El turismo de naturaleza podría convertirse en una fuente importante de ingresos económicos para comunidades que tienen dependencia de los cultivos u organizaciones ilícitas.

Así lo considera Héctor Santaella Quintero, miembro de la Comisión de Expertos para la implementación de la Reforma Rural Integral, quien considera que Colombia debería aprender de la experiencia de países como Tailandia, que tuvo un gran volumen de hectáreas de amapola.

Puede leer: 10 paraísos de biodiversidad en Colombia

Según la Fundación Ideas para la Paz, a mediados de la década de los setenta este país tenía 18.000 hectáreas de cultivos de amapola destinados a la producción de heroína. En 2002 la Organización de las Naciones Unidas (ONU), declaró a ese país libre de los mismos, gracias a una política de desarrollo que antes de la erradicación forzosa, abordó el acceso de la población a alternativas económicas como el turismo.

“En el turismo de naturaleza las comunidades podrían encontrar grandes posibilidades de ingresos económicos y romper la dependencia a las organizaciones ilícitas”, sostuvo en su intervención en el foro: El turismo de naturaleza como estrategia para el desarrollo socioeconómico y la consolidación de la paz, organizado por la Universidad Nacional, sede Palmira y que se llevó a cabo en Cali.

Le puede interesar: La naturaleza una de las grandes apuestas del turismo en el país

Santaella se muestra en desacuerdo con  que el gobierno promueva una política de erradicación forzosa, en vez de emprender con más fuerza otra serie de programas encaminados a aportar alternativas económicas.

“El regreso al glifosato supondría la desestabilización económica de los campesinos, además de daños al medioambiente y la salud. Generaría conflictos entre el Estado y las comunidades, que pasarían a verlo como una amenaza. En esos escenarios los grupos ilegales ganan cierta legitimidad y apoyo ante las comunidades”, explica.

Agrega que un ejemplo de esta dinámica tiene lugar en Afganistán, donde la aspersión con glifosato ha generado cierto apoyo de la población hacia los talibanes en algunas zonas.

Sin embargo, aclara que posicionar el turismo de naturaleza como apuesta para reducir los cultivos ilícitos hace necesario el acompañamiento estatal en seguridad, entre otros temas, según está contemplado en el punto cuatro de los acuerdos de La Habana, referente al problema de las drogas ilícitas.

Buenos ingresos

El turismo de naturaleza sería una buena opción si se tiene en cuenta que de acuerdo con la Adventure Travel Trade Association (ATTA), este tipo de turista deja 3.000 dólares en una estadía promedio de ocho días.

Uno de los aspectos que el país podría sacar mayor provecho es que es el segundo más biodiverso del mundo y, según Procolombia, se han identificado mercados clave para la llegada de turistas como Canadá, Estados Unidos, España, Francia, Alemania y el Reino Unido, que son atraídos por datos tan dicientes como que el país tiene 1.921 especies de aves.

La mayor cantidad de especies se encuentra en alturas medias en las cordilleras en alturas que oscilan entre los 800 y 2.400 metros sobre el nivel del mar, con mayor número para la Sierra Nevada de Santa Marta, el Andén Pacífico y la Cordillera Oriental.

Lea también: Más que paisajes

Actualmente, existen 23 empresas colombianas que ofrecen rutas para hacer avistamiento de aves en las regiones Caribe, Andina, Pacífico y el Paisaje Cultural Cafetero. Solo en el Pacífico habitan 650 especies, muchas de ellas endémicas.

Sin embargo, la oferta de turismo es variada, pues Colombia ofrece experiencias de turismo de naturaleza como buceo, turismo ecuestre, hiking, turismo en dos ruedas, avistamiento de aves y ballenas y trekking, entre otros.

El profesor de la Universidad Nacional, sede Palmira, Enrique Alejandro Torres Prieto, considera que el turismo de naturaleza podría representar una amalgama de soluciones para esas comunidades y para la conservación ambiental. “Las personas que viven dentro de nuestros parques naturales en vez de tumbar el bosque para establecer cultivos ilícitos, podrían ayudar a preservarlo como agentes turísticos, promotores o guías”, expresa.

Le sugerimos: El bogotano enamorado del Inírida que se convirtió en uno de sus guías más conocidos

En el evento también participaron Katherine Getial Sinisterra, jefe de los puntos de información turística de la Secretaría de Turismo de Cali; Claudia Buitrago, directora del Departamento Técnico Administrativo del Medio Ambiente (DAGMA); Jaime Celis, de Parques Nacionales Naturales de Colombia, y Germán Morales, director de la Escuela de Turismo de la Universidad Autónoma de Occidente.

Un punto en el que coincidieron estos expertos es en entender el turismo de naturaleza más allá del simple aprovechamiento económico de los atractivos ambientales de un territorio, pues se constituye en una forma de mejorar las condiciones de bienestar de las comunidades locales, de conservar los recursos naturales, la educación que reciben los visitantes y operarios sobre los ecosistemas, y el desarrollo de una cadena de valor que garantice la satisfacción de los usuarios.