De los 380 kilómetros que conforman el río Bogotá, trayecto que inicia en el páramo de Guacheneque en Villapinzón y termina en el río Grande de la Magdalena en Girardot y Ricaurte, tan solo 11 kilómetros presentan una buena calidad en sus aguas.

Su estado puro y cristalino es exclusivo de las veredas de Villapinzón, poco después de su nacimiento en las lagunas de Guacheneque y el Mapa, sitios en donde a pesar de recibir impactos como la pérdida de cauce, deforestación y captación de agua para los acueductos veredales, el río aún tiene cara de río.

Las primeras gotas del río Bogotá conforman dos lagunas en el páramo de Guacheneque. La del Mapa tiene la forma del croquis de Colombia. Foto: Jhon Barros. 

El 97 por ciento restante del río Bogotá, cuerpo de agua que en la época prehispánica fue sitio de pagamentos y ofrendas por parte de los muiscas, exhibe profundas cicatrices causadas por los golpes de los cerca de 12 millones de habitantes que habitan en su cuenca. Los vertimientos y descargas residuales e industriales y las basuras lo tienen en estado de coma.

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Su paso por la capital del país y el municipio de Soacha es fatídico. En este tramo, correspondiente a la cuenca media, el río Bogotá recibe en promedio 690 toneladas de carga contaminante, entre residuos sólidos, arenas, grasas y vertimientos que fluyen por los ríos urbanos Fucha, Salitre y Tunjuelo.

El río Tunjuelo es uno de los que más le aporta carga contaminante al río Bogotá. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

El renacer del alma de la sabana, nombre dado en el pasado por los muiscas, es una obligación. En 2004, el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, por medio de la magistrada Nelly Villamizar, emitió una sentencia en primera instancia que ordenó su descontaminación, la cual fue confirmada en 2014 por el Consejo de Estado.

Esta sentencia histórica obligó a 72 entidades nacionales y regionales a tomar medidas urgentes para descontaminar el río Bogotá, un listado en el que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), como autoridad ambiental de los 46 municipios que conforman la cuenca del río, tiene gran protagonismo.

Tan solo 11 kilómetros del río Bogotá presentan buena calidad hídrica. Así luce cerca a su nacimiento en el páramo de Guacheneque. Foto: Jhon Barros.

Tecnología, protagonista

Luis Fernando Sanabria, actual director de la CAR, presentó el Plan de Acción Cuatrienal 2020-2023, hoja de ruta diseñada con los aportes 3.000 ciudadanos, académicos, comunidades indígenas y representantes de los sectores productivos, que priorizará las diferentes acciones contempladas en el megaproyecto río Bogotá.

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Según Sanabria, el arsenal de obras para descontaminar el río Bogotá ya arrojó varios resultados, como la ampliación del cauce en 68 kilómetros de la cuenca media, donde fueron retirados más de ocho millones de metros cúbicos de basuras, y la optimización de la nueva Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre, obra que estará lista en 2021.

La cuenca media del río Bogotá fue sometida a varias obras para ampliar su cauce y recuperar sus zonas meándricas y de recarga. Foto: CAR.

“PTAR Salitre hará tratamiento al 30 por ciento de las aguas residuales que le llegan al río Bogotá en la ciudad. A la fecha presenta un avance en la obra del 85 por ciento y es el proyecto sanitario más grande del país, que es monitoreado por el Banco Mundial. A esta megaobra se le suma la nueva PTAR Canoas, la cual ya cuenta con 4,5 billones de pesos invertidos por la CAR, el Distrito y la Gobernación de Cundinamarca para su construcción”, anotó el directivo.

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Sumado a estas megaobras que esperan cambiarle la cara al río Bogotá, durante este cuatrienio la CAR tiene proyectado hacer uso de tecnología de punta para evitar que el cuerpo de agua siga recibiendo maltratos por parte de la ciudadanía.

Realizaremos monitoreos a la calidad del agua del río Bogotá cada tres kilómetros, lo que nos permitirá identificar los vertimientos que lo están matando, ya sean industriales, municipales o de empresas privadas. La meta a 31 diciembre de 2023 es darle vida a la cuenca media del río por medio de un saneamiento de sus aguas”, apuntó Sanabria.

La nueva PTAR Salitre empezará a operar en 2021. Tratará 30 por ciento de las descargas que le ingresan al río Bogotá en su tramo medio. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Actualmente, la Red de Monitoreo de Calidad Hídrica de la cuenca del río Bogotá está conformada por cerca de 15 estaciones que miden su contaminación. De acuerdo con Amaury Rodríguez, funcionario de la dirección general de la CAR, en los próximos cuatro años esta red será fortalecida por medio de estaciones con tecnología de punta cada tres kilómetros.

