Amenazado. Así se encuentra el bosque seco tropical, un ecosistema típico de los climas más calientes y agrestes representando en árboles como ceibas, guayacanes, cañaguates, amargosos, arrayanes, palmas y caracolís, cuyos tallos y raíces tienen la capacidad de almacenar agua durante largos períodos para afrontar la sequía.

Colombia contaba con más de 9 millones de hectáreas repletas de este bosque, su gran mayoría en los departamentos de la región Caribe y en los valles de los ríos Cauca y Magdalena. Hoy en día, debido a la intensificación de la ganadería, no sobreviven más de 1 millón de hectáreas, de las cuales tan solo 6,4 por ciento hace parte de algún área protegida nacional, regional o reservas de la sociedad civil.

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En resumidas cuentas, la deforestación impulsada por los intereses ganaderos y algunos agricultores puso fin a casi 90 por ciento de los bosques secos nacionales, una masacre de verde que lo tiene en un alto riesgo de colapso y degradación. En la actualidad hay pocos relictos en seis zonas: Caribe, los valles de los ríos Cauca, Magdalena (Tolima y Huila) y Patía (Nariño y Cauca), Norandina (los santanderes) y Orinoquia (Arauca y Casanare).

El bosque seco tropical es catalogado como uno de los ecosistemas menos estudiados del país. El Instituto Humboldt lleva una década analizando sus características. Foto: Jhon Barros.

Según Hernando García, director encargado del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el desconocimiento sobre este bosque ha sido uno de sus principales verdugos. “Hace 10 años ni siquiera era catalogado como bosque. Era invisible y estaba ausente de las estrategias de conservación del país. Los campesinos lo llamaban monte o rastrojo, ya que en sequía pierde casi todas sus hojas”.

Ante esto, desde 2010 el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y el Instituto Humboldt lideran una agenda científica para robustecer la información sobre este ecosistema y fortalecer el proceso de toma de decisiones para su conservación, una hoja de ruta en la que han participado más de 30 entidades nacionales e internacionales como Patrimonio Natural, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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En esta última década, las investigaciones y labores académicas han logrado identificar 2.569 especies de plantas en el bosque seco colombiano, de las cuales 54 son endémicas (no habitan en ninguna otra parte del mundo) y 36 están amenazadas. Según el Humboldt, 87 por ciento de las especies leñosas de este bosque son raras, poco abundantes y con distribución restringida, como cardonal loma, jaribú y taminango.

Hace 10 años, el bosque seco no era considerado como un bosque en Colombia. Lo llamaban ecosistema no boscoso o área semiárida. Foto: Jhon Barros.   

“También hemos encontrado 60 especies de mamíferos terrestres, entre estos el tití cabeciblanco, uno de los animales con mayor peligro de extinción, 49 ranas arborícolas y silbonas y 68 escarabajos coprófagos. En esta década hemos construido una comunidad dedicada a la protección y conocimiento del bosque seco, diez años construyendo insumos para visibilizarlo y poder protegerlo”, anotó García.

Para el biólogo y director encargado del Humboldt, el bosque seco contiene una diversidad biológica única, que junto a condiciones ambientales particulares generan los procesos ecológicos y servicios ecosistémicos que sustentan la productividad, el desarrollo de los territorios y el bienestar de las comunidades que lo habitan.

Uno de los mayores retos del país es conservar a este ecosistema amenazado pero de una forma social e incluyente. Esto implica trabajar con todos los actores posibles, en especial con la gente que allí habita. La ciencia no es la verdad absoluta, sino una base de construcción de diálogo por medio de la información y el conocimiento”, afirmó García.

La región Caribe concentra la mayor cantidad de bosque seco tropical sobreviviente en Colombia: más de 417.000 hectáreas. Foto: Felipe Villegas (Int. Humboldt).

Primeras pinceladas para su protección

La biodiversidad del bosque seco y sus raros árboles, algunos con troncos repletos de espinas para protegerse de los depredadores, ya cuenta con dos salvavidas para evitar que sigan su ruta hacia la extinción, los cuales fueron revelados en el primer Foro Nacional sobre los Bosques Secos de Colombia, llevado a cabo hace pocos días en Bogotá.

