En los últimos 50 años, el planeta ha palidecido drásticamente por la explosión del comercio global, consumo, crecimiento desenfrenado de la población humana y la expansión urbanística, actividades que están provocando una destrucción y degradación acelerada en la biodiversidad mundial. 

Estamos en un planeta con una sobreexplotación de los recursos naturales a un ritmo sin precedentes. Las últimas áreas realmente vírgenes que aún nos quedan están en unos pocos países, y como resultado de esto, el mundo natural se transforma más rápido que nunca”, revela el informe Índice Planeta Vivo (IPV) 2020, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) que es presentado cada dos años.

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Uno de los principales hallazgos de este estudio es que entre 1970 y 2016, las poblaciones de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces en el planeta registraron un desplome de casi el 70 por ciento, un claro indicador del lamentable estado de la salud global que padecen los ecosistemas del mundo.

El cambio en el uso del suelo está desagrando los recursos naturales planetarios. Foto: Adriano Gambarini (WWF-Brasil).

“El IPV hace un seguimiento de la abundancia de casi 21.000 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios en todo el planeta. Con datos de 4.392 especies, el índice global 2020 muestra un descenso medio del 68 por ciento de las poblaciones a lo largo de 46 años. Este cambio porcentual no representa el número de individuos muertos, sino el cambio proporcional de las magnitudes de las poblaciones animales estudiadas”, cita en informe.

Marco Lambertini, director general WWF Internacional, informó que mientras el mundo se tambalea por la alteración global más profunda de su vida, el Informe Planeta Vivo de este año proporciona una evidencia inequívoca de que la naturaleza se está desmoronando y que el planeta está mostrando claras señales de advertencia.

“La destrucción de la naturaleza por parte de la humanidad está teniendo impactos catastróficos tanto para las poblaciones de fauna y flora salvajes como para la salud humana. La covid-19 es una clara manifestación de nuestra relación rota con la naturaleza y destaca la profunda interconexión entre la salud de las personas y el planeta”, precisa Lambertini.

Los animales son los principales damificados de la crisis ambiental del planeta. Foto: David Fleetham (WWF).

Sin embargo, el informe indica que aún es posible revertir la curva de la pérdida de biodiversidad, al igual que detener y cambiar la tendencia provocada por la alteración en los usos del suelo. “Necesitamos lograr la transición a una sociedad y un sistema económico que valore la naturaleza y reequilibrar nuestra relación con el planeta para preservar la diversidad de vida y permitir una sociedad justa, saludable y próspera”, expresó Lambertini.

El Índice Planeta Vivo plantea que los líderes del mundo deben embarcarse en un nuevo acuerdo global para la naturaleza y las personas encaminado en un desarrollo general sostenible y saludable. “Para lograrlo será necesario un liderazgo sólido y que todos pasemos a la acción”.

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El director general de WWF manifestó que ese futuro comienza con las decisiones que toman hoy los gobiernos, empresas y personas. "Los líderes mundiales deben tomar medidas urgentes para proteger y restaurar la naturaleza como base para una sociedad sana y una economía próspera. El compromiso debe ser detener y revertir la pérdida de la naturaleza para el 2030”.

El planeta aún está a tiempo de revertir la curva de pérdida de biosiversidad. Foto: Jonathan Caramanus (Green Renaissance - WWF-UK).

El nuevo estudio afirma que las catástrofes recientes, como los incendios, plagas de langostas y la pandemia del coronavirus, demuestran que la conservación de la biodiversidad debe convertirse en una inversión estratégica no negociable destinada a preservar la salud, recursos y seguridad. 

“2020 estaba llamado a convertirse en esa clave, pues la comunidad internacional iba a empezar a desarrollar planes ambiciosos con importantes reuniones sobre cambio climático, biodiversidad y desarrollo sostenible. Pero debido a la covid-19, la mayoría de estos encuentros han tenido que posponerse hasta 2021”.

Lambertini considera que el reciente informe de WWF, publicado en medio de un periodo de turbulencias, volatilidad y cambios, “puede servir para inspirar las actuaciones necesarias que aborden los retos ecológicos, sociales y económicos globales. Es hora que respondamos al SOS de la naturaleza. Ignorarla no sólo pone en juego la diversidad sino el futuro de casi 8.000 millones de personas”.