El director de la entidad afirmó que la tecnología tendrá un papel importante en la detección de los verdugos que atentan contra el medioambiente. “Pondremos en marcha redes, plataformas y uso de satélites para identificar en tiempo real estos atentados, tanto en el río como en la actividad minera. Con el uso de tecnología de punta nuestra capacidad de respuesta será más rápida”. 

La CAR fortalecerá su plataforma de seguimiento y control por medio de naves no tripuladas que realizarán vuelos cada tres meses tanto en zonas aledañas al río Bogotá como en los territorios que están siendo intervenidos sin acatar los requisitos de la ley.

La CAR pretende monitorear al río Bogotá cada tres kilómetros. El ideal es identificar los principales verdugos. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz. 

“Esta tecnología también nos permitirá identificar los sitios con sufren por deforestación y hacer seguimiento a las áreas que la corporación reforesta, permitiendo así disminuir la mortalidad en las siembras y plantaciones. Los organismos de control tendrán acceso a las diferentes plataformas que pongamos en marcha”, anotó Sanabria. 

Obras municipales

Los 46 municipios de Cundinamarca también aportan a la contaminación del río. Tal es el caso de Villapinzón y Chocontá, donde cerca de 120 curtiembres le dan el primer golpe certero al afluente con las descargas de sus químicos.

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Martha Muñoz, experta de la dirección de infraestructura ambiental de la CAR, informó que desde 2004 la entidad inició la contratación de estudios y diseños para la optimización de las plantas de tratamiento municipales. “A través de convenios entre las alcaldías, empresas de servicios y la corporación, en 2010 culminamos 24 proyectos en las tres cuencas del río Bogotá”.

Hoy en día, la CAR trabaja mancomunadamente en la ejecución de 25 PTAR más: 11 en la cuenca alta (Villapinzón, Suesca, Zipaquirá, Cota, Tocancipá, Chía, Cajicá, Sesquilé, Sopó, Chocontá y La Calera); ocho en la media (Facatativá, Mosquera, Bojacá, Madrid, Tenjo y El Rosal); y seis en la baja (San Antonio, Ricaurte, Anapoima, Tena, Zipacón y Girardot). 

Las curtiembres de Villapinzón y Chocontá le dan el primer golpe al río Bogotá. La CAR priorizará las plantas de tratamiento en estos municipios. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

Sanabria complementó que el Plan de Acción Cuatrienal priorizará tres plantas de tratamiento: Villapinzón, Chocontá y Cajicá, “obras que son necesarias para evitar que esos vertimientos sigan haciéndole daño al río. También exploraremos el uso de otros mecanismos tecnológicos para que estas PTAR sean menos costosas para los municipios y así disminuyan los valores de los servicios públicos. El reto es reinventarnos con el uso de tecnología”.

Con las dos grandes Plantas de Tratamiento en Bogotá y las demás en los municipios de la cuenca, la CAR espera mejorar la calidad del agua del río Bogotá. “No esperamos que el río vuelva a tener peces, pero sí que regresen las aves a su superficie y que la población pueda utilizar sus aguas para las actividades agropecuarias”.

Volver a mirar al río

Desde mediados del siglo XX, cuando las zonas de la cuenca media del río Bogotá empezaron a poblarse, el río Bogotá empezó su declive con la llegada de las descargas contaminantes de las viviendas y la industria y la proliferación de basuras.

Una nata densa, negra y olorosa fue apropiándose del cuerpo de agua, a tal nivel que muchos lo consideran como una cloaca a donde van a parar todos los desperdicios. La población le dio la espalda al río y son pocos los que se arriesgan a mirarlo de frente.

El río Bogotá fluye silencioso y contaminado por los territorios de la cuenca baja. Foto: Jhon Barros.

Con el fin de que la ciudadanía vuelva a considerar al río Bogotá como parte de su territorio, desde hace varios años la CAR trabaja en la construcción de un Parque Lineal, un sendero de 68 kilómetros entre Soacha y Cota que también contará con embarcaderos para realizar navegación y puntos de avistamiento de aves.

“Ya sumamos 52 kilómetros construidos. Los 16 kilómetros restantes hacen parte de Cota, los cuales serán priorizados este año. Este Parque Lineal le permitirá a la ciudadanía caminar y montar cicla cerca al río, un proyecto que generará una apropiación ciudadana con este importante ecosistema”, indicó Sanabria.

La ciudadanía puede hacer ejercicio en el Parque Lineal, sendero de 68 kilómetros cerca al río Bogotá. Foto: CAR.

El Parque Lineal será uno de los más largos de Latinoamérica. La CAR trabaja en la construcción de los embarcaderos de la calle 80 y Puente de la Virgen, obras que presentan un avance del 70 por ciento. “En la calle 80 instalamos el monumento de un sauce llorón elaborado con llaves y candados donados por la ciudadanía”, manifestó Rodríguez.

