Durante la temporada seca de este año, el departamento del Magdalena ha sido una de las mayores víctimas de las llamas. Desde enero, con la intensificación de la temporada seca, este territorio del Caribe ha tenido 36 incendios forestales, de los cuales 18 abarcaron zonas de la Sierra Nevada de Santa Marta, uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta.

Según un informe de la Gobernación del Magdalena y el Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres, conocido por SEMANA SOSTENIBLE, los fuegos registrados en la Sierra Nevada han afectado más de 950 hectáreas de vegetación nativa en lo corrido del año, una hecatombe ambiental que tiene en riesgo a los cuatro pueblos indígenas que allí habitan: arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo, y a las cerca de mil especies de animales identificadas.

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Desde el pasado viernes, un incendio en los sectores de Tigrera y Don Jaca, que hacen parte del corregimiento de Minca en Santa Marta, en inmediaciones de la Sierra Nevada, no quiere ceder. El trabajo mancomunado de varias entidades del orden nacional y local no ha sido suficiente para poner fin a las voraces llamas. Ni siquiera el agua arrojada por los helicópteros de las fuerzas militares ha puesto fin a la candela.

Carlos Eduardo Caicedo, gobernador del Magdalena, aseguró que este incendio de cinco días ya suma aproximadamente 300 hectáreas de vegetación nativa. “Para controlar y lograr extinguir las llamas, trabajan más de 70 hombres de los cuerpos de bomberos, Policía, Ejército Nacional, Defensa Civil y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo”. 

Las llamas en la Sierra Nevada no han encontrado rival que las detenga. Foto: Gobernación del Magdalena. 

La velocidad con la que las llamas consumen la vegetación tiene con temor al pueblo arhuaco de la Sierra Nevada. Danilo Villafañe, gobernador encargado del cabildo arhuaco del Magdalena y La Guajira, afirma que aunque por ahora al territorio ancestral de los indígenas no han llegado los incendios, las prácticas agrícolas de la comunidad, las altas temperaturas y los fuertes vientos, juegan en su contra.

“Es una vergüenza que dentro de la Sierra Nevada, nuestro territorio ancestral, se presenten incendios. Lo peor es que la mayoría son desatados por una práctica tradicional de los campesinos e indígenas del lugar: talar y luego quemar para sembrar. Esa cultura de tumba y quema es fatal para el ecosistema. Cualquier chispa, ayudada por las altas temperaturas y la resequedad tan fuerte del suelo, es un peligro latente para la Sierra. Lo que más nos afana es que si los incendios de Tigrera y Don Jaca no llegan a su fin, las llamas lleguen al cabildo, lo que sería una tragedia en épocas del coronavirus”, afirma Villafañe.

Por ahora, el líder indígena no tiene conocimiento de focos o incendios forestales dentro de su comunidad. Pero la situación actual de la Sierra Nevada siembra preocupación entre sus habitantes. “Al pueblo arhuaco no han llegado las llamas. Esto se debe a que la gente vive más que todo cerca a los caños y no en las partes donde la tierra es más seca. Pero el fuego cambia demasiado rápido, hoy es una cosa y mañana será otra. Es una zozobra que se repite cada año en la época seca”.

Los arhuacos de la Sierra temen que el fuego llegue a sus territorios ancestrales. Foto: cortesía ISA.

Ante la denuncia revelada hoy por SEMANA sobre el desplazamiento de por lo menos 30 familias indígenas de Dibulla (La Guajira) hacia la parte alta de la Sierra por miedo a no ser alcanzados por los incendios, Villafañe afirma que su pueblo arhuaco haría lo mismo. 

Hoy, por el tema del coronavirus, todos estamos encerrados en nuestras casas. Si las llamas llegan cerca al resguardo, la gente se desmovilizaría y saldría a apagar como sea los incendios, como ocurrió el año pasado cuando cerca de 600 personas intentaron poner fin a las llamas. Los incendios siempre nos preocupan durante esta época del año”.

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Para Villafañe, poner fin al dantesco panorama que hoy gobierna a la Sierra Nevada, requiere de erradicar de tajo la tala y quema en el territorio. “La gente no ha captado que esa práctica no hace más sino causar tragedias. Y eso involucra tanto a campesinos como indígenas. Antes usaban guardarayas, pero eso no controla nada. El fuego las traspasa y con cualquier brisa que se lleve unas cuantas hojas, se desata una tragedia”.

Incendio antiguo en la comunidad Séynimin, perteneciente al Pueblo Arhuaco. Foto: Comisión Nacional de Territorios Indígenas.

