* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

En enero de 2007 empezaron las obras para regresar a la vida al antiguo sitio sagrado del cacique muisca Techovita. El sector norte, al lado de Corabastos, sería el primero en pasar al tablero. El consorcio Kennedy fue seleccionado para realizar la reconformación hidrogeomorfológica en el humedal, es decir una serie de dragados para retirar todos los escombros y basuras y que así volviera a brotar el agua.

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Las 12 mujeres cabeza de familia, lideradas por Dora, al igual que sus hijos y su esposo Tito, se convirtieron en los ojos de la intervención. “Cuando empezó la remoción de los escombros nos dimos a la tarea de buscar culebras y otros animalitos y empezamos a trabajar con los niños y jóvenes de la zona”.

Todo lo que aprendía con la Secretaría de Ambiente sobre los humedales, como que brindan refugio a la fauna silvestre, controlan y previenen inundaciones, retienen nutrientes y recargan los acuíferos, Dora lo replicaba en su familia, para esa época con un nuevo integrante: Nicolás Santiago, su primer nieto de dos años.

El espejo de agua, antes oculto bajo los escombros, brotó en el sector norte de La Vaca. Foto: Jhon Barros.

Yo le había enseñado a Nicolás que un humedal era agua, animales y plantas. Un día lo llevé a La Vaca, aún con escombros y basuras. Mi nieto me dejó perpleja cuando dijo a media lengua: Tita, ¿dónde están las planticas? Busqué a mis mujeres y les propuse que recogieramos muestras de lodos. Las máquinas excavaban y nosotras tomábamos muestras en diversos sectores a diferentes profundidades”.

Los ingenieros y vecinos le donaron plástico y maderas a las 12 mujeres para construir un vivero, que era más bien un invernadero donde depositaban los lodos en varias camas. Al poco tiempo, de la tierra negra empezaron a brotar plantas, especies que ninguna de las mujeres conocía. “El consorcio contrató a una bióloga para que durante dos meses nos enseñara a hacer bien el vivero y aprendiéramos sobre las especies terrestres, acuáticas y semiacuáticas, como la sombrillita de agua, lenteja, barbasco, buchón y uchuvas. Todo lo anotamos en libretas”.

Así nació el banco de semillas del humedal La Vaca, de donde las mujeres sacarían las plantas para reverdecer el humedal. “Es tan exitoso el banco de semillas que no sólo sembramos en La Vaca. De nuestro vivero comunitario salen muchas especies para los otros humedales de la capital. No recuerdo cuántas matas y árboles he sembrado en La Vaca con las mujeres y mi esposo Tito”.

Con los lodos del humedal, Dora y sus 11 mujeres empezaron a darle forma a su banco de semillas. Foto: SDA.

Ciencia comunitaria

En 2008, las plantas del vivero empezaron su proceso de siembra alrededor del espejo de agua, que brotó poco después de la remoción de los escombros y basuras. Sin embargo, al humedal le llegaban vertimientos contaminantes, lo que dio paso a una nueva obra llamada biofiltro.

“En el diseño del biofiltro aparecían juncos, piedra rajón como un tipo de puente y arcilla. Pero para nosotras eso era un dique. Sin saber de ingeniería, le dijimos al contratista del Acueducto que esa obra estaba mal contemplada. El supervisor se reunió con nosotras y nos dijo que hiciéramos una propuesta en ocho días, y que si era convincente, modificarían el contrato de obra”.

Las mujeres empezaron a experimentar con el agua sucia y diversos productos como estropajos, arena, espumas y esponjas. “A los cuatro días llamamos al ingeniero y le presentamos la propuesta, que contó con la ayuda de mi esposo. Nuestro biofiltro consta de una capa de arcilla de 45 centímetros de grosor, luego una de de gravilla de 60 centímetros y 2.800 juncos que fueron traídos desde el humedal Jaboque”.

La Vaca es el único humedal de Bogotá que cuenta con un biofiltro para mejorar sus aguas. Foto: Jhon Barros.

