Aplausos y rechiflas le han valido al Gobierno nacional el anuncio de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 51 por ciento para el año 2030, 31% más que la meta propuesta hace cinco años (20%).

Algunos valoran sus buenas intenciones y voluntad, mientras que otros, por el contrario, sostienen que se trata de una decisión populista, poco realista e incoherente. 

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Aunque todavía no se sabe con certeza qué acciones y estrategias emprenderá el Ejecutivo para lograr este propósito en cada sector, tanto el presidente Duque, como el ministro de Ambiente, Carlos Correa, han dado algunas luces. 

En el programa de televisión denominado Prevención y Acción, a través del cual el mandatario dio a conocer la noticia, señaló que este objetivo se logrará con la aceleración de la transición energética, movilidad limpia, reducción en la tasa de deforestación y la siembra de árboles en todo el territorio nacional. "El objetivo es cumplir en 2022 la meta de sembrar los 180 millones de árboles", manifestó. 


Entre las estrategias planetadas hasta ahora por el Gobierno nacional está la de incrementar la tasa de reciclaje en el país, la cual en la actulidad se ubica en el 11 por ciento. Foto: Juan Arredondo. 

Duque también planteó la protección de la Amazonia y de los páramos, la extensión del pago por servicios ambientales y la incorporación de los ciudadanos en la reducción de su huella de carbono, a partir de la apropiación  de las tres R (reducir, reutilizar y reciclar). "Al año 2030 nos vamos a comprometer con una agenda clara y específica, multisectorial para que se tenga esa reducción”, explicó. 

Sostuvo que la unión de todos sería vital para la contribuir a la protección del planeta, haciendo un claro llamado a efectuar un "pacto verde colombiano". 

El ministro Correa, entre tanto, ha señalado que esta meta se logrará con la masificación de las prácticas de ganadería sostenible, la promoción de negocios verdes, la bioeconomía, el aprovechamiento del metano en el procesamiento de residuos, el impulso a la economía circular y el respaldo del sector privado con la aceleración hacia modelos económicos más sostenibles, a partir de buenas prácticas operativas. 

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No obstante, la hoja de ruta en la que estarán especificadas las medidas de adaptación y mitigación al cambio climático, las políticas públicas, así como los compromisos que cada sector deberá asumir, está detallada en el documento de actualización de la Contribución Determinada a Nivel Nacional de Colombia (NDC, por sus siglas en inglés) en el que viene trabajando el Gobierno, ya que Colombia, como país perteneciente al Acuerdo de París, debe fijar mediante esta herramienta sus propuestas para frenar los efectos del cambio climático ocasionados por las emisiones de cara a los próximos 10 años.

Se espera que en la Cumbre Mundial sobre el Clima, que se desarrollará este sábado 12 de diciembre en el Reino Unido, fecha en la que se conmemora el quinto aniversario del Acuerdo de París, sea explicada más claramente la lista de acciones que se emprenderán, cuando el presidente Duque de a conocer al mundo su compromiso de reducir a 169,4 millones, las 237 millones de toneladas de gases de efecto invernadero que el país genera, en promedio, cada año, según el Segundo Reporte Bienal de Actualización de Colombia ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). 

Sin embargo, se sabe que en total serán 145 medidas de mitigación sectoriales, lideradas por los siete ministerios que generan la mayor parte de las emisiones en el país, al igual que acciones en los territorios y del sector privado. También se supo que la meta no está condicionada a la cooperación internacional y que en la actualización del documento el Gobierno se comprometió a un nivel no superior de deforestación de 55.000 hectáreas al año, cifra que representa un 75 por ciento de reducción. 

Los recursos para poder lograr la meta saldrían de un Conpes y la ley de crecimiento limpio. 

Los desafíos

Uno de los mayores retos que tiene el Gobierno es diseñar una estrategia que responda a las singularidades y complejidades de las condiciones nacionales específicas, como lo planteó Manuel Guzmán Hennessey, investigador y profesor universitario en una columna de opinión publicada en El Tiempo. 

