Entre 2012 y 2016, el río Bogotá fue sometido a la primera cirugía para cambiarle su lamentable aspecto. En 68 kilómetros de su tramo medio, la CAR retiró más de ocho millones de metros cúbicos de basuras sepultados en el lecho, amplió su cauce de 30 a 60 metros y recuperó siete zonas de humedal que antes habían desaparecido.

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A pesar de que el río sagrado de los muiscas sigue recibiendo cerca de 690 toneladas de carga contaminante al día, despojos arrojados por los habitantes de la capital y Soacha, esta intervención ha causado que varias especies de aves regresen a la cuenca media del afluente más importante de la sabana.

Según la CAR, especies como la garza azul, gavilán maromero, monjita bogotana y las tinguas pico verde, bogotana y pico rojo, han sido registradas en los seis humedales recuperados en Soacha y las localidades de Engativá y Suba, al igual que en los terrenos reforestados con la siembra de 120.000 árboles nativos. 

La tingua pico verde, también llamada tingua moteada o polla sabanera, es una de las más amenzadas en la cuenca del río Bogotá. Foto: Parque Jaime Duque.

Sin embargo, de acuerdo con la corporación, varias de estas especies se encuentran altamente amenazadas por la transformación de sus hábitats en la cuenca del río Bogotá, como es el caso de la tingua pico verde o polla sabanera, el pato turrio, el cucarachero de pantano y la monjita bogotana.

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Estas aves dependen de los ecosistemas de humedal de la sabana para su supervivencia, sitios donde desarrollan sus ciclos de vida, reproducción y alimentación. Pero la ocupación humana en la cuenca del río Bogotá, sumado al desarrollo urbanístico, expansión urbana y rural y caza, han llevado a la disminución de sus poblaciones y al deterioro de sus hábitats naturales, constituyendo un grave peligro”, indicó Giovanni Villamil, director de recursos naturales de la CAR.

El pato pico azul o turrio habita en el Ecoparque Sabana de Tocancipá. Foto: Parque Jaime Duque.

Estas especies, con presencia en las cuencas media y alta del río Bogotá, brindan servicios ecosistémicos al controlar las plagas e insectos, dispersar semillas, polinizar y regular los nutrientes de los sistemas de humedal, lagos y lagunas. 

Ante esto, la CAR ha creado varios planes de conservación y manejo para algunas de estas especies, instrumentos con los que se que pretende evitar la extinción de las mismas a través del conocimiento de sus poblaciones y la protección de sus hábitats.

En los últimos años, el cucarachero de pantano solo ha aparecido en el humedal Tibanica. Foto: Fundación Humedales Bogotá. 

El cucarachero de pantano y el pato turrio cuentan con planes de manejo formulados. El llamado es a cuidar los humedales, principal hábitat de estas especies, y a la disminución de la contaminación en los ecosistemas”, apuntó Villamil.

Según la CAR, la entidad ha trazado varias acciones para evitar la extinción de estas aves, que incluyen la protección de los bosques, humedales y afluentes hídricos. Asimismo, contempla la promoción de técnicas de agricultura ecológica, creación de áreas protegidas y revegetación de espacios naturales.

¿Y la tingua bogotana?

Esta especie única de los cuerpos de agua de la sabana, catalogada por el Libro Rojo de las aves de Colombia como en peligro de extinción, no fue incluida en el listado de la CAR.

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La principal amenaza de la tingua bogotana ha sido la disminución de su hábitat. También juegan en su contra la cacería, quema de los juncos, explotación agrícola, contaminación de los cuerpos de agua y presencia de perros. Lo más probable es que la población esté por debajo de los 10.000 individuos maduros”, indica el documento.

La tingua bogotana es una especie en peligro de extinción que hoy sobrevive en pocos humedales de la sabana. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, ha visto un leve despertar de esta especie en algunos territorios de la cuenca del río Bogotá, como los humedales Juan Amarillo, Jaboque, Guaymaral, Capellanía, La Conejera y Tibanica, y en zonas de la sabana como el humedal La Florida. 

“Sin embargo, no hay estudios con acciones puntuales para la conservación de esta especie que es única de los cuerpos hídricos de la sabana. No veo que se estén invirtiendo recursos públicos o privados para la conservación de la tingua bogotana, ave que además carece de un plan de manejo”, precisó Escobar.

A diferencia de la monjita bogotana, una especie emblemática de los humedales que en ocasiones se les puede ver en numerosas manadas, las tinguas bogotana y pico verde y el cucarachero de pantano no aparecen con mucha frencuencia.

Una de las manadas de monjitas bogotanas registradas en los humedales bogotanos. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.