A los 12 años ya tenía claro que su vida serían los tiburones. Era voluntaria en el Museo de Charlotte en Carolina del Norte y, cada vez que podía, corría al acuario para verlos. Le parecía fascinante la reacción de terror que provocaba en los visitantes el solo hecho de que algún tiburón siquiera se les acercara, así la gente estuviera consiente de que había un grueso vidrio de seguridad de por medio. 

Por ese entonces, una enciclopedia de tiburones que recibió como regalo terminó por convencerla de dedicarse a la biología marina al finalizar el colegio. Algo más de una década después el sueño de niña de Camila Cáceres, se cumplió con creces.

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Esta bióloga colombiana de la Duke University de Carolina del Norte, con maestría y doctorado de la Universidad Internacional de la Florida (FIU), hizo parte durante los últimos 5 años de la más grande investigación adelantada en el mundo sobre los tiburones de arrecifes. Esta semana los resultados fueron publicados por la revista Nature

Camila Cáceres es bióloga de la Duke University, con maestría y doctorado de la Universidad Internacional de la Florida. Foto: Archivo Camila Cáceres.

El proyecto, apoyado por el Global Fin Print, se llevó a cabo en 60 países y cerca de 400 arrecifes y estuvo a cargo de por lo menos 100 investigadores. Con algo más de 15.000 cámaras subacuáticas trabajaron con comunidades locales del mundo y grabaron durante cerca de 3 años la vida de los tiburones en estos ecosistemas para luego visualizar y analizar por dos años más cada uno de los resultados.   

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Camila Cáceres coordinó el trabajo en los cayos de la Florida, en las islas de Guadalupe y Martinica y en Trinidad y Tobago. Y logró que Colombia hiciera parte de la investigación. En el país trabajó en los arrecifes del Parque Nacional Natural Corales del Rosario y de San Bernardo. 

Participó en la investigación de tiburones más grande de la historia, publicada en la revista Nature. Participaron cerca de 100 investigadores y se llevó a cabo en 60 países y 400 arrecifes. Foto: Archivo Camila Cáceres

Los resultados de esta investigación no solo le permitieron culminar su doctorado sino que fueron premiados en las conferencias Sharks International de 2018 en Brasil (algo así como unas olimpiadas que reúnen a científicos de todo el mundo especializados en tiburones).    

El proyecto ubicó las 15.000 cámaras en el fondo del mar, con una cebo de carnada que atraía a las especies para filmarlas. Sin anzuelos y sin alimentarlos para no provocar alteración en estos poderosos depredadores que llevan 400 millones de años en el planeta. 

¿Qué encontró la investigación?

Las grabaciones en Corales del Rosario y San Bernardo tomaron dos años para ser analizadas e interpretadas completamente por tres personas del equipo -incluida Camila- y un año más para hacerles control de calidad. 

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La investigadora calcula que hicieron unas 200 grabaciones de 90 minutos cada una. Este trabajo tuvo el apoyo de dos científicos más, también colombianos: Andrea Luna Acosta y Hans Herrera Tavera de la Universidad Javeriana

Para la investigación, Cáceres coordinó el trabajo en los cayos de la Florida, en las islas de Guadalupe y Martinica y en Trinidad y Tobago. Y logró que Colombia hiciera parte de la investigación. Foto: Archivo Camila Cáceres

Cáceres, que tiene 30 años, al reflexionar sobre lo mejor de esta experiencia le da mucho valor a la investigación en campo que adelantaron con los pescadores, a través de encuestas, para profundizar en lo cultural, social y económico de la pesca.

Está convencida del aporte del conocimiento de las comunidades a la ciencia y de la urgencia de incluirlas en cualquier diálogo que tenga que ver con el uso de los recursos. 

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No podemos olvidar que con los recursos naturales pesqueros existen conexiones entre los territorios de tal manera que lo que se protege en Colombia bien puede ser pescado en Venezuela. Por otro lado, tampoco se trata solo de conservar sino de ver el estado de las poblaciones humanas y sus necesidades a  la hora de prohibir o vedar”, dice la investigadora.

Trabajaron de la mano de pescadores y comunidades para profundizar en lo cultural, social y económico de la pesca. Fotos: Archivo Camila Cáceres

La meta del estudio a nivel global era tener una idea del estado de las poblaciones de tiburones y los factores que juegan a favor o en contra de ellos. En líneas gruesas, en 20 por ciento de los arrecifes estudiados en el planeta no se encontraron tiburones. Ni uno. La sobrepesca fue una de las causas identificadas por la investigación. 

En las áreas de estudio de Cáceres, mientras en las Bahamas se mantiene el 80 por ciento de las poblaciones de tiburones, en Corales del Rosario esa presencia oscila entre 15 y 20 por ciento (se observaron solo tres especies) pese a que la zona se encuentra bajo protección de pesca industrial y hay vedas.

Desde los 12 años supo que quería dedicar su vida a los tiburones. Fue incluso voluntaria del Museo de Charlotte en Carolina del Norte, Estados Unidos, y le encantaba ir al acuario para verlos. Foto: Archivo Camila Cáceres

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La gente piensa que la mayoría de la pesca de tiburones es para el aleteo (comercio de aletas), pero pocos saben que se consume mucha carne de tiburón. En Florida, Guadalupe y Trinidad no sorprende ese consumo: forma parte de la alimentación. Incluso hay restaurantes que venden carne de tiburón sin saber que lo están haciendo. Sin investigación no se puede prohibir o vedar porque mucha gente depende del recurso”, dice Cáceres. 

El objetivo del estudio era evaluar el estado de las poblaciones de tiburones y conocer los factores que los favorecen o perjudican. Foto: Archivo Camila Cáceres. 

Lo que sí sorprende es que en Colombia se consuman rayas. “Los pescadores cuentan que es tradición en Semana Santa el consumo de empanadas y arepas de raya”, comenta.

¿Por qué tan pocos tiburones en Corales del Rosario? Cáceres cree que la cercanía a Cartagena, lo que genera contaminación del agua, al igual que la presión de la población local inciden en el estado del coral, del arrecife y las especies asociadas.

La investigadora colombiana, que actualmente es docente de ecología tropical de Universidad de la Florida, llama la atención acerca de la manera como se interpreta la situación de los tiburones y se toman las decisiones.

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Pese a que siempre se asume que la pesca industrial es la más dañina porque tiene miles de anzuelos, el 95 por ciento de los pescadores a nivel mundial son artesanales y dependen del recurso. Se debe tener en cuenta que casi la mitad de lo que se pesca a nivel global es pesca en pequeña escala”, dice.  

Para Cáceres es por los pescadores artesanales por donde debe iniciar una estrategia que integre conocimiento científico y ciencia participativa a la hora de poner en marcha soluciones de protección y uso de especies tan claves y presionadas como los tiburones de arrecife.