El calentamiento global está afectando los comportamientos de los animales. Foto:  ©naturepl.com (Andy Rouse - WWF).

Sudamérica, en saldos rojos

Aunque entre 1970 y 2016 la abundancia de animales en el mundo se redujo un 68 por ciento, el último análisis de la biodiversidad muestra algunos puntos positivos, como casi 400 especies nuevas y 4.870 nuevas poblaciones. “Desde la publicación del Índice Planeta Vivo en 2018, el número de especies incluidas ha aumentado en la mayoría de las regiones y grupos taxonómicos”, dice el IPV.

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Sin embargo, el análisis muestra que la disminución en la biodiversidad es distinta en cada una de las regiones del planeta, siendo las especies tropicales de Sudamérica las que están sufriendo un mayor declive. “El resultado más impactante a escala planetaria es la reducción del 94 por ciento del índice de las subregiones tropicales del continente americano”.

Esta reducción fue del 65 por ciento en África, 45 por ciento en Asia y Oceanía, 33 por ciento en Norteamérica y 24 por ciento en Europa. “La alteración de praderas, sabanas, bosques y humedales, la sobreexplotación de especies, el cambio climático y la introducción de especies exóticas, constituyen las principales amenazas”, afirma WWF.

La Amazonia hace parte de la subregión que más ha perdido su vasta biodiversidad. Foto: James Morgan (WWF).

Otras cifras alarmantes del Índice Planeta Vivo es que el 75 por ciento de la superficie terrestre no cubierta por hielo ya fue alterada, 85 por ciento de los humedales ya desaparecieron y la mayoría de los mares están contaminados.

“Desde la revolución industrial, las actividades humanas han ido degradando y destruyendo los bosques, praderas, humedales y otros ecosistemas importantes. Los cambios de uso del suelo son el principal factor que ha provocado la mayor pérdida de la biodiversidad en los sistemas terrestres durante las últimas décadas, que han convertido hábitats autóctonos originales en tierras de cultivo”, revela el IPV. 

Para WWF, a escala global el cambio climático aún no es la causa más importante de pérdida de biodiversidad, pero prevé que en las próximas décadas alcance la misma importancia o será aún mayor. “La pérdida de biodiversidad no es una mera cuestión ambiental, sino un auténtico desafío para la economía, desarrollo y seguridad global, y un grave problema ético y moral. Es una cuestión de autoprotección”.

Las especies de Sudamérica, como la nutria gigante, están entre las más amenzadas del planeta. Foto: ©naturepl.com (Nick Garbutt - WWF).

Acechados por el calentamiento

Una de cada cinco especies en el planeta está en peligro de extinción debido exclusivamente al cambio climático, mientras que en los puntos calientes para la biodiversidad se prevén algunas de las tasas de pérdida más elevadas. 

“Hace 30 años, los impactos del cambio climático en las especies eran extremadamente raros, pero ahora son algo muy común. Algunas están relativamente protegidas frente a estos cambios, como los peces de aguas profundas, pero hay otras que están afrontando presiones climáticas muy importantes, como las que habitan el Ártico y la tundra”, dice el IPV.

Entre las afectaciones derivadas del cambio climático a las especies están el estrés fisiológico directo, pérdida de sus hábitats, perturbaciones en las interacciones como la polinización o relaciones entre depredadores y presas o el cambio en las migraciones, crianza o brotadura de las hojas.

Los cambios en las temperaturas han afectado a varias especies dela fauna mundial. Foto: Ola Jennersten (WWF-Sweden).

“Los recientes impactos del cambio climático sobre los zorros voladores o los melomys de Cayo Bramble (Australia), nos muestran lo rápido que el cambio climático puede producir descensos poblacionales drásticos. También nos advierte sobre posibles daños nunca antes vistos en especies menos conspicuas”.

El Melomys rubicola de Cayo Bramble es el primer mamífero en extinguirse como resultado directo del cambio climático. Este animal saltó a los titulares en 2016, cuando fue declarado oficialmente extinguido tras una intensa indagación en el cayo coralino de cinco hectáreas del estrecho australiano de Torres. “Este tipo de roedor ha desaparecido, pero ha quedado inmortalizado como una llamativa advertencia de que debemos actuar inmediatamente contra el cambio climático”, anota WWF.