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En 100 kilómetros de la cuenca media del río Bogotá, entre la Universidad de la Sabana en Chía y las compuertas de Alicachín en Soacha, la CAR ya instaló varias cámaras de alta tecnología que monitorean durante las 24 horas del día el estado del cuerpo de agua y sus zonas aledañas.

Se trata de BochiCAR, un sistema de vigilancia conformado por 14 estaciones o nodos con cámaras que cubren un radio de cinco kilómetros y un alcance de hasta un kilómetro y medio, las cuales están entrelazadas unas con las otras y tienen una capacidad para almacenar grabaciones de hasta seis meses.

Cuando las aguas residuales sean tratadas, el río Bogotá será navegable. Foto: CAR.

Si un proyecto no se está acompañado por la ciudadanía, fracasará. Por eso fortaleceremos las acciones de apropiación y cultura ambiental con los habitantes de la cuenca del río Bogotá, para que se apropien del afluente y luchen por el recurso hídrico. Si logramos despertar esa identidad, será difícil que alguien vaya a atentar contra el río o los humedales de la zona”, indicó Sanabria.

Reservorios de agua

Jerusalén, territorio de Cundinamarca ubicado a unos pocos minutos de Tocaima, es conocido como el primer municipio ecoeficiente de Colombia. Allí, la CAR lidera un proyecto ambiental que ha beneficiado a la comunidad a través de paneles solares, filtros que mejoran la calidad del agua, tratamiento de los vertimientos, abonos con residuos orgánicos, biogás con excrementos animales y plantaciones de especies forestales.

Además de estas acciones, la corporación construyó un Banco de Agua en un predio de la Alcaldía de Jerusalén, un estanque con más de 3.000 metros cuadrados y 1,5 metros de profundidad que se encarga de almacenar agua para afrontar las fuertes sequías.

El Banco de Agua de Jerusalén le sirve a la comunidad para sobrellevar los estragos del la sequía. Foto: Jhon Barros.

Según Sanabria, en este cuatrienio la CAR seguirá llevando esta estrategia a los diferentes municipios de Cundinamarca. “Estos bancos hídricos, con capacidad para almacenar 10 millones de litros de agua, están ubicados cerca de un río o quebrada, ecosistemas que los surten cuando hay épocas de lluvia. Durante la sequía, estos estanques sirven como reservorios para que la ciudadanía tenga agua para consumo animal o agrícola”. 

Renacer de Fúquene

La laguna de Fúquene, cuerpo de agua dulce ubicado en la cuenca de los ríos Ubaté y Suárez, en territorios de Cundinamarca y Boyacá, sufrió una de las peores desecaciones en todo el territorio nacional. En los últimos 200 años, pasó de contar con 12.000 hectáreas de espejo de agua a tan sólo 471 hectáreas.

Las políticas del Estado fueron las causantes de esta apoteósica pérdida ecosistémica, ya que durante en el siglo XIX y parte del XX el lugar fue desecado para ampliar los cultivos y los pastizales del ganado.

La laguna de Fúquene perdió gran parte de su espejo de agua por las actividades agropecuarias. Foto: CAR.

La CAR lleva varios años tratando de salvar la laguna de Fúquene por medio de la recuperación de su vaso, el retiro de sedimentos, la construcción de plantas de tratamiento y reforestación de sus zonas aledañas, actividades que seguirán en marcha durante los próximos cuatro años.

“Continuaremos con la recuperación de Fúquene, trabajo que abarca tanto lo ecosistémico como social, es decir llegar a un equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Una de las actividades que pondremos en marcha será brindar acompañamiento a los campesinos que realizan pesca artesanal, para que apliquen buenas prácticas y mejoren sus recursos”, indicó Sanabria.

La CAR también apoyará el desarrollo de los proyectos artesanales de los campesinos, quienes utilizan el junco de las zonas de humedal para hacer artesanías como esteras, cunas y moisés.

La CAR también priorizará la conservación del páramo de Sumapaz, el más grande del mundo. Foto: Jhon Barros.

“Con el buchón de agua de la laguna de Fúquene, millones de toneladas que están depositadas en el espejo de agua, haremos compostaje para mejorar las tierras de la región. Con los alcaldes de la zona pretendemos impulsar microempresas para que los campesinos utilicen este buchón en la mejora de los terrenos”, anotó el director de la CAR.

En el páramo de Sumapaz, el ecosistema paramuno más grande del mundo, la CAR, con apoyo de las fuerzas militares, liderará reforestaciones con especies nativas e implementará vigilancia, seguimiento y control por medio de la tecnología para identificar aquellas personas que están sembrando o metiendo ganado donde no es permitido. 

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.