Más de 32 millones de hectáreas en Colombia cuentan conflictos de uso del suelo, es decir tierras que son destinadas a actividades que no corresponden con su vocación real, como potreros ganaderos donde debería predominar el bosque, montañas invadidas por parcelas en lugar de inmensos árboles o áreas que desaprovechan su potencial agrícola. 

La región Andina está entre las más afectadas por este tipo de conflictos en el país. Por ejemplo, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC), en 51 por ciento de Cundinamarca no se hace un uso adecuado del suelo (1,2 millones de hectáreas), al igual que en 54 por ciento del Tolima (1,3 millones) y 49 por ciento de Boyacá (1,1 millones).

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Este panorama podría empezar a cambiar en estos tres departamentos andinos: las cuencas hidrográficas de los ríos Sumapaz y Negro, que abarcan más de 760.000 hectáreas distribuidas en 52 municipios, ya cuentan con estudios semidetallados de sus suelos, insumos elaborados por el IGAC que revelan sus características, limitantes y potencialidades, al igual que la capacidad de uso y verdadera vocación de las tierras.

Más de 32 millones de hectáreas en Colombia cuentan conflictos de uso del suelo, es decir tierras que son destinadas a actividades que no corresponden con su vocación real, como potreros ganaderos donde debería predominar el bosque. Foto: IGAC

Con estos estudios, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) actualizará los Planes de Manejo y Ordenación de Cuencas Hidrográficas (POMCA), y así evitará el desangre de los suelos y afectaciones a los demás recursos naturales por parte de actividades como la ganadería y la agricultura.

Según el IGAC, estos insumos son fundamentales para poner en marcha un ordenamiento productivo, sostenible, efectivo y acorde con la realidad de los recursos naturales, ya que permiten conocer las capacidades y limitaciones de uso de las tierras, las zonas aptas para agricultura, ganadería y conservación, y determinar los sitios donde puede existir un mayor deterioro.

Mónica Hilarión, directora encargada del IGAC, resaltó que para los municipios es muy importante saber con certeza para qué sirven sus suelos, “y con este conocimiento planear su desarrollo, cuidado y conservación de las riquezas naturales que poseen. Llevamos más de siete décadas estudiando los suelos del país, lo que nos ha permitido que la mayor parte de la geografía colombiana esté cubierta con diversos estudios o levantamientos agrológicos a diferentes niveles de detalle”.

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Estos insumos, un tipo de hoja de ruta para ordenar adecuadamente el territorio, hacen parte de un convenio por más de 5.200 millones de pesos firmado por el IGAC y la CAR en 2017, que en 18 meses permitió analizar palmo a palmo las 306.000 hectáreas de la cuenca del río Sumapaz y las 456.000 del río Negro.

“La CAR ahora cuenta con información precisa sobre la capacidad de uso de las tierras de estas dos cuencas, al igual que datos sobre los impactos ambientales derivados por la intervención del hombre. Estos estudios establecen el tipo de producción más adecuada y las zonas a conservar por su importancia ambiental. Además, son vitales para la mitigación de los riesgos naturales, ya que permiten identificar las áreas más vulnerables a presentar posibles remociones en masa”, dijo el subdirector de Agrología del IGAC, Guillermo López.

Los campesinos de estas dos cuencas también se verán beneficiados, ya que podrán implementar cultivos acordes a las características de los terrenos, lo que evitará pérdidas económicas e incrementará las ganancias.

Las cuencas hidrográficas de los ríos Sumapaz y Negro, que abarcan más de 760.000 hectáreas distribuidas en 52 municipios. Foto: IGAC

La cuenca del río Negro abarca un total de 28 municipios de Cundinamarca y Boyacá, como Albán, Guaduas, Guayabal de Síquima, La Palma, La Vega, Nocaima, Pacho, Puerto Salgar, Sasaima, Villeta, Otanche y Puerto Boyacá.

La de Sumapaz está conformada por 20 municipios de Cundinamarca y Tolima, como Carmen de Apicalá, Icononzo, Melgar, Agua de Dios, Arbeláez, Bogotá, Fusagasugá, Ricaurte, Silvania y Soacha.

Suelo con conflictos

Exceso ganadero y déficit en cultivos. Así podría definirse el panorama agropecuario en Colombia al comparar el uso actual de sus suelos frente a la vocación real, es decir la actividad que debería predominar para no afectar los recursos naturales.

La ganadería solo debería estar presente en cerca de 15 millones de hectáreas, pero en la realidad ocupa 35 millones de hectáreas: más del 30 por ciento de todo el territorio nacional. 

Todo lo contrario ocurre con la agricultura, ya que 22 millones de hectáreas tienen luz verde para poner en marcha algún tipo de cultivo, pero la actividad sólo está presente en un poco más de 5 millones de hectáreas.

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La sobrecarga ganadera, una actividad asociada a la desaparición de los bosques y especies de flora y fauna nativas y a la emisión de gases de efecto invernadero, tiene en jaque a los suelos. 

Para el IGAC, el pisoteo constante del ganado genera una compactación de los terrenos, problemática que restringe la profundización de las raíces y el volumen de absorber agua y nutrientes, afecta los organismos, disminuye la descomposición de la materia orgánica y aumenta la erosión.