Ángela Maldonado es administradora de empresas, pero la vida la llevó por un camino muy diferente: el de la conservación. En 1993 rescató un mono churuco y cuatro años después liberó a este primate en una estación biológica del Vaupés. Allí el ejemplar pudo volver a reintegrarse en un grupo silvestre, algo poco usual en estos casos, y se convirtió en un caso de éxito.

Desde entonces su vida cambió. Dejó a un lado la administración para dedicarse de lleno a la protección de las especies silvestres. Se define como una persona autodidacta y así aprendió de primates. Sin embargo, cuando esta colombiana se dio cuenta de lo que quería hacer el resto de sus días, hizo una maestría en conservación de primates y posteriormente un doctorado en conservación y antropología en la Universidad de Oxford Brookes.

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En 2007 creó su fundación Entrópika, una oenegé con la cual se dedicó a la conservación de la biodiversidad en el Amazonas, específicamente en la frontera con Perú. Desde entonces, no ha parado de trabajar por la protección de las especies en esta región, labor que este año la llevó a ganar el premio Buffet Award de National Geographic. Este galardón reconoce y honra a personas pioneras e innovadoras cuyas historias inspiraron al mundo por los grandes aportes que han hecho en el campo de la ciencia, la conservación, la educación, la tecnología y la narración de historias. 

Para Maldonado, el reconocimiento fue una recarga de baterías para seguir luchando por esta causa. 

“Solo quería gritar de emoción cuando me enteré del premio. Estoy muy feliz de haberlo recibido porque así podemos mostrar lo que pasa en la Amazonia. Lo dedico a todas las comunidades valientes que han cambiado la extracción de fauna por la conservación. Y, por supuesto, a Entrópika, porque esto es muy duro, nos toca enfrentar amenazas y riesgos constantemente”, dijo la primatóloga.

 Este año ganó el premio Buffet Award de National Geographic. Foto: Alex Rufino Parente 

Los primates: el centro de todo 

En 2008, Maldonado con su fundación Entrópika, empezó una investigación alrededor del tráfico de fauna, pero en especial de los monos nocturnos (aotus nancymaae) en el Amazonas

"Dentro de los ganadores de este año, figura la ecologista Ángela Maldonado, quien recibirá el premio Buffett Awards por su liderazgo en la Conservación en Latinoamérica, reconociendo su dedicación a reducir la trata ilegal de animales salvajes en la región amazónica de Colombia y de Perú. Sus iniciativas tuvieron como resultado la prohibición de la caza de monos nocturnos y dio lugar a que se llevara a cabo una investigación abierta de este mercado ilegal, lo que redujo drásticamente el tráfico de estos monos que se capturan y venden para su uso en experimentos de laboratorio", dice el comunicado oficial de National Geografic respecto del premio otorgado a Maldonado.

Esta investigación se convirtió en uno de los trabajos más reconocidos y polémicos de Maldonado pues, según afirma, encontraron que estos primates "eran traficados para pruebas de la vacuna contra la malaria por parte de la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (FIDIC), de Manuel Elkin Patarroyo". 

"Empezamos con un diagnóstico general para identificar qué significa el tráfico de fauna en la frontera y encontramos una relación entre esta actividad y la situación económica de las comunidades del Amazonas", dice Maldonado. 

Cuenta que su investigación determinó que a los locales les pagaban por extraer a estos animales y, ante la falta de ingresos, accedían. "Las que más extraían primates eran las comunidades peruanas, pues con la investigación, encontramos que el 60 por ciento de los animales vendidos al laboratorio venían de Perú", agrega.

"Les preguntamos si estaban interesados en hacer un trabajo de conservación, hacer censos y ubicarlos para determinar densidades, en lugar de traficarlos, y dijeron que sí. Desde 2009 estamos trabajando con ellos", explicó. 

De acuerdo con Maldonado, aunque expusieron los resultados de su investigación a las autoridades, "estas no hicieron nada", por lo cual decidió instaurar una acción popular para acabar con esta práctica. "Entrópika ganó, lo que generó una cantidad de peleas legales y a la fecha lo que sabemos es que de un par de comunidades el laboratorio sigue usando los animales", expone la primatóloga.

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La lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza tiene al mono nocturno como una especie vulnerable, lo que hace aún más compleja esta situación. "Una especie en esta categoría no puede ser incluida en permisos de extracción. Por ejemplo, el laboratorio solicitó uno para extraer 800 monos al año, pero la autoridad ambiental tampoco tiene estudios poblacionales para poder dar estos permisos", dice Maldonado.

