El páramo de Guacheneque podría definirse como la joya ambiental e histórica de Villapinzón. Sus más de 8.900 hectáreas, cubren una zona montañosa bañada por miles de frailejones y 276 especies de árboles del bosque andino, fueron utilizadas en el pasado por los muiscas para realizar sus ofrendas y pagamentos a la naturaleza.

El sitio predilecto de los indígenas para hacer sus agradecimientos era la laguna de Guacheneque, ubicada en todo el corazón del páramo, y la cual le da las primeras gotas de vida al río Bogotá o Funza. Cuenta la leyenda que su lecho esconde figuras elaboradas en oro por los muiscas, razón por la cual sus pobladores han intentado saquear sus riquezas sin encontrar resultados positivos debido a la bravura de sus aguas.

“Los pobladores más antiguos del pueblo la llaman la laguna bravía, ya que no permite que nadie se acerque a sus orillas. Hace más de cien años, unos habitantes trajeron a un cura para que rompiera con el hechizo de protección de Guacheneque, quien les recomendó echarle sal para amansarla. Así lo hicieron, desde el Alto de la Calavera hasta el Alto de Santa Bárbara, pero no pudieron calmarla. Todo lo contrario, dicen que unos fueron tragados por el cuerpo de agua”, cuenta Gloria Arenas, una joven ambientalista habitante del pueblo.

En cinco hectáreas de un antiguo bosque andino, que desaparecieron por las actividades agropecuarias, más de 50 ciudadanos de Villapinzón, Tunja, Chocontá y otros municipios cercanos al páramo de Guacheneque, sembraron el fin de semana pasado 1.072 árboles nativos. Foto: Movimiento Ambientalista Colombiano

Los bosques andinos del páramo de Guacheneque también han sido víctimas de la mano del hombre. Así lo evidencian varios parches gobernados por el pasto que fueron destinados para la ganadería y cultivos de papa por los campesinos de la zona, donde antes había árboles como encenillos, laureles, manos de oso, romeros y arrayanes.

“Como la tierra es tan rica en nutrientes, muchas personas decidieron sacrificar los bosques para desarrollar cultivos o pastizales para el ganado. Por eso la gente fue aferrándose a estos terrenos causando un gran daño a los ecosistemas nativos, como el bosque andino. Hoy en día está totalmente prohibido desarrollar este tipo de actividades”, complementa Arenas.

Este panorama fue lo que llevó al Movimiento Ambientalista Colombiano, organización que desde 2013 promueve la preservación y protección del ambiente desde una perspectiva territorial, a escoger a Villapinzón como punto de partida de la campaña ‘Todos plantamos’, que pretende reverdecer al país con cerca de 100.000 nuevos árboles nativos a 2022.

En cinco hectáreas de un antiguo bosque andino, que desaparecieron por las actividades agropecuarias, más de 50 ciudadanos de Villapinzón, Tunja, Chocontá y otros municipios cercanos al páramo de Guacheneque, sembraron el fin de semana pasado 1.072 árboles nativos de especies como siete cueros, raques, guaques, amargosos y alisos.

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Según Camilo Prieto, director del Movimiento Ambientalista Colombiano, ‘Todos plantamos’ busca unir a la ciudadanía en contra de la deforestación, flagelo que en 2017 acabó con cerca de 220.000 hectáreas de bosque en todo el país.

“La meta de deforestación incluida en el Plan de Desarrollo del actual gobierno no pretende disminuir estas hectáreas deforestadas, sino mantenerlas estables en los próximos cuatro años. Como ciudadanos no podemos quedarnos quietos ante esa tragedia ecosistémica, sino trabajar unidos para contrarrestar en algo la problemática. Nuestra propuesta es sembrar con la participación de todos los colombianos”.

Familia unida por el verde

Mireya Orjuela, una villapinzonense de 52 años, fue una de las primeras en llegar al parque principal del pueblo para participar en la siembra de árboles nativos. Llegó en compañía de Óscar, su hijo mayor, ambos con uniformes de color naranja de la Defensa Civil Colombiana.

Sus manos ásperas y con varios callos y sus mejillas coloradas por el abuso del sol, evidencian que es una mujer de campo. Desde pequeña, sus papás y abuelos le enseñaron los secretos del arado de la tierra y el cultivo de papa, además de una prudencia silenciosa que puede confundirse con timidez.

Mireya Orjuela, fue una de las primeras en llegar al parque principal del pueblo para participar en la siembra de árboles nativos. Foto: Jhon Barros.

Minutos antes de la siembra, mientras los diez jóvenes voluntarios del Movimiento Ambientalista Colombiano explicaban los detalles de la actividad, Mireya permaneció alejada de los otros 50 participantes. Estaba concentrada en las indicaciones esperando con ansias untarse de tierra y nombrar a los 60 árboles que tenía como meta sembrar.

