Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Un tapete verde cubierto por frailejones, musgos, bromelias y árboles del bosque alto andino cubre el Parque Nacional Natural Chingaza, una fábrica de agua bañada por el rocío de la niebla incrustada en las montañas de la cordillera oriental, entre los departamentos de Cundinamarca y Meta.

En el pasado, este ecosistema conformado por 76.600 hectáreas fue uno de los sitios sagrados de los muiscas, quienes luego de largas peregrinaciones por las elevadas montañas destinaban varios días para realizar festejos y rituales con ofrendas doradas en las lagunas de Siecha y Chingaza. 

En la laguna de Siecha, los muiscas le rendían tributo a la vida y a la fertilidad. “Siecha significa dios o varón, por lo que es probable que fuera uno de los escenarios de la leyenda de El Dorado, junto con Guatavita. Varios guaqueros trataron de saquear los tesoros depositados en el fondo de la laguna”, asegura la Fundación Humedales Bogotá.

Las lagunas de Chingaza fueron epicentros de rituales por parte de los muiscas. Foto: Jhon Barros.

Según Parques Nacionales Naturales (PNN), el sistema lagunar de Chingaza está conformado por 20 lagunas. “En los tres cuerpos de agua de la laguna de Siecha, un ecosistema de de origen glacial, fue extraída una de las balsas muiscas de la ceremonia de El Dorado, una de las principales leyendas de esta etnia”.

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El líquido vital que abastece a los habitantes de la capital del país proviene de Chingaza. En sus dominios, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) construyó el embalse de Chuza, un lago artificial que provee de agua al 70 por ciento de la ciudad: 12 metros cúbicos de agua obtiene Bogotá por segundo de este lugar.

“En todo el macizo de Chingaza hay alrededor de 60 lagunas de origen glacial. La de mayor tamaño es Chingaza, ubicada al suroccidente del Parque a una altura de 3.250 metros sobre el nivel del mar. Ríos como Bogotá, Teusacá, Siecha y Tominé se nutren del agua del páramo”, aseguró PNN.

70 por ciento del agua que consume Bogotá proviene de Chingaza. Foto: Jhon Barros.

El guardián del páramo

Chingaza, uno de los páramos que hacen presencia en la cuenca del río Bogotá, es una de las joyas ambientales más conservadas y visitadas por los colombianos. Según PNN, en sus tierras habitan más de 1.000 especies de flora como el frailejón Espeletia uribei, una planta única de este ecosistema.

Varias especies de musgos de pantano decoran el territorio, plantas que absorben hasta 40 veces su peso en agua. “En los bosques altoandinos predominan el encenillo, gaque y tibar, y en las zonas de páramo los frailejones, pajonales, senecios y comunidades de turberas en las zonas pantanosas”, expresó la entidad.

El oso de anteojos es el único oso que habita en Sudamérica. Foto: Edimer Hernández (PNN).

Los expertos han identificado más de 400 especies de aves, 44 de anfibios y 29 de reptiles en Chingaza, al igual que mamíferos como el venado cola blanca, venado colorado, cóndor de los Andes, borugo de páramo, gallito de roca y puma.

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Sin embargo, su especie más emblemática es el oso de anteojos o andino (Tremarctos ornatus), el único oso que habita en Sudame´rica y que fue descrito por primera vez en 1825 por el naturalista france´s Frederic Cuvier. Este mamífero ha ocupado estas tierras montañosas por más de 7.000 años, por lo cual es visto como uno de sus mayores guardianes.

Por medio de 120 cámaras de movimiento instaladas en varios sitios del macizo de Chingaza, el Acueducto de Bogotá ha logrado identificar 66 osos de anteojos, entre adultos y crías, los cuales son diferenciados a través de los patrones de sus manchas.

66 osos de anteojos han sido grabados por las cámaras trampa de la EAAB y la Fundación Wii en Chingaza. Foto: Edimer Hernández (PNN).

Según la EAAB, estos hallazgos biodiversos provienen de varias alianzas con organizaciones como la Fundación para la Investigación, Protección y Conservación del Oso Andino (Fundación Wii), Parques Nacionales, Corpoguavio y ProCAT, que trabajan por la conservación del oso de anteojos por medio de investigaciones, monitoreos de la especie, disminución de los conflictos y la reconversión productiva con los campesinos.

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“Hemos adelantado un diagnóstico sobre la población que vive en este sector, que nos ha arrojado información como sus movimientos en el hábitat, cuáles son sus necesidades y cómo se relacionan con las personas que habitan en los alrededores del macizo”, dijo el Acueducto.

Las hembras de esta especie llegan a medir hasta 1,3 metros de altura y pesar 80 kilogramos. Por su parte, los machos alcanzan los 1,9 metros de 125 kilogramos. “Por medio de la restauración ecológica del ecosistema, promovemos la siembra de especies vegetales que producen alimento para el oso”, anotó la entidad.

En varios municipios de la cuenca del río Bogotá han sido captadas camadas de osos de anteojos. Foto: Fundación Santuario del Oso de Anteojos.

Las alianzas del Acueducto en Chingaza también han desarrollado alertas tempranas para que los campesinos informen inmediatamente la presencia de estos animales en inmediaciones de fincas y centros urbanos, con el fin de disminuir los conflictos entre el oso y las poblaciones vecinas.

Llevamos más de 25 años de proceso de restauración ecológica en Chingaza y desde la década de los 60, trabajamos en la conservación y restauración de los ecosistemas alto-andinos y de páramo en sitios como Guerrero, Chingaza, Sumapaz y los cerros orientales”, dijo la EAAB.

