Desde 1975, el zoológico de Santa Cruz, lugar enclavado en las montañas de San Antonio del Tequendama en Cundinamarca, recibe a los animales silvestres recuperados de las manos de los traficantes de fauna en Colombia para darles una segunda oportunidad de vida. 

El lugar, fundado por el zootecnista santandereano Gonzalo Chacón Rueda, que desde 2001 se convirtió en una fundación sin ánimo de lucro dedicada a la conservación y educación, también acoge a los animales salvajes víctimas de maltratos en sitios como circos. Los rescatan con cuerpos llenos de heridas y cicatrices que les impiden regresar a su hábitat natural.

Cerca de 700 animales habitan en los más de 35.000 metros cuadrados del zoológico, ramillete que abarca especies de mamíferos como jaguar, tigre, león, tigrillo, osos de anteojos y pardo, puma y nutria; hervíboros como hipopótamo, antílope, danta y pecarí; primates como monos maicero, capuchino, araña, nocturno, cariblanco y ardilla y titíes cabeza de algodón y gris; y aves como loras, guacamayas, tucanes, avestruces y guacharacas.

El jaguar es uno de los animales víctimas del tráfico de fauna que habita en Santa Cruz. Foto: Zoológico Santa Cruz. 

Cada año, Santa Cruz es visitado en promedio por 250.000 personas, es decir cerca de 20.800 al mes, población que, con los aportes económicos de las entradas (entre los 15.000 y 20.000 pesos), permite obtener recursos para la alimentación, cuidado y tratamientos veterinarios de los animales y el pago de 150 trabajadores directos e indirectos. 

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Desde el martes 17 de marzo, acatando las recomendaciones de cuarentena y aislamiento preventivo del gobierno por la pandemia del coronavirus en Colombia, el zoológico cerró sus puertas al público de manera temporal para no poner en riesgo a los visitantes, veterinarios, zootecnistas y cuidadores.

Al no recibir ingresos por las entradas de los visitantes, el zoológico no cuenta con mucho presupuesto para alimentar a los animales, como esta danta a tapir. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Acatamos las medidas para no poner en peligro a los visitantes y personas que trabajan acá, al igual que por seguridad de los animales. Aunque no hay evidencia de que el coronavirus pueda contagiarlos, como ha venido mutando y evolucionando, también decidimos no arriesgar a las especies de fauna que habitan en el zoológico”, dijo Viviana Parra, representante legal de Santa Cruz.

Los ahorros no son suficientes

Durante los primeros días del cierre preventivo las directivas del zoológico hicieron uso de los ahorros para adquirir los alimentos y medicamentos de los animales. También organizaron al personal por turnos para su cuidado, su mayoría habitantes del municipio de San Antonio del Tequendama. 

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“Por ser una fundación sin ánimo de lucro, Santa Cruz opera netamente con los recursos provenientes de las entradas. Al no recibir dinero por la ausencia de los visitantes, acudimos a los ahorros para comprar la comida. Como somos un lugar turístico, estamos acostumbrados a guardar fondos para los meses donde no recibimos muchas visitas”, apuntó Parra. Sin embargo, los ahorros alcanzaron para un poco más de un mes. 

Tigre blanco rescatado hace varios años a un circo en el país podría quedarse sin alimentos durante la época de cuarentena. Foto: Zoológico Santa Cruz.

El panorama se tornó aún más crítico cuando el Gobierno decretó el aislamiento o cuarentena obligatoria a nivel nacional. 

“En promedio, cada mes necesitamos alrededor de 250 millones de pesos para comida, medicamentos, obras de infraestructura y pago de la planta”, precisó Parra.

Como la mayoría de los animales de Santa Cruz es víctima de tráfico o maltrato animal, Parra advierte que necesitan de una dieta o atención especial. “Muchos no están en plenas condiciones de salud, lo que requiere una inversión mayor en temas de dieta nutricional y medicinal”.

Cientos de aves, como guacamayas, podrían quedarse sin las frutas diarias por el cierre preventivo del zoológico. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Precios por las nubes

Al decretarse las primeras medidas en marzo, una de las mayores preocupaciones para el zoológico de Santa Cruz era el incremento en los precios de las frutas, verduras y carnes en sitios como la plaza de Corabastos en Bogotá, principal sitio al que acude para comprar la alimentación de sus animales.

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Parra contó que cada miércoles, personal del zoológico sale a las 2 de la mañana hacia Corabastos para adquirir las toneladas de alimentos. Y justo, desde el comienzo de la cuarentena, debieron afrontar el incremento de los precios de muchos productos. Añadió que normalmente destinaban 12 millones de pesos semanales para frutas y verduras, pero desde las primeras semanas el valor fue casi del doble. "El bulto de zanahoria pasó de 35.000 pesos a 80.000 pesos”, dijo Parra.

Buki, un hipopótamo del Magdalena Medio reubicado en el zoológico hace dos años, es uno de los que más necesitan alimento. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Otro tema difícil para el zoológico es el pago de los servicios públicos, en especial la luz. “Este servicio es absolutamente necesario, ya que muchos animales, como titís y serpientes, dependen de la regulación de temperatura para su sobrevivencia, al igual que los alimentos que guardamos en las neveras. Por eso, las facturas que nos llegan por la luz son las más costosas”. 

SOS por Santa Cruz

Con el monto de los ahorros cada vez menos robusto, la Fundación Zoológico de Santa Cruz decidió acudir al apoyo de todos los colombianos.“Este dinero no será suficiente para atender a los animales durante la cuarentena. Sumado a esto, contamos con varios préstamos con entidades bancarias y proveedores que no dan espera. La alimentación de los los más de 700 individuos está en peligro, además de los medicamentos que requieren, muchos de los cuales son importados”, menciona Parra.