“Villapinzón es un pueblo agropecuario. Eso lo llevamos en la sangre los más de 20.000 habitantes del pueblo. Sin embargo, lo que realmente me apasiona son los árboles y el trabajo con los niños. A mis dos hijos y tres nietos siempre les he inculcado que debemos proteger la naturaleza”, dice Mireya, quien desde hace 17 años trabaja en la Defensa Civil como operaria y que además cuida niños menores en sus ratos libres.

El primer árbol que sembró fue un encenillo, al que llamó Óscar, como su hijo mayor. Al levantar la vista y ver a los demás participantes, Mireya decidió colaborarles a los niños. Su timidez quedó en el pasado, y su voz cálida y maternal atrajo a los más pequeños. “Les dije que estos árboles iban a convertirse en sus mejores amigos, por eso tenían que darles nombres y consentirlos. Les recalqué que sembrar árboles es sembrar agua y vida”.

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Esta mujer, que se define como una ambientalista de corazón, le inyectó a su familia el amor por la naturaleza. Sus dos hijos son técnicos en gestión ambiental, lo que les permitió crear una empresa ecoturística llamada Ecovilla al límite, que realiza caminatas y recorridos ecológicos por los sitios más biodiversos de Villapinzón. “Con mis tres nietos creamos un vivero de especies de bajo porte en el patio de la casa”.

A Mireya le gustaría sembrar por lo menos dos árboles al día. “Colombia debería hacer más actividades como ésta, las cuales siembran conciencia ambiental y cuidado por el páramo. Hoy me voy contenta porque alcancé a plantar casi 100 árboles en Guacheneque, el mayor orgullo de Villapinzón donde nace el río Bogotá”.

Hijo del bosque

Aunque estudió ingeniería industrial y sistemas, lo que realmente le apasiona a Nelson Medina, un tunjano de 45 años, es el cuidado del medio ambiente. Por eso, cada vez que encuentra voluntariados para proteger los recursos naturales, no lo piensa dos veces para inscribirse.

Hace cinco meses decidió vincularse como voluntario del Movimiento Ambientalista Colombiano en Tunja, organización que suma más de 300 en todo el país. Sin embargo, ha pertenecido a otras agrupaciones de entidades como la Cruz Roja y la Defensa Civil.

“Mi espíritu de ambientalista nació como a los cuatro años en la finca que tenía mi abuelo a las afueras de Tunja. Él fue el que me inyectó esa pasión por defender la naturaleza, por medio de recorridos en las montañas y la siembra constante de árboles. Por las vueltas de la vida no estudié algo relacionado con el tema, pero muy en el fondo sabía que me iba a dedicar a la conservación”.

Nelson Medina, cada vez que encuentra voluntariados para proteger los recursos naturales, no lo piensa dos veces para inscribirse. Foto: Jhon Barros.

Medina ya suma 22 años como ambientalista en su ciudad. Hace poco creó un centro de investigación ecológica llamado La Cabaña, con el que logró identificar cerca de 29 especies de fauna en un bosque de 60 hectáreas. Vive con un pastor alemán en una pequeña finca ubicada a las afueras de Tunja, la cual reverdece frecuentemente con la siembra de árboles nativos.

Lleva el liderazgo en sus venas. Por eso, el día de la siembra en Guacheneque, fue uno de los más activos. “El trabajo con los jóvenes y niños es fundamental para dejar de maltratar la naturaleza. Por eso les conté un poco de historia del sitio, como el cuidado que hacían los muiscas con los bosques y los cuerpos de agua, que fueron impactados por la llegada de los pastos y el ganado”.

Para este tunjano, en las manos de la juventud está la clave para hacer un cambio. “Esa nueva ola de jóvenes están marcando la parada para evitar el desangre de nuestros ecosistemas. Están comprometidos con la naturaleza y su cuidado, son un movimiento que nos hace un llamado a aterrizar y que siembran conciencia ciudadana”.

Hospitales con conciencia

Funcionarios de la Alcaldía de Villapinzón, Defensa Civil Colombiana, hospital San Martín de Porres de Chocontá y Gobernación de Cundinamarca, además de estudiantes de la Universidad Santo Tomás de Tunja, decidieron unirse a la campaña del Movimiento Ambientalista Colombiano en contra de la deforestación.

Carlos Santiago Aponte, un joven de 25 años que trabaja como auxiliar de cartera del hospital San Martín de Porres de Chocontá, fue uno de ellos. El ingeniero ambiental de la entidad le contó sobre la actividad y no vaciló en asistir. Asegura que este tipo de actividades son necesarias para que tesoros como el páramo de Guacheneque no sigan sucumbiendo ante la falta de conciencia ambiental.

