Más allá de ubicar canecas con bolsas de colores por todos los rincones del colegio para que los niños depositen las basuras, los Proyectos Ambientales Escolares (Prae) deben construirse en modelos transformadores de comportamientos y espacios generadores de conciencia ambiental. 

Así lo considera Luis Camargo, director de la Organización para la Educación y Protección Ambiental (OpEPA), quien cree que si los Prae se articulan e integran bien pueden constituirse en una herramienta muy buena para los colegios, en pro del planeta.  
"Desafortunadamente estos programas se han implementado más como una obligación, por lo que terminan siendo proyectos de aula, poco profundos y no logran transversalizar el tema ambiental en todo el colegio. Se convierten más en iniciativas de reciclaje, concursos o huertas, es decir, en procesos muy puntuales que carecen de alcance porque sobre estos prima la ley del menor esfuerzo", agrega.

Por medio de una huerta escolar urbana en el Colegio Distrital Rodrigo de Triana de Bogotá enseñan a los niños a proteger el medio amebiente. Foto:Diana Rey/Semana 
El experto cree que los Prae podrían implementarse de una manera más potente y efectiva, pero para eso - según él - es necesario que desde los colegios haya una filosofía educativa clara en cuanto al rol del tema ambiental.

Jimmy García Caicedo, director Escuela de Robótica de Chocó, por su parte, considera que la principal falencia de este tipo de programas es que son impuestos en las instituciones educativas. "Deberían ser, por el contrario, una iniciativa propia de los colegios por generar pedagogía en torno al cuidado y preservación del medioambiente. Se hacen más por cumplir con el Ministerio de Educación, ya que no salen del corazón de la institución", apunta.

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Para García, cuando a un profesor le imponen una tarea, los resultados esperados tienden a no darse. "Estos son programas necesarios, teniendo en cuenta que los proyectos que se generan en torno a la preservación del medio ambiente en los colegios marcan una hoja de ruta, una incidencia que se esperaría sobrepase el entorno educativo, es decir, la institución y lleguen a las familias, el barrio y, por último, la ciudad", agrega.
En la mayoría de colegios del país las directivas no le dan a los Prae la relevancia que merecen, por lo que simplemente quedan convertidos en pequeños proyectos de aula. Foto: Archivo Semana.

Kelly Córdoba García, estudiante de séptimo grado, cree que el mundo gira alrededor del ambiente y por eso la educación ambiental se debe convertir en un factor fundamental para aprender a mitigar los impactos que generan los humanos. "Los Praes no están siendo bien implementados en los colegios porque no comprometen todas las materias. De esos grupos, además, hacen parte solo unos pocos estudiantes, los cuales se encuentran muy aislados por la mismas políticas de las directivas", explica.  

Juan Sebastián Gómez Pabón, personero del Colegio Bilingüe Richmond, asegura que la razón por la cual se crean los Prae es para generar una cultura ambiental dentro de los colegios, pero eso -según el estudiante- poco se cumple. "La idea es que los alumnos, profesores y directivas vayan en la misma dirección y entiendan las problemáticas del medioambiente para, de esta forma, poder reducir nuestra huella en el planeta. Lo más importante es que el conocimiento no solo se quede en las aulas y entre los estudiantes, sino que se pueda replicar en las casas", asevera. 

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Así las cosas, en un momento tan trascendental para el planeta es fundamental que los Praes asuman un rol mucho más protagónico y cumplan a cabalidad su objetivo. Es necesario que los colegios los implementen articuladamente y que el Ministerio de Educación sea mucho más estricto en su control. 

Sin embargo, no todo es negativo, también hay casos exitosos de planteles que han logrado transversalizar el tema ambiental en sus proyectos educativos institucionales (PEI). 

En el Richmond compensan su huella de carbono

Fabiana Barrero hace parte del Comité Ambiental de Colegio Bilingüe Richmond de Bogotá. Foto: Mauricio Ochoa Suárez/Semana. 

En su pequeña libreta, Fabiana Barrero apunta con detenimiento la explicación del profesor. Ni las pequeñas y constantes gotas de lluvia que caen sobre las hojas color hueso de su cuadernillo y complican la escritura, le impiden a esta joven estudiante de grado quinto apuntar con su lápiz qué son los líquenes y por qué son importantes para los ecosistemas de páramo.  

"Yo traje un cuaderno chiquito porque siempre quiero estar lista por si nos piden que tomemos apuntes", indica la menor, quien pese al intenso frío no deja de sorprenderse mientras camina por el páramo La Cuchilla, en jurisdicción del municipio de Villapinzón. 