La nutria es otro de los animales que peligra por el cierre preventivo del lugar. Foto: Zoológico Santa Cruz. 

Ante esto, el zoológico decidió acudir al apoyo de los colombianos para garantizar la vida de los animales. “Lanzamos una campaña para que la ciudadanía nos ayude con aportes económicos para comprar los alimentos y medicinas que se requieran. Todos podemos aportar un granito de arena, así sea con el valor de una entrada, de 20.000 pesos”.

Las donaciones económicas serán recibidas en la cuenta de ahorros 002300124183 de Davivienda, con el NIT 830.093.363-8. “También nos pueden ayudar con alimentos no perecederos como concentrados y avenas. La ciudadanía puede comunicarse con el personal del zoológico al número celular 3103127094 ”, informó Parra.

La Covid-19 nos ha puesto en una difícil situación como fundación sin ánimo de lucro. Antes podíamos alimentar y cuidar a los animales gracias al apoyo de nuestros visitantes, pero hoy, las medidas de cierre temporal, tienen en riesgo su bienestar. ¡Ellos también te necesitan, ayúdanos a protegerlos!”, cita la campaña divulgada por las redes sociales del zoológico.

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Según Parra, Santa Cruz lleva más de 45 años liderando programas de investigación, educación ambiental y proyectos de conservación de especies como mono tití gris, artrópodos, orquídeas, mariposas y anfibios. “Además, desarrollamos proyectos como lombricultivos, huertas, reciclaje, manejo de residuos sólidos, composteras, programas silvopastoriles, protección de cuencas hídricas y reforestación, y le brindamos trabajo a más de 200 familias de Tequendama y municipios aledaños”.

Carrera contra el tiempo

Algunos de los animales llevan décadas bajo los cuidados de Santa Cruz, es decir que cuentan con una edad avanzada y requieren de más cuidado y tratamientos veterinarios.

Tal es el caso de un oso andino, mamífero que llegó hace más de 30 años cuando fue rescatado de una finca donde lo tenían como una mascota. “Lo trataron como si fuera un perro, lo domesticaron y le dieron alimentos que no son acordes a su especie. Llegó a Santa Cruz con apenas cinco años, pero debido a los impactos causados por el hombre no podía ser liberado en su hábitat natural”, afirmó Parra.

Hoy, el oso está cercano a cumplir 35 años, una edad que para la representante legal es un récord e indicador del buen trato que ha recibido. “En su estado natural, esta especie alcanza a vivir 25 años. Por su avanzada edad, la situación actual es una carrera contra reloj. Requiere de mucho cuidado, como alimentarse y tomar sus medicamentos a una hora específica”.

Este oso andino o de anteojos es uno de los más antiguos en el lugar. Su futuro está en veremos por la crisis económica de la cuarentena. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Buki, uno de los hipopótamos del Magdalena Medio que fue reubicado en Santa Cruz hace dos años, es otro de los animales más conocido del Santa Cruz. Es rosado, pesa 230 kilogramos, mide 1,1 metros de altura y necesita de grandes cantidades de alimentos para sobrevivir.

“Fue el primer individuo juvenil de esta especie en ser reubicado, la cual hoy en día ha causado impactos en la fauna nativa del Magdalena Medio. Buki come dos veces al día más de 21.000 gramos de zanahoria, lechuga, dos concentrados y pasto. Es uno de los animales que más devenga alimentación en Santa Cruz”, anotó Parra.

Las zanahorias hacen parte principal de la dieta de Buki. Este alimento es uno de los que más ha incrementado su precio. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Otros los animales exóticos que no hacen parte de la fauna colombiana, como tigres y leones, también peligran por el elevado costo de su alimentación. “Como son carnívoros, su comida es la más costosa. La dificultad es enorme, ya que las provisiones escasean y no encontramos proveedores”.

El Santa Cruz ha recibido animales, especialmente aves y monos, que llegaron amputados o con laceraciones en sus cuerpos que corren riesgo si no reciben los medicamentos diarios para sus tratamientos. “Tenemos un mono capuchino que llegó hace un año luego de que personas inescrupulosas les dispararan a él y a su madre con pistolas de balines. Su cola estaba afectada por los impactos, extremidad que no puede perder y hoy recibe un tratamiento especial”.

Una de las leonas de Santa Cruz decomisada hace algún tipo a un circo. Foto: Zoológico Santa Cruz.

En Santa Cruz también habitan seis de las especies de felinos que hay en Colombia: tigrillo margay, ocelote, puma jaguarundi, tigrillo oncilla, jaguar y puma, quienes corren el riesgo de no recibir alimentación en la crisis de la pandemia.

La danta o tapir requiere de grandes porciones de vegetales como zanahoria, uno de los productos que más ha subido su precio en la emergencia del virus en Colombia.

Santa Cruz alberga seis especies de felinos colombianos en sus instalaciones. Foto: Zoológico Santa Cruz.

Parra recalca que muchos colombianos aún no comprenden el verdadero papel que cumplen los zoológicos en el país. “Estos lugares han venido evolucionando con el paso del tiempo y hoy en día cuentan con programas de conservación, educación e investigación. Muchos no entienden que en zoológicos como Santa Cruz no capturamos animales, sino que les brindamos nuevas oportunidades de vida a los que han sido víctimas del tráfico, maltrato y mascotismo y no pueden regresar a su hábitat natural”.