En ese aspecto será determinante reducir la deforestación a cero, pues es la actividad que más emisiones genera. De acuerdo con la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático, la tala de bosques aporta el 36 por ciento de las emisiones totales de GEI en Colombia, entre los que se encuentran el dióxido de carbono y el metano, principalmente. 

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En total, según el Ministerio de Ambiente, la agricultura, el sector forestal y el cambio de uso de suelos representan el 55 por ciento de las emisiones generadas en el país, siendo la deforestación la que más aporta. Luego se ubican las industrias energéticas (14%), el sector transporte (12%), las manufactureras y la construcción (12%), el saneamiento básico (4%) y el residencial (3%). 

Ante ese panorama es clave frenar la tala de bosques si se quiere cumplir con lo prometido. El Gobierno le ha apostado a los pagos por servicios ambientales, los convenios de conservación comunitaria y la operación militar Artemisa, cuyos resultados han sido fuertemente cuestionados, pues, hasta ahora, no se ha registrado la primera captura de alguno de los cabecillas que lideran la tumba y quema de bosque en la Amazonia. Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS), así lo considera.


Reducir la tala de bosques a cero es uno de los principales retos que tiene el Gobierno nacional de cara a cumplir con la meta de reducción de emisiones al 2030. Foto: Rodrigo Botero. 

“No ha habido un resultado efectivo contra esos grandes determinadores de la deforestación, es decir, que hay una falla estructural. Los operativos en áreas importantes tampoco han tenido una sostenibilidad en el control territorial, ya que luego de las acciones los terrenos siguen siendo afectados por la falta de presencia estatal y con más agravantes en su condición ambiental”, dijo.

Para él, se debe replantear la estrategia de control y trabajar en un cambio en la concepción de la presencia del Estado si se quiere frenar la deforestación, que en 2019 arrasó con 158.894 hectáreas; en 2018 devastó 197.159 y en 2017 acabó con 219.973 hectáreas. 

Ojo al agro 

Ernesto Guhl Nanneti, exviceministro de Medio Ambiente, sostiene que se trata de una meta muy ambiciosa, difícil de cumplir y más aún, si se tiene en cuenta, las contradicciones en las que viene incurriendo el Gobierno nacional en esta materia. “Uno no entiende bien cómo se propone una meta de reducción del 51 por ciento de las emisiones, mientras se sigue estimulando la producción de hidrocarburos, a través de técnicas como el fracking y la extracción minera en áreas de alto valor ambiental, que implican la pérdida de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, y una mayor emisión de gases”, señaló. 

El académico cree, igualmente, que para llegar a ese objetivo se debe entender bien en dónde actuar y plantear una estrategia multisectorial muy compleja con efectos sobre la economía y la sociedad. “Hacer eso requeriría una toma de decisiones muy radical en ciertos puntos y sobre eso no se ve que haya un buen panorama”, manifestó.

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Guhl Nanneti hizo énfasis en que se debe prestar especial atención en los sectores de transporte y ganadería. “El transporte es altamente dependiente de los combustibles fósiles y cambiarlo implica millonarias inversiones y una serie de decisiones de fondo en cuanto, por ejemplo, al tipo de vehículos y la infraestructura de suministro de energía que habría que abordar en forma rápida", resaltó.  

Aseveró que es necesario virar hacia una ganadería sostenible, frenando la expansión de su frontera que, para él, es altamente amenazante con el medioambiente. Aseguró, además, que para poder cumplir con este nuevo compromiso, el Gobierno tendría que dejar muy bien estructuradas las normas y políticas públicas, de tal suerte que el mandatario que llegue se vea obligado a cumplir, pues resaltó el hecho de que al presidente Duque solo le quedaban dos años de mandato. 


La ganadería es uno de los principales motores de la deforestación y una de las actividades que más gases efecto invernadero produce. Foto: archivo /Semana. 