El primero de ellos es el Programa Nacional para la Gestión Integral del Bosque Seco Tropical en Colombia (PNGIBST), una herramienta liderada por el Ministerio de Ambiente y el Instituto Humboldt que saldrá a la luz pública en el primer trimestre de 2020, y la cual lleva más de dos años en construcción con aportes de las comunidades que habitan en las zonas donde antes había bosque seco.

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Esta carta de navegación para salvar a los bosques secos cuenta con 113 metas a corto, mediano y largo plazo, 300 acciones y 350 indicadores proyectados hasta el año 2030, todos construidos en ocho talleres por el gobierno, la academia y más 260 representantes de la población de 19 departamentos. Estos encuentros fueron realizados en la región Caribe, Bogotá, Orinoquia, Valle del Cauca, Nariño, Tolima, Huila y Norte de Santander.

El Instituto Humboldt lideró el primer Foro Nacional sobre los Bosques Secos de Colombia, encuentro en donde los expertos anunciaron dos salvavidas para conservar este ecosistema. Foto: Jhon Barros.

“Este programa busca promover acciones entre los diferentes actores que tienen que ver con la conservación, restauración y uso sostenible del bosque. Está enmarcado en una gobernanza y gestión del cambio climático, y también pretende usar este ecosistema de una forma sostenible y de manera integral. Dependiendo de las interacciones que hay en el territorio con el bosque, vamos a atender algunas acciones conjuntas para que la comunidad pueda aprovechar las bondades de una forma adecuada”, dijo Olga Lucía Ospina, profesional de la dirección de bosques del Ministerio de Ambiente.

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Según Ospina, una de las metas más ambiciosas de este programa es lograr la conectividad de los relictos de bosque seco en cada una de las seis regiones donde habita, con miras a consolidar corredores ecológicos y conservar la biodiversidad de estos territorios. 

Pero las zonas del bosque seco no están deshabitadas. Mucha población vive allí desde hace décadas, por lo cual el programa contará con un modelo de uso sostenible del bosque, es decir aprovechar sosteniblemente las especies maderables y no maderables. El ideal es que la gente pueda vivir del bosque pero conservando, además de minimizar la ganadería en estos territorios”.

La experta informó que el ideal es incrementar la cifra actual de bosque seco tropical en el país, ecosistema que hace una década estaba catalogado como un ecosistema no boscoso o un área semiárida, ya que al ser intermitente en las épocas secas desaparece su vegetación.

Varias entidades internacionales y nacionales han trabajado con la comunidad para conservar los bosques secos y emprender una producción sostenible. Foto: Instituto Humboldt.

Hay que incrementar el área en las regiones por medio de la conexión de los relictos y parches de bosque sobreviviente, los cuales podrán ser utilizados sosteniblemente por la población. El programa es una carta de navegación que incluye a la ciudadanía, la academia y el gobierno”, apuntó Ospina.

Carolina Alcázar, bióloga e investigadora de la línea de bosques del Instituto Humboldt, afirmó que este programa recoge los resultados de una década de trabajo mancomunado sobre el bosque seco, ecosistema que considera estratégico para la regulación hídrica, la retención de los suelos y la captura de carbono. 

La primera vez que se habló de bosque seco tropical en Colombia fue en 2004, cuando el plan de la lucha contra la desertificación lo catalogó como un ecosistema seco. En 2012 surgieron la red de investigación y monitoreo de estos bosques y la política de biodiversidad nacional, que dio la partida para su conservación integral; pero no fue sino hasta 2014 que fue declarado como un ecosistema estratégico”

El programa para la gestión del bosque seco busca que la comunidad pueda aprovechar sus frutos y semillas de forma sostenible. Foto: Jhon Barros.

Según la experta, en 2014 varias entidades nacionales e internacionales pusieron en marcha proyectos y estrategias con las comunidades para conservar los bosques secos, en sitios claves como los Montes de María en Bolívar, la cuenca del río Patía y algunos sitios de Tolima y Huila.

“El programa del bosque seco es una recopilación de toda esa investigación, la cual fue socializada en las regiones. En los ocho talleres que realizamos, los habitantes de estas zonas del país dieron sus aportes para crear las metas e indicadores. Este insumo se convierte en la primera política para el bosque seco en Colombia”, puntualizó Alcázar.