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Por su parte, los zorros voladores (género Pteropus) no pueden soportar físicamente temperaturas superiores a los 42 grados centígrados. “A partir de esta temperatura, sus estrategias habituales de supervivencia resultan insuficientes para mantener su temperatura corporal y comienzan a agolparse entre ellos, en un desesperado intento de escapar del calor”.

A medida que van cayendo de los árboles, muchos de estos mamíferos quedan atrapados y mueren. “Se piensa que entre 1994 y 2007 han muerto más de 30.000 zorros voladores de por lo menos dos especies diferentes, de una población total de menos de 100.000, debido a sucesivas olas de calor”, informa el IPV.

La biodiversidad planetaria atraviesa por su peor crisis. Foto: Martin Harvey (WWF).

Agua dulce en mayor riesgo

La biodiversidad de los ecosistemas dulceacuícolas disminuye a un ritmo más rápido que en los mares o los bosques, afirma el IPV 2020. Por ejemplo, desde el siglo XVIII casi el 90 por ciento de los humedales del planeta ha desaparecido y las cartografías globales recientes demuestran hasta qué punto las actividades humanas han alterado millones de kilómetros de ríos.

Las 3.471 poblaciones evaluadas de agua dulce, que representan a 944 especies de mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces, han disminuido una media de 84 por ciento, cifra equivalente al 4 por ciento anual desde 1970.

La mayor parte de estas pérdidas se están dando entre los anfibios, reptiles y peces de agua dulce en todas las regiones del planeta, pero especialmente en Latinoamérica y el Caribe. Todos estos cambios han tenido un profundo impacto en la biodiversidad del agua dulce, donde las tendencias poblaciones de las especies monitoreadas están en continuo descenso”, expresó WWF. 

La megafauna es la más susceptible a desaparecer. Foto: Vincent Kneefel (WWF). 

Los animales con un tamaño corporal, denominados como la megafauna, son los más amenazados. Según el IPV 2020, en los ecosistemas de agua dulce, la megafauna está compuesta por especies que pueden superar los 30 kilos, como esturiones o pez gato gigante del Mekong, delfines de río, nutrias, castores e hipopótamos. 

Estos animales suelen verse sometidos a intensas amenazas antropogénicas, incluyendo la sobreexplotación, por lo que el resultado observado es un importante descenso poblacional. Los peces gigantes resultan particularmente vulnerables”. 

Entre 2000 y 2015, las capturas en la cuenca del río Mekong en Asia han disminuido para el 78 por ciento de las especies, “pero los descensos poblacionales han afectado más a especies de tamaño grande y medio. Los peces de gran tamaño también se ven más afectados por las construcciones de presas, que a menudo bloquean sus rutas migratorias hacia zonas de desove o de alimentación”.

La pesca disminuye a paso galopante por la crisis de la biodiversidad. Foto: Zig Koch (WWF).

Cifras amargas

Por medio de teledetección y proyecciones basadas en modelos de datos, el IPV estimó las pérdidas de las áreas de distribución de los hábitats idóneos para miles de especies de animales debido a los cambios en los usos del suelo y el cambio climático.

Según el reporte, entre 2000 y 2018 el índice de hábitats de especies cayó un 2 por ciento, “lo que indica una tendencia aguda y generalizada de desaparición de hábitats disponibles para los animales. En ciertas regiones o determinadas especies, este descenso es mucho más marcado, con pérdidas que se aproximan a los dos dígitos. Eso conlleva a graves reducciones de la abundancia poblacional”, anota WWF.

Basado en los datos de la lista roja de especies amenazadas de la Unión para la Conservación de la Naturaleza, WWF evaluó las tendencias en la probabilidad de supervivencia de los animales. Los valores más cercanos a 1 equivalen a las especies en la categoría de preocupación menor, mientras que a 0 son las más próximas a desaparecer.

Los anfibios son los más críticos, con un rango entre 0,8 y 0,7. Los corales registraron una disminución de 1 a 0,8 entre 2000 y 2010, mientras que los mamíferos se ubican entre 0,9 y 0,8. Las aves, libélulas y caracoles son los menos críticos.