Insignia de Sudamérica

Ocho especies de osos habitan en el mundo, animales que están distribuidos en países de Europa, Asia y América: panda, bezudo, malayo, negro asiático, pardo, polar, negro americano y anteojos o andino, este último el único representante de la familia Ursidae en Sudamérica. 

En la actualidad, esta especie se distribuye en la región de los Andes tropicales, específicamente en zonas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Sin embargo, hay registros históricos de su presencia en el norte de Argentina y potencialmente en Panamá.

Colombia es uno de los países de Sudamérica donde habita el oso de anteojos. Foto: Cormacarena.

En Colombia, el oso andino se distribuye en las tres cordilleras y en 22 de los 59 Parques Nacionales Naturales, donde puede ser registrado en altitudes entre los 1.000 y 3.000 metros sobre el nivel del mar en bosques altoandinos y páramos. 

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El oso de anteojos se caracteriza por poseer una gran masa corporal y caminar sobre las plantas de sus manos y pies, a diferencia de otros grupos de carnívoros como los felinos, que se desplazan sobre las puntas de los dedos.

Según “El oso andino en el macizo de Chingaza”, publicación de la EAAB, PNN, Corpoguavio y ProCat, esta especie ha sido clasificada como un oso de talla mediana. Presenta dimorfismo sexual, lo cual significa que las hembras son diferentes a los machos, llegando sólo a dos tercios de la talla y el peso de éstos.

El oso de anteojos es una especie vulnerable a la extinción. Foto: CVC.

Sus extremidades delanteras son más largas que las traseras. Es un excelente trepador y cuenta con orejas redondeadas, cuello pequeño y cola muy corta. "Estos carismáticos osos tienen un pelaje largo y grueso, lo que les permite mantenerse calientes y secos en hábitats fríos y húmedos como el páramo y los bosques alto andinos", cita el libro.

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La coloración del pelo puede variar desde negra a pardo-rojizo y presentan manchas color crema o blanca alrededor de los ojos, mejillas, garganta y pecho, marcas únicas en cada individuo.

“Posee comportamientos solitarios, la gran mayoría del tiempo los individuos adultos forrajean solos, y en general, sólo se ven en pareja en épocas reproductivas o cuando la hembra se encuentra con las crías. No hiberna y es principalmente diurno, iniciando su actividad a las seis de la mañana”, indica la publicación.

Las actividades humanas son los mayores enemigos del oso de anteojos. Foto: Cormacarena. 

Vital para el bosque

Aunque es omnívoro, el oso de anteojos tiene una preferencia por las plantas y frutos. Más de 100 especies de plantas hacen parte de su dieta, como las frutas de las uvas camaronas, cedrillos y mortiño colorado. También se alimenta de bromelias terrestres, palmas, orquídeas y la parte basal de frailejones.

Ocasionalmente consumen proteína animal, bien sea a través de carroñeo o de depredación de animales. En su dieta existen registros de más de 10 especies de insectos, aves y mamíferos, incluyendo pequeños roedores, venados y mamíferos más grandes como el tapir de alta montaña.

Los bosques y páramos dependen de la dispersión de semillas de los osos de anteojos. Foto: Jhon Barros.

Sin embargo, todas las plantas que consume las retribuye por medio de la dispersión de semillas. Al ingerir los frutos, las semillas que hacen su paso por el tracto digestivo del animal no son dañadas, y los ácidos estomacales ayudan a la germinación de las mismas.

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“Por ser uno de los mamíferos más grandes que viven en Suramérica, sus requerimientos ecológicos lo inducen a caminar grandes distancias, por lo que es capaz de transportar semillas de un bosque a otro y de una región a otra, ayudando a la renovación de los mismos”, aseguran los autores del libro del oso de anteojos de Chingaza.

El oso de anteojos es llamado el jardinero de los bosques altoandinos y páramos. Foto: Edimer Hernández (PNN).

Algunos autores reportan movimientos diarios de entre 800 metros y 6 kilómetros. El ámbito de hogar de los machos es de aproximadamente 59 kilómetros cuadrados, mientras que el de una hembra es cercano a los 15 kilómetros.

Debido a estas características naturales, el oso de anteojos es llamado como el jardinero de los bosques altoandinos y los páramos, no sólo en Colombia sino en toda América del Sur. Es una especie sombrilla de la cual dependen los bosques y páramos, claves para la regulación y el abastecimiento hídrico de la región.

Vulnerable

La población de osos de anteojos en Sudamérica ha disminuido en más del 30 por ciento en los últimos 30 años, un panorama alarmante causado por las presiones de las actividades humanas a pequeña y gran escala.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) lo tiene clasificado a nivel mundial como una especie vulnerable a la extinción, la misma estampa que le da el Ministerio de Ambiente en Colombia.

Deforestación, agricultura, ganadería y cacería tienen en peligro al oso de anteojos. Foto: Fundación Santuario del Oso de Anteojos.

Diferentes estudios han demostrado que el hábitat del oso se ha reducido cerca de un 42 por ciento en el norte de Sudamérica, especialmente en Colombia, Venezuela y Ecuador, ya que las zonas de distribución de la especie se sobreponen con las áreas de mayor desarrollo humano, siendo los parques nacionales las áreas más importantes para su mantenimiento”.

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Según la publicación, en Colombia sólo se mantiene el 27 por ciento de los ecosistemas naturales de la región Andina, debido a actividades como la agricultura, ganadería y megaproyectos de infraestructura como vías y proyectos extractivos.

Estos impactos han aislado a las poblaciones de oso de anteojos a diferentes áreas protegidas de nivel local, regional y nacional. Esto genera islas de bosque en medio de paisajes productivos que no permiten el flujo normal de individuos en el paisaje”.