Manuel Rodríguez, exministro de Ambiente, cree que es positivo aumentar la ambición, pero sostiene que para tal fin es crucial reducir las emisiones que se generan en el campo, pues considera que, a diferencia de otros países, cuyos gases provienen del sector energético y del transporte, aquí se generan principalmente en el ámbito agropecuario. Para él, es fundamental invertir en desarrollo tecnológico, capacitar y asesorar a los campesinos y transformar ese sector para que el Gobierno pueda cumplir. 

A juicio de Silvia Gómez, directora de Greenpeace Colombia, el logro de la meta sólo será posible si se acompaña con medidas concretas de corto plazo, que involucre a todos los actores y sectores de la sociedad. 

Consideró prioritaria la reconversión del sector agropecuario hacia prácticas sostenibles y regenerativas, que permitan reducir hasta eliminar la deforestación. “Esta debe ser una prioridad de Estado de largo plazo a la que se le debe invertir todos los recursos necesarios para avanzar, dada la fragilidad de nuestros bosques, las funciones únicas que cumplen para la regulación del clima planetario, de protección de la biodiversidad, entre otras”, precisó. 

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Para ella, las ciudades emiten el 70 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, razón por la cual el Gobierno nacional debe trabajar de forma articulada con departamentos y municipios. 

“Para lograr esa meta se requiere de una política pública ambiciosa, y también de un compromiso de parte de la ciudadanía. Se necesitan cambios en los patrones de producción, en los que el sector privado juega un papel central. Y también en los patrones de consumo, por lo que la mentalidad y el estilo de vida de los ciudadanos deben avanzar y alinearse con esta meta común que tenemos para el futuro de nuestra región y planeta”, manifestó.


En la ciudades se produce el 70 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero, según Greenpeace, por eso es indispensable cambiar el sistema de transporte hacia modelos más sostenibles. Foto: archivo /Semana. 

Por su parte, Alejandra  Aguilar, coordinadora de Justicia Climática de la Asociación Ambiente y Sociedad, también ve con buenos ojos el anuncio porque - según ella - muestra la voluntad política de este gobierno en avanzar en la descarbonización de la economía. “Es un mensaje muy poderoso para América Latina y para el mundo. Es muy alentador e insta a los demás países a asumir metas ambiciosas”, apuntó. 

No obstante, considera que es importante saber si esa reducción del 51 por ciento es absoluta o está condicionada a cooperación internacional. Agregó que, además, estaban a la expectativa por saber si esa nueva actualización del NDC incluía medidas para el fortalecimiento del enfoque de género y los derechos de las comunidades étnicas, los cuales son para Aguilar vitales para alcanzar esa meta. 

“Si Colombia quiere cumplir con la estrategia de emisiones cero a 2050, evidentemente a 2030 habrá tenido que transicionar hacia una descarbonización de su economía”, dijo. 

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Afirmó que era posible que este nuevo compromiso del Gobierno no se pudiera materializar como muchos otros, pero recalcó que eso no le quitaba que fuera un mensaje muy positivo para los demás líderes mundiales. 

Indicó que, de acuerdo al Informe sobre la Brecha de Emisiones del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) de 2019, los compromisos climáticos vigentes no eran suficientes para limitar el aumento de la temperatura. “Se requiere una reducción extra del 7,6 por ciento de las emisiones globales todos los años hasta el 2030 para evitar un aumento mayor a 1.5°C, de ahí el valor del compromiso de Colombia”, dijo Aguilar, quien señaló que, aunque difícil, la ciencia lo estaba pidiendo y era indispensable emprender acciones ya.   

La naturaleza envió un mensaje muy claro durante esta pandemia y si el hombre no actúa rápido para mitigar su depredación, a futuro no habrá mucho por hacer. La meta propuesta por el Gobierno es realmente difícil de cumplir, pero debe servir de estímulo para luchar por un propósito común: el planeta.