El agua lluvia y residual ingresa al humedal cerca de la puerta cinco de Corabastos, sobre la avenida Agoberto Mejía. El primer filtro es una rejilla que retiene los sólidos, que fue construida en 2010, y luego pasa a una laguna de sedimentación de 1,6 metros de profundidad donde se decanta el agua.

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“El agua pasa por un gavión elaborado en piedra rajón y envuelto en malla eslabonada. Luego ingresa al nicho de arcilla, gravilla y juncos. Las raíces de estas plantas son las que filtran o purifican el agua para que siga a otro gavión y finalmente llegue al espejo de agua del humedal. A los niños les digo que el proceso es similar a cuando la mamita prepara un jugo y lo cuela”. 

La Vaca es el único de los 15 humedales declarados en Bogotá que cuenta con un biofiltro en su interior, que permite observar de manera clara la dinámica y función principal de estos ecosistemas para el mejoramiento de la calidad del agua.

Sin saber de ingeniería, Dora y 11 mujeres fueron las que diseñaron el biofiltro de La Vaca. Foto: Jorge Escobar - Fundación Humedales Bogotá.

En 2008, el banco de semillas de las mujeres de La Vaca ganó el segundo puesto del Premio Cívico por una Bogotá Mejor, iniciativa a la que se postularon 280 proyectos comunitarios. “Nos dieron 11 millones de pesos, dinero que debía ser invertido en el proceso. Para recibir la plata teníamos que constituirnos legalmente, por lo cual creamos con las mujeres la fundación Grupo Banco de Semillas, que aún sigue vigente”.

Sin embargo, la plata causó estragos entre las mujeres de la fundación. Según Dora, la obligación era que el dinero ayudara a mejorar el proceso ambiental y social del grupo, pero algunas dijeron que cada una debía recibir un millón de pesos. “Como la cosa no fue así, algunas se dividieron. De las 12 mujeres originales quedamos siete. Unas se retiraron por la plata y otras por la edad o porque se fueron del sector. Pero a la fundación llegan nuevas mujeres con alma ambiental y amor por el humedal como Irene Gamboa, Susana López, Fanny Velásquez. Es un proyecto que nunca para y el cual seguiré liderando. Por eso algunos me dicen la mamá de La Vaca, pero somos muchas manos amigas, incluida mi familia”.

Dora con Tina Fresneda y Darwin Ortega, otros dos líderes sociales y ambientales que defienden los humedales. Foto: archivo Dora Villalobos.

Nuevas semillas

Los niños y jóvenes de los barrios aledaños a La Vaca fueron testigos de las obras en el sector norte y la siembra de plantas nativas por parte de las 12 mujeres, por lo cual decidieron llamarse los Guardianes del Agua. “Son pequeños que pasan de generación en generación, como mi nieto Nicolás, quienes replican el mensaje de conservación ambiental y el cuidado por el humedal en sus familias. Todos son sensibilizados por las mujeres de la fundación”.

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Dora afirma que como nadie es eterno en el mundo, ese trabajo social y ambiental con los niños y jóvenes es fundamental para que La Vaca no vuelva a deteriorarse. “Por eso no solo sembramos semillas de las plantas. También llegamos a los más pequeños para que cuando sean grandes, sin importar la profesión que escojan, tengan ese amor por la naturaleza”.

Una tragedia familiar casi acaba con Dora. Un accidente le arrebató las vidas a Judy Cristina, su hija, y Jhon Aléxander, su nieto de vida. "Ellos eran mi motivación, motor y apoyo. Me acompañaron en todas las jornadas con la comunidad del barrio y me ayudaban a hacer las anchetas para la gente. Su pérdida acabó con mis ganas de seguir batallando por el humedal".

