El material particulado PM 2.5 y PM 10, son partículas muy pequeñas, que permanecen en el aire durante mucho tiempo, incidiendo negativamente en las enfermedades respiratorias agudas de la población.

Las partículas de PM2.5 son más desfavorables a la salud que las de PM10, ya que además de ser respirables, llegan fácilmente a los pulmones y pasan luego al torrente sanguíneo. El PM2.5 es 1.000 veces más pequeña que la cabeza de un alfiler.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha estimado que existe una estrecha relación cuantitativa entre la exposición a altas concentraciones de pequeñas partículas (PM10 y PM2.5) y el aumento de la mortalidad o morbilidad a mediano y a largo plazo. Para la OMS, el PM2.5 no debería superar 10 pg⁄m3 (partículas microgramos por metro cúbico) en un tiempo de exposición anual, porque esto agravaría las enfermedades respiratorias agudas (ERA). 

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Según estudios epidemiológicos de Estados Unidos existe un riesgo de aumento de mortalidad entre un 2% y un 6%, por cada aumento de 10 pg⁄m3 en las concentraciones diarias y anuales de PM2.5, respectivamente. 

Un reciente estudio de investigación denominado ‘Cuantificación física y económica del impacto de la contaminación atmosférica en la salud de la población de Medellín‘, realizado entre 2017 y 2018 por la Contraloría General de Medellín, el Centro de Investigación, Estudios y Análisis (CEA), la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín y el Instituto Estudios Ambientales, con el propósito de evaluar los costos ambientales, señaló, entre otras cosas, que la emisión total de PM2.5 -material particulado fino- en el Valle de Aburrá eran de 1.230 toneladas por año, provenientes de las fuentes móviles y fijas, las cuales tienen una participación del 70% y 30%, respectivamente.

"En los municipios de Antioquia no se dispone de esta información, razón por la cual no se conoce qué tanto pudiera estar afectando la salud de la población, pues no existen registros confiables que den cuenta de la magnitud del problema", indicó el estudio. 

El informe también indicó que el total de casos de ERA atendidos en los tres servicios (consulta externa, hospitalización y urgencias), ocurridos durante el periodo del 2011 al 2016 fue de 3.642.809, es decir, 607.134 casos promedio año. Así mismo determinó que el número de muertes por esta enfermedad en las comunas de Medellín entre 2012 y 2016 serían de 7.285. 

La cuantificación económica de la contaminación atmosférica en la salud de la población de Medellín se calculó usando el Valor Estadístico de la Vida (VSL) para Colombia, en el rango de US$1,55 y US$2,06 millones de dólares del año 2015. Para tal tin solo se tuvieron en cuenta los valores entre 1.000 y 2.000 muertes anuales.

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Para el caso de 1.000 muertes, el costo de la contaminación atmosférica está entre los US$1.550 y US$2.060 millones de dólares para el año 2015, partiendo de que el peso colombiano para ese entonces estaba en $2.743. Esto indicaría que el costo total sería de entre 4.2 y 5.6 billones de pesos anualmente. En el caso de 2.000 muertes el costo de la contaminación atmosférica está en el rango US$3.100 y US$4.120 millones de dólares para el año 2015.

Las anteriores cifras no dejan de ser alarmantes, más cuando no están trazando el costo de la contaminación en la infraestructura construida -fachadas-, monumentos, vehículos y zonas verdes.

En razón a lo anterior, se debe superar los obstáculos para realizar los planes de descontaminación atmosférica en el Valle de Aburrá y de Antioquia, partiendo de reconocer la existencia del problema, mejorando la captura de registro de contaminantes, así como la movilidad y el parque automotor, la salud, la percepción sobre el riesgo que enfrentan las personas por contaminación y la rutina diaria de las personas para evaluar su exposición a la contaminación.

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Esta información debería acopiarse de manera más integral y sistémica. Una adecuada gestión ambiental debería centrarse en la reducción de muertes asociadas a la exposición a la contaminación atmosférica, formulando e implementando todas las herramientas que sean necesarias en los sectores de transporte, industria, energía, ambiente, vivienda y salud, y con una mayor articulación entre la Nación y los territorios para modernizar el parque automotor mediante la incorporación de tecnologías limpias y la desintegración de vehículos contaminantes, al igual que continuar mejorando la calidad de la gasolina y el diésel.

También se deben implementar herramientas para mejorar la movilidad en las ciudades mediante el uso de etiquetas en los vehículos de acuerdo con su tecnología, reducir la evasión de las revisiones técnico-mecánicas, fomentar la reconversión tecnológica y la innovación en la industria, y mejorar el procedimiento de acceso a incentivos tributarios para la adquisición de tecnologías menos contaminantes y sistemas de control de emisiones, así como otros mecanismos de financiación.

Adicionalmente, es necesario aumentar la implementación de planes de prevención, reducción y control de la contaminación del aire y fortalecer la generación de información de emisiones y calidad del aire.