Los recursos naturales planetarios están en una carrera contra reloj. Foto: Brent Stirton (Getty Images - WWF-UK). 

“Un valor constante de este índice a lo largo del tiempo es que el riesgo general de extinción del grupo en cuestión no ha cambiado. Si se produjera una reducción del ritmo de pérdida de biodiversidad, el índice mostraría una tendencia ascendente”, aclara WWF.

Por su parte, el índice de integridad de la biodiversidad estima la proporción media de biodiversidad originaria que se conserva en las distintas regiones del mundo, y la cual se ve afectada por los usos del suelo y otras presiones derivadas. “El índice actual del planeta es del 79 por ciento, muy por debajo del límite de seguridad propuesto (90 por ciento), y el cual sigue reduciéndose especialmente en África. Esto sugiere que la biodiversidad terrestre global ya está peligrosamente comprometida”.

Las plantas no se escapan

Una de cada cinco especies de plantas en el mundo está amenazada de extinción, su mayoría en las zonas tropicales. Según el IPV, el riesgo de extinción de las especies vegetales es comparable con el de los mamíferos y más alto que el de las aves. “El número de plantas extinguidas documentadas es el doble que la de mamíferos, aves y anfibios juntos”.

El informe presenta varias muestras de la hecatombe que viven las plantas. Nymphaea thermarum, el nenúfar más pequeño del mundo, es una planta cuyo único hábitat era el lodo formado por el desbordamiento de un río en Ruanda. Sin embargo, la última de estas plantas se secó y murió en 2008, cuando la corriente de agua  fue desviada para usos agrícolas. “Afortunadamente, el Real Jardín Botánico de Kew, en Londres, mantiene una colección ex situ de estas plantas, así que se espera una posible reintroducción cuando se restaure su frágil hábitat”.

Las plantas también están en un alto grado de amenaza en el planeta. Foto: Olivier Langrand (WWF).

El cafeto arábigo (Coffea arabica), que proporciona los granos de café más populares del mundo, está en peligro por los efectos del cambio climático, y lo más probable es que a 2088 registre una pérdida de más de la mitad de su población natural.

La guarajuba es un árbol endémico de Brasil que se encuentra en peligro. “Hasta hace poco se creía extinguido en estado salvaje, pero ha sido redescubierto durante las investigaciones para la primera Evaluación Mundial de Árboles, que va a cubrir las 60.000 especies conocidas de árboles de todo el planeta para lograr una visión panorámica completa de su estado de conservación”.

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El IPV destaca que los bancos de semillas albergan unos siete millones de muestras de cultivos y facilitan la salvaguardia de la biodiversidad y la seguridad alimentaria mundial. “En las últimas décadas se han creado cientos de estos bancos a escala local, nacional e internacional, pero posiblemente el más conocido es Svalbard, en Noruega, que ofrece un servicio de reposición cuando haya problemas en otros bancos de semillas”.

Una de cada cinco especies de plantas en el mundo está amenazada de extinción. Foto: Roger Leguen (WWF).

Planeta enfermo

En 1970, la huella ecológica global era menor que el ritmo de regeneración de la Tierra, algo que actualmente no sucede. Según WWF, la demanda de consumo y los recursos naturales están repartidos de forma muy desigual en todo el mundo. 

El patrón de consumo humano de estos recursos difiere de la disponibilidad de los mismos, puesto que los recursos no se consumen en el lugar de extracción. La huella ecológica por persona en los países ofrece una visión del consumo de recursos, de los riesgos y de las oportunidades de cada país”.

El IPV indica que los niveles tan dispares en las huellas ecológicas mundiales están motivados por los diversos estilos de vida y patrones de consumo, incluyendo la cantidad de alimento, bienes y servicios consumidos por sus habitantes, los recursos naturales empleados y el dióxido de carbono emitido para suministrar dichos bienes y servicios.

El plástico es una de las problemáticas que más afecta a la biodiversidad planetaria. Foto: Sam Hobson (WWF-UK). 

