La pandemia ha traído consigo muchas dificultades, pero también la oportunidad de reinventarse y validar alternativas que pueden convertirse en una nueva forma de vida. Esto sucede en seis corregimientos del Chocó, en donde la emergencia sanitaria les abrió las puertas a un centenar de mujeres a soñar con un futuro diferente, de empoderamiento y liderazgo y la posibilidad de desarrollar una nueva economía. 

Hace unos cuatro meses, en Coquí, uno de los corregimientos del Golfo de Tribugá, cinco mujeres empezaron a coser tapabocas en la sala de su casa para ellas y sus familias. La idea era crear estos elementos reutilizables y lavables, que ayudaran a su comunidad a protegerse y disminuir el contagio en caso de que el virus llegara a esta zona y al mismo tiempo, reducir los desechos biomédicos que terminan contaminando las playas.

Pero la iniciativa no se quedó allí. En pocos días esta idea comenzó a conocerse y el número de mujeres rápidamente aumentó, iniciaron capacitaciones y los tapabocas confeccionados se incrementaron. Comenzaron cosiendo a mano y producían 8 tapabocas a la semana. Actualmente, gracias a la capacitación y a las donaciones que reciben de materiales e insumos, además de máquinas, el número asciende a 250 unidades diarias.

Las mujeres que forman parte del proyecto han sido capacitadas en el manejo de máquinas domésticas e industriales. Foto: Juana Perea

Hoy son más de 100 mujeres que pasaron de coser con sus propias manos a hacerlo en máquinas domésticas e industriales, lo que ha generado no solo la oportunidad para que la población tenga este elemento de protección, sino que además se abre paso a la creación de una nueva economía para las madres cabeza de familia, pues se trata de un proyecto que les permite generar ingresos mensuales para sobrellevar la crisis en estas zonas que dependen del turismo como principal motor económico. Del grupo también forman parte cinco hombres, algunos de ellos, técnicos de los equipos.

Le recomendamos: Las abejas y las mujeres sacan la cara por Socorro, Santander

Alejandra Liévano, gestora de territorio y quien preside la Fundación Casa Múcura, ha liderado la iniciativa desde el primer día y ha trabajado hombro a hombro con las mujeres para darle forma a este proyecto comunitario denominado: Costurero del Golfo de Tribugá.

Mujeres empoderadas 

Indelida Palacios es una de las 102 mujeres que hacen parte de esta iniciativa. Luchadora y guerrera, trabaja de la mano con Alejandra y tiene bajo su responsabilidad la coordinación de los talleres satélite que se han creado en los seis corregimientos en los que se desarrolla el proyecto: Jurubirá, Nuquí, Coquí, Joví, Partadó, Termales y Arusí.

Mujeres de seis corregimientos del Golfo de Tribugá hacen parte de este emprendimiento. Foto: María Andrea Silva

Chola, como la llaman cariñosamente en la zona, se vinculó al emprendimiento desde el primer día y comenzó a recorrer un camino que hoy, como a las demás, la tiene soñando con grandes oportunidades. Los primeros tapabocas los hicieron con retazos de sábanas y tejiendo con sus propias manos, cuenta emocionada, pues, a su juicio, esta oportunidad apareció en el momento perfecto.

El primer pedido que recibieron fue de la Patrulla Aérea, una prueba de fuego que llevó a convocar a muchas mujeres para que se unieran y de esta forma cumplir con la entrega de 1.000 tapabocas. El pedido fue entregado y luego llegó una nueva solicitud, esta vez de la alcaldía municipal de Nuquí. Se trataba de 3.000 unidades para donar a los habitantes de la población. Esto obligó no solo a perfeccionar la técnica, sino las herramientas con las que trabajaban e incrementar el número de mujeres.

María Alejandra Victorino, quien desde Bogotá apoya la iniciativa, pues conoce el territorio y sabe de sus debilidades y fortalezas, manifiesta que en este momento están innovando y aprendiendo a confeccionar otras prendas. El equipo de confección, que cuenta con el apoyo la diseñadora Andrea Villegas, quien desde Medellín brinda asesoría virtual, está trabajando en cuáles podrían ser las alternativas para ampliar el portafolio. 

