La manipulación del ser humano con la fauna silvestre deja secuelas imborrables. Cuando una cría es tocada por alguna persona, la madre puede rechazarla de tajo sólo al percibir el olor del hombre, dejándola así a la deriva de depredadores. Las especies que son capturadas para vivir en cautiverio, olvidan sus instintos salvajes y adoptan comportamientos similares a los de una mascota.

Así le ocurrió a un cachorro yaguarundí encontrado por la comunidad merodeando por un cañaduzal de un ingenio ubicado en el municipio de Tuluá, que fue rescatado por expertos de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC). A diferencia de todos los felinos silvestres, que huyen cuando notan la presencia humana, el ejemplar no opuso resistencia alguna para dejar manipularse de los funcionarios de la entidad ambiental.

El felino fue encontado en un cañaduzal de Tuluá. Foto: CVC.

El macho de 670 gramos de peso fue llevado al centro de atención y valoración de fauna silvestre de la CVC en Palmira, donde veterinarios y zootecnistas confirmaron la teoría de que estaba prácticamente domesticado. “El felino no manifestó ningún disconfort en la manipulación y estaba cómodo ante la presencia de los humanos, señales que evidencian una alta improntación por el cuidado a cargo de personas durante un tiempo considerable”, dijo la CVC.

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Esa relación de confianza con las personas hacen pensar a la autoridad ambiental que el cachorro no permaneció mucho tiempo junto a su madre, es decir que fue extraído de su madriguera a una corta edad, tal vez a los pocos días de nacido. El parte positivo es que el felino cuenta con una condición física normal y acorde con su estado de desarrollo biológico.

Expertos evidenciaron varios parásitos al interior del cuerpo del felino. Foto: CVC.

Sin embargo, los exámenes paraclínicos preocuparon a los expertos. El interior de su cuerpo contaba con parásitos de la especie Toxocara sp., unos gusanos cilíndricos de extremos puntiagudos que pueden generar problemas gastrointestinales si no son controlados. 

Este parásito puede ser transmitido a los humanos, alojarse en el hígado y muchas veces pasar por el torrente sanguíneo hasta llegar a otros órganos como los ojos y los pulmones. La prevalencia de éste en los niños latinoamericanos es alta y puede causar desórdenes del sueño, pérdida del apetito y de peso, dolores abdominales, entre otros síntomas”, indicó la CVC.

El proceso de rehabilitación del felino será complicado por su alto grado de domesticación. Foto: CVC.

El cachorro yaguarundí se encuentra estable. Los parásitos fueron controlados y su peso ha aumentado considerablemente, alcanzado casi un kilogramo. Pero debido a su alto grado de domesticación por parte de sus captores, el retorno al hábitat natural, las zonas boscosas del Valle del Cauca, aún es incierto.

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Pondremos en marcha un proceso de rehabilitación en cautiverio, que incluye enseñarle a cazar para que pueda alimentarse por sus propios medios y buscar alimento. Le insistimos a la comunidad que los animales silvestres deben permanecer en sus hábitats naturales, toda vez que éstos aprenden comportamientos propios de sus especies para que puedan criar a sus cachorros adecuadamente”, puntualizó la entidad.

Este yaguarundí tiene comportamientos similares al de un gato doméstico. Foto: CVC. 

El yaguarundí, también llamado gato moro, es una especie que en el mundo solo habita en las zonas boscosas de centro y Sudamérica. En edad adulta alcanza a medir hasta 83 centímetros de largo y pesar 6,5 kilogramos. 

Es confundido con el puma, pero se diferencia por un menor tamaño, unas orejas más pequeñas y alargadas, patas cortas y colores variados en el pelaje, como rojizos, negros y grises. El yaguarundí no cuenta con manchas en su cuerpo y se alimenta de pequeños mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces.