El río Bogotá es percibido como un cuerpo de agua de colores negro o marrón, lleno de basuras y malos olores. Es el contenedor de los desperdicios de los cerca de 12 millones de personas que habitan su cuenca. Sin embargo, detrás de ese oscuro telón se esconde la magia de una gran biodiversidad que se resiste a morir y que quiere recuperar su espacio.

En los 380 kilómetros de su recorrido, por los 47 municipios por los que pasa, incluyendo la capital, el río Bogotá alberga 146 especies de aves, 26 demamíferos, 12 de anfibios, 37 de reptiles y 14 especies de peces. Preservar su vida y presencia en sus hábitats requiere del compromiso de todos. Por eso, el Grupo Río Bogotá en el día de la biodiversidad, lo invita a conocer cuatro animales que viven en la cuenca de este cuerpo de agua, pero que se ven amenazados por la contaminación, la deforestación, el mal uso de suelos y la fragmentación de los ecosistemas.

Desde hace 40 años, el pez capitán no ha sido visto en la cuenca alta del río Bogotá. Foto: Universidad Manuela Beltrán.


El pez capitán de la sabana

La actualidad del capitán de la sabana poco tiene que ver con la gran historia de su pasado. Este pez de cabeza alargada y plana, cuyo color es verde oscuro con manchas amarillas y que no tiene escamas, solo habita en en alturas entre los 2.500 y 3.100 metros sobre el nivel de mar y a temperaturas no mayores de 18 grados. Es decir, es una de las especies endémicas del río y vive en su cuenca alta.

En la actualidad no hay estudios poblacionales para determinar la cantidad de individuos que sobreviven en el río. El libro rojo de peces de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la resolución 1912 del ministerio de Ambiente, lo catalogan como un especie en vulnerabilidad.

Sobrevive en medio de la contaminación, la deforestación, la ampliación de la frontera agrícola y, sobre todo, la presencia de especies invasoras con altas tasas de reproducción que desplazan sus poblaciones, como es el caso de la trucha. A esto se le suma la pesca insostenible de esta especie que siempre ha sido muy consumida en tiempos de cuaresma.

Pero 215 años atrás, más exactamente en 1805, este pez sería descubierto por el geógrafo y naturalista Alexander Von Humboldt en uno de sus recorridos por la parte alta del río Bogotá. Lo bautizó con el nombre de Eremophilus, que se traduce como amante de la soledad, haciendo referencia a la quietud y tranquilidad del lugar donde fue encontrado. Le agregó la palabra Mutissi en honor a su amigo el botánico José Celestino Mutis. Así que su nombre científico fue Eremophilus Mutissi, pero para los amigos el capitán de la sabana.

Si quieres conocer más sobre el capitán de la sabana puedes leer: Conozca la historia del capitán de la sabana: Un pez único de la sabana de Bogotá.

La mayoría de imágenes que hay del cangrejo de la sabana son de su comercialización en las plazas de mercado.

El cangrejo sabanero

¿Cangrejos de agua dulce?, sí. ¿En el río Bogotá?, claro. Aunque parezca raro el río Bogotá es el hogar de este crustáceo de cuatro centímetros de longitud. Abundaba en este cuerpo de agua, en especial, en las lagunas de Fúquene, Cucunubá y Suesca y en los embalses de Neusa, Sisga y Tominé. Pero también hacía presencia en las galerías de vegetación cercanas a la orilla de los ríos, lagunas, embalses y humedales.

Solo habita solo en el altiplano cundinamarqués y hoy en día está altamente amenazado por la pesca comercial, la contaminación del agua, la desecación de los humedales y la fragmentación de su hábitat. 

El cangrejo sabanero es omnívoro pero su variada dieta se inclina también por lombrices, peces juveniles, renacuajos y caracoles. A diferencia de los cangrejos de mar, los cangrejos de agua dulce se caracterizan por tener huevos más grandes.

“La hembra tiene cuidado parental y porta los huevos en su abdomen. Cuandos se aparea, guarda el esperma y espera que los huevos están maduros para fertilizarlos”, explicó la profesora Martha Rocha Campos, del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional.

En Bogotá y algunos municipios de la cuenca alta, es vendido en las plazas de mercado, donde lo licuan para hacer bebidas supuestamente afrodisíacas como el ‘berraquillo’ o el ‘levanta muertos’, aunque su consumo puede generar enfermedades pulmonares. A pesar de estar en peligro de extinción y generar un alto riesgo para la salud humana sigue siendo consumido y una resolución de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, lo define como una especie susceptible para ser aprovechada.

Si quieres conocer más sobre el cangrejo sabanero puedes leer: La lucha del cangrejo sabanero por sobrevivir en el río Bogotá

La nutria neotropical habita en casi toda Colombia. La contaminación del río Bogotá la desplazó de la zona. Foto: Fernando Trujillo.

La nutria neotropical

Su cola la usa como timón para navegar en el río, con sus bigotes localiza presas y tiene la capacidad de cerrar sus fosas nasales mientras bucea. Las hembras son madres sobreprotectoras que cuidan a sus hijos cerca de un año.

Mide en promedio entre 53,2 a 80,9 centímetros de largo. En Colombia se distribuye en todas las regiones biogeográficas,  en especial en los flancos de las cordilleras occidental, oriental y central, donde alcanza altitudes entre los 2.600 y 3.000 metros sobre el nivel del mar. Pero también tiene presencia en zonas bajas en lugares cálidos y templados.

La contaminación, la deforestación y la cacería para comerciar su piel, la tiene catalogada como una especie vulnerable a la extinción en todo el país. Las descargas y vertimientos en el río Bogotá causaron que las nutrias dejarán de verse. Sin embargo, el año pasado varias cámaras trampa instaladas por la Fundación Omacha captaron la presencia de una en el municipio de Ricaurte (Cundinamarca), cerca a la desembocadura del Bogotá con el río Magdalena.

Si quieres conocer más sobre la nutria neotropical puedes leer: La nutria, una especie insignia del río Bogotá que también espera su renacer.

La tingua bogotana está listada como una especie en peligro de extinción. Foto: Jaime Duque

La tingua bogotana

Apenas alcanza los 25 centímetros, es un ave tímida que solo habita en los altiplanos cundiboyacenses, especialmente en la sabana de Bogotá. Tiene un pico largo y curvo color rojo y patas alargadas. Su plumaje es marrón con tintes rojizos. Al sentirse amenazada emite un sonido agudo, similar al de las ardillas, como un martilleo.

Según el Libro Rojo de las Aves de Colombia está en peligro de extinción debido a la disminución de su hábitat, en especial de los juncales. Suele anidar y alimentarse en la vegetación acuática de los humedales,  pero la explotación agrícola, las quemas, los perros ferales y el incremento de las urbanizaciones en las zonas de recarga hídrica la amenazan.

Es una especie que solo habita en la sabana, en especial en los cuerpos de agua de la capital, en lugares con alturas entre los 2.500 y 3.100 metros sobre el nivel del mar.

Si quieres conocer más sobre la tingua bogotana puedes leer: ESPECIAL: La resistencia biodiversa de la cuenca media.

Esta solo es una pequeña muestra de la biodiversidad que posee el río Bogotá y su cuenca, pero la presencia y conservación de estas y otras especies depende de la recuperación y cuidado del río. 

Grupo Río Bogotá los invita a volver la cara al río, a conocerlo, a valorar su aporte a la biodiversidad. ¿Te le mides?

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.