Desde el 24 de marzo, cuando inició la cuarentena obligatoria en Colombia por el coronavirus, la naturaleza ha dado muestras de su grandeza. Con la disminución en la contaminación del aire y ruido y la baja presencia de ciudadanos en las calles, varios animales han sido vistos en las zonas urbanas, mientras que algunos ecosistemas dieron señales de su recuperación.

Zorros en conjuntos residenciales de Bogotá, mayor cantidad de aves en los humedales capitalinos, manatíes en los cuerpos cenagosos de Córdoba, zarigüeyas en Neiva, osos palmeros en Paz de Ariporo y babillas en Yopal, han sido registrados por la ciudadanía desde su confinamiento. Por su parte, las bahías de Cartagena y Santa Marta están en su mayor punto de transparencia al no contar con turistas y embarcaciones.

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Sin embargo, todo parece indicar que ese respiro detonado por la cuarentena no ha llegado del todo al río Bogotá, cuerpo de agua con un trayecto de 380 kilómetros y cuya cuenca alberga cerca de 12 millones de personas. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) tiene por ahora dos hipótesis sobre el comportamiento de la contaminación en el río durante los días de confinamiento obligatorios.

Así luce el río Tunjuelo, uno de los afluentes que descargan en el Bogotá, en un día normal. Al parecer, las basuras han disminuido durante la cuarentena. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.   

La primera es que la cantidad de basuras y residuos sólidos que le llegan al río, problemática que está concentrada en su paso por Bogotá y Soacha, podría haber disminuido por la baja presencia y circulación de personas en las calles, hipótesis que de ser corroborada le habría dado un respiro a un río que recibe a diario 690 toneladas de carga contaminante.

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“Las basuras que la población arroja en las calles van a parar al sistema de alcantarillado por medio de las aguas lluvias, residuos que terminan en el río Bogotá. Con poca gente en las calles por la restricción de movilidad, lo más lógico es que el río sí se esté dando un respiro por que no hay tantos desperdicios sólidos en la ciudad”, asegura Amaury Rodríguez, experto del Fondo para las Inversiones Ambientales del río Bogotá de la CAR.

Sin embargo, todo indica que las descargas y vertimientos que agobian al río más importante de la sabana, sí podrían haber incrementando sus índices de contaminación. “Como la mayoría de los ciudadanos están todo el día en las casas, el consumo de agua se incrementa y por ende la contaminación hídrica que llega al alcantarillado. Si hay más volúmen de agua consumida, hay más volumen de agua contaminada”, precisa el experto.

Todo indica que las descargas y vertimientos contaminantes desde las viviendas se han incrementando durante la cuarentena. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz. 

Para Rodríguez, esta contaminación generada desde las viviendas está asociada a varios factores como utilizar detergentes que no son biodegradables, ya sea para la ropa, la loza o el cuidado personal, “arrojar residuos sólidos en los sanitarios y hacer una inadecuada disposición de los aceites usados, tanto de vehículos como los de cocina, que son sumamente contaminantes. Estos vertimientos son arrojados a los sifones e incrementan la contaminación por vertimientos que le llegan al río”.

Todas las acciones ciudadanas repercuten en la calidad de agua del río Bogotá. “Hay que reciclar desde la casa y ser compradores selectivos, es decir detenernos a mirar si el producto que estamos comprando proviene de una empresa responsable con el medioambiente. El tema de las baterías es crítico. Uno solo de estos aparatos puede llegar a contaminar 80.000 litros de agua”, anota Rodríguez.

90 por ciento de la contaminación de todo el río Bogotá es aportado por los habitantes de la capital del país y Soacha. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

La CAR hace la precisión de que el incremento en la contaminación de los vertimientos y el aparente respiro por la disminución en las basuras, son hasta ahora hipótesis. “A través de los datos de la Red de Monitoreo de Calidad Hídrica de la cuenca del río Bogotá, más de 15 estaciones que miden su contaminación, estamos analizando técnicamente cómo ha sido el comportamiento del río, informe que también revelará si las industrias disminuyeron o aumentaron sus descargas”.

La entidad estima que a mitad de año revelará técnicamente cómo fue el comportamiento de la contaminación del río Bogotá durante la cuarentena. “Uno de los proyectos trazados para los próximos cuatro años es fortalecer la red de monitoreo hídrica por medio de la instalación de estaciones con tecnología de punta cada tres kilómetros, para así controlar los vertimientos en tiempo real. Hoy en día, las empresas aprovechan para hacer sus descargas de noche, cuando nadie los ve. Nuestra meta es mejorar la calidad de agua del río”.

Estragos en las obras

La ampliación y optimización de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Salitre en el noroccidente de la ciudad y la construcción de la PTAR Canoas en el sur, son las dos megaobras que esperan descontaminar al río Bogotá.

La PTAR Salitre está prácticamente terminada. Según Rodríguez, la obra, que tratará 7 metros cúbicos de agua residual por segundo -30 por ciento de las descargas que le ingresan al río Bogotá en la cuenca media- presenta un avance de 82,9 por ciento y está contemplada para empezar a funcionar en 2021.

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Pero debido a la cuarentena por el coronavirus, las 2.000 personas que trabajan en la PTAR, hoy en día lo hacen desde sus casas o están en vacaciones, factor que podría retrasar un poco las obras. 

PTAR Salitre tratará las aguas residuales del norte y centro de Bogotá. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz.

“Cerca de 40 trabajadores llegaron con fiebre, por lo cual tomamos medidas como enviar a la gente a trabajar desde las casas. Ningún contrato fue suspendido, pero no estamos trabajando al 100 por ciento. El personal avanza en todo lo que pueda hacerse desde el hogar. Si el 13 de abril se decreta ampliar la cuarentena, las obras sí podrían retrasarse unos meses, pero todo apunta a que en 2021 ya estará funcionando”. 

Una obra que no ha parado en Salitre es la conexión de la red eléctrica, una subestación para el consumo de energía que está a cargo de Enel. “Esta empresa de servicios públicos cuenta con un protocolo para proteger a sus trabajadores durante la cuarentena. Ellos sí están en terreno”.

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La PTAR Canoas, la megaobra más importante que tratará 70 por ciento de las descargas del río Bogotá en la capital y Soacha, por ahora no presenta retrasos. De acuerdo con Rodríguez, los diseños para el tratamiento secundario de Canoas ya fueron contratados y a finales de este año se abrirá un proceso de adjudicación para su construcción, obras que podrían durar cinco años.

El trabajo que adelantamos actualmente con Canoas se puede hacer desde las casas, porque aún no entramos en construcción. Todo sigue en marcha y no hay ningún retraso. El idea es que esta PTAR entre en funcionamiento hacia 2028”.

Así lucirá la PTAR Canoas según un rendel de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá. EAAB.

Adecuación suspendida

La cuarentena sí ha hecho estragos en las obras de adecuación hidráulica que la CAR adelanta en 42 kilómetros del río en la cuenca alta, entre Cota y Cajicá. Según Rodríguez, esta actividad debió ser suspendida para no poner en riesgo a los trabajadores.

“Para esta obra, que consta de la remoción de residuos y basuras y la ampliación del cauce del río, tuvimos que suspender cerca de 200 contratos temporalmente porque no hay una emergencia vital, como que el río se va a desbordar ya si no se realizan. Cuando todo se normalice, el personal volverá a trabajar”.

Esta adecuación hidráulica está prácticamente culminada, ya que el alvance antes de la suspensión era del 85 por ciento.



Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.