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A cada paso, su curiosidad aumenta, así como la de los más de 20 estudiantes que integran el Comité Ambiental de Colegio Bilingüe Richmond, institución que, a partir de la siembra de árboles en ese ecosistema estratégico, mitiga la huella de carbono que genera cada año, y a la par ofrece una educación ambiental integral a sus estudiantes, desde la experiencia: saliendo de las aulas a terreno. 

La Fundación Al Verde Vivo se encuentra en el proceso de restauración ecológica de varias canteras que existían al interior de los páramos Las Cuchillas y Guacheneque, a partir de un programa con el que impulsan los Praes. Foto: Mauricio Ochoa Suárez/Semana.

"Medimos la huella de carbono de 2018 con la ayuda de la Fundación Al Verde Vivo y para compensar esa contaminación que producimos en nuestro diario vivir decidimos sembrar los árboles para mitigar ese impacto", señala Adalberto Loaiza, rector del colegio.

El directivo explica que decidieron firmar un convenio con esa fundación para que los estudiantes aprendan en terreno de qué se tratan fenómenos como la erosión, la escorrentía, las curtiembres y conozcan la importancia ecosistémica de lugares como los páramos.

"En el páramo de Las Cuchillas, sector Rabanal, la Fundación desarrolla una importante labor de restauración y decidimos unirnos a ese esfuerzo, ya que no se trata sembrar árboles donde primero se nos ocurra, la idea es que sean sostenibles en el tiempo", apunta el rector, quien dice, también, que en esta iniciativa participan jóvenes desde los 11 hasta los 17 años de primaria y bachillerato. Cada curso aborda un tema y lo desarrolla", dice.

Con la siembra de 700 plantas y arbustos el Colegio Bilingüe Richmond busca mitigar su huella de carbono. Ya fueron sembrados 126 en el páramo de Las Cuchillas. Foto: Mauricio Ochoa Suárez/Semana. 

Según el resultado entregado por la Fundación Al Verde Vivo, para mitigar el impacto que genera el Colegio Bilingüe Richmond por cuenta, especialmente, de los vehículos de transporte que utilizan, se deben sembrar entre 400 y 700 árboles. 

"Nosotros queremos crear conciencia ambiental en los niños, forjarlos como líderes para que lo que ellos aprendan, puedan transmitirlo después a los demás estudiantes en el colegio y en los hogares, y así generar prácticas verdes", manifesta Cristian Guillermo González Torres, profesor de biología de esa institución educativa, quien mencionó que esa era la primera vez que muchos alumnos asistían este tipo de ecosistemas. 

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"La idea era que ellos vieran las funciones ecosistémicas de los páramos, la importancia de los mismos, los organismos asociados y los impactos que los amenazan con el fin de que generen posibles soluciones a lo que está sucediendo", dice.

Según el docente, el objetivo principal es que el grupo Prae se articule mejor con el currículo del colegio. "La meta es hacerlo más visible porque normalmente estos comités son cosiderados como islas apartes en los colegios. Queremos darle mucho más valor", recalca. 

Especies nativas del páramo Las Cuchillas fueron sembradas por los estudiantes del Richmond en el sector Rabanal. Foto: Mauricio Ochoa Suárez/Semana. 

Fernando Vásquez, director general de la Fundación al Verde Vivo, informa que diseñaron un programa a través del cual buscan impulsar los Praes y darle un mayor dinamismo al que le da el Estado.  

Como metodología fue creada una ficha de investigación científica para los distintos cursos, basada en la observación. La idea es que las investigaciones vayan siendo heredadas a los cursos que los anteceden. 

"Nosotros les estamos entregando a estos muchachos un planeta desbaratado y tenemos la obligación moral de darles herramientas para que aprendan a enfrentar las dificultades que van a tener a futuro, las cuales van a ser muy fuertes: sequía, hambruna, pérdida de biodiversidad. Es algo alarmante", manifesta. 

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Vásquez señala que para mitigar la huella de cabono serán sembradas plantas pequeñas como puyas, reventadera, lupinus, así como arbustos como siete cueros, tibouchina y raque. "Cultivaremos esas especies porque son nativas de ese páramo y no queremos introducir otras que puedan afectar el ecosistema. Las siembras se harán en canteras que habían sido abiertas para la extracción de materiales como recebo, las cuales se encuentran ubicadas en los ocho predios que nos fueron donados a la fundación y que suman 140 hectáreas en total", comenta el director de la Fundación al Verde Vivo, entidad que lleva más de 25 años trabajando en la recuperación de la cuenca alta del río Bogotá.