Desde muy pequeña, el corazón de María Adelaida Aristizábal, conocida como Malala, empezó a latir por los pequeños animales de cuatro patas que corrían de un lugar a otro por la finca de su familia.

Años después, cuando creció, ese amor por los caninos se mantuvo intacto, por lo que decidió materializarlo a través de acciones en favor de estos animales. Hizo así voluntariados, donaciones e incluso apadrinó a un perrito.

Sin embargo, sentía que todavía no había hecho suficiente, que podía y debía hacer más. Así, a principios de 2017, tomó la decisión de desarrollar una iniciativa propia para dar solución a una problemática de la que había sido testigo y que no la dejaba tranquila.

“Yo trabajaba en Tocancipá y vivía en Chía, pero siempre veía a los perritos atropellados en el trayecto. Cada vez que pasaba me preguntaba: qué puedo hacer por ellos. Me la pasaba pensando en una solución”, describe.

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Una noche, Malala salió tarde de su lugar de trabajo y se topó con la idea que buscaba. “En la carretera es muy oscuro. Me acuerdo que había unas personas intentando cruzar al otro lado y solo las vi cuando ya las tenía muy cerca. Pasa igual con los perritos, que es aún más difícil identificarlos. Más adelante, me topé con unos objetos reflectivos, no sabía qué eran pero ya estaba preparada para toparme con lo que fuera. Cuando estuve cerca me di cuenta de que se trataba de unos trabajadores de una fábrica que tenían unas bandas reflectivas en el pantalón”, cuenta.

Y así, se ingenió unos collares reflectivos para los caninos. “Las personas pueden ver a una distancia mayor que en el camino hay algo, puede que al principio no distingan que se trata de un perro, pero si ven que hay algo pueden bajar la velocidad hasta toparse con ellos”, explica.

Malala, que es ingeniera química, empezó a investigar, a buscar los materiales y a cotizarlos para materializar su idea. Luego de semanas de esfuerzo, finalmente en junio de 2017 pudo hacer realidad los primeros 100 collares, con una inversión propia de 600 mil. 

Arca Luminosa busca la realidad de miles de animales callejeros en Colombia con estos "collares de vida". Foto: cortesía Arca Luminosa.

“Estos eran verde neón, con una barra reflectiva en el centro, y con la palabra ‘adóptame’. Yo salía del trabajo, me iba despacito y a penas veía un perro le daba comida y le ponía el collar”, cuenta.

Malala explica que los collares son una iniciativa complementaria a todo el trabajo que hacen los refugios, los albergues y las entidades distritales, pues “el tamaño de la problemática es mucho más grande de la capacidad de solucionarla, ya que son muchos los perritos que se encuentran en situación de calle”.

Luego de un tiempo, se animó a hacer la primera jornada para poner collares, de la mano de voluntarios, en Chía. A esta le siguieron una jornada en el Codito y otra en Soacha.

“Empecé a conocer gente. Fueron a una jornada, se enamoraron, empezaron a volver y a volver. Ahora contamos con voluntarios muy firmes”, dice.

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Se trata de dos grupos diferentes de colaboradores. El primero está conformado por los que a diario cumplen algún rol dentro de la fundación. Hay coordinadores de las redes sociales y de creación de contenido, un líder de voluntarios y otro de hogares de paso, además de líderes creativos y del proceso de adopción, que es el equipo más robusto.

El otro grupo se trata de los voluntarios que se animan a participar en las diferentes jornadas que hace la fundación. Son unas 500 personas.

Los cimientos de la fundación son tres pilares básicos: la visualización de los perros callejeros, el rescate, la rehabilitación y la adopción, así como las jornadas de esterilización.

Sobre el primero, que fue el que le dio origen a Arca Luminosa, Malala comenta que fabricaron una versión más avanzada del collar que cuenta con una banda reflectiva de dos pulgadas, la cual visibiliza mucho más a los caninos. Estos también contienen una frase, que resulta aún más contundente: "No estoy perdido, busco un hogar".