Alianza por los bosques

En el primer Foro Nacional sobre los Bosques Secos de Colombia, que contó con la participación de 700 académicos, expertos, ambientalistas, campesinos e indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, fue firmada la Gran Alianza Nacional por la Gestión Integral del Bosque Seco, otro salvavidas para este ecosistema.

Esta alianza, liderada por el director encargado del Humboldt Hernando García, el director de Patrimonio Natural Alberto Galán, la gerente de desarrollo sostenible del PNUD Jimena Puyana, el director del programa Riqueza Natural de USAID Ricardo Sánchez y Manuel Villafañe, uno de los mamos indígenas de la Sierra Nevada, será una ayuda en la implementación del Programa Nacional para la Gestión Integral del Bosque Seco en Colombia.

El pueblo indígena arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta firmó la Gran Alianza por los bosques secos. Foto: Jhon Barros.

“Durante los próximos diez años, esta Gran Alianza promoverá acciones para la gestión del conocimiento, protección y preservación, restauración, uso sostenible, gobernanza y gestión integral del riesgo”, mencionó el director encargado del Humboldt.

La Gran Alianza también busca crear un sistema de información de libre acceso, basado en el estado y tendencias de los componentes biológico, ambiental, social y económico del bosque seco, al igual que nuevas áreas protegidas bajo diferentes figuras de manejo y estrategias de participación comunitaria.

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“Garantizaremos que la restauración sea un proceso prioritario y participativo para que las zonas transformadas recuperen y mantengan la capacidad ecosistémica y así suplir la demanda de bienes y servicios ecosistémicos, mitigar los efectos del cambio climático e incrementar el capital natural y el beneficio social”, cita el manifiesto por los bosques.

Los incendios forestales son unos de los verdugos de los bosques secos. En la Costa Caribe, los campesinos talan y queman el bosque para cultivos y ganado. Foto: Instituto Humboldt.  

Este salvavidas le permitirá a la comunidad de estos bosques hacer un uso sostenible de los recursos naturales. La Alianza trabajará en una estrategia de conservación para identificar, diseñar e implementar de manera participativa modelos de producción, manejo y aprovechamiento de los recursos, con un equilibrio económico y sociocultural.

“Con una gobernanza del bosque seco, los diversos actores del territorio podrán articular sus intereses y responsabilidades para tomar decisiones concertadas sobre el uso y manejo de la biodiversidad. La gestión integral del riesgo debe constituir un proceso de planeación participativa e interinstitucional para incorporar el análisis de vulnerabilidades y amenazas del territorio relacionadas con el cambio ambiental a diferentes escalas, y así generar medidas de mitigación y adaptación a fenómenos como sequía extrema, desertificación, incendios, erosión, invasión de especies e inundaciones”, anotó García.

En la Gran Alianza también participan los líderes y representantes de organizaciones comunitarias e indígenas, sectores productivos, actores académicos, institucionalidad ambiental y representantes de la cooperación internacional.

La Serranía del Perijá y la Sierra Nevada de Santa Marta son dos sitios donde habitan los bosques secos sobrevivientes en Colombia. Foto: Jhon Barros. 

Más acciones

Emilio Rodríguez, director de bosques de Minambiente, informó que ya está listo un marco regulatorio sobre las especies no maderables del bosque seco, insumo que será útil para el uso sostenible del ecosistema y el cual beneficiará a las comunidades. “Estará muy pronto en la página web del Ministerio y contribuirá con la puesta en marcha del programa para la gestión del bosque seco tropical”.

Rodríguez aseguró que la entidad viene trabajando en una nueva guía de ordenamiento forestal y varios acuerdos con la Agencia Nacional de Tierras, los cuales permitirán aprovechar de una forma adecuada los bosques secos. 

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“Las personas conocerán dónde es posible tener acceso al uso sostenible de los bosques. Sumado a esto, con la Corporación Autónoma Regional de la Frontera Nororiental (Corponor), estamos identificando unas áreas de bosque seco cerca al Parque Nacional Los Estoraques para incluirlas dentro del área protegida”.

Por último, el directivo hizo un SOS por los bosques secos de Arauca, en especial los de la zona del Sarare. "Esta zona nunca había sido considerada como un núcleo de deforestación. El año pasado el Ideam informó que sus bosques secos estaban disminuyendo su cantidad".