* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

De los 15 humedales reconocidos que hay en Bogotá, Juan Amarillo o Tibabuyes, ubicado entre las localidades de Suba y Engativá, es sin lugar a dudas el más perjudicado por el cemento.

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A finales de los años 90, uno de los sectores del espejo de agua en fue totalmente adoquinado, obra que retiró la vegetación nativa de las orillas y lo convirtieron en una piscina rodeada por ciclorrutas y senderos para el tránsito de los ciudadanos. “Esta intervención ha generado que la cantidad de aves acuáticas sea cada vez menor en esta zona del humedal”, dijo Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá.

Las orillas de una parte del espejo de agua de Juan Amarillo fueron totalmente adoquinadas. Foto: EAAB.

Sin embargo, el mayor golpe del concreto empezó a gestarse en 2017 el Decreto 565 de la Alcaldía de Bogotá modificó la Política Distrital de Humedales y dio vía libre a la construcción de infraestructura, ciclorutas, senderos, alamedas, plazoletas, adoquinados y luminarias en los ecosistemas capitalinos.

En Juan Amarillo, el humedal más grande de la capital con 222,5 hectáreas, el Distrito dio marcha a la construcción de un puente elevado en concreto el en sector sur del ecosistema, 1,2 kilómetros para conectar al barrio Lisboa en Suba con el El Cortijo en Engativá, además de senderos y cicorrutas, contratos que según varios concejales de la capital ascienden a 78.912 millones de pesos.

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Para Escobar, este es uno de los proyectos más perjudiciales para los ecosistemas de humedal en Bogotá, "una obra costosa que no es prioritaria. Esos dineros podrían invertirse en descontaminar sus aguas y mejorar las condiciones para la biodiversidad". 

Según el experto, el puente elevado es una obra de movilidad dentro del humedal que no contribuye a resolver los problemas de contaminación. "Los senderos están dentro de la ronda hidráulica, lo que viola la normatividad, fragmenta el ecosistema y ahuyenta las aves. 

El puente elevado en Juan Amarillo presenta avances de hasta el 70 por ciento. Foto: SDA.

Aunque a mediados de este año el Juez Cuarto Administrativo de Bogotá declaró nulo el Decreto 565 y determinó que las obras duras están prohibidas en los humedales, y la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) suspendió las intervenciones en varios tramos, el daño ecosistémico ya está hecho.

El puente elevado presenta un avance cercano al 70 por ciento en varios de sus tramos. “Por esta razón, Juan Amarillo hoy en día es uno de los humedales más críticos en la capital, porque aún no está claro que va a pasar con ese puente. En este listado también están Jaboque, otra víctima de las obras, Tibanica, El Tunjo y La Isla”, menciona Escobar.

La llegada del concreto a Juan Amarillo ha impactado a las aves y curíes. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Siembra comunitaria

A pesar de la incertidumbre por el futuro de Juan Amarillo, que cuenta con una de las poblaciones más numerosas de tingua bogotana en la capital, especie endémica de la región que está en peligro de extinción, el Distrito realiza algunas acciones que tienden hacia su conservación.

Ese es el caso de una sembratón de más de 100 árboles nativos liderada por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), actividad de reforestación que contó con el apoyo de los vecinos del humedal y varias organizaciones sociales y ambientales.

La comunidad participó en la sembratón del Acueducto en Juan Amarillo. Foto: EAAB.

Cedros, hayuelos, chircos, robles, fucsias, cauchos y laureles, empezarán a crecer y a contribuir con el reverdecimiento de los espacios naturales del occidente de la ciudad. Estos individuos arbóreos fueron sembrados en el borde norte del tercio medio-bajo del humedal, en la zona de Carabineros y Miramar de la localidad de Suba”, dijo Cristina Arango, gerente de la EAAB.

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Según la funcionaria, estas jornadas de siembra permiten integrar a la comunidad con las acciones ambientales que contribuyan al sentido de pertenencia, cuidado, recuperación y reconocimiento de los diferentes espacios que integran la estructura ecológica principal de la ciudad y a la estrategia de Bogotá Reverdece que lidera el Distrito.

En esta administración estamos vinculando a la comunidad mediante  actividades pedagógicas y participativas para aprender, entre todos, de los servicios y bienes que los árboles y los ecosistemas de humedal ofrecen a la ciudad. Esta sembratón hace parte de las actividades pedagógicas sobre la importancia del sistema hídrico, capacitación sobre siembra y mantenimiento de árboles y jornadas de adopción y siembra”, expresó Arango.

El Acueducto seguirá reforestando los humedales de Bogotá. Foto: EAAB.

Biodiversidad en riesgo

Las aves son un claro indicador del impacto de las obras. Cualquiera pensaría que Juan Amarillo, por ser el ecosistema con mayor extensión en la ciudad, lideraría el ranking de la mayor cantidad de aves en la capital, pero hoy en día lo superan cuatro humedales de menor tamaño.

Córdoba, humedal de la localidad de Suba con 40,5 hectáreas, es decir cinco veces más pequeño que Juan Amarillo, es el que más registra aves, con 158 especies en total. Le siguen La Conejera (145 especies), Jaboque (130 especies), El Salitre (114 especies).



Las aves en Juan Amarillo han disminuido por los impactos de las obras duras. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

Juan Amarillo es quinto con 113 especies de aves. “Un dato certero de los impactos de las obras es que este ecosistema del noroccidente de la ciudad es superado en aves El Salitre, el cuerpo de agua más pequeño de la capital, con sólo 3,42 hectáreas”, manifestó Escobar.

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En los dos recorridos realizados por la fundación este año en Juan Amarillo, pocos debido a la cuarentena del coronavirus, los ambientalistas han evidenciado con facilidad certeros impactos contra la fauna por las aguas contaminadas y la alta proliferación de basura.

El canal Bolivia es un foco de contaminación y una fuente constante de residuos sólidos. La reja que cumplía la función de represar las basuras está en malas condiciones y la disposición de los desechos por parte de la ciudadanía no mejora”, dijo Escobar.

Así viven las tinguas en un sector del humedal Juan Amarillo. Foto: Fundación Humedales Bogotá.

En la chucua de los curíes, sector ubicado en el tercio medio de Juan Amarillo, Escobar encontró varias tinguas nadando en medio de las basuras que le llegan al ecosistema por el canal Bolivia, que recoge aguas residuales de barrios como Bochica y Bolivia en Engativá, al igual que curíes rodeados por los desechos.

Este canal está lleno de residuos como plásticos, botellas e icopor. Vimos algunas tinguas habitando en unos sillones viejos que algún ciudadano decidió dejar en el humedal. Esto indica un empobrecimiento ambiental alarmante”, anota el experto.

La fundación también encontró llantas de carros y una alta proliferación de plantas invasoras en el espejo de agua de Juan Amarillo, lo que ha causado una disminución de las aves acuáticas. “Algunos ciudadanos aseguraron que la presencia de habitantes de calle y cambuches ha aumentado en el humedal”.


Curíes entre la basura, algunos de los impactos del humedal Juan Amarillo. Foto: Fundación Humedales Bogotá.