Mujeres de todas las edades se han vinculado al Costurero del Golfo poniéndole corazón. Foto: Alejandra Liévano. 

Validan la posibilidad de un piloto para la producción de pañales de tela y kits menstruales porque en esta región el manejo de los desechos es muy deficiente y esta es una de las necesidades más apremiantes en una zona en la que el 30 por ciento de los habitantes son niños. 

Pero también comenzaron a generar un catálogo de muestras de otros productos como gorros, pañales de tela, delantales, sábanas, cobijas, toallas, cojines, chalecos, camisetas y vestidos de baño, entre muchos otros, que están en capacidad de producir.  

Se reciben grandes pedidos

Sin embargo, su fortaleza, por ahora, seguirán siendo los tapabocas que han comenzado a comercializar en otras partes del país. Están en la búsqueda de empresas o convocatorias que requieran volúmenes importantes, pues el Costurero del Golfo tiene todo para cumplir con los pedidos.

Le sugerimos: Mujeres que lideran el emprendimiento naranja en Colombia

Siguen capacitándose y por ello ya hicieron contacto con el director del Sena de Quibdó, quien ha mostrado su apoyo no solo en el tema de confección, sino también de asociación con la idea de que este centenar de mujeres identifique hacia dónde quiere ir y cuál es la mejor forma para hacer su proyecto sostenible.

Con su trabajo, estas mujeres han entendido que hay alternativas distintas de desarrollo en la región y su liderazgo comienza a llamar la atención de propios y extraños, pues en momentos en que se habla de la construcción del Puerto de Tribugá, ellas demuestran que hay formas de generar nuevas economías y desarrollo a partir de los trabajos comunitarios.

"Hemos aprendido a conocernos y a apoyarnos. Somos mujeres que hemos rescatado lo mejor de nosotras para sacar a nuestras familias adelante, pues en su mayoría se trata de madres cabeza de hogar, abuelas y madres solteras", manifiesta Indelida Palacios.

Asegura, además, que esto les ha permitido empoderarse y saber que sus capacidades no tienen límites y que lo que se propongan lo alcanzarán, pues quieren llevar desarrollo a Chocó a partir de ellas mismas, de sus propias manos. "Queremos un desarrollo que vaya con nosotros, que nos tomen en cuenta, que la gente nos visite porque es un departamento que tiene mucho que ofrecer, más allá del turismo que es nuestra principal fuente de ingresos, pues es un departamento con lugares espectaculares", dice. 

El proyecto ha recibido importantes donaciones de equipos para la confección. Foto: Alejandra Liévano

Lea también: Industrias creativas: el futuro de la economía bogotana

Han unido esfuerzos para que su proyecto llegue lejos. Su más reciente logro lo obtuvieron con el envío de 100 tapabocas para vendedores informales de Bucaramanga, producto de una alianza con el programa Respira Colombia. Las costureras del Golfo de Tribugá están pendientes de un tercer contrato que podría materilizarse en Amazonas. 

La iniciativa ha recibido el apoyo de muchos aliados que le han apostado a su sostenibilidad y crecimiento, entre ellos, la Fundación Casa Múcura que ha sido la ONG en campo impulsando y capacitando; The Mask Project, que ha donado máquinas industriales y dotación para los talleres en los seis corregimientos, además de brindar capacitaciones virtuales y tambien los integrantes de algunos hoteles de la zona han sido un gran soporte. Este es el caso de Morromico, Madreagua y Chocó Aventura, así como la Liga de Surf del Chocó, Pranna Pacífico, Madre Agua, Fundación Casa Cielito y la Fundacion Organizmo.

De esta forma, las más de cien mujeres y algunos hombres seguirán trabajando con el apoyo de sus aliados para que el proyecto sea sostenible en el tiempo, que se consolide como un organización del y para el territorio, y que fortalezca el empoderamiento de las mujeres del Golfo.

Este grupo de mujeres hace parte del satélite del corregimiento de Arusí. Foto: Alejandra Liévano