Esta fue pensada para derretir corazones. “Si tú lo lees te enteras de que es un perrito sin hogar y puede que decidas llevártelo a casa. Tenemos registro de unas 30 adopciones así. Sabemos que son más, pero pues muchos no se comunican con nosotros”, dice.

El segundo pilar inició en 2018, durante las jornadas en las que ponían los collares a los caninos ya que se dieron cuenta que habían animales que estaban en graves condiciones y que no daban espera. “Nos encontramos con perritas en embarazo, otros atropellados, con tumores. En fin, eran casos de una vulnerabilidad diferente”, describe.

“Las personas pueden ver a una distancia mayor que en el camino hay algo, puede que al principio no distingan que se trata de un perro, pero si ven que hay algo, pueden bajar la velocidad hasta toparse con ellos”, explica Malala. Foto: cortesía Arca Luminosa. 

“Para rescatar no se necesita un gran refugio, un gran albergue. Para mí el modelo de los hogares de paso es fantástico pues permite que ellos tengan ese contacto con el humano y se acostumbren a vivir en el hogar”, explica.

Otra de las ventajas de este modelo es que muchas de las personas que se ofrecen como hogares de paso terminan enamorándose de los animales y los adoptan. “Ha sido fantástico, hemos trabajado con más de 80 familias y hemos rescatado a unos 218 animales en un periodo de dos años y medio”.

Un rescate normal, de acuerdo con la ingeniera, puede costar más o menos un millón de pesos, dentro de los que se incluyen los exámenes médicos, la esterilización y la alimentación. “Cada vez que hacemos un rescate, publicamos cuántos padrinos necesita el animalito. Cada persona puede donar lo que quiera”, cuenta.

Para empezar con el proceso de adopción de alguno de los animales rescatados, la fundación pide rellenar un formulario que ofrece en su página web.

“La gente cree que los procesos de adopción con las fundaciones son difíciles y engorrosos, pero la realidad es que hacen parte del proceso responsable que llevamos. Para nosotros, adoptar es un compromiso porque es una vida que va a depender de ti. El formulario que les pedimos llenar a las familias es para conocer más de ellos y revisar qué animalito puede ajustarse más a su forma de vida”, dice.

Finalmente, el último pilar es el de las esterilizaciones, pues el equipo de Arca, en medio de los rescates, se dio cuenta que para tener un impacto real a largo plazo había que empezar a realizar estos procesos.

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Con las esterilizaciones de perros y gatos, de acuerdo con Malala, se mejoran las condiciones de salud de los animales, se disminuye la propagación de enfermedades sexuales y se disminuye la curva de reproducción descontrolada de animales en zonas de alta vulnerabilidad.

“Si tu miras un mapa del norte de Bogotá, parece que no hay perros callejeros, pero en todo lo que es el sur, el centro y en Suba hay un montón. También en Usme, Soacha y Ciudad Bolívar”, describe.

Estas jornadas son gratuitas y la fundación hace un seguimiento a los cuidados postoperatorios. Desde 2019, han realizado unas 1.475 esterilizaciones en total y han invertido más de 75 millones en ellas, dinero que ha sido donado por las personas que se han interesado.

La historia detrás de estos procesos tiene que ver con una situación que afectó e impactó profundamente a Malala.

“Un día en la noche, nos escribieron unas niñas diciéndonos que escuchaban un perrito llorando en la basura. Nos movilizamos inmediatamente y nos encontramos con una perrita, de unos siete meses, cuya pierna había sido cercenada. Entró a cirugía de emergencia. Incluso los veterinarios decían que nunca habían visto algo por el estilo”, contó.

Valkyria, como fue nombrada en la fundación, salió de cirugía. Sin embargo, su herida estaba muy infectada y no pudo salvarse porque la habían botado a la basura.

En la imagen Valkyria. Foto: cortesía Arca Luminosa. 

Luego de esta situación, el equipo veterinario decidió hacerle una donación a Arca Luminosa por todos los gastos con Valkyria que eran más o menos unos dos millones. “A partir de entonces creamos las Jornadas Valkyria, de esterilización. La primera fue con esa donación. Esterilizar es la única forma para no ver nunca más a un animal siendo víctima de algo tan cruel”, dice.