El canto de las aves y el sonido del viento hacen eco en los muros de la Serranía de La Lindosa, en San José del Guaviare: una cadena de cerros con pictogramas de más de 12.000 años de antigüedad tallados por los pueblos indígenas ya extintos.

Pero, desde hace un tiempo, ese sonido que ha sido el mismo por miles de años, lo interrumpe el ensordecedor ruido de las motosierras que sale de entre los tupidos bosques.

Sin importar si hay lluvia o sequía, esta “canción macabra” la escuchan a diario los habitantes de la vereda de Nuevo Tolima, que lleva el mismo nombre de uno de los cerros de La Lindosa.

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Aquí, su paisaje se combina con miles de figuras rojizas de dantas, tortugas, boas, flechas y canastos pintadas en las rocas del cerro. Pero también, con una panorámica desoladora de retazos de lotes y cementerios de árboles de más de 30 metros y mordiscos de selva que marchan hacia La Macarena y Chiribiquete, las dos áreas protegidas más cercanas, ubicadas a escasos 5 kilómetros la primera y 15, la segunda.

Y si bien eso sería suficiente para alarmarse, a 10 kilómetros de La Lindosa, rumbo a San José del Guaviare, y desde el aire, las profundas cicatrices de la deforestación en la denominada Reserva Forestal de la Amazonia son aún más devastadoras, pero con un nuevo agravante: parcelas lineales de palma africana.

Un sobrevuelo de 600 kilómetros por terrenos selváticos en Guaviare y Meta evidenció el hecho hace pocos días. Fue realizado por la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS) y la Gran Alianza contra la Deforestación de SEMANA, el gobierno de Noruega y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS).

Denuncia de Fedepalma

Estas palmas, de acuerdo con Rodrigo Botero, Director de la FCDS, tienen antecedentes de procesos de deforestación para la siembra. De hecho, los sobrevuelos de este año muestran que han ganado más terreno en territorios como las sabanas de la Fuga y al borde de los bosques del Resguardo Nukak en el Guaviare.

“Ese fenómeno es preocupante porque tiene una capacidad enorme de transformación del territorio y evidencia malas prácticas ambientales como las que se observan  en la parte sur del Meta. Esta acumulación de tierras generará nuevos procesos de movilización de población colona al interior de las zonas forestales, ya sean resguardos, reserva forestal o áreas protegidas”, apuntó Botero.

Reciente sobrevuelo por terrenos selváticos del Guaviare y Meta evidenció imponentes cultivos de palma africana en la denominada Reserva Forestal de la Amazonia. Fedepalma aseguró que ya denunció los hallazgos. Crédito: Rodrigo Botero, FCDS

Complementó que estas prácticas, además de encontrarse en una reserva forestal y ampliar la frontera agropecuaria, nos son deseables según la legislación ambiental vigente, y evidencian un comportamiento ambiental con diferentes niveles de problemáticas.

Fedepalma, por su parte, manifestó, a través de un comunicado de prensa, que ha encontrado evidencias de áreas con deforestación de bosques naturales en Meta y Guaviare, así como actividades productivas en zonas de exclusión legal tales como áreas de reservas naturales, forestales e indígenas: un trabajo de monitoreo adelantado junto con el MADS, el Ideam y la FCDS.

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Sin embargo, el comunicado aclaró que este tipo de sucesos no representa la producción de aceite de palma con prácticas sostenibles que por décadas ha caracterizado al sector palmero, ya que para la Federación la agroindustria de la palma de aceite en Colombia realiza un trabajo riguroso de seguimiento en materia ambiental.

“Estos hechos ya fueron denunciados ante las autoridades. Deforestar o cultivar palma en zonas no permitidas va en contravía de las políticas y los objetivos de la palmicultura colombiana enfocada al desarrollo sostenible”, dijo Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma, en el comunicado. Mesa rechazó la ejecución de este tipo de prácticas y aseguró que seguirá en la denuncia de actividades que atenten contra el patrimonio natural.