"Necesitamos más educación para que la gente entienda que tener un animal como mascota es el peor negocio del mundo". Foto: Alex Rufino Parente 

Pero más allá de los temas legales, el trasfondo de esta problemática es, fundamentalmente, socioeconómico. De acuerdo con la primatóloga, aunque existen centros de reproducción de monos en cautiverio, tomar estos ejemplares para pruebas médicas es mucho más costoso.

"Uno de ellos puede estar alrededor de los 300 dólares. Es por eso que prefieren pagarles a los indígenas para que extraigan primates de la selva por 150.000 o 200.000 pesos. Creo que estamos lejos de que en Colombia nos demos cuenta de que el uso de animales silvestres no es la alternativa”, explicó Maldonado.

Un problema con varios frentes 

Gracias a su trabajo por más de 20 años, Ángela Maldonado también ha identificado otras amenazas para la fauna silvestre en el Amazonas. Una es la caza comercial para el consumo de las comunidades amazónicas, pues muchos de estos animales hacen parte de su dieta ancestral. Sin embargo, en algunos casos también la comercializan para las personas que extraen madera o tiene cultivos ilícitos en la zona. 

Otro es el tráfico para el ‘turismo de la selfie’ , como ella le dice. Se trata de animales que capturan para que los visitantes se tomen fotos. Dentro de las especies más traficadas están los primates, al igual que los loros, guacamayas y reptiles como caimanes y boas. 

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Pero así como ha visto que las amenazas se mantienen a lo largo de los años, también ha visto avances importantes con las comunidades indígenas. Con el tiempo estas se han dado cuenta que conservar es más lucrativo que acabar con su propia naturaleza y recursos, y eso es una de las cosas que más la satisfacen de su trabajo. 

Un ejemplo es la comunidad Mocawa. Hemos trabajado con ellos desde hace muchos años para darle valor a la fauna y son una de las que más turismo sostenible ha hecho, usando al mono churuco de bandera”, cuenta la colombiana. 

A su vez, pone de ejemplo a la comunidad Vistalegre de Perú, una de las que más extraía primates en esta parte de la frontera, pero ahora tienen un proyecto de turismo sostenible.

Los primates son una de las especies más traficadas en el Amazonas. Foto: CES

Siempre les decimos: más vale el animal vivo que muerto y muchos han entendido eso. Otros no porque la situación económica en la trifrontera es complicada: no hay trabajos legales y los ingresos son por los cultivos ilícitos, extrayendo madera o fauna. Por eso es clave que haya una inversión de Brasil, Perú y Colombia para mejorar la economía local”, argumenta Maldonado.

Para la colombiana, la colaboración entre los tres países es fundamental para lograr cambios estructurales en esta materia. Que haya apoyo para los operativos de decomiso, incautación de madera y fauna, por ejemplo. A su vez, considera importante capacitar a las autoridades en el manejo de fauna silvestre pues muchas no saben qué hacer. Así como a los jueces, para que entiendan la legislación ambiental y conozcan la evidencia científica alrededor del tema. 

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“Una de las cosas más importantes es que necesitamos más educación para que la gente entienda que tener un animal como mascota es el peor negocio del mundo porque el animal se vuelve agresivo cuando crece entonces termina amarrado a un árbol y mal alimentado. Además, esta extracción también genera muchas veces la explotación económica de las comunidades locales que solo dependen de ello”, agrega.

A raíz de ello Ángela Maldonado entendió que no hay conservación con hambre: la gran problemática de las comunidades en estos lugares. Es por eso que cree importante que los conservacionistas y académicos se enfoquen en ayudar a cambiar esta realidad para proteger la biodiversidad y, a su vez, la población de esta región. “No le podemos pedir a la gente que no extraiga fauna o madera cuando no tiene otra forma de ingresos”, explica. 

Por eso, además del trabajo para combatir el tráfico de fauna, Entrópika tiene más proyectos de conservación como el que busca proporcionar con agua limpia y potable a las comunidades de la trifrontera. Esto no solo les ayuda a tener mejor salud y calidad de vida, sino que también les ayuda a reforzar la economía local con servicios básicos pues pueden tener negocios, turismo, ofrecer alojamiento y alimento.