“Las vías de desarrollo desde 1970 han presentado beneficios y cargas desiguales que difieren entre países. Los aumentos más bajos del PIB se han producido en los países actualmente menos desarrollados, mientras que el aumento del consumo en los más desarrollados ha provocado un aumento de la extracción de materiales vivos de la naturaleza que, en gran parte, proceden de los países en desarrollo y la protección de áreas clave de biodiversidad”, cita en informe.

El IPV indica que los sistemas de producción agroalimentaria juegan un papel clave en las amenazas a la biodiversidad y los ecosistemas. “La agricultura es responsable del 80 por ciento de la deforestación global y representa 70 por ciento del uso de agua dulce. Motores vinculados a esta producción causan 50 por ciento de la pérdida de biodiversidad de agua dulce”.

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La biodiversidad terrestre se ve afectada principalmente por cinco impulsores directos: cambio de uso de la tierra, cambio climático, sobreexplotación, contaminación e introducción de especies invasoras.

Tres cuartas partes de todas las especies de plantas y vertebrados que se han extinguido desde 1.500 fueron perjudicados por la sobreexplotación o la agricultura; de hecho, alrededor de un tercio de la superficie terrestre total se utiliza para fines agrícolas. La superficie terrestre cubierta por agricultura y edificadas se duplicaron entre 1900 y 2016. La energía, transporte y vivienda también contribuyen a la conversión de la tierra”.

El desarrollo no ha podido ir de la mano con la conservación de los recursos naturales. Foto: Jo Benn (WWF).

Pocas zonas vírgenes

La mayoría de los lugares sin huella humana se concentran actualmente en apenas unos pocos países, como Rusia, Canadá, Brasil y Australia. Según WWF, estas son las últimas zonas realmente vírgenes del planeta.

El último mapa de huella humana muestra que 58 por ciento de la superficie de la Tierra está bajo la intensa presión humana y que solo el 25 por ciento del planeta puede considerarse libre del hombre. Desde 2000, 1,9 millones de kilómetros cuadrados de tierra intacta, área similar al tamaño de México, se ha perdido”.

El informe indica que los lugares ecológicamente intactos están al borde de la misma crisis de extinción que enfrentan las especies. “Estos lugares están desapareciendo frente a nuestros ojos. Como la extinción de especies, la erosión de estos ecosistemas es esencialmente irreversible y tiene profundos impactos”.

La pérdida de la cobertura glaciar es cada vez más mayor. Foto: Elisabeth Kruger (WWF-US). 

Una vez erosionados, los ecosistemas intactos nunca se pueden restaurar por completo. “Nuestra capacidad mejorada de utilizar la tecnología para mapear y monitorear la Tierra debe ir de la mano con compromisos para evitar que estos ecosistemas sigan desapareciendo y cumplir con su papel fundamental ante la crisis climática y la biodiversidad”.

Los mares arden

Ningún lugar del océano está completamente ajeno a los humanos. El IPV estima que incluso en el 13 por ciento de los mares libre de humanos cuenta con desechos y basura marina en las fosas profundas del mar. “Estos efectos negativos amenazan varios bienes y servicios, como el suministro de alimentos, clima, regulación, almacenamiento de carbono y protección costera. Además, estos ecosistemas son vitales para la sociedad humana”.

La FAO estima que el pescado representa 20 por ciento de la base alimenticia a más de 3.300 millones de personas y que las pesquerías y sectores de la acuicultura proporcionan empleo directo a 59,5 millones de habitantes. “Casi 200 millones de personas dependen de los arrecifes de coral al evitar marejadas ciclónicas y olas”.

Los manglares figuran entre los ecosistemas más amenazados del planeta. Foto: ©naturepl.com (Tim Laman - WWF).

Sin embargo, la sobrepesca, contaminación y desarrollo urbanístico costero impactan profundamente los océanos, desde las aguas someras a las grandes profundidades marinas. “El cambio climático provocará cada vez más efectos en los ecosistemas marinos”, dice el IPV.

WWF elaboró un listado con las 10 mayores amenazas para los mares: pesca, cambio climático, contaminación de origen terrestre, contaminación de origen marino, desarrollo urbanístico costero, especies exóticas invasoras, infraestructuras en alta mar, embarcaciones, maricultura y minería de los fondos marinos.

