su trayectoria recta. Además, para que un huracán se forme, es necesario que presente zonas de baja presión sobre ese océano cálido, denominadas depresiones tropicales, para que los vientos sean “llamados” hacia esas zonas y, si las condiciones son favorables, las ráfagas de aire comiencen a girar alrededor de la depresión tropical.

 - ¿Por qué los huracanes se forman sobre la región Caribe?

Sobre la línea del Ecuador, la fuerza de Coriolis es nula y en los polos es máxima. Entonces los huracanes no pueden formarse sobre ese paralelo (fuerza de Coriolis nula) , pero tampoco en las aguas extratropicales más cercanas de los polos (aguas del océano muy frías). Por eso, estos fenómenos suelen desarrollarse sobre los océanos aproximadamente a los 10 grados de latitud norte o sur, donde se da la combinación de una fuerza de Coriolis suficiente que aliente el giro de los vientos, y unas aguas cálidas del océano que mantengan las condiciones de baja presión. La temporada de huracanes del Mar Caribe, la cual afecta el territorio colombiano, se declara oficialmente entre los meses de mayo y noviembre, cuando las aguas del Océano Atlántico Norte tienen altas temperaturas debido a la temporada de verano del hemisferio.


Imagen del huracán Florence desde la Estación Espacial Internacional de la NASA. Foto: NASA. 

- Es la primera vez que un huracán de categoría cinco toca el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, porque generalmente estos fenómenos se dirigen hacia el Golfo de México y la zona norte de América.  ¿A qué se debe la fuerza y cambio de dirección de Iota?

Es muy extraño que un huracán tenga la trayectoria que tuvo Iota recientemente o Joan en 1988, al golpear al archipiélago. Es un fenómeno raro que ha roto todos los récords para un huracán de esa categoría, no solo porque se ha movido mucho más al sur, sino porque además tiene una fuerza inusual. Es una pregunta muy difícil y creo que eso va a ser un tema de investigación después de que pase toda esta temporada de huracanes.

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Una presunción razonable sobre esto tiene que ver con el cambio climático. Como mencioné al principio, los huracanes se alimentan de aguas cálidas de los océanos, entonces si las aguas de los océanos se calientan, porque el planeta se está calentando debido al cambio climático, lo normal es esperar que estos fenómenos se afecten. Ahora los  huracanes categoría cuatro o cinco son más comunes, y eso se debe en gran medida a que el océano tiene temperaturas más altas.

- El ojo del huracán Iota pasó a 18 kilómetros del archipiélago, con vientos de hasta 230 kilómetros por hora. Con tal destrucción tras su recorrido, ¿a qué se debe que los ojos de los huracanes sean aparentemente tan “pacíficos” en su interior?

Las paredes del ojo son la zona más dañina del huracán. Allí es donde se presentan las velocidades más altas y las lluvias extremas más dañinas. Por eso, hoy vemos que la infraestructura de Providencia, por ejemplo, fue casi totalmente destruida. Pero lo que hay que entender es que cuando los vientos son atraídos hacia el centro del huracán, se forma una clase de singularidad, una especie de embudo con las paredes de las nubes a su alrededor y por eso es que es relativamente tranquilo; sin embargo, el aire allí es tremendamente húmedo y sofocante por el fenómeno de evaporación constante.

- Durante los últimos meses, el país ha sido testigo de los efectos del fenómeno de La Niña y sus intensas lluvias, llevando a alcaldes y gobernadores a decretar alerta roja por inundaciones. Ante esto y lo ocurrido con el huracán, como dice el dicho, ¿“si por allá llueve, por acá no escampa”?

Muchas veces pensamos en los ríos como solo el flujo de agua que va restringido por las paredes del canal natural. Sin embargo, para entenderlos completamente, debemos pensar en ellos como ese flujo más su llanura de inundación. Posiblemente las crecientes que vamos a experimentar con el río Bogotá, el río Magdalena y el río Cauca son inundaciones que pasan todos los años, pero este va a ser excepcional porque estamos en una temporada de La Niña bastante intensa. Una manera de evitar los daños producidos por las inundaciones es realizar una ocupación más inteligente del territorio para no “meternos” en el río y aprender a conocer sus llanuras de inundación.

- Desde su experiencia investigativa y académica, ¿qué alternativas propone la ciencia para enfrentar estos fenómenos naturales como los huracanes y las temporadas invernales?

Respecto al tema de los huracanes debemos educar a las personas, enseñarles a guardar la calma, proteger sus vidas y bienes, y a ser más conscientes sobre el consumo global, el uso de la energía, de carros y aviones, incentivar las prácticas de reciclaje y apuntarle a la reducción de los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

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Con respecto a las fuertes lluvias e inundaciones, es fundamental conocer las dinámicas de los ríos y aprender a negociar con ellos; es decir, es necesario apostarle a infraestructuras que puedan ser inundadas en las llanuras de inundación, como parques y senderos ecológicos, y ubicar aquellas que son más indispensables para los humanos (hospitales, estaciones de bomberos y policía, etc), lejos de los ríos, porque seguramente en algún momento ocuparán sus llanuras de inundación.

- Finalmente, ¿haría algún llamado al Gobierno Nacional en materia de prevención de desastres?

El llamado al Gobierno es a invertir en el conocimiento del territorio, a formular políticas públicas que tengan en cuenta el cauce natural de los ríos y sus llanuras de inundación; a educar a las personas en estos temas y a invertir más en investigación que permita entender el comportamiento de los huracanes en el futuro, porque si pasó este fenómeno por el archipiélago con el aumento de la temperatura del agua del Caribe, probablemente con el tiempo huracanes podrían pasar más cerca de la península de La Guajira y afectar a Riohacha, Santa Marta, y todo el conjunto del Caribe colombiano.

*Con información de Pesquisa Javeriana.