Pero por la insistencia de su familia, amigos, vecinos y las autoridades del Distrito, Dora también renació. “Fue una época muy dura de la que prefiero no dar detalles. No quería ni pararme de la cama, me estaba muriendo en vida. Las personas del Acueducto vinieron a mi casa con un contrato en mano para que fuera la guía ambiental y del humedal”.

Los Guardianes del Agua son niños y jóvenes que replican el trabajo de Dora y sus mujeres en el humedal La Vaca. Foto: archivo Dora Villalobos.

Al comienzo no quiso aceptar, pero la insistencia de las personas que conocían su trabajo la hicieron reaccionar. “Cogí fuerzas y me fui al humedal con Tito. Cuando vi como estaba de hermoso, comprendí que La Vaca era nuestro hijo y que la vida debía seguir. No podía dejarlo solo. Desde ahí soy contratada por la Secretaría de Ambiente como intérprete”.

Para todas las charlas de educación con la comunidad, en 2010, en el sector norte de La Vaca fue construida un aula ambiental, la sede comunitaria e institucional del ecosistema. “Es nuestra casita dentro del humedal. Otro gran logro fue solucionar el tema de los vertimientos por parte de Corabastos, que sumaban más de 280 descargas directas de las zonas de cocina y baños”. 

Según Dora, desde 2003 Corabastos empezó a subsanar esas descargas contaminantes. Pero no todos hicieron caso, por lo cual el 2010, la Secretaría de Ambiente le puso una sanción económica por 12 vertimientos. “Era una guerra directa con Corabastos, no me querían para nada porque los denunciaba a cada rato. Pero desde 2012, con la nueva administración de Corabastos, todo ha fluido a favor de La Vaca”.

Un imponente eucalito ha sido testigo del renacer de La Vaca. Foto: Jhon Barros.

Las descargas llegaron a su fin y Corabastos se convirtió en un gran aliado para el trabajo de Dora. “Empezamos a sensibilizar a los comerciantes y vinculamos a 30 bodegas para que nos ayudaran a retirar el buchón y hacer jornadas de limpieza. Corabastos hoy en día es el nuevo padrino de La Vaca, tanto así que destinó recursos para la remodelación del vivero del humedal”.

El reto de La Vaca sur

Dora tiene claro que el humedal es uno solo, aunque esté dividido y fragmentado en dos sectores por los barrios. Sin embargo, la situación en la parte sur era mucho más neurálgica que en la zona norte que renació de los escombros.

“El predio fue invadido por parqueaderos ilegales. Pero eso no es todo, también habían intenciones de construir una universidad y conjuntos residenciales. Mi trabajo en La Vaca sur fue presionar a las entidades para que tomaran medidas drásticas y pudiéramos empezar a recuperar las 2,24 hectáreas del humedal, ocultas por escombros”.

El sector sur de La Vaca lleva más de tres años en proceso de restauración. Foto: Jhon Barros. 

Mientras la Vaca norte se convertía en uno de los mayores triunfos ambientales y comunitarios en Bogotá, la parte sur estaba descuidada por la negligencia de las autoridades policivas y la Alcaldía Local de Kennedy. “Aparecieron unos señores con título de propiedad del terreno, pero el uso del suelo es de humedal. Tenían que negociar”.

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En 2017, luego de sacar dos parqueaderos ilegales que ocupaban el humedal y cerrar el predio con la instalación de 957 metros lineales de alambres de púas y postes de concreto, la Empresa de Acueducto inició obras para restaurar el ecosistema. En las más de dos hectáreas de La Vaca sur, las autoridades retiraron miles de toneladas de residuos de construcción, basuras y llantas. Con las obras de dragado el espejo de agua empezó a brotar, lo que dio paso a la siembra de árboles por parte de la comunidad y las entidades del Distrito.

La Vaca sur está renaciendo del olvido. Nadie creía que un antiguo parqueadero escondía agua y podía ser convertido en un sitio lleno de vida, inclusive varios funcionarios del Distrito no tenían fé en el proceso. Recuerdo que una vez les dije que debían hacer las intervenciones en un sector, pero no me hacían caso. Luego de insistir los convencí: con dos palazos en una zona salió agua. Las aves y polinizadores ahora hacen presencia en el terruño”.