“Más que dejar un bosque nativo en una zona que claramente fue impactada por el ganado, esta siembra nos permite dejarle un legado a las generaciones futuras. Los expertos nos dijeron que los árboles podrían tardar hasta 100 años en crecer, es decir que posiblemente no los veremos, pero dejamos una huella para que nuestros descendientes puedan admirar estas maravillas ecológicas. Eso fue lo que más me motivó a participar”.

Carlos Santiago Aponte, estuvo como voluntario en la jornada de la campaña "Todos Plantamos". Foto: Jhon Barros.

Mariana, una niña de seis años hija de su mejor amiga en el hospital, fue su compañía en la siembra. “Desde chiquita le ha gustado este tipo de actividades. Prefiere estar en las montañas untándose de tierra que encerrada viendo televisión. Entre los dos sembramos como 80 árboles. Superamos la meta, que eran 22 árboles, la cantidad necesaria que necesita una sola persona para respirar”.

Carlos, quien aún no tiene hijos y vive con su mamá en Chocontá, afirma que hay mucha gente que no tiene conciencia sobre la importancia de conservar y proteger ecosistemas como el páramo de Guacheneque, ya que piensan que no los afecta.

“Hasta que no pasa algo grave nadie toma cartas en el asunto. Las personas siguen haciendo dinero fácil a costa del daño a los ecosistemas, sin importarles lo que pueda ocasionar en el futuro. Sembrar árboles debería ser una obligación nacional”.

María Esperanza Ladis, quien hace parte del proyecto de hospitales verdes y saludables de la Secretaría de Salud de Cundinamarca, fue otra de las funcionarias públicas que decidió vincularse a la campaña ‘Todos plantamos’.

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“Nosotros llevamos cerca de 18.000 árboles sembrados en varias partes de Cundinamarca con ayuda de la ciudadanía. Por eso, cuando conocimos la estrategia del Movimiento Ambientalista Colombiano decidimos unirnos, ya que es una actividad que une al país para hacer frente a dos problemáticas enormes, como la deforestación y el cambio climático”.

Para la funcionaria, es indispensable que estas actividades cuenten con el apoyo de las comunidades de los municipios, ya que de esa forma siembran una cultura ambiental en todas las generaciones.

“Todos tenemos la posibilidad de disminuir el calentamiento global. En muchos hospitales del departamento siembran un árbol cada vez que nace un niño. Los colombianos debemos incrementar el apetito por el tema ambiental, para que así las familias entiendan que estamos ayudando a mejorar nuestra calidad de vida”.

Siembras comunitarias

Villapinzón es solo el inicio de una siembra de más de 100.000 árboles nativos en los próximos cuatro años por parte del Movimiento Ambientalista Colombiano. Además de Cundinamarca, ‘Todos plantamos’ llegará a zonas estratégicas de Tolima, Huila, La Guajira, Norte de Santander, Vichada y Guainía.

El Movimiento Ambientalista Colombiano, tiene la meta de sembrar 100.000 árboles para el año 2022, en varias zonas deforestadas de Colombia. Foto: Movimiento Ambientalista Colombiano.

Según Camilo Prieto, en dos semanas la campaña llegará al municipio de Cajamarca en Tolima, donde serán sembrados 2.000 árboles, y luego en Coello, con más de 6.000 árboles nativos. “El bosque seco tropical, uno de los ecosistemas más afectados por la actividad agropecuaria en Colombia, será una de las prioridades. En Coello ya llevamos más 13.000 árboles en un predio que fue seriamente perjudicado por el ganado”.

El director del Movimiento informó que cualquier ciudadano puede vincularse a la iniciativa por medio de donaciones económicas, recursos que son destinados en la compra del material vegetal y la contratación de personal local para preparar los terrenos que serán sembrados.

“La donación comprende la siembra del árbol y su cuidado por un año. Además, todas las plántulas son compradas en viveros locales. Ya llevamos casi 3.900 árboles adquiridos por medio de las donaciones ciudadanas”.

La ciudadanía puede donar ingresando a la página https://tiendambiental.org/. Hay diferentes categorías: 20.000 pesos para un árbol, 60.000 para tres y 120.000 para seis.

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“La respuesta ciudadana ha superado nuestras expectativas. Vemos un compromiso enorme por parte de la gente local, lo que nos convence cada vez más que la siembra es la herramienta más fuerte para combatir la deforestación. Esta causa puede unir diferentes tendencias políticas, edades y procedencias frente a un dolor común que es la pérdida de los bosques. La medicina tiene que ser la solidaridad”.

Prieto concluye que ‘Todos plantamos’ es una iniciativa contra la deforestación pero con una propuesta clara, que es la acción ciudadana. “Los bosques son nuestros pulmones y la deforestación es su carcinoma. Ya existen suficientes humanos enfocados en esa transformación hacia la conservación, pero necesitamos millones centrados en el cuidado del planeta”.