Más de 40.000 cabezas de ganado impulsarían el poderoso negocio con el que un puñado de empresas lácteas estarían colaborando de forma indirecta con la pérdida de los bosques del Área de Manejo Especial La Macarena (Amem), de la cual hacen parte las áreas protegidas Tinigua y La Macarena, en el Meta.

La denuncia la hizo esta semana la directora de Parques Nacionales Naturales, Julia Miranda, justo cuando un debate de control político citado por la Asamblea del Meta ventiló las nuevas realidades de la deforestación de la Orinoquia y Amazonia, que son aterradoras.

Las cifras le dan la razón a la directora y hablan de que hoy, más que nunca, las mafias del acaparamiento de tierras están ganando terreno a punta de motosierra. El Parque Nacional Natural de La Macarena pasó de tener 1.499 hectáreas deforestadas en 2016 a 3.576 en 2017. Un aumento que hoy le da a ese PNN el primer lugar en deforestación de áreas protegidas.

Carreteras como esta han empezado a pulular en el Parque Natural Tinigua. Las han hecho ganaderos para entrar o sacar sus animales a diferentes partes del país. Foto: Parques Nacionales Naturales.

Ahí contiguo geográficamente, pero también estadísticamente, está el parque Tinigua, que pasó de 1,410 hectáreas deforestadas en 2016 a 3.285 en 2017 y a 5.000 solo en el primer trimestre de 2018 de acuerdo con el Sistema de Alertas Tempranas de Deforestación del Ideam. Ambos parques suman el 55 por ciento de toda la nueva deforestación de los 59 parques nacionales naturales, según el más reciente informe oficial Resultados Monitoreo de la Deforestación, también del Ideam.

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“Estamos pidiéndole a la Fiscalía y a los demás entes de control, entre otros, que investiguen la cadena productiva del ganado en esa zona del país. Tenemos los nombres de varias de las empresas a las que esos ganaderos les venden las materias primas. Esto está arrasando con los bosques”, aseguró la directora Julia Miranda. La situación se pone más crítica si se tiene en cuenta que estas empresas, a su vez, son proveedoras de grandes superficies en todo el territorio nacional.

La punta del iceberg

El país conoció del ingreso masivo de ganado a esos parques naturales apenas en octubre pasado, cuando los enfrentamientos entre campesinos y uniformados fueron difundidos por algunos medios de comunicación en medio de un proceso de extinción de dominio que les aplicó la Fiscalía a varios ganaderos en el Parque Picachos.

De acuerdo con información de campesinos, suministrada a Parques Nacionales Naturales, en el área pastan más de 40.000 reses. Foto: Parques Nacionales Naturales.

Ese episodio, aseguran fuentes en la zona, es solo la punta del iceberg. La mayor parte de las 40.000 reses que Parques calcula que hay en la zona son de propiedad de ganaderos quienes les pagan a los campesinos bajo una modalidad llamada ganado al aumento.

Esto consiste en que los ganaderos les pagan a los campesinos para que les cuiden las vacas mientras se hacen productivas.

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La autoridad calculó esa cifra, que resulta inverosímil para un área protegida, a partir de información que recolectó con los mismos pobladores. “Nosotros nos reunimos con varios de los líderes campesinos en la zona y pactamos con ellos el reemplazo de las actividades ilegales y el compromiso de restaurar áreas de pastos. El problema es que cada vez llegan más y más colonos atraídos por el negocio que están impulsando estos señores”, aseguró Miranda.

A ese panorama se suman otras cifras que trascendieron no oficialmente en el país y según las cuales Colombia en 2018 se convirtió en uno de los cuatro países más deforestados del mundo junto a Brasil, Indonesia, República Democrática del Congo y Bolivia, se lee en un informe reciente del Instituto de Recursos Mundiales (WRI).

Agrega el informe que, en Colombia, la pérdida de selva virgen aumentó 9 por ciento entre 2017 y 2018, en parte esto por los acuerdos de paz firmados entre el Gobierno y las Farc, lo que facilitó el ingreso a ciertos lugares antes vedados. Algo paradójico si se tiene en cuenta que dichas inversiones gigantescas en ganadería ilegal, según fuentes consultadas en territorio, tendrían la bendición de nuevos grupos guerrilleros disidentes.    

Luego de la tala, los ganaderos queman el material vegetal y convierten bosques en potreros. Foto: Parques Nacionales Naturales.

Para Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS) quizá el ambientalista que tiene más frescas en su mente las connotaciones ambientales del fenómeno no solo en Meta, sino en todo el país, la tragedia no debe medirse solo en hectáreas deforestadas. La fragmentación de los ecosistemas es la más grave calamidad.

“Fragmentar la conectividad biológica que viene desde la Amazonia hasta los Andes a través de Chiribiquete, La Macarena y los Andes corresponde a interrumpir la vena aorta en el ser humano. Es como obstaculizar el paso del flujo sanguíneo más importante en el cuerpo humano”, dice el experto.

El Área de Manejo Especial La Macarena (Amem) es algo así como un epicentro de diversidad ecosistémica. Junto a bosques con árboles de más de 40 metros y ríos de cinco colores, el Tinigua particularmente, es el hábitat de especies como el jaguar, la nutria, el león de montaña, el mono churuco, el mono araña, el perezoso de tres dedos y guacamayas roja, verde y amarilla, entre otros que están en amenaza.

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Parques Nacionales está a la espera de que las autoridades ante las que ofició las respectivas denuncias tomen cartas en el asunto y detengan definitiva el avance de un desastre más que anunciado.