Deforestación antes de tiempo

Un parche de 200 hectáreas en el sector norte recién ampliado del Parque Nacional  Chiribiquete estaba siendo tumbado en el momento del sobrevuelo. Para Botero, este punto no tenía antecedentes previos de colonización.

El nuevo hallazgo, que pasa a engrosar los cinco potreros abiertos de más de 900 hectáreas encontrados a mediados de octubre en el sector suroccidental de Chiribiquete, tiene que ver con un proceso invasivo a gran escala llevado a cabo hace menos de 15 días.

Un nuevo parche de más de 200 hectáreas en el sector norte del Parque Nacional  Chiribiquete fue evidenciado por SEMANA y la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible en un reciente sobrevuelo.

En el sitio no había viviendas, campesinos, vacas o carreteras, lo que indica que fue talado por especuladores ajenos a la región.

“Lo más grave es que está en la mitad de la zona de conectividad biológica entre Chiribiquete y La Macarena, lo que genera una mayor presión sobre la fauna local, como felinos, dantas, churucos y cerrillos, especies claves en la dispersión que permiten un flujo genético entre estos ecosistemas”, indicó el Director de la FCDS.

En La Macarena, el parque más deforestado en 2017 con 3.576 hectáreas, el sobrevuelo halló parches con árboles de mediano y bajo porte recién tumbados, una actividad conocida como “socolar”, y algunos ya quemados hace menos de un mes, acciones que normalmente inician a mediados de diciembre, en época de sequía.

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Esto evidencia una aceleración en la presión sobre el parque, y que cuando llegue el verano, ya habrá parches deforestados, calcinados y hasta con nuevos pastos. “La deforestación ya no es estacional y a pequeña escala, sino sostenida y a grandes dimensiones. El acaparamiento de tierras en zonas críticas genera las mayores presiones tanto en áreas protegidas como La Macarena y Chiribiquete, como en terrenos alrededor de estas zonas de transición en el borde de colonización”, apuntó Botero.

Chiribiquete es la más reciente víctima de la deforestación en Colombia. Sobrevuelos realizados desde octubre han evidenciado potreros abiertos en la parte norte y suroccidental del parque.

La Fundación observó un incremento en la cantidad y tamaño de las casas e instalaciones en inmediaciones de los dos parques. De la nada brotan entre la selva grandes viviendas de cientos de metros de dos pisos, estructuras que en los pasados sobrevuelos no aparecían. Esto para el experto indica un aumento en la inversión, apropiación en la zona y presencia de nueva gente. “Los campesinos no habitan ahí”, dice.

Por su parte, Edersson Cabrera, coordinador del sistema de monitoreo de bosques del Ideam, complementó que en sitios como las Sabanas del Yarí, Cartagena del Chairá y Solano ya inició la primera intervención al bosque: la tumba de los árboles de mediano y pequeño porte.

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“Las transformaciones en noviembre y diciembre nos permitirán evidenciar si la deforestación va a mantener su ritmo o a aumentar”.

El funcionario precisó que en los 27 años que lleva la entidad monitoreando este recurso, jamás había presenciado un pico tan alto de deforestación en una escala de tiempo tan corta como la de los últimos meses. “Podemos asegurar que pasamos por uno de los peores momentos en cuanto a la conservación de nuestros bosques”, dijo. 

Desde el Cerro Nuevo Tolima, que hace parte de la Serranía de La Lindosa, todos los días brotan ruidos macabros de la motosierra que devora los bosques del Guaviare. En 2017, este departamento perdió 38.221 hectáreas de bosque.

*Este es un producto periodístico de la Gran Alianza contra la Deforestación. Una iniciativa de Semana, el MADS y el Gobierno de Noruega que promueve el interés y seguimiento de la opinión pública nacional y local sobre la problemática de la deforestación y las acciones para controlarla y disminuirla.