Hoja de ruta

A pesar de las cifras, el Índice Planeta Vivo indica que la batalla aún no está perdida y que el mundo está a tiempo de detener y revertir la pérdida de biodiversidad. ¿Cómo lograrlo? WWF propone un planteamiento novedoso y orientado tanto en la conservación de la naturaleza como en la transformación del sistema alimentario, iniciativa llamada “Revertir la Curva”.

Con base en proyectos pioneros y los más recientes esfuerzos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático y la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas, se han desarrollado siete posibles escenarios de futuro:

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  1. Escenario de referencia: asumir una situación a medio camino con limitados esfuerzos hacia la conservación, producción y consumo sostenibles. En dicho modelo, la población humana alcanzaría los 9.400 millones de personas en 2070, el crecimiento económico sería moderado y fuertemente desigual y la globalización proseguiría. 
  2. Incremento del esfuerzo de conservación: incluye un incremento de extensión y gestión de las áreas protegidas, mayores esfuerzos en restauración y planes de conservación a escala paisajística.
  3. Producción más sostenible: recoge un incremento de la sostenibilidad tanto en la producción como en el comercio de alimentos.
  4. Consumo más sostenible: contempla una reducción del desperdicio de alimentos desde “el campo a la mesa” e incluye cambios en la dieta hacia una menor ingesta de calorías de origen animal en los países con altos consumos de carne.
  5. Esfuerzos en conservación y producción sostenible.
  6. Esfuerzos en conservación y consumo sostenible.
  7. Integrated Action Portfolio (escenario de actuaciones integradas).

WWF propone una hoja de ruta para que la conservación y la economía vayan de la mano. Foto: James Suter (Black Bean Productions - WWF-US).

La conservación es fundamental pero no suficiente, ya que debemos transformar los patrones de producción y consumo de alimentos. El IPV muestra que sólo con un enfoque integrado, que combine una conservación ambiciosa con medidas dirigidas a los factores que provocan la conversión del hábitat, como las intervenciones de producción o consumo sostenibles, se logrará revertir la curva de la pérdida de biodiversidad”, concluye el informe.

Mensaje de la pandemia

Según WWF, la pandemia por la covid-19 sirve como una señal de SOS para la humanidad y pone sobre la mesa la necesidad de vivir dentro de un espacio operativo pero seguro para el planeta. 

“De no hacerlo, las consecuencias ambientales, sanitarias y económicas serán desastrosas. Ahora, más que nunca, los avances tecnológicos nos permiten escuchar estos mensajes y comprender mejor el mundo natural”. 

La humanidad aún está a tiempo de evitar la mayor hecatombe ecosistémica. Foto: Daniël Nelson.

Uno de los primeros pasos propuestos en el informe es estimar el valor del capital natural, es decir la cantidad de recursos naturales renovables y no renovables del planeta, como plantas, suelos y minerales, junto con los valores del capital humano y producido. 

“Datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente muestran que, por persona, las existencias mundiales de capital natural han disminuido casi un 40 por ciento desde principios de la década de 1990, mientras que el capital producido se ha duplicado y el capital humano ha aumentado 13 por ciento”.

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Al sol de hoy, pocas de las personas que toman las decisiones económicas y financieras saben cómo interpretar este mensaje. “Un problema clave es el desajuste entre la gramática económica artificial que dirige las políticas públicas y privadas y la sintaxis de la naturaleza que determina cómo funciona el mundo real, y por eso perdemos el mensaje”, anota la organización.

La biodiversidad pide a gritos un equilibrio entre la conservación y el desarrollo económico. Foto: Clay Bolt (WWF-US).

Para WWF, ubicar las economías dentro de la naturaleza ayuda a aceptar que la prosperidad está limitada finalmente al planeta. “Esta nueva gramática es necesaria en todas partes, desde las aulas hasta las salas de juntas, y desde los consejos locales hasta los departamentos gubernamentales nacionales”. 

El crecimiento económico sostenible debe orientar a los líderes para que adopten las mejores decisiones que “nos procuren, a nosotros y a las generaciones futuras, la vida más saludable, verde y feliz que cada vez más personas quieren. A partir de ahora, proteger y mejorar nuestro medioambiente debe estar en el centro del objetivo de lograr la prosperidad económica”.