El resurgir del sector sur de La Vaca ha contado con el trabajo articulado de la comunidad y las entidades del Distrito como el Acueducto, SDA y Alcaldía de Kennedy. Foto: EAAB.

Sigue la lucha

Según la Fundación Humedales Bogotá, en los 15 ecosistemas declarados como parques distritales de humedal en la capital habitan 207 especies de aves, de las cuales 82 hacen presencia en La Vaca, cifra que en 2015 era de 53.

“En esa revisión de las aves registradas durante los últimos cinco años en los humedales bogotanos, Capellanía, La Vaca y Meandro del Say fueron los que arrojaron un mayor aumento. La Vaca, a pesar de su pequeño tamaño, es increíblemente biodiverso, algo que tiene su raíz en los procesos comunitarios”, dijo Jorge Emmanuel Escobar, director de la fundación.

Las aves gobiernan el renacido humedal La Vaca. Foto: archivo Dora Villalobos.

Pero Dora no se conforma con los buenos resultados. Ahora lidera una lucha por el predio Monteverde, un área de dos hectáreas ubicada al lado del sector norte de La Vaca en donde funcionó el parqueadero San Judas Tadeo por más de 20 años. 

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El ideal es que este predio sea adherido a las 5,7 hectáreas de La Vaca norte. Lo adquirimos en 2015 y ya tiene escritura y certificado de libertad, pero nos falta hacer unos trámites para el uso del suelo. Sin embargo, el área fue cerrada y las autoridades han retirado los escombros”.

Los tres nietos de Dora replican su trabajo ambiental en el grupo Guardianes del Agua. Foto: archivo Dora Villalobos. 

Esta mujer de risa contagiosa y dichos populares del campo, no tiene la más mínima intención de jubilarse como líder social y ambiental. “Seguimos trabajando con muchos grupos colectivos y tenemos una mesa territorial del humedal con plan de acción propio para continuar generando una apropiación comunitaria y sembrando semillas de la mano de las entidades distritales”.

A los vecinos de los dos sectores de La Vaca, esta boyacense les pone responsabilidades. “Los 269 árboles nativos que llevamos sembrados en el sector sur han sobrevivido por la apropiación comunitaria. Por ejemplo, don José sembró cinco árboles, los cuales apadrinó y debe responder por ellos”. 

Con los Guardianes del Agua, Dora sigue sensibilizando a los niños y jóvenes de los colegios de la zona. Por su parte, las mujeres comunitarias se encargan de hacer compostaje con los residuos orgánicos, un abono que sigue reverdeciendo el ecosistema. 

Dora ha sembrado muchas semillas en la comunidad, mujeres, niños y jóvenes que seguirán con su legado. Foto: SDA.

La líder de La Vaca confiesa que nunca pensó que duraría tanto tiempo luchando por la comunidad y los recursos naturales, un trabajo que suma más de 20 años. “Lo que no me ha dejado desenganchar es el humedal. Hoy me siento tranquila porque tengo la seguridad de que el legado va a continuar con mis guardianes, las mujeres que están apropiadas del territorio y los jóvenes que están liderando proyectos de investigación con Colciencias”.

La mamá de La Vaca tiene tres nietos que hacen parte del grupo de los Guardianes del Agua. Nicolás, hoy con 15 años y quien le dijo a Dora hace más de una década ¿dónde están las plantas del humedal?, es uno de los mayores defensores del ecosistema. 

“Los tres dan declaraciones sobre el largo proceso del humedal. No sé qué carrera van a seguir, pero me dicen que siempre serán defensores del otro hijo de Tito y Dora: el hermoso humedal La Vaca”.

Los niños del barrio Amparo Cañizares ven a Dora como la mamá de La Vaca. Foto: Fundación Humedales Bogotá.