El domingo pasado, Gabriela Robayo, que desde hace cinco años lidera una fundación dedicada al rescate de los animales silvestres en Cota, recibió una llamada en horas de la mañana que la estremeció. Una zarigüeya adulta apareció muerta en una de las vías del municipio.

Al acudir a la vía, ubicada al frente de la institución educativa Ubamux, los veterinarios de la Umata le indicaron que al parecer la zarigüeya fue fue atacada por perros de la zona hasta causarle la muerte. “En Cota, las zarigüeyas son atacadas constantemente por los canes que dejan sueltos. También hemos encontrado mamíferos atropellados en las vías”.

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Según Robayo, Las zarigüeyas son animales magníficos que viven en sitios boscosos como los que alberga el cerro Majuy en Cota, “donde cumplen funciones muy importantes para mantener el equilibrio de los ecosistemas. Estamos cuidando la fauna silvestre, como los animales que hacen parte del Majuy”.


Los perros que andan sueltos por Cota causaron la muerte de esta zarigüeya adulta. Foto: Gabriela Robayo.

La fundadora y directora de la Fundación Rescate Animal Colombia recalcó que es lamentable que por la tenencia irresponsable de mascotas se vea afectada la fauna silvestre de Cota.

“Los defensores de animales y ambientalistas siempre hemos reiterado la importancia de mantener controlados a los perros y gatos, pasearlos con correa y no en las montañas y siempre recoger sus heces fecales. Si ves una zarigüeya déjala tranquila, déjala vivir”.

La zarigüeya contaba con profundas heridas en su cuerpo, al parecer causadas por perros. Foto: Gabriela Robayo.

Robayo recordó otro episodio presentado a inicios de mayo, cuando un ciudadano la llamó para reportarle una zarigüeya muerta en la vía de El Rosal, con una cría que había sobrevivido al atropellamiento.

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“La persona recogió la cría y la llevó a su sitio de trabajo. Luego de revisar el cuerpo de la madre muerta, vimos que tenía tres crías más en el marsupio y estaban vivas. Las llevamos a la fundación donde fueron alimentadas, hidratadas y valoradas por veterinarios especialistas en fauna silvestre”.

La cría que estaba fuera del marsupio presentaba problemas respiratorios. “Nos comunicamos con la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) para que las llevaran a la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres en Bogotá. Estos atentados no deberían presentarse en ninguna parte del mundo”, afirmó Robayo.

Una mamá zarigüeya no sobrevivió al atropellamiento. De milagro sus crías se salvaron. Foto: Gabriela Robayo.

Culebra atropellada

El mismo domingo, Robayo presenció un atentado mucho más macabro que el de la zarigüeya atacada por perros. Eran las 5:30 de tarde y se dirigía en carro hacia su casa por la carrera 3, al frente de la Ferretería León. 

Una ciudadana estaba en la mitad de la vía con una bicicleta, lo que evitaba el tránsito de vehículos. “La señorita miraba hacia el suelo y movía la llanta delantera de la cicla para delante y atrás en un solo punto. Le pité pero ella seguía empecinada en mover la rueda constantemente”.

Al bajarse del vehículo, Robayo constató que la señora trataba de matar una culebra sabanera con la llanta de su bicicleta. “Obviamente le hice el reclamo y le corrí la llanta. Aseguró que intentaba matarla porque podía picar a alguien. Por fortuna la serpiente seguía viva y sin aparente lesión externa”.  


La culebra sabanera sobrevivió de puro milagro a los atropellos de la ciudadana. Foto: Gabriela Robayo.

La mujer tomó su bicicleta y se fue del lugar como si nada hubiera pasado. “Al ver que el reptil estaba en buenas condiciones físicas, lo liberé en un lugar seguro. Es evidente el desconocimiento que se tiene de los animales silvestres”. 

La defensora de animales silvestres afirma que las culebras sabaneras no son peligrosas para los humanos, “pues no atacan ni pican. Las podemos encontrar en cultivos, parques y hasta en los jardines. Cumplen funciones muy importantes que mantienen en equilibrio del ecosistema”. 

No es un roedor

Según la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), la zarigüeya (Didelphis marsupialis) es un marsupial pariente de los koalas, omnívora y también conocida como chucha, runcho o fara. “No es agresiva ni un roedor. Habita cerca de ríos, humedales, basureros, zonas verdes y viviendas”. 

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Una de las funciones de las zarigüeyas es esparcir semillas en los bosques, es decir que son fundamentales para la regeneración de los ecosistemas. Tienen variación en su tamaño: las más jóvenes alcanzan 65 centímetros de longitud, mientras que en la edad adulta llegan a los 84 centímetros.

Las zarigüeyas están en el listado de animales más atropellados en las vías. Foto: Silvia Rojas.

Su pelaje es grueso y largo, con una coloración que varía entre el negro y el gris. Su cabeza es blanquecina, la nariz es rosada y las orejas grandes y negras. Esta especie se alimenta de frutas maduras, vegetales, hojas, néctar, flores, invertebrados y pequeños vertebrados, y realiza la mayoría de sus actividades en la noche. 

Estos animales son víctimas de atropellamientos y sufren ataques físicos por personas que las confunden con roedores. Para defenderse, las zarigüeyas se hacen pasar por muertas o emiten un olor desagradable. Son mamíferos sumisos que no tienen comportamientos agresivos y no generan ningún tipo de peligro a los seres humanos”, mencionó la SDA.

Libre de veneno

La culebra o serpiente sabanera (Atractus crassicaudatus) es una especie endémica de Colombia, en sitios como los departamentos de Cundinamarca, Santander, Boyacá, y Meta. Habita en zonas ubicadas entre los 2.000 y 3.200 metros de altitud y es muy habitual verla en la sabana de Bogotá.

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El hábitat principal de este espécimen son lugares húmedos y cerca de cuerpos de agua como humedales, potreros, quebradas y pastizales. Es natural encontrarlas debajo de piedras, estructuras de concreto y escombros. Además, vive camuflada entre el material vegetal acumulado y en descomposición”, indicó la SDA.

 La culebra sabanera no es venenosa ni ataca a los seres humanos. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Este reptil crece hasta los 40 centímetros de longitud. Algunas sabaneras son marrones y otras con mezclas entre negro y amarillo, grises, rojas, ocres o naranjas. Se alimenta de insectos como grillos, cucarachas, gusanos, moscas y arañas. Se caracteriza por ser excavadora y con movimientos lentos.

La Secretaría de Ambiente advierte que esta especie no es venenosa, sino inofensiva y no causa ningún tipo de daño a los humanos. “Por el contrario, tiene una gran importancia ecológica en los ecosistemas y un alto valor cultural. Sin embargo, es constantemente atacada por el desconocimiento de las personas quienes la ven como una amenaza”.   

La Fundación Humedales Bogotá informó que la sabanera no acarrea ningún daño para la especie humana, algo que la mayoría de ciudadanos ignora y por eso la atacan. “Esta especie también puede disminuir su cantidad por el acelerado crecimiento poblacional, ya que se rellenen los cuerpos de agua para la construcción”.

Aparece con mayor frecuencia entre los meses de octubre a diciembre, cuando tiene lugar la eclosión de sus huevos. “Se ha logrado observar en humedales como La Libélula, El Burro, Torca, Capellanía, Córdoba, Tibabuyes y La Conejera, sobre todo en épocas lluviosas".

La sabanera es un controlador biológico efectivo y colabora de manera rápida con la aireación de los suelos, "sobre todo donde hay cultivos, pues se acercan en busca de alimento y de paso colaboran con la remoción de la tierra”, dijo Humedales Bogotá.

* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.