Villafañe se ha comunicado a diario con entidades como la Policía, Ministerio del Interior, Presidencia y gobernaciones para monitorear cómo van los incendios. “Como todos estamos encerrados por el coronavirus, toca por teléfono. Me afana que muchos indígenas no tienen cobertura y no podrían avisar si ven cercanas las llamas. Por eso insisto en comunicarme con todas las entidades. No he podido hablar con Luis Eduardo Malo, fiscal de la comunidad wiwa que denunció el desplazamiento, para ver en qué lo puedo ayudar. No me contesta”.

Además del riesgo latente de la comunidad por el fuego, al gobernador encargado del cabildo arhuaco del Magdalena y La Guajira también le preocupan los ecosistemas que podrían verse afectados. “El fuego se propaga tan rápido que podría llegar a las partes más altas y quemar los frailejones y la vegetación de las zonas de neblina”. 

Concluye con una exigencia puntual para los más de 60.000 indígenas arhuacos, wiwas, koguis y kankuamos y cerca de 400.000 campesinos que habitan en la Sierra. “Lo que debemos hacer es dejar de quemar para sembrar. El llamado urgente es a erradicar las quemas de nuestro territorio. Es muy doloroso y vergonzoso que después de tanto cuidar y proteger la montaña, llegue el fuego y en pocos minutos acabe con todo. Eso es una irresponsabilidad”.

¿Y los culpables?

El informe de la Gobernación del Magdalena y el Consejo Departamental de Gestión del Riesgo afirma que la mayoría de los incendios han sido provocados por quemas en predios privados.

Esto con la intención de ampliar la frontera agrícola o realizar ocupaciones ilegales de terrenos. Las llamas se salen de control debido a los fuertes vientos y son propagadas fácilmente por la sequedad de la vegetación”, cita el documento. 

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Según el gobernador del Magdalena, ante la grave calamidad que hoy padece la Sierra Nevada y el departamento por los incendios forestales, propuso la creación de un grupo élite ambiental integrado por la Policía y la Fiscalía. “El fin es lograr judicializar a los responsables de estos incendios”.

El fuego tiene en aprietos a uno de los ecosistemas más importantes de Colombia: la Sierra Nevada de Santa Marta. Foto: Bomberos de Santa Marta.

Caicedo denunció la falta de capacidad que hay que en el departamento para atender acciones como los incendios. “Apenas 13 de los 29 municipios del Magdalena cuentan con cuerpo de bomberos voluntarios, de los cuales solo 10 tienen la capacidad operativa para hacerle frente a los incendios. Este requerimiento urgente ya se presentó en la sesión extraordinaria del Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres”. 

Voraz balance

El gobernador informó que marzo, mes que coincidió con el inicio de la pandemia en Colombia, ha sido el más crítico en cuanto a incendios en el departamento. 

Además de la Sierra Nevada, los llamas han afectado a los municipios de Ciénaga (sector de San Pedro, Jolonura, el Mico, El Marañon y Palmor), Fundación (El Aserradero), Aracataca (Cerro Azul y finca Las palmeras) y Zona Bananera (cerro de Santa Rosalía).

“De acuerdo con la georeferenciación, estos incendios se han generado en la parte baja e intermedia, afectando principalmente vegetación de ecosistemas subxerofíticos o semisecos. En los incendios de comienzos de año, en Isla Salamanca, Santa Ana y Pijiño del Carmen, identificamos que detrás de esas quemas existen otros móviles criminales, como la invasión de terrenos y el robo de madera incluso para el narcotráfico”, revela el informe.

Por aire y tierra intentan sofocar los incendios en la Sierra Nevada. Foto: cuerpo de bomberos de Santa Marta.

El incendio activo en Tigrera y Don Jaca no ha encontrado rival que lo apacigue. Ni las descargas aéreas que iniciaron desde el domingo 29 de marzo o las operaciones por tierra, han controlado el incendio. “Estos incendios en la Sierra evidencian los efectos del cambio climático y la ausencia de medidas drásticas para adaptar el territorio a este fenómeno global”, dijo Caicedo. 

A esta tragedia se suma otra en el corregimiento de Siberia en Ciénaga, donde 15 unidades de bomberos y ocho brigadistas trabajan desde hace dos días. “Las llamas han afectado más de 200 hectáreas. De acuerdo con el último reporte de los bomberos, el fuego avanza hacia zonas habitadas. Ya nos confirmaron la llegada de helicópteros para el control de este incendio”, apunta el gobernador.