* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

La presencia cada vez mayor del caracol africano preocupa a las autoridades ambientales del país, pues de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, este es reconocido a nivel mundial como una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas.

En 2020, solo en el departamento de Quindío, se recolectaron más de tres toneladas de este animal, en municipios como Calarcá, ubicado en el corregimiento de Barcelona y La Tebaida, de acuerdo con la Corporación Autónoma Regional del Quindío.

En su momento, Mónica Jaramillo, líder del Área de Fauna Silvestre de la Corporación, informó que "se ejecutó el programa de control y manejo de la plaga de caracol gigante africano en cinco municipios: Calarcá, La Tebaida, Montenegro, Quimbaya y Armenia".

Antioquia tampoco  se ha salvado de los estragos de este caracol, en los 10 municipios del Valle de Aburrá, las autoridades han recolectado más de 53 kilogramos de estos. Foto: Área Metropolitana Valle de Aburrá. 

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Parte de la preocupación tiene que ver con que estos animales, con una concha que puede llegar a medir 12 centímetros de largo y seis de diámetro, acaban con cultivos completos generando grandes pérdidas económicas. Asimismo, de acuerdo con la Secretaría Distrital de Ambiente, transmiten parásitos y bacterias que pueden causar la muerte a distintas especies animales así como a los humanos. También desplazan a especies nativas, generando daños irreparables en los ecosistemas del país.

Ahora, estos caracoles también preocupan a la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), quien alertó de su presencia en varios municipios del departamento.

“En Cundinamarca existe una proliferación de este caracol africano, principalmente en las regiones del Alto Magdalena, Sumapaz, Tequendama, Gualivá, Bajo Magdalena y Rionegro”, manifestó Jesús Humberto Patiño, director de la Regional Tequendama de la CAR.

El funcionario explicó que en los ecosistemas del departamento y del país, el impacto de estos grandes africanos es desgarrador. “En los países tropicales como el nuestro ataca 800 especies de plantas entre ornamentales, tubérculos como la yuca y el ñame, frutales como la papaya, el melón, los plátanos, legumbres y leguminosas, hortalizas y principalmente los árboles de cacao, caucho y café”.

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Estos animales, introducidos de manera ilegal en el país hace varios años, pueden infestar rápidamente la zona en la que se hospedan. “Puede sobrevivir en todos los climas, tiene hábitos nocturnos y crepusculares, la actividad diurna la realizan en días nublados y en días húmedos, es hermafrodita, produce varias tandas de huevos fértiles, hace posturas entre 100 y 400 huevos, tiene un máximo de posturas de 1.200 al año; además, los huevos pueden permanecer en latencia por largos períodos para luego eclosionar cuando las condiciones sean favorables”, dijo el director regional.

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Foto: CAR Cundinamarca. 

Por esto, la autoridad medioambiental también está tomando medidas de contención, que incluyen la pedagogía en la comunidad para explicarle a la ciudadanía qué puede hacer para controlar a esta especie y, al mismo tiempo, evitar posibles riesgos para su salud y sus familias.

Al respecto, Patiñó aseguró que “la manipulación de los ejemplares debe darse con la debida protección, es decir, usando guantes para evitar la contaminación por parásitos. Nunca se debe manipular directamente con la mano”.

La entidad también informó a la comunidad que luego de hacer la recolección de estos animales de color marrón y piel gomosa, pueden colocarlos en una bolsa con agua para su “ahogamiento o control químico”.

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Finalmente, la CAR manifestó que la disposición final del animal se puede hacer enterrando a los individuos en el mismo lugar en el que fueron recolectados, adicionando cal en la zona. Esto debe hacerse lejos de las fuentes hídricas para evitar una contaminación de los ecosistemas cercanos.